Reflexiones

TODO LO QUE PIENSO DE TI ES MENTIRA

“Todo lo que he pensado de ti hasta ahora es mentira”. Ésta es una invitación de Sergi Torres a decir (internamente) a cada persona con la que tengamos un encuentro. Yo le añado: principalmente, a nosotros mismos.

El otro no es lo que nuestros pensamientos dicen que Es. Y nosotros no somos lo que nuestros pensamientos dicen que Somos. La mente se reCrea en historias pasadas que han sido interpretadas. Lo cuál indica que no son verdad. La Realidad, la experiencia, no es interpretable. No es juzgable. No es condenable. Eso lo realiza nuestro sistema mental. El de todos, sin excepción.

Ser Consciente de ello es lo importante para poder “elegir” PARAR y no reaccionar ante las emociones que nos generan esos pensamientos que tenemos sobre los demás y sobre nosotros. Que no son más que opiniones. Y las opiniones, opiniones son…

Muchas veces se confunde Consciencia con nulidad emocional. Se CREE que cuanto más Consciente eres, menos sientes. Lo cual es una incoherencia porque tu Expansión de la Consciencia abarca más (como el nombre indica) no menos. Y ese más lo incluye todo, no sólo lo agradable para nuestro Corazón.

Cuando COMPRENDES el Juego de la Ilusión te das cuenta de que nada es lo que decimos que es. Ni tú ni yo ni el Cielo ni la Tierra ni el Alma ni Dios. Te das cuenta de cómo hemos generado una Identidad “yo” que no tiene nada de Verdad aunque se sienta muy real. Te das cuenta de que por mucho que hagas, no puedes hacer nada ante tu Humanidad. Que no puedes salirte del Juego. Que el famoso Despertar es una toma de Conciencia y poco más. Que no te puedes librar de tu personalidad, con sus dones y sus no-dones. Que no hay nada ni nadie que Iluminar. Que lo que vemos no es “Lo que Es”, pero eso no significa que no te toque. Que no te penetre hasta las entrañas. Que no te duela. Que no podemos separar lo que no somos de lo que somos. Que el SER engloba ambos seres. Por eso se llama UNIDAD. No-dualidad.

Las películas no son reales pero existen como “películas” que son. Lo que percibimos, tanto por nuestros sentidos como por nuestra mente, es esa película. Nuestra identidad, nuestro nombre, nuestras creencias, nuestras ilusiones, nuestros objetivos, nuestras reencarnaciones, nuestra búsqueda espiritual, nuestra “mejor versión”, nuestro destino, muestra misión, nuestra evolución, nuestro Regreso al Hogar, nuestro “yo”…. es una película. No es REAL, pero existe. No estamos separados de ella, pero tampoco SOMOS ella.

Todo lo que pienso de ti es mentira. Todo lo que pienso de mí es mentira. Entonces, ¿qué es VERDAD?

VERDAD es el SILENCIO. Lo que no juzga. Lo que no habla. Lo que no etiqueta. Lo que no excluye. Lo que permanece. Lo que no cambia.

El Silencio es el idioma del Vacío. Creemos, pensamos…, que en el Vacío no hay nada. Y no lo hay. Sin embargo, es el espacio donde surge, sucede TODO. El sonido, la música, las palabras… surgen desde el Silencio. Desde “lo que hay antes de” que se cree una voz.

Antes del Nacimiento, la Existencia ya existía. La NADA ya existía. La Vida, antes de ser vida, ya latía

Ninguno de nuestros pensamientos es real, aunque existan como tal. Como la película. Pero les entregamos todo el poder de la Realidad. De la Verdad. Y en ellos basamos nuestras ideologías, nuestras filosofías, nuestros caminos de vida.

Se habla mucho de Espiritualidad, pero ésta sólo es un concepto más. Un pensamiento más que genera una separación más. Una Forma más dentro de la película del mundo de las formas.

