Reflexiones

¿POR QUÉ SUFRIMOS?

Es muy simple: porque luchamos contra la realidad. Y entiéndase realidad como nuestros pensamientos y nuestras emociones. Lo que sucede Fuera tan sólo es una imagen. Y no es esa imagen la que nos provoca el sufrimiento sino lo que pensamos sobre ella y lo que pensamos sobre las emociones que sentimos que nos provocan los pensamientos que nos creemos.

Al creer que lo que pensamos y lo que sentimos es un error, es una tara, es una imperfección…, lo que sucede es que nuestra mente nos lleva a intentar cambiar, mejorar, arreglar… esos pensamientos y/o esas emociones. Así es cómo entramos en el Rechazo de Lo Que Es. De lo que estamos pensando. De lo que estamos sintiendo. De lo que estamos experimentando.

Así es cómo empezamos a sufrir y cómo abandonamos la Paz que siempre ES en nosotros y en cualquier otro lugar.

No son las experiencias las que nos hacen sufrir sino la interpretación que hacemos sobre ellas y sobre lo que sentimos de ellas


Vale. ¿Y ante esto qué puedo hacer?

a) Si no estás siendo Consciente de ese rechazo, de esa lucha, de esa no aceptación, NADA.

¿Y cómo soy Consciente? Si no sientes Paz es que estás luchando contra la realidad (sea la que sea). Y PAZ no es la ausencia de ciertas emociones como la tristeza, el miedo, el vacío, la ira o la soledad. PAZ es SER esas emociones. Punto final.

En cuanto te CREES que no tienes que sentirlas, bye a la PAZ. No es lo mismo un pensamiento sobre una emoción que creerse un pensamiento sobre una emoción. Los pensamientos puedes observarlos simplemente o identificarte con ellos.

El “problema” no son los pensamientos que tenemos sino que nos los creemos. Y como consecuencia de ese Creer, podemos actuamos mediante la lucha, el rechazo y la no aceptación de Lo Que Es.

b) Si estás siendo Consciente puedes DECIDIR dejar la lucha. Es así de sencillo. Es un “dejar” muy sutil. Como cuando estás discutiendo con alguien y paras de hacerlo porque “no te vale la pena”. Porque no te apetece. Porque pasas de eso.

Pues ese mismo mecanismo es el que se utiliza para dejar de creer los pensamientos que te estás creyendo sobre la realidad.

(es muy complicado de explicarlo porque estamos hablando de algo abstracto)

El error que comete la mayoría de “terapeutas-maestros-gurús” es querer cambiar esos pensamientos por otros “mejores”. Por otros más “positivos”. En este caso te podrá dar la sensación en ese momento de que estás mejor… hasta que te viene otro pensamiento que te vuelves a creer. Con lo cual te puedes pasar toda la vida en lucha por evitar tener ciertos pensamientos y ciertas emociones que no son evitables tener.

Ésta es la base de ¿por qué no funciona? ¿por qué sigo igual?

Entonces, TODAS las supuestas heridas, traumas etc que nos creemos que tenemos o que hemos heredado por nuestros ancestros no son tales. No son reales. No existen. Lo que existe es un pensamiento que me creo sobre ellas y que me genera una cierta emoción que considero (de nuevo otro pensamiento) que no debo sentir. Volviendo, de esta manera, a la lucha contra mí misma. Contra lo que estoy pensando. Contra lo que estoy sintiendo.

Y, de nuevo, se comete el error de querer curar esas heridas, esos traumas, ese transgeneracional, con la lucha que eso supone, la no aceptación de Lo Que Es , el bucle que se genera, el laberinto sin salida que se crea, la Rueda de Samsara, “el pez que se muerde la cola” y la zanahoria que el burro jamás se llega a comer.

El “problema” no son las heridas ni los traumas ni lo heredado, sino el creer (pensamiento) que esas heridas, esos traumas y eso heredado es un problema.

Es decir, lo que a mí me provocaba sufrimiento no era tener una madre alcohólica, sino el no querer tener a una madre alcohólica (lo cuál es muy humano). Era esa lucha contra la realidad la que me hacía sufrir, no el hecho en sí.

¿Que no era lo más agradable? Evidentemente. Pero ES lo que era. Y ante Lo Que Es no puedes hacer nada más que asumirlo. Más que rendirte a ello. Más que fluir con La Vida tal y como es, no tal y como te gustaría que fuera.

