Reflexiones

¿CÓMO AQUIETAR LA MENTE?

Para aquietar la mente antes necesitas saber cómo funciona porque si no te creerás lo que te cuenta y te convertirás en su marioneta. Dándote vueltas sobre ti mismo en bucle sin llegar jamás a la meta que te ha impuesto. Con la frustración e impotencia que esto conlleva.

La función de la mente es pensar. Genera pensamientos. Pero sólo unos pocos son los que necesitamos en el día a día. El resto, no nos sirven para nada. Son totalmente desechables.

Todos aquellos pensamientos que juzgan, para bien o para mal, en positivo o en negativo, nada tienen que ver con la Realidad. Son falsos. Provienen de unas experiencias, de una educación, de una cultura, de una moral, de una ideología… que hemos hecho Verdad. Pensamientos con los que nos hemos identificado, aferrado, apegado, CREÍDO, y a los que seguimos sin cuestionar.

Lo de “cada uno tiene su verdad” es erróneo. Sólo existe una Verdad. Las otras, son ilusiones. Mentiras. Creencias que cada uno de nosotros hemos adoptado y etiquetado como Absolutas e inamovibles.

Si una verdad no es Universal, no es Verdad

Decir que un amanecer es precioso (por mucho que a mí me lo parezca) no es una verdad. Es una apariencia. Un juicio. Un gusto subjetivo. Y nos paseamos por la vida haciendo de nuestros gustos, verdades. Y de los gustos de los demás, mentiras. Siendo ambos, falsedades si tenemos en cuenta la Realidad, que es absolutamente neutra.

Eso no significa que no puedas indicar que a ti te gusta más esto que aquello. Me refiero a que no respetes las CREENCIAS (o gustos) de los demás por CREERTE que las tuyas son las mejores. Las correctas. Las únicas posibles. Cuando son sólo una posibilidad entre infinitas. Una preferencia individual, no colectiva.

Llegamos hasta el punto de creernos (y, por lo tanto, creArnos) que estamos heridos, traumatizados. Y de, por consecuencia, querer curarnos. Cuando el origen (y su fin) es un pensamiento que en ese momento nos estamos creyendo. Y lo hacemos nuestro. De nuestra propiedad. Nos lo tatuamos en las venas y le damos FORMA de error, de incorrección, de tara, de no estar completos. Una forma que, a su vez, se expresa en otra forma emocional: vacío, tristeza, rabia, ira, soledad…

Y así es como nos enfermamos. Cómo nos alejamos de la Paz. Cómo provocamos luchas internas y externas, guerras, miedos, intolerancias, violencias y demás. Por una total ignorancia sobre el funcionamiento de nuestra mente. Sobre qué es exactamente un pensamiento. Sobre las emociones. Sobre “Quién soy”.

Cada Instante es nuevo. Es puro. No está manchado de historias. De pasados. De futuros. Nosotros, somos ese Instante que se está creando una y otra vez. Que está naciendo impoluto en cada momento.

Es la identificación con nuestros pensamientos la que nos llena de películas. La que nos disfraza de lo que no somos. La que nos enmascara nuestra piel. La que esconde nuestra desnudez.

Por todo ello, no es cuestión de sanar nada pues no hay nada que sanar. Sólo nos hemos creído lo que nos hemos contado o lo que nos han contado los demás.

La cuestión es:

  1. Ser consciente de cómo funciona la mente (ya lo he explicado) para cuestionar nuestros juicios-creencias
  2. Aprender a aquietarla cuando se acelera

Y, ¿cómo se aquieta la mente? Pues de la misma manera que se aquieta un columpio, un ventilador o el ritmo del corazón. PARANDO la actividad. Dejando de correr, de hacer, de empujar. En este caso, estando en Silencio. Observando. Sin razonar. Sin analizar. Sin ir hacia adelante o hacia atrás. Sin imaginar. Sin proyectar. Sin “atraer”. Sin tampoco iniciar la acción de generar positividad pues es una acción que genera movimiento mental de igual modo.

