Reflexiones

SER UNO CON LA VIDA

Hay pocos Seres Humanos que confíen en la Vida. Que se rindan a ella teniendo la certeza de que “todo está bien” aunque en apariencia no lo esté.
Aunque a nuestra mente no le guste lo que ve.

CONFIAR en la Vida no significa estar ciego a ella. A lo que está sucediendo. A lo que estás sintiendo.
No significa no querer ver lo que estás viendo por temor a sentir lo que crees que no deberías sentir.
No significa quedarte con las manos cruzadas y esperar que tus rezos solucionen esa parte de la vida que sólo las “manos” del ser humano puede desenvolver.

Hay que saber distinguir muy bien lo que es “de Dios”, de la Vida, de lo que es del Humano.
Muchas personas lo confunden. Tanto por una lado, como por el otro. Y sólo ven 1 de esas 2 Realidades.
Unos por miedo. Otros por ignorancia.

Para CONFIAR en la Vida tienes que confiar en ti. En que todo lo que sientes o puedes sentir es perfecto porque ya ES en ti. Porque todo lo que ES, sea lo que sea, no puede ser de otra manera en ese Instante.

Algunos humanos quieren ser Dioses para no enfermarse. Para no sufrir. Para no sentir inseguridad, tristeza o miedo.
Y se disfrazan de Dioses. Y comen como Dioses. Y hablan como Dioses. En un intento de que la Vida no les toque.

Lo que no saben es que TODA la Vida es Dios.
Lo que no saben es que por mucho que intenten ser lo que no son, jamás dejarán de ser lo que son.
Porque si hay algo que define a la Humanidad, desde el principio de su existencia, es su Vulnerabilidad.

Pretender ser invulnerable, en el sentido que sea, es inútil. Es como si el agua pretende no mojar.

La Vida nos toca a todos, porque la Vida ES en nosotros. Y sólo el que la teme, quiere ponerse a salvo de ella.
Lo que no saben… es que esa pretensión de salvación es la que provoca su Separación y el alejamiento del Hogar, de la Paz, que tanto anhelan alcanzar.

No puedes ponerte a salvo de ti mismo. No puedes huir de ti mismo. De lo que estás pensando. De lo que estás sintiendo. Te puede dar la sensación de que los muros que tu mente ha alzado contra la vida son impenetrables. Pero sólo es una sensación. Porque esos muros no sirven para impedir la entrada de lo que YA está Dentro.

CONFIAR en la Vida no significa que la Vida, con todo lo que ésta conlleva, no te vaya a Tocar.
CONFIAR en la Vida es ABRIRTE a que te toque “lo que sea”. Incluida la Soledad. Incluida la Muerte. Incluida la enfermedad.

Y “abrirse” no significa “hacer para”. No es una acción externa, sino interna. No es tirarse por un precipicio. No es ser un imprudente.
Es una apertura de mente y de corazón total y absoluta.

Saber de tu Vulnerabilidad es el acto más supremo de Humildad.

Para re-Conocer tu Vulnerabilidad es necesario ser muy valiente.
Para re-CONOCER tu miedo es necesario abrirse a su Presencia. Y mirarlo a los ojos. Y ser UNO con él.

Sólo el que re-Conoce su miedo SABE que no hay nada que temer. Sabe que no es necesario eliminarlo. Ni hacerlo desaparecer.
Porque SABE que el miedo es ignorancia. Es desconocimiento. Y sólo puedes CONOCERLO, experimentándolo. Siéndolo. Abriéndote a él.

Siguen habiendo muchas personas que se cierran al Miedo. Y se cierran porque les da miedo. Lo que implica sentir el Miedo que tanto temen sentir y del que tanto se esfuerzan, de múltiples formas y maneras, en huir.

Eso no es CONFIAR en la Vida. Porque el Miedo también forma parte de la Vida cuando Es en ella.

Para SER CONSCIENTE del miedo (o de cualquier otra emoción) tienes que estar sintiéndolo. No puedes ser consciente de algo que no está sucediendo, eso es obvio.
Es esa Consciencia la que te va a permitir ELEGIR qué hacer con ese miedo.

Porque no es lo mismo sentir miedo que actuar con miedo.

Y muchas personas también están confundidas con esto. Muchas personas le echan la culpa al miedo de todos los males. Cuando el miedo es tan solo una emoción más.

Es la INCONSCIENCIA la que nos hace actuar CON miedo.
La misma INCONSCIENCIA que nos hace querer eliminarlo de nuestra Humanidad.

Y mientras sigas huyendo del miedo, mientras le sigas temiendo, jamás podrás CONOCERLO. Y si no lo conoces, no podrás SER CONSCIENTE, SABER (de sabiduría) que sentir miedo es como sentir alegría.
Beben de la misma Fuente. Nacen del mismo vientre.

Pero para saber (de sabiduría) que beben de la misma Fuente, que nacen del mismo vientre, tienes que ser TÚ quien lo VIVA, quién lo experimente, quién lo APRENDA. Y no CREERTE, sin más, lo que otros cuentan.

Porque si te CREES todo lo que lees, todo lo que escuchas, todo lo que “curseas”, sin ni siquiera ponerlo en duda, sin ni siquiera com-PROBARLO, corres el riesgo de convertirte en una teoría andante que se cree invulnerable.

No es lo que sientes, es lo que haces con lo que sientes.

Sólo es LIBRE aquél que conoce ambas caras de la moneda. Y el único método, técnica, herramienta… para conocerlas es adentrarte en ellas. Es experimentarlas. Es SER ellas. Es SER UNO CONTIGO.

CONFIAR en la Vida no es evitarla. Es SERLA por COMPLETO.