Y esto sirve para TODO. No hay más.

No tiene nada que ver con los hechos, sino con los pensamientos que te crees de los hechos.

De acuerdo. Y, teniendo ya claro que la clave reside en SER CONSCIENTE de cuándo estoy en modo lucha-rechazo-no aceptación, ¿cómo hago para ser consciente cuando no lo estoy siendo?

Y aquí viene el otro gran error en el que cae la mayoría de “terapeutas-maestros-gurús”:

– Por mucho que ellos te digan, NO puedes hacer NADA. No hay técnicas, no hay métodos, no hay herramientas, no hay meditaciones que te hagan ser más consciente de lo que eres (o no eres) en cada instante.

No hay NADA, absolutamente NADA, que puedas hacer o dejar de hacer para evitar esa inconsciencia cuando ya ES. Es como pretender evitar una tormenta cuando YA ha sucedido. O como pretender que no la haya nunca más.

NO ES POSIBLE controlar la Vida. NO ES POSIBLE que tú decidas no ser inconsciente. NO ES POSIBLE que tú impidas que dentro de 5 minutos o mañana sientas miedo o cabreo o sufrimiento. NO ES POSIBLE porque mañana no existe. Porque sólo el AHORA está vivo. Porque lo que sucede en cada Instante no lo puedes saber. Simplemente, ES.

Y cuando ES (ni antes ni después), tienes 2 opciones:

1. SERlo=PAZ

2. Rechazarlo=Sufrimiento

¿SABES LO QUE EN REALIDAD TE ESTOY DICIENDO?

Que la no-paz, que el sufrimiento no es evitable. Que no depende de ti. Que cuando quieres sentir Paz es porque no la estás sintiendo YA. Y ante ese YA, ya no puedes hacer nada. Que tus técnicas, tus herramientas, tus meditaciones te sirven (si es que te sirven…) únicamente para el Instante en el que están SIENDO, no para el siguiente. No para mañana. Y que si las usas con la Intención de no sufrir es porque ya estás sufriendo por no sufrir.

La Vida es un misterio. Es espontánea. Es incontrolable. Es imprevisible. Y nosotros funcionamos igual porque SOMOS esa misma Vida.

Así que: ¿Cómo vas a poder evitar lo que aún no sabes que va a suceder? ¿Lo que aún no sabes que vas a pensar? ¿Lo que aún no sabes que vas a sentir?

Yo sólo te he explicado cómo funciona nuestra mente. El motivo de por qué sufrimos cuando sufrimos. A “toro pasado”. Cuando YA has luchado. Cuando YA ha sucedido.

La VIDA nos está de-Mostrando que no podemos controlar nada. Y ese NADA incluye nuestra reacción primaria que la mayoría quiere controlar y que es incontrolable. Que esto se acepte, se asuma o no, ya es otra cosa…

Lo que te quiero decir es que TODO lo que sucede fuera y dentro de ti es PERFECTO, pues ES LO QUE ES. ES lo que está Siendo. Y lo que está siendo ASÍ, no puede estar siendo asá a la vez, por mucho que no te guste y por mucho que lo luches.

Esta obviedad la pasamos por alto constantemente. Y es esta obviedad la que nos puede alejar o acercar a la PAZ.

Porque hasta que no COMPRENDEMOS, hasta que no somos Conscientes de que lo que estamos pensando, creyendo, sintiendo, experimentando en cada momento no se puede cambiar, seguiremos luchando, rechazando y no aceptando la Realidad.

¿Eso significa que cuando lo Comprenda dejaré de sufrir por siempre jamás y entraré en un estado permanente de Paz? No. Significa que en el Instante en el que lo Comprendas sentirás PAZ.

En el siguiente Instante, ¿quién lo puede saber si aún no existe? NADIE.

Y si nadie puede saber lo que sucederá mañana, dentro y fuera de ti, nadie puede afirmar con certeza que si haces o dejas de hacer esto o aquello eliminarás el sufrimiento (y/o lo que sea) de tu vida.

La pregunta (la respuesta) es:

¿Estás dispuesto a abrirte a la Vida de tal manera que el sufrimiento (y/o lo que sea) también quepa en ella?

Si la respuesta es no, pregúntate: ¿De qué tienes miedo?

Porque si tienes miedo a sufrir, ya estás sufriendo. Y no pasa nada. Es perfecto porque así lo estás sintiendo AQUÍ y AHORA.