Muchos siguen creyendo que la Espiritualidad está fuera de ese mundo. Pocos COMPRENDEN que forma… parte del mismo Juego. Del mismo Sueño. Y muchos también creen que la Eternidad es temporal. Y pocos Comprenden que la Eternidad no es “todo el pasado, el presente y el futuro”. La Eternidad es AQUÍ Y AHORA. Es un único Instante, no un conjunto infinito de instantes.

No hay ningún lugar al que llegar. No hay ningún Hogar al que Regresar. No hay ningún ego que trascender. No hay ningún Alma que evolucionar. No hay ningún cuerpo que mejorar. No hay ninguna Comprensión que comprender… Todos esos destinos, todas esas Iluminaciones, son meros pensamientos-teorías que nos hemos creído. Así de simple. Así de sencillo.

La VIDA ya ES. El Ser Humano (ni no humano ni no-ser) no tiene que hacer ni dejar de hacer nada porque Lo que Es ya está SIENDO, independientemente de nuestro movimiento, de nuestra voluntad y de lo que creemos de DEBEMOS y no debemos ser.

Nosotros, nuestra identidad, nuestro “yo”, no es relevante para la VERDAD. Somos así de insignificantes. Así de poco importantes en la “Creación”. Nuestra mente se cree Dios, pero ignora que Dios la creó a ella.

En el Silencio, en el Vacío, no hay ningún “yo” controlador. No hay ninguna mente que ordene y mande. Simplemente, hay Existencia siendo lo que Es.

Es el ruido el que aparece y desaparece. El SILENCIO es eterno. Siempre ES, ha sido y será.

Y entendamos ruido no sólo como sonido sino también como pensamiento, como emoción, como sentimiento, como olor, como imagen, como objeto, como forma, como tú, como yo.

Todo lo que pienso de ti es mentira. Todo lo que pienso de mí es mentira. TODO LO QUE PIENSO… es mentira.

Y poco más.

Reflexiones

EL ORDEN QUE DEJA EL CAOS

Hay un Orden en todas las cosas, tanto internas como externas, que nada ni nadie puede desordenar. Por muy desordenado que seas… A simple vista, no se ve. Aparenta caos. Aparenta incorrección. Aparenta error. Pero si miras con desnudez, ahí está. Bailando en perfecto equilibrio con sí mismo.

¿Te imaginas que no hubiera nada fuera de lugar? ¿Te imaginas que pudiésemos contemplar la Realidad tal y como es y no tal y como nuestra mente juzga que sea?

Tenemos la falsa creencia (¿hay alguna creencia que no sea falsa?) de que el Mundo (interno y externo) DEBERÍA comportarse de una determinada manera. Manera que ha sido coloreada, a su vez, con nuestra manera… educativa, generacional, religiosa, espiritual y cultural. Que a su vez, de nuevo, lo ha sido por otra “manera”. Lo cual ya nos puede hacer intuir la poca VERDAD que surge de “mi manera de”.

Es como decir que los adornos del árbol de Navidad que le hemos añadido SON el ABETO. Cuando simplemente son unos complementos que le hemos colocado para darle una identidad. Identidad que provoca que dejemos de VER al Abeto para pasar a ver un “árbol de Navidad”.

Pues eso es lo que hace continuamente nuestra mente a través de nuestros sentidos. Darle un Sentido a la realidad que nada tiene que ver con La Realidad.

Esos pensamientos no son evitables. Yo tengo miles a lo largo del día del tipo: “esto está mal”, “aquella es así o asá”, “eso no tendría que ocurrir” o en modo positivo, que viene a ser igual de irreal que el negativo, aunque suene más bonito y aunque nos digan que lo bonito es “lo que tiene que ser”.

Lo que sí se puede es SER CONSCIENTE de ellos y SABER que TODOS son falsos. Tanto los que me elevan al cielo como los que me bajan al infierno.

Cuando yo estoy con una persona y me viene el pensamiento “que fea es” o “qué guapa es” no es algo que yo haya elegido pensar. Ha sucedido espontáneamente porque nuestra mente así lo ha decidido. Pero yo no tengo por qué creerme ese pensamiento y reaccionar ante él.

