Reflexiones

EL PERSONAJE NO PUEDE ILUMINARSE

Somos vulnerables. Forma parte de nuestra humanidad. De nuestra Sensibilidad.

Yo era de las que huía de mi Vulnerabilidad. De las que CREÍA que era sinónimo de debilidad. De las que lloraba por la noche, cuando sólo mi almohada me veía.

Tuve que tropezar con muchas experiencias hasta descubrir su Belleza.
Hasta darme cuenta de que el problema no era mi sensibilidad, mi vulnerabilidad, sino el juicio que hacía de ella.
Sino mi ignorancia a la hora de vivir la Vida, de SER la Vida, con TODO lo que la Vida implica.

Llené mi mente de tantas razones, de tantas ideas, de tantas teorías, de tantos “por qués”, de tantos “para qués”, de tantas historias, de tantas heridas… que me separé de MÍ.

Me analicé tanto, me estudié tanto, me definí tanto, me acoté tanto, me limité tanto… que acabé con los latidos encorsetados y respirando mente, en lugar de Vida.

Es lo que solemos hacer la mayoría.

Quería llenar el Vacío y la Soledad que sentía de conocimiento. Y cuanto más me autoconocía, menos sabía de Mí, más vacía me sentía y menos Paz tenía.
Porque la Paz no estaba allí.

Hasta que poco a poco, frustración tras frustración, y tras una Noche Oscura del Alma que me despojó por completo de ese “yo”, fui Consciente de que no había un “Quién era” sino un “Qué era”.

Y Soy nada más y nada menos que Existencia.

Y lo que Soy, lo Somos todos, aunque pocos se den cuenta.

La mayoría siguen perdidos en el laberinto en el que yo me encontraba hace un tiempo. Intentando perfeccionar su personaje, intentando sanar su identidad, intentando ser y sentir de una manera determinada para así poder Regresar a un Hogar del que jamás se han ido. Con el esfuerzo, la tristeza y el agotamiento que eso supone.

Ya estamos donde tenemos que estar.
Ya somos lo que tenemos que ser.

No hay separación. Hay percepción de separación

Nuestra mente juzga porque funciona de forma dual.
Bien, mal. Bonito, feo. Correcto, incorrecto. Espiritual, terrenal. Consciente, inconsciente. Cobarde, valiente.

Pero tales juicios sólo existen para nuestro personaje. Para nuestro disfraz.

La Vida no juzga. La Vida no tiene pensamientos. La Vida no tiene emociones ni sentimientos.

La Vida simplemente ES.

Es el “yo”, el alguien que nos hemos inventado cada uno de nosotros, el que quiere arreglarse a sí mismo. El que quiere cambiarse a sí mismo porque se ve y se cree imperfecto. Porque se cree herido.

Y no es cuestión de hacerle creer otra cosa, de rechazar lo que cree, sino de Observarlo. De darle el sentido que tiene. Y no otro.

Algunos creen que cuando se Iluminen van a dejar de sentirse vulnerables. Van a dejar de Sentir.
Lo que desconocen es que el personaje no puede Iluminarse. No puede trascenderse.

“Lo Iluminado” no es el disfraz, sino “la piel” que lo abarca a él.

No es LO que existe, es LA EXISTENCIA.

No es el observador ni lo observado, es LA OBSERVACIÓN.

Nuestro personaje no tiene ninguna importancia. Es irrelevante. Tal como viene, se va. Da igual lo que sienta. Da igual su moralidad. Eso es ruido. No permanece. Nace y muere. Y poco más.

Lo que es eterno, lo que siempre ES, es el Silencio. Es el “espacio” entre dos notas musicales. Entre dos voces. Entre dos letras. Entre dos besos. Entre dos versos.

Aunque la piel muera, la Vida sigue en pie. Pues es Existencia. Y la Existencia no puede dejar de Existir.

Ser Vulnerable implica Rendirte a tu Humanidad. A todo aquello que sientes, que piensas, que eres. Una Humanidad de la que muchos se quieren desprender. De la que muchos se quieren deshacer.
Una Humanidad que también ES, pues no hay nada que esté fuera de “Lo Que Es”. Pues no hay nada que exista que esté fuera de la Existencia.

Una cosa es que el personaje no sea Real y otra muy distinta que no Exista.

La películas existen, pero no son reales.

Hay personajes cuyo papel es despertar conciencias. Pero sigue siendo un papel dentro de la película no Real.

La Consciencia no está dormida. No hay nada a lo que despertar. Es la mente del personaje la que así lo interpreta.

¿Entonces la Espiritualidad es una Ilusión más? Sí.

¿Entonces no hay nada a lo que Despertar? No.