No te estoy diciendo que dejes de tener miedo a la Vida. No tener miedo no es una Condición que te pone la Vida para Ser Vida. Esa condición, de nuevo…, tan sólo es un pensamiento que te Crees y que te lo imPones tú a ti.

Y tampoco te estoy diciendo que tengas miedo. Ni una cosa ni la otra.

Te digo que aunque quieras sentir, pensar, SER de otra manera, no puedes porque YA lo estás sintiendo, pensando y Siendo de esa manera.

Podemos saber el motivo de por qué sufrimos. De por qué hemos sufrido. Pero si quieres saber qué sentirás mañana, no tienes más opción que esperar a mañana.

Lo que tú te imagines, lo que otros se imaginen, no son más que ideas-opiniones-pensamientos. En ningún caso Verdades, Certezas.

Así que:

¿A quién le importa lo que yo/tú/él diga…. sobre una Vida que no está Siendo?

Reflexiones

LA IDENTIFICACIÓN CON LAS FORMAS ES LA QUE NOS HACE SUFRIR

Siempre que nos identifiquemos con todo aquello que tiene una “forma”, ya sea un cuerpo, una mente, una emoción, un sentimiento etc, vamos a sufrir. Y no vamos a poder evitarlo, por mucho que lo intentemos. Porque nosotros, “lo que Es”, la Esencia, la Unidad, está antes de todas esas formas. Jamás nació y jamás puede morir. Es Eterna. Siempre lo ha sido y siempre lo será.

Y la pregunta es: ¿Cómo puedo hacer para no identificarme con esa forma, personaje, soñador…?

Mi respuesta: no puedes hacer nada porque nos manifestamos mediante esta forma “ser humano”, con todo lo que ella conlleva. Incluida la identificación.

Entonces, ¿para qué me sirve saber que no soy esa forma ni ninguna otra? ¿Para qué me sirve haber llegado a esa COMPRENSIÓN? Pues simplemente para ser CONSCIENTE de ello. Para SABER qué no eres. Y para no temer a la Muerte porque tú (la Esencia) no mueres.

Creer que puedes controlar a tu mente, a tus pensamientos, elegir en cada momento qué emociones sentir y qué no sentir, es utópico. No es real. Con Consciencia puedes darte cuenta de lo que estás pensando y de lo que estás sintiendo y, según cómo te pille, puedes decidir no reaccionar ante ello. Puedes quedarte al margen de ti. Pero tampoco puedes elegir SIEMPRE esa no-reacción porque la Inconsciencia también está presente. También FORMA parte de nuestra forma.

No podemos “trabajar” por ser más conscientes de lo que somos para así no identificarnos con esas formas para así no sufrir. Ese “trabajo” está lleno de esfuerzo, de control, de no aceptación, de no amor, de no paz. Por lo tanto, lo único que logras es sufrir para no sufrir, lo cual tiene muy poco sentido.

No existe un manual que te indique los pasos para estar siempre en Paz, para no sufrir, porque sería un manual basado en experiencias del pasado, en recuerdos (que son pensamientos), lo cual ya no le otorga ninguna validez. La única experiencia REAL, es la que te está sucediendo en ESTE INSTANTE, no en el anterior. Pero nuestra mente nos engaña para que creamos que lo de ayer, sirve para hoy o para mañana. Como si este momento fuese el mismo que el anterior. Cuando cada momento es único. Es impredecible. Y está fuera de todo control.

SOMOS Vida. Somos SER. Somos Existencia. No somos el cuerpo que la experimenta ni la mente que la piensa ni la consciencia que la observa. Somos lo anterior a todo eso. Somos lo que ES antes de nacer.

El Ser Humano sufre porque va implícito en él. En su “forma”. Por mucho que yo intente no identificarme con mis pensamientos, con mis emociones, la identificación se da por sí misma. A lo único que yo alcanzo es a darme cuenta de que me estoy identificando y que esta identificación me provoca emociones-pensamientos que no me aportan paz. Justo en ese momento de consciencia sí que existe la posibilidad de, al ser consciente de ello, soltar esa identificación. Pero sería un decisión a posteriori, cuando YA has sentido esa no-paz. Ese sufrimiento.

Ese ‘darme cuenta’ no es elegido. De ahí que, para mí, no exista el libre albedrío. O se da o no se da. Y el darse no depende de mí ya que no soy consciente de esa inconsciencia. Nadie lo es.