Para que haya un positivo tiene que haber un negativo. No existe el uno sin el otro. No existe ni el uno ni el otro. Ni la luz ni la oscuridad. Ni el bien ni el mal. Luchar por el bien lleva implícito la existencia del mal. Deja de luchar. Sal de esa Dualidad que te has creído que existe.

Ese positivo que pretendes atraer está alimentando el negativo del que pretendes huir

Y, ¿cómo se sale de la Dualidad? Conociéndola. Descubriéndola. Estando contigo mismo. Escuchando todo el sonido de tu mente para darte cuenta de que esos pensamientos, ese ruido, no es real. No es Verdad. Y así volver a tu centro, a tu calma, a tu Unidad, poco a poco. Las tormentas no cesan en un segundo. Nuestra mente tampoco deja de girar en un minuto. Necesita un tiempo de desaceleración en el que no (nos) estemos acelerando.

Y cuando hablo de centro, de calma, no me refiero a tener la mente en blanco. Eso no existe. Es una quietud que proviene de no identificarte con esos pensamientos que te generan malestar, dolor, ansiedad; no de no tener pensamientos. Que es muy distinto.

Esa no-identificación no se realiza a través de una “acción de inacción” sino entrando en silencio. En no movimiento. Sin intervenir.

A veces, pretendemos entrar en quietud, en Silencio, haciendo cosas para llegar a él. Mediante técnicas, métodos, herramientas etc. Y es simplemente dejar de hacer lo que hay que hacer. Para no darle más fuerza a nuestros pensamientos (del tipo que sean). Pensamientos que nos creemos y que son los mismos que nos llevan a movernos de donde estamos. De Aquí y de Ahora. De donde SOMOS.

No hay nada que alcanzar. No hay nada que mejorar. No hay nada que cambiar. No hay nada que evolucionar. No hay nada que transformar.

Cuando sintamos que hemos perdido nuestra Paz, quitémonos de en medio. Dejemos que el tiempo y el Silencio se encarguen de ponernos en nuestro sitio.

Es en el Silencio cuando podemos VER(nos) con claridad.

Y poco menos. Y poco más.

Reflexiones

LA PUERTA SIN PUERTA

En ocasiones, vemos puertas cerradas donde no las hay. Porque así nos las dibujaron. Y así se las dibujaron a aquellos que nos las dibujaron. Es más, ni siquiera hay puertas. Sólo un CREER que las hay.

No es la realidad la que está equivocada. La que tiene que amoldarse a mi percepción. La que tiene que ser transformada, cambiada, aniquilada, destruida o evolucionada PARA yo ser feliz. Para yo sentir Paz. Para volver a lo que llaman Hogar.

¿Te imaginas que fuese así? Nos pasaríamos la vida, los siglos, la eternidad… esperando desesperadamente llegar a una perfección que nada tiene que ver con la Perfección sino con nuestra IDEA de perfección. Que no es lo mismo y que es por lo que la mayoría se pierde.

Por eso siguen buscando. Por eso nunca se encuentran. Por eso nunca se alcanzan. Por eso siempre sienten que algo les falta. Porque siguen mirando fuera. Porque siguen con su lucha externa PERSONAL.

No hay puertas que abrir ni puertas que cerrar, sólo IDEAS que cuestionar

Tampoco es igual querer cambiarte a ti (siendo ti tu personalidad) que cuestionar los pensamientos que tienes sobre ti. El camino es muy distinto. Y el destino, también.

Siempre vas a tener algo que cambiar en ti porque “quien” te dice que hay algo que cambiar, que mejorar, que arreglar, que educar… es el mismo que no te deja llegar jamás al “todo está bien”. Al Hogar.

Lo llaman Ego. Yo lo llamo pensamiento. Así que por muy perfecta que sea tu identidad, jamás la sentirás así porque escucharás una voz (a la que veneras y no CUESTIONAS) que te estará diciendo: “De esta otra manera, serías mejor”, “Aún te queda un paso más para ser tu mejor versión” y un largo etcétera que utiliza el pasado (con tu historia, tus supuestas heridas, tu transgeneracional, tu forma de nacer blablabla) y el futuro para huir del presente. Que es donde estás.