No creerme todo lo que me cuento es un acto de Humildad

Lo hacemos constantemente, sin darnos cuenta. Juzgarnos a nosotros, a los demás, al Mundo y a la Vida como si un juicio, del tipo que sea, tuviese algo de VERDAD en él. Y vamos con esas no-verdades por delante, alzando puños y banderas y misiones y metas, como si LO QUE ES no fuese “lo que tiene que ser”.

Estamos tan engañados por nuestra propia mente, tan ciegos de lo que la Realidad Es, que ni siquiera nos paramos a cuestionarnos. Y LA VERDAD, que sólo hay UNA aunque nuestra mente nos haga creer que cada uno tiene la suya, no puede alcanzarse sin ponernos en duda.

Hay que saber distinguir muy bien “mi verdad” de La Verdad. Convivimos con ambas. Una es relativa y otra absoluta. Una es superficial y otra profunda. Yo tengo mis gustos, mis preferencias, mi personalidad, mis virtudes, mis defectos, mis valores, mis principios, mis juicios. Pero SÉ perfectamente que esos “mis” no tienen nada que ver con esa VERDAD eterna a la que tan pocos hacen alusión.

La mayoría están “trabajándose” sus verdades para (ob)tener “la mejor verdad de sí mismo”. Pocos son conscientes de que el “clic” está en COMPRENDER que “la mejor verdad de uno mismo” es otra mentira más porque está basada en los mismos juicios que te decían que eras “la peor versión de ti mismo”. Un juicio, un adorno, un complemente, una identidad, una etiqueta, SIEMPRE va a ser falsa. Jamás te va a decir quién eres.

Es como si creyésemos que un Abeto es más (mejor) abeto si está envuelto en luces de colores que si está bañado en basura.

El Abeto será siempre abeto. El disfraz externo es lo que es falso y en lo que estamos poniendo toda nuestra atención. Creemos, de nuevo, que la Iluminación es un estado de perfección del disfraz (de los adornos). Cuando la Iluminación es la COMPRENSIÓN de que el Abeto ya ES Iluminado de por sí. Ya es perfecto. Ya está “evolucionado”. Nunca dejó de ser Abeto. Y que es indiferente el vestido que lleve, que le pongamos, porque siempre es, ha sido y será LO QUE ES.

Cuando Comprendes esta VERDAD, dejas de intentar ser (sentir y pensar) otra cosa de la que eres en cada instante. Primero, porque sabes (certeza absoluta) que todo es perfecto tal y como sucede. Y segundo, porque sabes (certeza absoluta) que “tú” no intervienes en nada aunque aparentemente lo hagas con tus “libres” decisiones.

Bueno, en realidad, no es exactamente así. Sí que aparecen esos pensamientos de ser de otra manera y, en ocasiones, te los crees. Son creencias inconscientes también. Pero hay un FONDO en el que esa VERDAD está muy asentada y vuelves a ella una y otra vez.

Es como si en algún momento se olvidara, que no es lo mismo que no saberla. Son unos vaivenes que forman parte del Juego y que dudo mucho que puedan desaparecer ya que, para ello, nuestra mente, con todas sus experiencias y “maneras” debería hacerlo también. Y no lo creo posible.

Existe un ORDEN que desordena a su antojo, sin un motivo, sin una razón. Sólo porque “así es”.

¿Sabes cuando te pones a bailar sin la intención de hacer un baile concreto, sin seguir unos pasos o una técnica? ¿Simplemente desapareciendo “tú” y dejándote llevar por la música, por el ritmo, por el sonido…? ¿O cuando dibujas “sin pensar” lo que estás dibujando o lo que quieres dibujar? Como hacen los niños, garabateando sin un objetivo. Pues ASÍ es como sucede La Vida. Siendo, cada uno de nosotros, esa Vida también.

Hay un FLUIR en cada caos, en cada tormenta, en cada desastre, en cada muerte, en cada dolor, en cada pena, que CREA la Vida tan Perfecta como ES. Sin una intención de perfección. Sin una intención de mejora. Sin una intención de evolución. Sin una intención de Regresar a un lugar del que nunca se fue.