Lo que Somos ya es Perfecto. Ya ES despierto.

Otra cosa es que haya un escenario dentro de la película en el que se juegue a eso.

¿Entonces tengo que dejar de jugar…? No, si lo que tienes que hacer es seguir jugando pues es tu papel (un papel que tú como personaje no decides) o jugar a que ya no juegas más en ese escenario (lo cuál también es otro papel que tampoco decides tú, aunque aparente que intervienes en algo).

TODOS los escenarios son Perfectos, pues nada está Fuera de la Perfección.
TODOS somos Perfectos, independientemente de nuestro juicio y de nuestra percepción.

La Vida, la Existencia es como mis escritos. Yo no sé lo que voy a escribir hasta que lo estoy escribiendo.

Yo no sé lo que voy a Vivir (con TODO lo que vivir implica) hasta que lo estoy viviendo.

No existe el Saber pues cada Instante es nuevo. Y si es nuevo, nada puedes saber de él.
Y si nosotros somos Instantes Infinitos de Vida (que SON UNO aunque se perciban como infinitos) tampoco podemos sabernos por mucho que nos autoconozcamos.

¿Entonces no sirve de nada autoconocerse? No. Porque lo que puedo saber, conocer de mí o de ti o del mundo o de la vida AHORA… ya ha caducado.

¿Entonces qué hago? SER. EXISTIR. Igual que hacen las flores. Igual que hacen los vientos, los mares y los soles.

¿Te parece poco?

El Arte de Ser Vulnerable.
El Arte de SER.

Muchos veneran su humanidad y reniegan de su divinidad.
Otros muchos veneran su divinidad y reniegan de su humanidad.

Hay otro camino: LA UNIÓN DE AMBAS.
Llamado Unidad.
Llamado Hogar, dulce Hogar.

Reflexiones

MI VULNERABILIDAD Y YO

Hace unos años escribí un artículo que se titulaba “De mayor quiero ser vulnerable”. Pues ya soy mayor. Muy mayor… Mi Sensibilidad va aumentando a la velocidad de la Intimidad que tengo conmigo misma. A medida que me voy Viendo, capas de creencias van cayendo. Y con ellas, muros que fueron alzados para mi protección, pero que ya no son necesarios.

Va mostrándose, poco a poco, esa piel que estaba oculta entre tanta máscara, tanto disfraz, tanta mentira. Y a esa piel, que no es nueva sino la mía, me tengo que amoldar. Es curioso eso de tener que amoldarse a lo que uno Es. Implica que has estado habitando en un Hogar que no era el tuyo. Uno que fue creado a base de dolor y de miedo. Con paredes de hormigón en lugar de con latidos de Corazón…

Me declaro extremadamente Sensible. Lo cuál me hace muy vulnerable. Lo de sentir lo que el Mundo siente es complicado (por no decir jodido). Y cuando digo Mundo lo englobo todo: personas, animales, lugares, energías… Sentir las soledades ajenas, los vacíos ajenos, los sufrimientos ajenos, las mentiras ajenas, los odios ajenos, las amarguras ajenas… como si fueran tuyas no es agradable. Da una sensación de desprotección increíble. Y de que “tú” no existes. De que nada de lo que percibes es REALmente tuyo.

Por otra parte, puedes sentir que tal cosa como la separación no existe. Que Todo es Uno. Que lo que llamamos Luz y lo que llamamos Oscuridad, femenino y masculino, cielo y tierra, espiritualidad y terrenalidad, Dios y hombre… SON la misma cosa. Son meras etiquetas, conceptos, ideas ilusorias que nuestra mente ha diferenciado entre sí.

Te sientes indefensa ante tanta intensidad, tanto estímulo, tanta información porque nadie te ha enseñado a Ser Sensible. Porque el Mundo en el que vivimos es poco apto para personas con este Don. Por eso somos más solitarias y necesitamos de nuestro Templo-cueva para aislarnos cuando nos saturamos. Por eso debemos seleccionar muy bien de qué nos rodeamos y de quién, para no estar continuamente bañándonos de dolor, de lágrimas y de pena. Por eso nos encanta la naturaleza, el mar, el desierto, el Silencio. Los lugares limpios y puros que también sentimos con esa misma Unidad. Donde no hay ruido que enmudezca nuestro sonido particular. Porque escuchamos a un volumen muchísimo más alto del que lo hace la mayoría.

Todo DON implica un precio a pagar

El DON de Sentir la Vida tan intensamente se paga con sentir lo que a nadie le gusta sentir. No puedes elegir no-sentir. Eres como una esponja absorbiendo todo aquello con lo que entras en contacto. Sea lo que sea. Sea de quien o qué sea.

