Reflexiones

NO ES LO MISMO VIVIR QUE ESPERAR LA MUERTE

Ha habido épocas de mi vida en las que no estaba viviendo, aunque estuviera viva. En las que la desilusión abrazaba mi piel. En las que iba vestida del revés. Y me resbalaba. Me resbalaba tanto que ni siquiera el fuego me encendía.

Ha habido épocas en mi vida en las que miraba al Mundo con indiferencia. Con la poca importancia que se le da a lo que poco te importa. Como si el frío hubiese congelado mis latidos y le hubiese arrancado de cuajo las ganas a la pasión.

Y es que no es lo mismo vivir que esperar la muerte. No es lo mismo vivir que estar vivo.

Vivir implica abrirse en canal al vacío. Al miedo. A la incertidumbre del qué pasará. A sentir la soledad que al Ser Humano caracteriza cuando se pregunta ¿de qué va todo esto? A caerse. A derrumbarse. A postrarse ante tu ignorancia. Ante tu humildad.

No. No es lo mismo estar vivo que sentirte vivo. No es lo mismo tenerlo todo que sentir que lo tienes todo. Hay una infinita diferencia entre el conocer y el Saber.

El conocer tan sólo requiere de mente. De memoria. El Saber, sin embargo, va unido a la experiencia. Y no a la ajena, sino a la propia. A la capacidad de Ver más allá del dolor, de la tristeza, de la melancolía. A la capacidad de caminar a la vez sobre ambas caras de la moneda de la Vida. La de las lágrimas y la de las risas. Sabiendo ESTAR en cada una de ellas sin poseerlas. Y sin huirlas.

Sólo aquél que es capaz de permanecer en su oscuridad puede iluminarla

Y cuando digo permanecer, no digo regodearse. Aunque, en ocasiones, el regodeo es el que te harta de tanto fango. Y el que te empuja a salir de él con otra desnudez diferente a la que habías entrado.

Me he pasado más de la mitad de mi vida (bastante más) con una intensidad en mis venas que podrían haberme explotado en cualquier momento. No recuerdo temerle a nada. Es curioso cómo cuando más he sufrido, menos miedo tenía.

Hasta que llegó un momento que mi cuerpo, mi mente y mi corazón me dijeron Basta. Y empecé un camino “espiritual” en el que descubrí muchísimas cosas y me olvidé de otras tantas. Entre ellas, me olvidé de Vivir.

Vivir a lo bestia, con el Corazón abierto de par en par, me hizo sufrir mucho. Cuando no has sufrido lo suficiente, no le tienes miedo a sufrir. Los que tenemos miedo somos los que lo hemos dado todo. Los que nos hemos abalanzado al vacío sin paracaídas. Los que nos hemos enamorado, una y otra vez, sin medias tintas. Porque sólo cuando Sientes con cada poro de tu piel, como si entre el sentir y tú no hubiera ninguna barrera, es cuando puedes decir que has Vivido.

Y yo lo hice tanto que me agoté. Porque todo lo que sube, baja. Porque la intensidad no sólo es intensa para las alegrías, sino también para las penas. Es pura adrenalina.

Ya hace un tiempo que digo que ya me puedo morir en Paz. Y no porque AHORA tenga Paz, sino por la cantidad de veces que no la he tenido. Porque he sentido de menos y de más. Porque he amado como si no hubiera un mañana. Porque me han roto el corazón. Porque lo he roto yo. Porque he viajado a atardeceres de película. Porque me he fundido con la naturaleza más salvaje. Porque he tocado el Cielo. Porque he besado el Infierno. Porque he aprendido a disfrutar de una simple paseo por la playa, por la montaña o por mis sábanas. Porque ya no necesito chutarme montañas rusas emocionales. Porque me conozco la noche como si la hubiera parido. Y, desde hace unos años, también el día.

Porque he tenido tantas experiencias, unas muy agradables y otras lo contrario, que lo que me queda por respirar es un regalo de más.

Y no me arrepiento de ninguna pues cada pozo que toqué lo hice estando muy viva.

Me olvidé de Vivir porque le cogí miedo a la intensidad. Porque la desterré de mi hogar sin darme cuenta de que la Vida es intensa. Y que al desterrar esa intensidad, también me estaba desterrando a mí.

Es difícil salir ahí Fuera cuando has estado tanto tiempo Dentro. Es difícil acariciar otras pieles cuando te has pasado años acariciando únicamente la tuya. Porque tiemblas de miedo, aunque no lo sientas como tal. Porque esa intensidad que antes disfrutabas y amabas, ahora te ahoga. Por eso, hay que enseñar primero una patita y luego la otra. Ir a paso lento. A beso lento. A verso lento. Verso a verso, creando tu propia poesía.

Una Vida que es la que te avisa de que ya has descansado suficiente. Que es hora de Despertar y de reventar la burbuja en la que inconscientemente te habías escondido.

Porque no hay nada más hermoso que Sentirse Vivo. Que reír a lo grande. Que amar a lo grande. Y, por qué no, que también llorar como si jamás lo hubieras hecho antes.

Yo ya me he cansado de esperar a la Muerte. Prefiero que me pille vomitando quimeras que ahorrando latidos.

Prefiero que me pille Sintiendo, pues Sentir es sinónimo de seguir VIVO.