No hay nada correcto o incorrecto. Sólo interpretaciones de una mente cuyo funcionamiento desconocemos. Sólo una VERDAD que hemos adornado con luces de MI verdad.

¿Eres capaz de ASUMIR que “tu verdad” no es La Verdad?

Reflexiones

LA VERDAD SIEMPRE ESTÁ PRESENTE

Y en el Presente. Las respuestas siempre se encuentran en el mismo lugar en el que realizas las preguntas. Ni antes ni después. Ni ayer ni mañana. Pero no siempre las vemos porque las estamos buscando en un tiempo que no existe.

Los pasos que ya has dado, no los puedes volver a caminar. Las huellas podrán parecerse, podrán resultar similares, pero serán nuevas, COMPLETAmente diferentes. Con la piel con la que HOY te vistes. Con los latidos que HOY bombeas. Siendo hoy cada Instante que respiras.

Queremos buscar la Verdad en los libros, en las palabras de los “maestros”, como si la Vida no contase. Como si la Vida no hablase. Como si la Vida no se pronunciase continuamente, en cada esquina, en cada rincón, en cada calle que recorre nuestro Corazón.

La Verdad está en ti y ES en ti. Todo lo que ERES es Verdad porque es Vida. Y la Vida ni está muerta ni es mentira. Otra cosa es el juicio que hagamos de ella. La interpretación que le demos según nuestra moralidad y nuestras creencias. Ése es el manto con el cubrimos la Realidad. Es el velo con el que cegamos nuestro mirar. Es la oscuridad que nos impide VER la Verdad.

Y la Verdad es tan simple como que “Es lo que Es“, no lo que te gustaría que fuese o te dicen que tiene que ser.

Creemos que lo complicado es el camino correcto. Que si hay esfuerzo, hay premio. Cuando es en la sencillez donde habita la Paz que tanto anhelamos. Pero nos han dicho, nos dicen, que no puede ser tan fácil. Que tiene que haber “algo más”. Como si lo que ya hay no fuese suficiente. Como si Vivir, si estar Vivos, si SER VIDA, fuese algo mediocre. De baja estima. De un nivel inferior.

Cuanto más disfracemos la Realidad, menos conscientes seremos de ella. De nosotros. Del mismo modo que cuanto más nos maquillamos el rostro, menos reConocibles somos. Queremos “más”, cuando “menos, es más”. Cuanto menos ropa, más desnudez. Más piel. Más sensibilidad. Más transparencia. Más Verdad.

Quizás no estemos preparados para saber la Verdad. Para Verla con nuestros no-ojos. Se necesita mucha honestidad y valentía para soltar todo el conocimiento que hemos adquirido, todos los libros con los que nos hemos empapado y todos los talleres que hemos realizado, y admitir, asumir, que sólo servían para comprender que no servían. Para DESCUBRIR que la Verdad no puede ser descrita ni definida en un papel en el que llueve sobre mojado.

La Verdad es que Somos Vida, Consciencia, manifestándose de diferentes formas. Sin un por qué. Sin un para qué. Sin un destino. Sin un propósito. Sin una misión. Que nuestro lenguaje es el Silencio. Y que no existe la separación, aunque así la percibamos.

Siempre estamos y SOMOS Presente. No hay que hacer o dejar de hacer nada para ello. Nada ni nadie puede dejar de ser lo que es: VIDA.

Perfecta. Completa. Auténtica. Y Eterna.

Reflexiones

LA MENTIRA TIENE MIEDO, LA VERDAD CAMINO

Siempre que (nos) mentimos lo hacemos por miedo. Al qué dirán o al qué nos diremos. Yo siempre prefiero el dolor que me pueda causar una verdad a la desconfianza y deshonestidad que provoca una mentira.