Y no estoy diciendo que te descuides, sino que no te CREAS que por ser más delgado o más gordo, tener más arrugas o menos, más títulos o menos, más seguidores o menos, más dinero o menos, más luz o menos… vas a ser más o menos feliz. Vas a sentir más o menos Paz. Porque ese Hogar, esa serenidad, esa quietud, están en tu no-mente no en tu cuenta corriente ni en tu cuerpo ni en tu dimensión ni en tu intelecto ni en tu crecimiento PERSONAL (de persona, de separación, de ola, de identidad) ni en tu trabajo interno.

No es la experiencia, es CÓMO interpretas la experiencia. No son los kilos de menos o de más, es la interpretación de les das. La NO-Interpretación, más bien. Porque la Realidad, para que sea realidad, no puede ser interpretable. Ni de color negro ni de color de rosa. Es neutra. Absolutamente transparente.

Las puertas, los barrotes, las cadenas son un simple pensamiento que te estás creyendo

Al que le has cedido todo el poder. Por el que te arrodillas. Por el que eres capaz de arrastrarte, faltarte al respeto, juzgarte, condenarte, castigarte, maltratarte y/o dejarte maltratar.

Tú tienes el poder. Y volvemos a lo importante, a “LA PREGUNTA”: ¿Quién eres?

¿Eres aquello que piensas? Porque si ya, a estas alturas, casi todos sabemos que no somos nuestros pensamientos (espirituales incluidos), ¿por qué les continuamos dando cuerda? Y no me refiero a no pensarlos, a que no aparezcan o a controlarlos, sino a tratarlos como si fueran Reales. Como si fueran la Verdad Absoluta. Como si fueran DIOS.

Como seres humanos que (también) somos, tenemos pensamientos y emociones que no son erradicables. Que, a veces, se nos llevan por delante. Y no pasa nada. Y tampoco es un objetivo que NUNCA vuelvan a hacerlo. Más que nada porque es un objetivo ilusorio ya que tiene en cuenta, para conseguirlo, un tiempo futuro que desconocemos porque no existe.

Sentimos lo que sentimos y pensamos lo que pensamos. Y ninguna de las dos nos define. No somos ni la alegría ni la tristeza. Ni la salud ni la enfermedad. Ni el nacimiento ni la muerte. Somos “lo” que hay “antes de”. “Lo” que hay “después de”. Que también está “mientras que”. Somos la VIDA misma, la EXISTENCIA misma, expresándose en forma de emoción, de pensamiento, de cuerpo, de estrella, de león, de roca, de agua, de fuego, de viento, de fango, de ameba, de virus, de plástico, de basura, de contaminación, de guerra, de compasión, de enamoramiento y de pasión.

Somos esa VIDA que lo ES TODO. Que no está separada, aunque nuestros ojos así lo vean. Somos el Mar, no la ola. Somos la hoja en blanco, no el garabato. Somos EL que escribe, no lo escrito. Somos el sonido, no el instrumento que lo suena. Somos UNO, no dos ni tres ni cuatro.

Y mientras no nos respondamos a La Pregunta, mientras no descubramos la respuesta, seguiremos caminando un camino cuyo destino siempre estará en el mañana en lugar de Aquí y Ahora, que es donde “te encuentras”. Porque nos creeremos esos pensamientos que nos empujan hacia donde “no somos” y hacia donde no estamos. Pensamientos que han creado puertas que abrir y que cerrar. Una tras otra. Sin una puerta final.

Un Camino donde no habita el Silencio donde habita la Paz, que es nuestro principal anhelo.

Para escuchar el Silencio tienes que “dejar de hacer”. Tienes que dejar de correr. De avanzar. De controlar. De luchar. De deskarmatizar. Porque mientras estás avanzando, mientras te estás moviendo hacia el lugar en el que CREES estar, te estás alejando del lugar en el que SÍ estás. Que es donde YA estás. En la quietud (de quieto).