Útimamente estoy on fire. Se me ha caído otra armadura y mi sensibilidad ha aumentado de nuevo. Estoy en proceso de adaptación. En ocasiones, voy por la calle y ya puedo sentir la “calidad” de la energía de alguien cuando está a varios metros. Y tengo que desviar la mirada de esa persona porque es al mirar a los ojos cuando todo su sentir te impacta a ti y se te cuela dentro. Y cuando ocurre con quien “no se cuida”, se te revuelve el estómago y se te encoje el alma. Esto sólo en el segundo que dura el verle y con un desconocido. Imagínate cuando estás más tiempo y con alguien con quien tienes un vínculo.

Aprender a poner límites, a saber decir NO, a cuidarnos, es imprescindible si no queremos acabar totalmente hundidos y descentrados. Si no queremos convertirnos en lo que no somos. Y si queremos ser felices y estar en Paz con nuestra sensibilidad.

Esto nos lo enseña la vida misma. La práctica del vivir. La escucha de nuestra voz.

Habrá momentos en los que la culpa por tomar según qué decisiones, por plantar esos NO (lo más amorosamente posible que podamos), nos coma. Nos hiera. Que se produzca una lucha entre lo que nos conviene a nosotros, a nuestra salud física, mental y emocional, y los deberías sociales con los que nos presiona nuestra mente. Y tendremos que decidir si nos elegimos a nosotros o a los otros, siendo conscientes de que no siempre llueve a gusto de todos y de las consecuencias en las que pueden derivar nuestras acciones. Ya sean hacia un lado o hacia el otro.

Quizás la soledad se convierta en tu mejor compañera durante un tiempo. Pero te aseguro que no hay mayor soledad, mayor dolor, que el abandono de uno mismo. Que la sordera hacia tus latidos.

A veces, es necesario soltar todo y a todos los que te impiden ser quien eres, a los que ya no vibran en tu sintonía, a los que te dañan (aunque sea inconscientemente y por mucho amor que les profeses), quedarte sola y dejar espacio para que lo nuevo llegue a ti. Y eso no siempre se da de un día para otro.

Por eso es tan importante saber ESTAR con uno mismo. Saber SER no sólo fuerte sino también vulnerable. Sin huir de tu inseguridad, de tus miedos, de tus heridas, de tus vacíos. Porque si no acabas compartiendo tu piel con quien no sabe acariciarla, mimarla, respetarla y amarla. Y esto te acaba hundiendo, tarde o temprano, en tu propia miseria.

Debemos RESPONSABILIZARNOS de nuestra manera de Sentir. De nuestros Dones. Y dejar de culpar al Mundo, a la familia, a la pareja, a las amistades, al trabajo… de lo que nosotros no nos atrevemos a hacer. De los miedos que tenemos. De las elecciones que tomamos.

No podemos cambiar a los otros, pero sí podemos escoger quién sí y quién no. Qué hábitos sí y qué hábitos no. Qué lugares sí y qué lugares no. Ésa es nuestra Libertad. La Libertad de SER lo que soy o de ser lo que los demás quieran que sea.

Algunos lo llamarán egoísmo. Yo lo llamo AMOR.

Ya soy mayor. Muy mayor. Y mi Sensibilidad, mi Vulnerabilidad no me hace débil. Me hace humana. Muy humana. Tanto, que no sé dónde empiezas “tú” y donde acabo “yo”.

Poesía

VULNERABLE

Cuando me arrodillo una y otra vez ante La Persona que me responde con indiferencia,
una y otra vez también,
implorándole el Amor que en ese momento no me tengo.
Ni me contengo.
Cuando me escondo debajo de mi almohada y de mis sueños
al sentirme abrumada por una vida que no entiendo.
Cuando bajo la mirada para que no vean que sólo sé que no sé nada
para no sentirme ignorante ni menospreciada.
Cuando suplico perdón para que la indignidad no se apodere de mi corazón.
Cuando lloro. Con lágrimas o sin ellas. Con silencios o con palabras. Soltándome la armadura y el Alma Dura. Gritándole al Mundo:
– ¡Ésta soy yo! Lo Siento (de sentir…).
Cuando tengo miedo. Y no lo niego. Y no por no negarlo, temblar menos.
Cuando me alejo del Abrazo de la que me abraza las entrañas
para que no se me rompan en mil millones de pedazos cuando el Abandono me despierte de madrugada.
Y otros infinitos ‘cuandos’
que me arrastran por el suelo
que me alejan de lo que llaman abundancia, poder y éxito,
pero que me RECUERDAN
lo que tanto he rechazado
y de lo que tanto he huido:
que soy
HUMANA. 
Muy Humana.