Al final, siempre acaba pasando factura. Una relación con alguien en quien no confías, para mí, no tiene ningún sentido. Vas a estar continuamente con la lupa, aunque no quieras. Por ello, a mi vera quiero a personas que tengan la valentía de decirme la verdad, me pese lo que me pese. Y con la verdad no me refiero a los “te queda mal ese peinado o esa camiseta”. No me refiero a los gustos, que cada uno tiene los suyos.

Para que alguien sea honesto con los demás, debe atreverse a ser honesto consigo mismo. Una no se da sin la otra. Admiro a aquellos que se miran al espejo y asumen sus supuestas debilidades, sus supuestos defectos, sus supuestas imperfecciones, sus supuestas rarezas. Y caminan con ellas, agarrados de la mano, sin maquillarlas para que el mundo no las vea.

Me encantan esas mujeres que van con su verdad por delante. Que las gritan a los cuatro vientos con el silencio de su SER y de su ESTAR. Que no necesitan que nadie les dé palmaditas en la espalda o les llenen el ego de “me gustas” y de trofeos. Esas mujeres independientes de Verdad que pasan desapercibidas porque no dependen de la percepción de los demás. Esas mujeres que también tienen miedos, inseguridades, que lloran, que se caen, que se pierden y que se atreven a caminar por la oscuridad de su desierto para ser fieles a sí mismas.

Me enamoran todas y cada una de ellas sin importarme una mierda los kilos supuestos de más que tengan en su cuerpo y los euros de menos que supuestamente les falten a sus bolsillos.

Me enamora la inteligencia emocional, la rapidez mental, la ironía, la sabiduría, la valentía, la sensibilidad, el principio de lealtad, de dignidad, de responsabilidad, de respeto y de honestidad. Me ponen las que leen, las que debaten , las que reflexionan, las que se cuestionan, las que dicen No aunque el resto digan SÍ, las que miran directas a los ojos y no directas al selfie, las que prefieren quedarse solas que mal acompañadas, las que no abanderan banderas que luego pisotean en su día a día. Me enamoran las que se atienden a sí mismas y no las que necesitan atención continua.

Hay miedo. Mucho miedo. A no ser amados. A nos ser queridos. A ser abandonados. Un miedo que no existiría si dejáramos de contarnos tantas mentiras. Si nos asumiéramos tal y como somos. Si en lugar de llenarnos la piel de tantos disfraces nos vistiéramos con nuestra propia desnudez. Para que los demás nos vieran así de auténticos. Así de naturales. Así de humanos. Sin pintarnos los ojos para cambiarnos la mirada. Sin ponernos tacones para estar a la altura de una sociedad que se mide por su superficialidad.

Nos estamos continuamente mintiendo. Por dentro y por fuera. Por delante y por detrás. A nosotros mismo y a los demás. Y así, pretendemos dormir en Paz.

No tienes que ser perfecta. No tienes que llegar a ninguna meta. No tienes que estar delgada ni ser rica. No tienes que ser la más rápida ni la más exitosa ni la más seguida. Ni siquiera tienes que ser conocida ni reconocida. Sólo tienes que ser TÚ. Con tus arrugas, con tus grasas, con tus dientes torcidos, con tus manías, con tus entradas y con tus salidas.

¿Sabes quién es la persona más evolucionada, más consciente, más sabia y más iluminada? Aquella que al despertarse, se mira al espejo, tanto por dentro como por fuera, y no tiene ninguna necesidad de ser otra. De pensar de otra manera. De sentir de otra manera. Ni de tener una vida diferente a la que ya tiene.

¿Y eso cómo se logra? Dejando de CREER que tienes que alcanzar lo que en este momento no eres ni tienes PARA sentirte mejor de lo que AHORA te sientes.

Es decir, RINDIÉNDOTE a lo que la Vida, en éste y en cada Instante, te está Siendo. Es así de simple. Es así de sencillo. Así de VERDAD.