Párate. No tienes nada que cambiarte. Sólo mirarte desde un lugar distinto a tus pensamientos. Un lugar llamado Consciencia. Un lugar llamado Silencio.

Ahí no se esconden ni ventanas ni puertas. Ni cerradas ni abiertas. Ni propósitos ni misiones ni destinos. Ahí mora el Vacío. La Nada de la que surge, espontáneamente, el Todo que nos creemos ser. Un Vacío infinito y eterno. Un Todo que tal y como nace, muere. Que no permanece.

El sonido, el ruido, las palabras, las emociones, los pensamientos, las olas, las nubes, los cuerpos, los juicios… vienen y van. El Silencio siempre ES.

Un Silencio que suena a Plenitud. A Incondicionalidad. A Unidad.

Un Silencio que siempre está Presente, aunque tu ruido no te permita escucharlo.

Y cuando ya sabes QUIÉN ERES, no hay necesidad de escucharlo (sentirlo) constantemente. No tienes esa misión marcada pues ya sabes que estás en casa, que eres casa y que esa misión lo único que te provoca es alejarte más de la sensación de ella. Que no de ella, pues jamás la abandonas aunque tus pensamientos te la nublen.

En ocasiones, te ves manifestándote como una ola. Y, en otras, te sientes Mar. Pero ya sabiendo que NO PASA NADA. Que no tienes ningún Hogar al que Regresar. Que eres Perfecta de cualquier manera, pues la ola forma parte del perfecto MAR. Y si el MAR es perfecto, la ola que está en él, también lo es.

Eres Consciente de quién eres y de quién no. Y te permites TODO, hasta la no permisión. Pues el Vacío que eres no tiene celdas ni muros ni requisitos de admisión.

Hay una puerta sin puerta a la que yo llamo: Saber quién soy.

Porque cuando sabes quién eres, dejas de necesitar TODO lo demás. Incluida a “ti”.

Y poco menos.

Y poco más.

Reflexiones

EL VERDADERO SONIDO DEL MUNDO

¿Sabes a qué suena el Silencio? A Paz. A una Paz que te hace saber que estás en casa. Que todo es perfecto. Que todo está bien tal y como está.

Una Paz a la que no le interesan los juicios. Ni tampoco los juicios hacia el juicio… Una Paz donde el ruido mental se toma un descanso y te deja en paz… Donde tus interpretaciones sobre lo que es o no es la vida, sobre lo que tienes o no tienes que ser, se quedan sin sentido. Y se caen por su propio peso al Vacío.

Ése es el verdadero sonido del Mundo. El que sólo se puede escuchar cuando no estás escuchando nada. El que siempre está ahí, con toda su Eternidad expresándose en cada Instante.

Cuando te haces Consciente de Él, te impacta en cada célula. Es como si todo “lo que no eres” se derrumbara en una milésima de segundo y sólo quedara “Lo que Es”. Que eres tú. Como si las formas se desvanecieran. Como si hasta tu piel desnuda desapareciera.

Es una sensación de ser UNO con todo y con todos.

La mayoría de personas echan de menos a otras personas. A otros cuerpos. A otras compañías. A otras voces. A mí me sucede todo lo contrario. Lo que echo de menos es ese sonido a Unidad. A Hogar. A soledad Plena. Completa. Me echo de menos a mí, a lo que sé que SOY y que tiene el hábito de taparse y destaparse según cómo le sopla el viento.

Pero me conozco. Me sé. Me siento. Me he VISTO. Me he reconocido. Y una vez que lo haces, ya no hay vuelta atrás. Porque, para mí, no hay sensación más profunda, más íntima y más intensa que la del Silencio. Que la del Hogar.

Nada ni nadie puede sustituirlo. Nada ni nadie es comparable. Nada ni nadie es capaz de acercarse a su Verdad.

Es un enamoramiento carente de sentimiento y de emocionalidad. Como una Luz que se expande de dentro a fuera. Que no tiene ni principio ni fin. Una Luz muy brillante que sientes que eres tú y que te sale por la mirada y por cada poro de tu piel como si no pudiera estar retenida en ti. Como si ella fuese una explosión, pero sin explotar.