Hay personas que son más conscientes que otras en el sentido de que esos momentos de “darse cuenta” son en mayor cantidad. Pero eso no significa que SIEMPRE se den. Y ese no-siempre causa la misma no-paz y el mismo sufrimiento en esos instantes de inconsciencia que a los demás.

No escogemos ser más o menos conscientes, igual que no escogemos cantar bien o cantar mal, tener ritmo o no tenerlo, ser rubio o ser moreno. Nos viene “dado”.

Nosotros no elegimos cuándo ni cómo crecer. El cuerpo lo hace por sí mismo. Da igual que nuestro pensamiento o creencia sea la de “quiero ser más alta” o “que mis huesos sean menos anchos”. El cuerpo no nos hace caso. Y “la consciencia”, tampoco.

No está en nuestras manos ser más o ser menos “lo que sea”. Se pueden utilizar ciertas prácticas para conocerte más, ciertos hábitos para sentirte más saludable, para estar más relajado, pero no te van a servir para escoger según qué emociones cuando tu mente se ha identificado a la velocidad de la luz con “lo que sea”.

La Consciencia no forma parte de esa mente que se identifica continuamente con una forma. La Consciencia simplemente se da cuenta de ello, pero no interviene en ese proceso.

El sufrimiento no es opcional. Nada lo es. Si fuera así, nadie sufriría porque nadie desea sufrir. Es como decir que enamorarte de cierta persona es opcional. Nos enamoramos cuando sucede y de quien sucede, no cuando y de quien nosotros queremos.

Sufrir por dejar de sufrir es lo más absurdo que hay. Porque dejar de sufrir cuando estás sufriendo requiere de mucho sufrimiento. Requiere ir en contra de lo que estás sintiendo en ese momento. Y requiere de una cantidad inagotable de culpa, de impotencia y de frustración.

Si estás sufriendo, sufre. Es lo que está sucediendo en este momento. No es nada malo ni incorrecto. Sencillamente, ES.

La no-paz surge cuando luchas contra el Presente, el Hoy, el Instante, lo que estás pensando o sintiendo. No surge por una determinada experiencia o pensamiento o emoción. Puedes estar en Paz con tu caos. Con tu tristeza. Con tu vacío. Con tu ira. Con tu soledad. Puedes dejar que sucedan en ti cuando aparecen (algo que no controlas). Puedes no cerrarles la puerta. Puedes acogerlos en el espacio que ERES para que sean lo que son.

Lo que resiste, persiste. Tal cual. Y, de nuevo, volvemos a lo mismo. ¿Cómo hago para no resistirme cuando mi resistencia también es inconsciente? No puedes hacer tampoco nada.

Al final, es una cuestión de COMPRENDER que somos lo que somos, que la vida es la que es y que NADA depende de nosotros. Nosotros no movemos los hilos aunque nuestra forma humana así se lo haya creído.

Si de verdad tú decides, ¿por qué no eliges estar siempre alegre? ¿Por qué no eliges enamorarte de por vida? ¿Por qué no eliges no enfermar nunca? ¿Por qué no eliges tener siempre pensamientos positivos? ¿Por qué no eliges amar incondicionalmente a todo el mundo?

¿Porque eso no existe, no es real? Y, ¿por qué no lo es?

Si nos quedamos con la respuesta simple o en creernos los slogans que muchos recitan, no podremos acercarnos a la VERDAD. A una VERDAD que está fuera de la forma y que nada tiene que ver con el conocimiento mental. Y, ¿sabes cual es el lugar más cercano a esa VERDAD? El SILENCIO. El espacio que hay entre dos palabras, entre dos notas musicales, entre dos miradas. Ahí es donde está.

No es la nota en lo que te tienes que enfocar, lo que tienes que conocer. No es la mirada, no es la palabra, no es el sonido, no es el cuerpo, no es la emoción, no es el pensamiento, no es la creencia, no es la herida, no es el trauma, no es la lágrima, no es la risa, no es el sol, no es la enfermedad, no es la comida, no es el viento, no es el mar. ES lo que hay en su ausencia. Conocer lo que NO-ES. Lo sin-forma.

Indaga en ese vacío, en ese silencio, en esa Nada. Olvídate de lo que tus sentidos, todos, “ven”. Ocúpate de lo que existe más allá de ellos.

