Reflexiones

TOCAR FONDO PARA PODER SUBIR

Todos pasamos por momentos difíciles en nuestra vida. Nadie puede librarse de ellos. Ya sea por una separación o desamor, por una muerte, por una crisis existencial, por falta de empleo o por una enfermedad. La tristeza, el vacío, la soledad, la inseguridad, la impaciencia, la impotencia, la frustración son las emociones que más presentes están. Y aunque sean las que menos nos gustan sentir, son las que más nos enseñan a valorar lo que antes pasábamos por alto. Lo IMPORTANTE.

A estas alturas de mi vida, después de haber tocado unos cuantos fondos, sé que nada puede impedir que nos metamos en ellos. Y tampoco, que necesitemos tocarlos para poder emerger de nuevo, con otra mirada, con otra piel.

Incluso por mucho que seamos conscientes de nuestra caída, de hacia dónde nos estamos arrastrando, no podemos evitar lo inevitable. Hay como una fuerza inconsciente que nos empuja a sentir lo que sentimos. Y a no poder dejar de sentirlo.

Es como si estuviera en nuestro mapa de vida recorrer ese sendero oscuro y que hagamos lo que hagamos nos fuera imposible esquivarlo.

Cada vez siento más que nuestra vida está fuera de nuestro control. De nuestros planes. De nuestra organización. De nuestros deseos. De nuestros sueños. Cada vez siento más que hay algo que mueve nuestros hilos y que por muchas técnicas que practiquemos para moverlos nosotros, no sirven de nada. Son un mero autoengaño.

Creer que por ser Consciente de que estoy enfermo voy a dejar de estarlo es absurdo. La Consciencia no te va a impedir transitar por esos fondos que “te tocan”. Lo que sí hará es que seas consciente en cada instante de cada paso que das. Lo cuál, si empiezas una lucha contra ti mismo, te resultará muy frustante. Porque querrás salir de ese pozo en el que te estás hundiendo y, a la vez, serás consciente de que no puedes.

Son momentos para RENDIRSE ante lo que ES (y así no sufrir más de lo que estás sufriendo). Para CONFIAR en que todo pasará, igual que en las anteriores ocasiones. Para RECORDAR que ‘Dios aprieta pero no ahoga’. Y para AMARSE incondicionalmente.

Es lo que hago yo cuando mi mente se acelera y mis pensamientos toman el mando. Ahí estoy perdida. Lo sé. Y también sé que en cualquier momento se desacelerará y la calma volverá. Siempre ocurre así. Y no pasa nada. “Es lo que hay”. Es lo que Es. Así de simple.

La experiencia es la única que nos aporta sabiduría.

Sólo COMPRENDEMOS una situación cuando hemos pasado por ella. Por eso, las palabras se las lleva el viento. No sirve de nada lo que los otros te puedan decir, advertir, aconsejar, porque tú irás directa a lo que sientes. Eso sí, la próxima vez, ante la misma situación, actuarás de diferente manera. Porque esos fondos nos dejan señales en el Alma que se activan con experiencias similares.

Y a lo que antes te tirabas de cabeza, ahora quizás ya no lo hagas. Al menos, de la misma manera.

Para eso sirve el sufrimiento, para eso sirve el dolor, para eso sirven las heridas. Para no tropezar de nuevo con la misma piedra. Para SABER (de verdad, no de boquilla) que por ahí, no. Aunque haya ocasiones en las que tengamos que tropezar más de una vez con esas piedras para que se nos quede bien clavado el aprendizaje en la piel en el Corazón.

¿Sabes qué es tocar fondo? Ir a lo más profundo e intenso de ti. Y esto, por muy jodido que sea, JAMÁS es perder el tiempo. Porque la madurez que sale de ahí, NADA ni NADIE más te la puede dar.

Que Sea lo que tenga que Ser. Que sólo Así Será.

A veces, arriba. A veces, abajo. SIEMPRE VIVOS.

Libros

NUEVO LIBRO, LA NOCHE OSCURA DEL ALMA

Ya está disponible en Amazon, para todo el mundo y por 2,99 euros, mi nuevo libro. En él relato de manera breve, pero muy profunda e intensa, una experiencia que tuve el verano del 2019, donde el vacío, la tristeza y la soledad se apoderaron de mí. Hablo del sufrimiento, de la vida, del silencio y del amor. De qué fue lo que sentí. De cómo reaccioné. Y de lo que esa Noche tan oscura se llevó de mí y me permitió Ver.

” Podía escuchar dos voces dentro de mí que me indicaban dos caminos muy distintos. Una me llevaba a huir de ese estado en el que me encontraba. A buscar una salvación. Algo para eliminar lo que sentía. Que me arrancara esa tristeza, ese vacío y esa soledad de cuajo. Y la otra me susurraba que confiara. Que aunque no entendiera nada, tuviera Fe. Que me quedara donde estaba. Que sintiera lo que sentía. Que no me rechazara. Que no me abandonara. Que me acompañara como semanas antes había acompañado a mi madre. Que abrazara mi dolor. Que me Amara sin condición…”