El Mar juega a crear olas y a que las olas se crean que no son Mar

Cuando lo has probado, eres incapaz de vivir sin Él. Y mientras el resto del mundo va en busca y captura del ruido, tú te mueres por acercarte a TI.

El desconocido Silencio… que es lo que en realidad todos anhelamos. Pues es lo que SOMOS. Pues es LO que nos parió.

Y cuanto más lo ERES, más difícil se te hace alejarte de Él. Y más consciente eres de lo que no eres. Hay como una molestia, como un malestar, como un dolor de separación que te avisa que “eso no es casa”.

Lo que ocurre es que estamos tan acostumbrados a ese dolor que ni siquiera nos damos cuenta de él. Porque ni siquiera sabemos de dónde viene y qué significa. Porque pocas personas se paran a investigar qué es eso que echan de menos. Un “eso” que nada tiene que ver con alguien o algo externo. Un “eso” que es la respuesta a ¿Quién soy?

Para escuchar el Silencio hay que dejar de escuchar el ruido mental. Hay que dejar de prestarle atención. Hay que dejar de enfocarse en él. Hay que dejar de creérselo.

Y cuando hablo de ruido mental me refiero a CUALQUIER historia que te cuentas. Ya sea espiritual o no. Es el ruido mental (algunos lo llaman ego) el que crea el ruido mental espiritual. Algunos se CREEN que como suena a ángeles, a karma, a crecimiento personal, a autoconocimiento, a evolución, a dimensión, a Ohm… ya no es ruido. Y es el mismo, pero disfrazado para engañarte.

Aparcar los conceptos, las etiquetas, las definiciones, las palabras, las voces, los pasados, los futuros, los sueños, los propósitos, los objetivos, los compromisos, las misiones, las ilusiones… y quedarte sin NADA. Como si fuera la primera vez que abrieras los oídos y los ojos. O, más bien, como si aún no los hubieras abierto. Como si tu mente estuviera libre de conocimiento. Y de condicionamiento.

¿Qué verías si no supieras lo que sabes? ¿CÓMO verías…?

Así suena, en Realidad, el Mundo. A pureza. A transparencia. A Unidad. A SILENCIO. A Hogar. A Amor. A Paz.

Y así sonamos, en Realidad, nosotros. Como si nunca jamás, nada ni nadie nos hubiera tocado

Reflexiones

LA LIBERTAD NO ESTÁ EN EL PERSONAJE

Me estoy enamorando del Silencio. Sí, tal cual. Cada día que pasa tengo más ganas de saber de Él. De que me hable con esa Voz que no es voz. Con ese tono tan delicado que te mece en el viento. Con ese saber Estar. Con esa absoluta Presencia que te atrapa en su Nada.

Cuanto más como de Él, más hambre le tengo

Me enseña a Ver, que no a mirar. Me indica el lugar en el que habito. Mi verdadero Hogar. Me señala Quién Soy, que no es ningún quién sino únicamente un Soy. Y hace que conozca ese Soy. Cómo funciona. Cómo se crea. Cómo camina.

¿Sabes esos momentos en los que te diriges hacia algún lugar en concreto y cuando llegas no sabes cómo has llegado? ¿O cuando estás fregando los platos pero pensando en otra cosa?

¿Alguna vez te has preguntado QUÉ es lo que hace que puedas llegar a ese destino sin ser tú el que te está guiando? ¿Y cómo esos platos se friegan solos sin que tú intervengas conscientemente?

Pues esas respuestas te las cuenta el Silencio cuando estás en Él.

Me tiro a su Vacío con la absoluta certeza de que ahí se esconde la Creación. La Vida. Y me sumerjo sin paracaídas en sus aguas cristalinas que ensordecen cualquier ruido mental que pudiera aparecer.

No hay temor. No hay miedo. No hay preocupación. Sólo hay Confianza. De que todo Es lo que tiene que Ser. De que tú simplemente eres un instrumento con el que ese Silencio, esa Vida, se expresa. Se manifiesta.