Repito:

El problema no es lo que eres (ni cómo eres), lo que te sucede, lo que piensas o lo que sientes. El problema es CREER que eso es un problema. Esa creencia de “no estoy siendo, pensando y sintiendo correcto” es la que te lleva a juzgarte, a condenarte, a castigarte, a no aceptarte, a no amarte y a desear corregirte, arreglarte y mejorarte. Con todo el dolor que esto conlleva.

Y con esta mentira se CREAN el resto de las ramas que cortamos y cortamos y cortamos, una y otra vez, creyéndolas la raíz.

Sólo COMPRENDIENDO que la Vida ya es perfecta, que tú ya eres perfecta, y que no TIENES QUE cambiar nada de ella ni de ti, podrás vivir en Paz. En esa PAZ tan expansiva, tan amplia, que también incluye la tristeza, el sufrimiento, el vacío, la rabia, el conflicto y la soledad. Porque cuando te ASUMES, cuando te aceptas, cuando te amas, lo haces con TODO lo que eres. Sin excepciones. Sin exclusiones.

Lo llaman AMOR INCONDICIONAL.

No se trata de perfumar nuestra mierda. Se trata de no rechazar su olor.

Y poco más.

Reflexiones

CÓMO DEJAR DE BUSCAR LA FELICIDAD

Buscar y felicidad son incompatibles de por si. La búsqueda, del tipo que sea, requiere un movimiento (interno o externo) que te desplaza de donde estás. Del Presente. Del Aquí y Ahora. De lo que está sucediendo en este instante. De la Vida. De ti. Lo cual ya es indicativo de que no la vas a encontrar.

No es lo mismo CREER que te falta algo que que te falte algo. Y en esta pequeña gran diferencia es donde nos perdemos la mayoría. Porque necesitar, lo que es necesitar de verdad, necesitamos muy muy poquitas cosas (externas e internas). El resto, nos las inventamos al considerar que llenarán el vacío que sentimos, del que huimos constantemente y que somos incapaces de sostener y Amar.

Necesidad de ser mejor persona, más abundante, más exitosa, más delgada, más saludable, más valiente, más consciente, más evolucionada, más ecológica, más tántrica, más femenina, más pasional, más independiente, más desapegada, más positiva, más sociable, más iluminada. Éste es el objetivo real por el que lucha (porque, aunque lo queramos negar, es una lucha contra uno mismo) gran parte de la sociedad: SER MÁS Y MEJOR. Donde SER y “más y mejor” también son incompatibles porque no puedes ser más y mejor de lo que estás siendo. A no ser que te CREAS que haciendo tal o cual cosa, MAÑANA sí lo serás. Lo cual, de nuevo, indica que HOY jamás estarás feliz contigo misma, siendo como seas. Y vuelta al conflicto. Y vuelta a la lucha. Y vuelta al rechazo. Y vuelta al esfuerzo.

Si hoy no lo estás, ¿qué importa ese mañana que no existe?

Se inicia un camino de búsqueda de la felicidad para descubrir que no tienes nada que buscar. Que no tienes nada que mejorar. Que no tienes nada que cambiar. Que no tienes nada a lo que evolucionar. Que TÚ, tal y como estás siendo, ya eres lo que tanto buscas y anhelas.

Es como la parábola del hijo pródigo, que se va de casa en busca de su sitio en el Mundo y regresa cuando entiende que ese mundo es Él y que siempre estuvo en casa. Lo único que ha cambiado ha sido la COMPRENSIÓN y aceptación de LO QUE ES.

Pues en ese camino de buscar para dejar de buscar, de preguntarse para dejar de preguntarse, coincidimos con personas, experiencias, que nos empujan a alejarnos de casa, de nosotros mismos, de una manera muy sutil (o no tan sutil).

Y lo hacemos. Y entramos en una dinámica de cada vez necesitar más mejora, más cambio, más esa sensación que se produce cuando te metes un chute de ‘iluminación’. Nunca estamos conformes con lo que somos (por mucho que hayamos “mejorado”).