Yo sufro porque, en ocasiones, mi mente se identifica con lo que siento, con lo que pienso. Pero SÉ que no soy nada de eso. Que forma parte de esa “cosa” en la que estoy siendo. Y NO PASA NADA porque “yo”, mi personaje, mi forma, no tiene ninguna, relevancia. Ese “yo” morirá igual que todos, pero “lo que Soy”, que es lo mismo que tú eres, permanecerá.

Y cuando SABES eso de verdad, no de boquilla, no tienes ninguna necesidad de controlar nada. Ni de que tu personaje deje de identificarse con lo que le hace sufrir. Ni de tener otro tipo de vida de la que tienes. Ni de que esté permanentemente consciente o despierto o recordando o en “paz”. Te dejas llevar. Fluyes con la Vida. Con lo que te sucede. Incluido el no-fluir.

SABES, COMPRENDES que TODO está bien aunque tu mente piense, crea que no lo está.

La Importancia del sufrimiento, como con todo, radica en la importancia que le des.

Y poco más.

Reflexiones

A TODOS NOS DUELE LO MISMO

Hay personas con las que te cruzas y piensas: “no tengo nada que ver con ella”, “somos totalmente opuestas”, “no tenemos nada en común”. Y es cierto si tenemos en cuenta únicamente nuestra personalidad, nuestras ideologías, nuestras creencias, nuestros gustos, nuestros valores y nuestras preferencias. Pero hay algo que está mucho más allá de todo nuestro envoltorio: lo que hay Dentro de él.

A todos nos duele lo mismo. Nos UNE nuestra Humanidad, nuestra sensibilidad, nuestra vulnerabilidad, nuestros latidos. ¿Quién no se ha sentido solo alguna vez? ¿Quién no ha sufrido por una separación? ¿Quién no ha sido traicionado en alguna ocasión? ¿A quién no se le ha muerto un ser querido? ¿Quién no ha sentido una tristeza profunda? ¿A quién no se le ha roto el corazón en mil pedazos?

Todos anhelamos lo mismo: el AMOR. El propio y el de los demás. A algunos se nos da peor que a otros lo de Amar. Algunos se quedan pegados a una piel, dependiendo de ésta, para no sentir esa Soledad que es tan humana. Y otros nos alejamos de esa piel por miedo a que la separación nos parta de nuevo el Alma.

Cada uno con nuestros muros, con nuestras protecciones, con nuestras heridas, con nuestras defensas. Pero TODOS intentando vivir lo que mejor que podemos y sabemos con ellas.

El Amor nos Une. El Miedo nos separa. Pero tanto el uno como el otro forman parte de la misma moneda humana. Pretender no sentir miedo es pretender ser un robot, una máquina. Otra cosa es lo que hagamos con él. Con lo que pensamos. Con lo que sentimos. El cómo proyectamos al Mundo nuestro mundo.

Por mucho que lo deseemos, no podemos pensar y sentir de manera “perfecta”. Con un positivo con el que hemos catalogado lo incatalogable: los pensamientos y las emociones. No depende de nuestra consciencia pensar y sentir lo que queremos. Cómo CREEMOS que debemos hacerlo. El desconocimiento del funcionamiento de nuestra mente nos lleva a intentar, con mucho esfuerzo, frustración y dolor, controlar algo que sucede de manera espontánea como es el pensar y el sentir.

La VIDA sucede con una espontaneidad prácticamente imperceptible. Nosotros, los seres humanos, Vida en una de sus expresiones, SOMOS también así. Y por mucho que nos planifiquemos, tanto por dentro como por fuera, seremos lo que tengamos que Ser, experimentaremos lo que tengamos que experimentar, independientemente de nuestros sueños.

Y nadie será mejor ni peor que el otro. Nada será mejor y peor que lo anterior o lo siguiente. Porque TODO, porque TODOS, formamos parte del mismo Todo. Porque aunque no lo veamos a través de nuestros ojos, de nuestros sentidos, somos “un cuerpo” común y no un brazo, una mano o un dedo que están separados del resto.

Nuestras diferencias, nuestras exclusiones, nuestras etiquetas, nuestras fronteras surgen del miedo de una mente posesiva, egoísta y ambiciosa que no quiere perder una identidad ilusoria que se ha creado para no sentir el vacío y la soledad de una Separación que desconoce que no es real. Que no existe.