Y que es ese personaje, con nombre y apellidos, que nos hemos creído que somos, el que se cree el creador de algo. El que se cree el hacedor de algo. Cuando la Verdad es que es ese Silencio el que lo Crea Todo. El que lo HACE todo.

El personaje está repleto de historias, de pasados, de futuros, de frustraciones, de impotencias, de propósitos, de misiones, de destinos, de creencias, de etiquetas, de objetivos, de esfuerzos, de estrés, de ansias, de miedos, de inseguridades, de desconfianzas, de obligaciones.

En ese Silencio, en ese otro espacio que también está Aquí pero que no lo Vemos, que no le prestamos atención, que no nos damos cuenta de su existencia, hay calma, hay Paz, hay confianza, hay Libertad. Hay Verdad.

Ahí, no tienes NECESIDAD de ir a ningún otro lugar, de ser otra persona, de sentir de otra manera; de ser más delgada, tener más tetas, menos arrugas o más cadera; de ser más femenina, más masculino o tener menos barriga; de comer más sano, más ecológico o más de esto o lo otro; de tener más amigos, una pareja o un hijo; de ser más sociable, más solitario o más radiante; de ser más abundante, más exitoso, más poderoso o más valiente; de ser más consciente, más iluminado o más evolucionado…

No hay Necesidad

Porque tu ruido mental o no aparece o está en segundo plano. Surgen pensamientos pero no te los crees. No te identificas con ellos. Por eso, no te preocupas por nada ni por nadie. Porque TODO ESTÁ BIEN TAL Y COMO ESTÁ.

No crees que algo, que tú, pueda ser mejor de lo que está siendo. NO TE LO CREES porque estás escuchando el Silencio en lugar de a tus pensamientos. Y en el Silencio no hay juicios, no hay separación entre mejor y peor.

El Silencio no ha sido mancillado por el ruido mental porque éste no existe. No existen los DEBERÍAS, los TENDRÍA QUE. No existen las preocupaciones ni las culpas. No existe la sensación de vacío ni de soledad.

El Silencio está lleno. Y cuando Eres él, te sientes así de llena, de plena. No te falta nada. Porque ese faltar únicamente reside en el ruido mental. En esas creencias que viajan dentro del personaje. Y el Silencio, está fuera de él.

La manera de aproximarte es permitiendo que te alcance Él. Dejando de intentar alcanzar, conseguir esto o aquello, porque cuando ‘intentas’, estás en el ruido mental, no en el Silencio.

DEJAR DE HACER PARA QUE TODO SE HAGA POR SÍ MISMO

Y no es un dejar de hacer físico. Nadie va a venir a lavarme los dientes ni a hacerme la comida. La tengo que hacer yo. Mi cuerpo sigue actuando pero no es guiado por ese personaje.

Es como cuando respiras. Yo, Emma, no intervengo en el respirar. La respiración se hace por sí misma. Pues con el resto, es igual. Me echo a un lado y dejo que la Vida, que el Silencio, me respire. Me viva. Me lleve a donde él quiera, no a donde quiera mi personaje.

Ése es el verdadero significado de la palabra FLUIR.

¿Sabes cómo aprendiste a caminar de bebé? ¿O a gatear? ¿Crees que “tú” interveniste en algo que no fuera meramente corporal? ¿Crees que fueron tus padres los que te enseñaron?

No, sucedió con naturalidad. Se fue dando por sí mismo. Como el capullo transformándose en mariposa. Hay una Fuerza (Silencio, Vida, Amor, Dios) que es la que se ocupa de Todo. Pero los personajes se creen que son ellos los que lo hacen.

El Silencio te cuenta la Verdad. Te hace Ver lo que ese personaje, con su ruido mental, es incapaz de ver ni de escuchar. No puede porque está en otro “espacio” al que no puede acceder. Tienes que salirte de Él para Ver.

¿Y cómo se sale? ¿Cómo te das cuenta de lo que no te das cuenta? ¿Cómo te haces consciente de lo que no eres consciente? NO LO SÉ.