Y a ese no-Amor evidente hacia nosotros mismos lo llamamos “no te rindas”, “no te conformes con menos”, “tienes más heridas que sanar”, “no seas un mediocre”, “sigue evolucionando”, “sube tu vibración”, “aún no has regresado a tu Hogar” o mil y una excusas más para no ASUMIR y AMAR quienes somos en realidad en cada momento.

Seguimos creyendo que necesitamos ser felices para ser felices

Lo cual, de nuevo, vuelve a ser incompatible. Porque si hay algo que la felicidad, la Paz, no implica es NECESIDAD.

Nos creemos todo lo que nos cuentan. Todo lo que leemos. Todo lo que escuchamos. Ya sea en un libro, en una revista, en las noticias o de la boca de un maestro-sabio-gurú. Estamos tan cegados por esa búsqueda, tan enganchados a ese maestro, a esa droga, que somos incapaces de cuestionar lo que es tan cuestionable.

La Verdad está enfrente de nuestras narices. Hasta nos la dicen a la cara ellos mismos. Nos la repiten hasta la saciedad. Pero no la escuchamos (ni ellos tampoco) porque nos estamos quedando con la anécdota. Porque nuestros oídos están desesperados por meterse en vena discursos donde tu felicidad, tu PAZ, siempre es alcanzable mañana. Nunca la tienes ya. Nunca tienes que dejar de buscar, de ser mejor y más. Siempre puedes (necesitas) más y más y más.

¿Sabes por qué esta charla, este libro, esta técnica, esta herramienta, este discurso no se da? Porque entonces se acaba el chollo espiritual. Adiós al negocio del crecimiento personal.

Y para los negociantes, para los empresarios (del ámbito que sean y salvo excepciones), en el fondo, es más importante el dinero, el poder, que la verdad. Sobre todo, cuando empiezan a tener éxito y su ambición arrasa con su Alma.

Aunque cierto es que prácticamente todos los negociantes espirituales están también ciegos a esa Verdad y siguen siendo igual de buscadores que los buscadores que les pagan por dejar de buscar. Lo cuál, de nuevo, no hace falta que explique lo incompatible, absurdo y sinsentido que es que alguien que aún no sabe cómo dejar de buscar le explique a otros cómo hacerlo. Cómo alguien que aún no ha “Regresado al Hogar”, a sí mismo, puede indicar cómo regresar.

Dejarás de buscar la felicidad (o como sea que la llames; para mí es Paz) cuando descubras que ese tipo de felicidad PERFECTA, iluminada, que buscas es una mera fantasía y que mientras la estás buscando, te estás alejando del único lugar en el que se encuentra la Real. En el que TE encuentras: AQUÍ Y AHORA Y EN TI.

RECUERDA:

Si sigues buscando(te) es que aún no lo (te) has encontrado. Y si aún no lo (te) has encontrado es que nada de lo que has aprendido es VERDAD.

Reflexiones

LA VERDAD QUE SOMOS CAPACES DE SOPORTAR

¿Alguna vez te has preguntado cuánta Verdad eres capaz de soportar? ¿Alguna vez has reflexionado sobre si te gustaría saberla toda o si prefieres ignorar…?

No podemos elegir. Conscientemente, al menos. Vemos lo que a nuestro Inconsciente le parece que es mejor que veamos. Es el que decide esa capacidad de soporte. Lo cuál ya indica lo ciegos que podemos llegar a estar en realidad.

Desconozco el mecanismo que hace que hoy vea una verdad que ayer no veía. Es uno de esos misterios que intuyo que siempre serán un Misterio… Así que no me paro a intentar descubrirlo. No tengo esa necesidad. Ni esas ganas de perder el tiempo.

De lo que sí tengo el impulso es de proclamar esa verdad de la que he sido consciente. De soltarla al mundo en lugar de quedármela para mí.

¿Por qué? Primero, porque así lo siento. Sin más razón. Y segundo, porque a mí no me gusta vivir una farsa, una mentira. Me gusta la gente honesta, que va de cara, que es directa, que no se calla por miedo a (que no significa ser insensible, inhumana, cruel ni malvada). Y por ese motivo, porque a mi me gustarían que me plantaran mi mentira en la cara para tener la posibilidad de desmantelarla, yo también ofrezco esa alternativa. Y la grito, sin más.