Porque si supiésemos que las olas únicamente son formas del Mar a las que se les ha dado otro nombre y, con él, la creación de una nueva identidad por creerse que son “otra cosa” diferente, no habría conflicto entre ellas porque no habría un “ellas”. Sólo nos sentiríamos Mar aunque en apariencia fuésemos ola.

Muchos creen que cuando DESPIERTAS a este saber, dejas de sentir dolor y de tener según qué pensamientos. Y no es cierto. Convives con ambas realidades: con la relativa (ola) y con la Absoluta (mar). La ola no desaparece en el Mar. Ni tu personalidad con él. Sencillamente te das cuenta de que tú no eres ese personaje ilusorio que se cree el dueño y señor de la Vida sino que eres la misma Vida expresándose espontáneamente a través de ese cuerpo, de esa mente y de esa personalidad.

Pero sigues teniendo miedos, sigues riendo y llorando, sigues sintiendo como sentías y pensando como pensabas. Lo único que cambia es que hay una CONCIENCIA que se ha expandido completamente por cada poro de tu piel, por cada pensamiento que piensas y por cada emoción que sientes. Pero tus impulsos, tus pasiones, tus anhelos, tus principios, tus virtudes y tus defectos son los mismos, aunque AHORA los Ves desde otro lugar. Desde otra perspectiva. Sabiendo que esa identidad que sientes no es La Verdad. Que forma parte de un juego.

Pasas de sentirte humana a SER con tu Humanidad.

Algunos sólo son conscientes de su personaje, de su identidad. Y creen que tienen que luchar por ella. Por su supervivencia. Por sus “ideales”. Algunos creen que pueden cambiar las normas del juego cuando ellos mismos son el juego y, por lo tanto, no pueden ni modificarlo ni transformarlo.

El soñador no puede cambiar el sueño porque él es el sueño. Cuando COMPRENDES esto no dejas de soñar. DESPERTAR no significa salir del sueño, significa SER CONSCIENTE de él. Y ser consciente de él no te otorga ningún poder más que el de ser consciente.

Muchos quieren Iluminarse creyendo que su felicidad será absoluta y plena de por vida si lo logran. Este tipo de Iluminación que se vende es un engaño. Es sólo una zanahoria que te pone el “mundillo espiritual” para que corras tras ella igual que a otros “mundillos” les ponen la zanahoria de la riqueza, de la ambición profesional o de “lo que sea”. Todas son las mismas expresiones espontáneas de la Vida. Todas pantallas diferentes del mismo juego. Ni mejores ni peores. Ni más ni menos.

Nuestras raíces confluyen en una misma Raíz, idéntica para todos nosotros. Da igual el color de nuestra piel, nuestro sexo, nuestra bandera, nuestra religión o nuestra raza. Nos duele lo mismo. Amamos lo mismo. Porque SOMOS LO MISMO.

Y nuestro idioma también lo es: EL SILENCIO.

Libros

NUEVO LIBRO, LA NOCHE OSCURA DEL ALMA

Ya está disponible en Amazon, para todo el mundo y por 0,99 euros, mi nuevo libro. En él relato de manera breve, pero muy profunda e intensa, una experiencia que tuve el verano del 2019, donde el vacío, la tristeza y la soledad se apoderaron de mí. Hablo del sufrimiento, de la vida, del silencio y del amor. De qué fue lo que sentí. De cómo reaccioné. Y de lo que esa Noche tan oscura se llevó de mí y me permitió Ver.

” Podía escuchar dos voces dentro de mí que me indicaban dos caminos muy distintos. Una me llevaba a huir de ese estado en el que me encontraba. A buscar una salvación. Algo para eliminar lo que sentía. Que me arrancara esa tristeza, ese vacío y esa soledad de cuajo. Y la otra me susurraba que confiara. Que aunque no entendiera nada, tuviera Fe. Que me quedara donde estaba. Que sintiera lo que sentía. Que no me rechazara. Que no me abandonara. Que me acompañara como semanas antes había acompañado a mi madre. Que abrazara mi dolor. Que me Amara sin condición…”

Reflexiones

SUICIDIO, ACTO SUPREMO DE LIBERTAD

¿Es el suicidio un acto de valentía o de cobardía?

Es todo un debate. Algunos dirán que hay que ser muy valiente para quitarse la vida y otros que hay que ser muy cobarde para dejar de vivir. No voy a entrar en juicios. Por mi experiencia, nadie se suicida de un día para otro. Igual que a nadie se le acaba el amor de la misma manera.