Ahora, puedo distinguir el Silencio del Personaje. La Verdad de la mentira. Y Veo que ese Silencio SIEMPRE está en nosotros y en todo lo que nos rodea. Y que la mayoría lo hemos sentido en muchas ocasiones, pero no le hemos prestado atención. No lo hemos Visto. No hemos sido conscientes de Lo Que Es.

Y aunque lo toquemos, enseguida nuestro ruido mental, nuestro personaje, se nos pone por encima y nos ciega. Pasa a estar en primer plano. Y volvemos a creernos sus mentiras y a PERSEGUIRLAS como si nos fueran a dar la Libertad. Una Libertad que sólo habita en ese Silencio que Todo lo Sabe, que Todo lo Crea y que Todo lo Ve.

Lo de ir liberándote de tus traumas, de tus historias, poco a poco, deja de tener sentido. Porque no tiene nada que ver con ellas, sino con creértelas. No es cuestión de tiempo, sino de un cambio de Visión, de perspectiva. Aunque arregles-sanes una historia de tu personaje, lo estás haciendo desde el personaje. Y este personaje tiene mil historias para ofrecerte, para mantenerte distraído, para que no Veas ese Silencio.

-Ya, pero es que yo me siento mucho mejor ahora que me he curado “de tal o cual cosa”.

Sí, ésa es la trampa. Ésa es la sensación. Hasta que tu personaje, tu ruido mental, te crea-inventa otra. Y vuelves a estar en el mismo lugar pero con diferente historia.

Ésta es la Rueda de Samsara en la que estás atrapada. Y por eso nunca se acaba. Nunca sales de ella. Siempre está la felicidad en el mañana. Siempre vuelve el vacío, la soledad. Ese sentir de que me falta algo.

Y lo que te falta no es sanarte sino descubrir ese Silencio. Darte cuenta de que no eres ese personaje con sus historias. De que a donde tienes que regresar no es a “un personaje curado, evolucionado, iluminado” sino al Silencio donde no hay un Quién sino un Ser.

El personaje, tanto si está lleno de “luz” como de “oscuridad” sigue siendo un personaje. Un personaje que seguirá creando historias que te llevarán a sentirte esclavo de ellas. Te hará creer que estás mejor que ayer, hasta que el peor vuelva a aparecer.

Funciona de esta manera:

  1. Creo una historia por algo que me ha sucedido (que puede haber sido traumático y real), me identifico con ella, me hago creer (me hacen creer) que ése es el motivo de mi infelicidad, de mi soledad y de mi vacío (ésta es la clave), me creo que si me curo, me liberaré de esas emociones y empiezo la busca y captura de algo o alguien que me salve.
  2. Una vez curada (si lo he hecho), vuelvo a empezar. A generarme otra historia-idea con la que pueda interpretar lo mismo que con la anterior para justificar el vacío y soledad que sigo sintiendo.

Yo me lo creo, yo te lo hago creer a ti, tú se lo haces creer a otros y acabamos todos comiendo y alimentándonos de la misma falsedad

Por ejemplo: la causa de tu vacío-soledad es tu infancia de maltrato, madre alcohólica, fallecimiento de padre o madre, parto dificultoso, el famoso proyecto sentido, el tipo de sociedad en la que vives, el transgeneracional… y mil y una “causas” falsas más que vagan por ahí y que han sido creadas por un personaje cualquiera, de una época cualquiera, que desconocía por completo la existencia y sentir del Silencio. Del verdadero Hogar.

Así que poner todo tu esfuerzo en curar a tu personaje no te servirá para ENCONTRARTE. Porque no estás ahí. Estás curando una mentira. Y tapándola con otra mentira. Con una Ilusión.

¿Sabes por qué nos encantan los orgasmos? Aparte de por su placer…. Porque nos desconectan, aunque sea por un segundo, de ese ruido mental, de ese personaje. Porque nos hacen regresar a casa. Al Silencio. A lo que en realidad Somos.

Pero desconocemos el motivo o nuestro personaje, nuestra mente, le adjudica uno que considera lógico, racional.