Lo que cada uno sea capaz de soportar ya no depende de mí. Ni conscientemente de él. Yo sólo comparto lo que he descubierto para que otros puedan despertar igual que lo he hecho yo. O eso creo (sobre despertar). Pero claro, si tengo que callarme todo lo que aprendo por si acaso es también una mentira, entonces, me quedaría muda para el resto de mis días.

Y, ¿sabes por qué yo no me quedo muda? Porque no me importa equivocarme. No me importa rectificar. No me importa contradecirme. No me importa tragarme mis palabras. Ni meter la pata. No me importa no saber. No me da miedo el quedar mal. El qué opinarán. El perder mi credibilidad y, con ella, el reconocimiento de los demás. Tampoco lo necesito.

¿Te imaginas que tuviera que callarme por tanta acumulación de miedo? ¿Te imaginas que los 7.000 millones de seres humanos tuvieran miedo a decir su verdad? ¿En quién nos convertiríamos? ¿Quienes seríamos si no fuésemos (de SER) quienes somos de VERDAD?

Y con esto no quiero decir que le sueltes a todo el mundo y constantemente lo que se te pase por la cabeza o por el corazón. Serías muy cansino y muy coñazo (no digo que yo no lo haya sido ni sea…). Hablo de libertad de expresión. De sentirte libre para expresar lo que sientes. Y con libertad me refiero a la Libertad interna, que es la que nos lleva a la Paz real. Ésa que sólo uno mismo se puede arrebatar por ese “miedo a”.

Vivo en el Hoy. En La Verdad de Aquí y Ahora. ¿Mañana? Y yo qué sé qué pasará. Y yo qué sé cuál será la Verdad. ¿La mía? Claro. ¿De quién sino? ¿Quién la está diciendo sino yo? Si en este momento no creyese al 100% en ella, no utilizaría la palabra verdad. Utilizaría otras. Otras con tintes de duda. De recelo.

Respóndete a esto:

¿Te sientes libre para expresar tu verdad? ¿Hablas tu verdad cuando así lo sientes o decides callarte por “miedo a”? Y lo más importante, ¿te sientes libre para ser quien/como eres?

La Verdad requiere de valentía. Tanto para la del decir como para la de Ser. De mucha valentía porque la sociedad, con sus creencias, normas y moralidad, ejercen mucha presión.

No es fácil ser uno mismo en un lugar en el que constantemente te acribillan la mente para que seas y sientas de una manera determinada para así poder encajar. Para no ser desplazada ni rechazada ni etiquetada como rara. Pero te aseguro que es mucho más difícil ser una marioneta de esa sociedad. Tu corazón, tu alma, se acaba marchitando de dolor, de vacío y de soledad ante tanto intento de ser “perfecto”. De ser como el rebaño. Como lo “normal”.

Da igual si esa verdad de hoy, mañana será mentira. Eso no lo sabes. Lo que sí sabes es lo que sientes ahora. Es TU instante el que importa. Y el Instante que está sucediendo en este momento, no el de ese futuro que jamás llegará.

De ése es del que eres RESPONSABLE. De la Verdad Consciente, no de la que está oculta en un inconsciente al que no puedes acceder.

No puedes ser responsable de lo que no sabes, pero sí lo eres de lo que SÍ sabes. Y hay muchas cosas que sí sabemos pero que nos hacemos ver a nosotros mismos que no sabemos para no responsabilizarnos de ellas. Para no asumirlas y así no tener que tomar decisiones incómodas.

Sí. Yo prefiero una Verdad que me duela a una mentira que me mantenga muerta en vida. De lo que sea capaz de soportar, ya no es cosa “mía”. De eso se encarga la Vida.

Entiendo que otros prefieran hacer oídos sordos, pero esto tampoco es cosa mía.

“Una mentira es una mentira, incluso si todo el mundo la cree. La verdad es la verdad, aunque nadie la crea”