Quien decide que “hasta aquí he llegado” es porque tiene tal sufrimiento en su Corazón que prefiere descansar en Paz que vivir atormentado.

Hay mucha gente que jamás ha experimentado ese dolor, ese vacío, esa soledad, esa pérdida de ilusión, esa sensación de tener el Alma completamente rota que hace que vivas sin vivir. Que te cueste hasta respirar. Hasta caminar. Hasta mirar. Hasta llorar.

Esas personas no tienen ni voz ni voto en este tema porque no pueden ni acercarse a comprender cómo alguien joven, con hijos, tan querida, sin complicaciones externas, pueda realizar ese acto.

Yo he tenido personas cercanas que se han suicidado y otras que lo han intentado. Yo he sentido esa rotura. Esa desconexión tan brutal de la vida y de mí misma. Ese sufrimiento que te traspasa las entrañas. Y entiendo que alguien prefiera estar muerto que soportando tal infierno.

Para mí la Vida es Sagrada. Tanto en las alegrías como en las penas. Tanto en la luz como en la oscuridad. Tanto cuando estoy de subidón como de bajón. Tanto cuando estoy en mi cima emocional como cuando estoy en lo más profundo de mi fango.

Ya no busco alcanzar la plena felicidad. El continuo estar arriba. Ese esfuerzo, esa lucha, ese peso tan grande en la mochila, para no sentirte ‘mal’. Ya comprendí que es una falsedad. Me rindo ante mi humanidad y, por ello, actualmente, cuando me caigo no me doy prisa en levantarme. No me presiono para sentir lo que no estoy sintiendo. Para no ser lo que no estoy siendo.

Respeto mis tiempos y respeto a mi mierda.

De igual modo, para mí también, el suicidio es el acto más supremo de Libertad humana. Porque no elegimos nacer, pero sí podemos elegir morir voluntariamente.

No me da miedo la Muerte porque he muerto ya muchas veces en vida y porque no estoy identificada ni con mi cuerpo ni con mi mente ni con mi alma. No me da miedo desaparecer porque lo que siento que SOY es permanente. Es lo único que existe. Todo esto no es más que un sueño muy lúcido.

Me importa tres pimientos que Emma se muera. Pero no será ella quien se mate a sí misma. Morirá cuando la Vida así lo decida. O no…

¿Quién soy yo para negarle a nadie su Libertad para dejar de sufrir cuándo y cómo le dé la gana? ¿Quién soy yo para negarle a nadie su propia muerte?

Eso sí que me parece egoísta. Que para yo no sufrir, el otro se joda y viva.

Somos tan dependientes del otro que les obligamos a mantenerse en pie aunque eso les llene de sufrimiento sólo para no caernos nosotros. Para no sentirnos solos nosotros. Para no sufrir nosotros.

¡Y lo llamamos AMOR! Un Amor que no respeta. Un Amor que no acepta. Un Amor lleno de miedo y de condición.

Es doloroso dejar marcha a alguien que amas. Eso nadie lo niega. Pero debemos comprender que cada uno es libre de hacer con su vida lo que quiera. Nos guste o no. Lo entendamos o no. Desde ser puta, pincharse heroína, alcoholizarse, separarse, vivir en una cueva, hacerse budista, llevar un burka… hasta matarse.

Nos encanta decirle a los demás cómo deben vivir, cómo deben sentir, cómo deben vestirse, cómo deben trabajar, cómo deben pensar. Pero que nadie se le ocurra decírnoslo a nosotros porque “yo con mi vida hago lo que me sale de los huevos y del coño”.

¡Claro! Pero nos olvidamos que los demás también.

Y en ese ‘lo que me sale del coño’ no hay excepciones. No hay peros que valgan. O todos somos ‘libres para‘ o ninguno lo es.

El problema no es que mi padre, mi madre, mi hermana, mi amiga, mi pareja se suicide. El problema de verdad, el que nadie quiere ADMITIR, es todo lo que implica, lo que hay detrás de:

¿Qué va a ser de mí sin ellos?

En el fondo, fondo, fondo… nos da igual el otro. Nuestra máxima preocupación es SENTIR, con su ausencia, lo mismo que les ha hecho a ellos quitarse la vida. Pero de esto, ni siquiera nos damos cuenta.

Ahí lo llevas.