Nos encanta pasear por el Mar, ver un Amanecer, estar en plena Naturaleza, con animales, no para desconectar sino porque es donde más fácilmente nos conectamos con ese Silencio.

PARA CONECTARNOS CON LO QUE SOMOS DE VERDAD

Pero cometemos el error de CREER que sólo habita en esos lugares o con personas determinadas. Y no es cierto. Está en todas partes y en todos porque ES todas partes y todos. Es nuestra mente la que nos engaña INTERPRETÁNDOLO de otra manera.

Sólo hay que prestarle más atención al Silencio que al ruido mental. Ya está.

ÉL se encarga del resto.

Poesía

SILENCIO

¿Sabes a qué suena el silencio?
A Belleza.
Sí, de ésa en la que cualquier palabra la ‘tumba’.

En estos días de aislamiento he podido apreciar su fuerza.
No estamos acostumbrados a estar callados. La gente no sabe tener la boca cerrada. Creen que si lo hacen, se atragantarán con sus propias palabras…

Me encanta estar en silencio. Ya lo hacía, pero ahora muchísimo más. Y mi mente no lo está. Tengo conversaciones conmigo misma super interesantes. A veces, muy inquietantes. Otras, un tanto morbosas y malvadas. Ya no me las escondo. 
¿Para qué sí van a estar ahí de distinta Forma..? 
Juego con ellas. A que son verdaderas. Y sueño con recibir un Óscar a la mejor película de ficción… Y otro, al de mejor actor. Y también, guión.

Ayer salí a pasear por mi barrio y me iba contando ‘cosas’. Me lo pasé genial. No paraba de sonreír. Me entraban hasta carcajadas. Y al verme así, me reía todavía más.
Qué loca, ¿verdad’?
Bendita locura….

Ahora lo que me resulta loco es quedar con alguien (que aún no lo he hecho y, sinceramente, no tengo ningunas ganas) y pasar el tiempo, lo que viene siendo la vida…, vomitando problemas que en ese Instante no están sucediendo.
¿No os parece una locura eso? ¿No os molesta tanto desafino? A mí sí. Mucho. Me resulta un pecado de lo más colosal.
En lugar de compartir ese Silencio que ya lo dice todo per se. Y disfrutarlo. Y disfrutar de la compañía de otro cuerpo. De otra Alma. Sin que ningún pasado o futuro la mancille.

Amo el Silencio aunque rebose o de ruido o de versos.
Ya no temo la oscuridad. Me he hecho su Íntima. Tanto, que no sé dónde empiezo yo y donde acaba ella.
Quizás, no haya Separación…

El Silencio suena a Verdad. Y, en ocasiones, esa Verdad aterra. Por eso echamos tanta espuma por la boca. Para no escuchar la nuestra.
Pero cuando te atreves a adentrarte ahí, en esa cueva, en ese cuarto oscuro donde te han repetido y repiten hasta la saciedad de los latidos de tu corazón que hay un Monstruo que te comerá.., cuando abres su puerta y traspasas esa mentira, encuentras el sonido más Bello con el que te puedas deleitar.
Es el sonido de la Vida. El sonido de la Unidad. De Todo lo que Es. Del Amor. A lo Grande. Sin excepción. Sin condición.

Y sí, también hay dolor. Que va de la mano del placer.

Pero es un dolor Auténtico. Intenso. Vivo. No está cogido con pinzas ni caminado de puntillas. No está hecho de retoques ni deshecho en polvos de colores. De esos que te dibujan una máscara en el rostro para que nadie vea en pelotas tus porMenores…

Es PURA Verdad.

Por eso, aunque me joda, me encanta. Porque es la Viva imagen de la honestidad. Porque te jode sin disfraces. Sin arreglos. Sin opacidad. 
Y cuando no te está jodiendo, se dedica a hacerte el Amor. Un Amor igual de honesto. Igual de transparente. Igual de puro. Igual de directo. Igual de Verdad.

Silencio. El único lugar en el que tu ausencia da paso al Brillo de tu Presencia. 
También llamado:
HOGAR, DULCE HOGAR.