Pero no me creas, por favor. Yo tan sólo soy una teoría más para ti.
Compruébalo. Sé tu propio Maestro. Descubre la Sabiduría que ya ES en ti.

YO CONFÍO EN TI.

¿Confías tú en ti?

Reflexiones

LOS PROBLEMAS NO EXISTEN

Los problemas no existen. Existen las experiencias. Experiencias que tachamos negativamente cuando no son como nos gustaría que fueran. Lo cual implica que vamos a iniciar una lucha, consciente o inconsciente, contra la Vida. Que viene a ser lo mismo que contra nosotros mismos. Por algo que, nosotros mismos, nos hemos inventado.

La Vida es perfecta tal y como es. Que nuestra mente no la perciba así no significa que no lo sea. Que no me guste un día de lluvia no significa que ese día no sea perfecto. Que no me gusten mis canas, mis arrugas, mis grasas… no significan que no sean perfectas. Que no me guste tu voz no significa que no sea perfecta.

La Perfección ya ES. En ti, en mí, en el mundo… Pero los seres humanos no la vemos. Y no la vemos porque tenemos la mirada velada por capas de ignorancia. Por capas de ideas, de creencias, de “así tienen que ser las cosas porque así me las han enseñado”. Y como no tenemos el hábito de cuestionar, ni a nosotros ni a los demás, damos por hecho que lo que está escrito en los libros, que lo que dicen los Maestros, que lo que dicen nuestros ídolos, es Verdad.

Convertimos nuestros juicios en certezas cuando la certeza está vacía de juicios

¿Qué es un problema? Una experiencia que estás etiquetando como incorrecta. Como mala. Como tara. Como problema. Si en lugar de etiquetarla, la experimentas, deja de ser un problema y pasa a ser una VIVENCIA. Es decir, algo que forma parte de la vida. Sin mejor ni peor. Sin bonito ni feo. Sin acierto ni error.

¿Incómodo? Puede ser ¿Y quién ha dicho que la incomodidad no sea también perfecta? Los mismos que etiquetan, que separan, que CREAN problemas.

La clave no está en lo que (nos) sucede sino en lo que pensamos de lo que sucede. Es nuestra INTERPRETACIÓN lo importante.

La Vida no es interpretable. Es la que Es. Absolutamente neutra. Transparente. Pura. Todo lo que le añadimos es ilusión, imaginación, invención. Nada de Realidad. Nada de Verdad.

Juzgamos nuestras experiencias (y las de los demás) según las ideas que tenemos de CÓMO deben ser para que sean correctas. Una corrección bañada de otras ideas que surgen del mimo lugar que las anteriores. Lugar cuyo conocimiento habita en el pasado. Y si habita en el pasado, HOY no sabe nada. Porque para SABER algo sobre lo que te está sucediendo, debes estar experimentándolo AHORA. Pues es donde te está ocurriendo. Es donde está(s) SIENDO. No ayer ni mañana.

La Verdad de AHORA reside Aquí y Ahora

Sólo existe una Verdad y esa Verdad siempre, siempre, siempre está PRESENTE. No puedes buscarla en otro espacio. No puedes alcanzarla en otro lugar. En otro estado que no sea en el que YA estás.

Tenemos una IDEA, una imagen de Felicidad que excluye lo que consideramos problemas. Por eso hay tanta gente que sigue buscándola. Porque mientras sigas creyendo que existen problemas, jamás serás feliz pues tu IDEAl de felicidad no abarca TODA la vida, todo lo que te sucede en ella (en ti) sino sólo “lo correcto”, “lo bonito”, “lo espiritual”, “lo bueno”.

Y en lugar de cuestionar si lo que considero problema en realidad es un problema, nos embarcamos en una lucha interna y externa para transformar lo malo en bueno. Lo que consideramos malo en lo que consideramos bueno. Sin darnos cuenta de que estamos jugando al pez que se muerde la cola pues tanto malo como bueno son caras de la MISMA moneda. Una moneda que no tiene caras. Que no es DUAL. Que es sólo UNA. Pero que la hemos SEPARADO en dos aparentemente opuestas.

Y no es la Vida quien lo ha hecho. Hemos sido nosotros. Nuestra mente. Creando juicios. Creando etiquetas. Creando muros. Creando fronteras. Creando Separación en todos y cada uno de nuestros ambientes. Tanto internos como externos. Tanto de dentro como de fuera. Que vienen a ser también lo MISMO, pues tampoco están separados por mucho que tú así te lo creas.

SER CONSCIENTE de que nuestras ideas, nuestras creencias, nuestras separaciones, nuestra moralidad… simplemente son meros pensamientos que nada tienen que ver con lo que está sucediendo, con lo que estoy experimentando, con la Vida, conmigo, con el de enfrente… es la vía para que esos problemas que nos causan tantos problemas… se disuelvan en la Realidad. En la Verdad.

No hay nada que saber más que saber que no sabemos nada. Pues cada Instante es nuevo. Pues cada respiración es distinta a la anterior.

No demos por hecho lo que aún no es un hecho o caeremos en la trampa de creer que ya sabemos lo que aún no podemos saber. Y nos convertiremos en marionetas de nuestro propio desconocimiento sin darnos cuenta de que es nuestra ignorancia la que está moviendo los hilos de nuestra piel.

Ignorancia que, por otra parte, también es perfecta. Pues nada ni nadie existe en la Vida que no lo sea. Aunque nuestra mente no lo crea.

Los problemas no existen. Y, quizás, para algunas personas esto suponga un problema pues si el problema (personas incluidas) al que le estoy echando la culpa de MIS emociones, de MI sentir, no es real:

¿a quién Responsabilizo de mi infelicidad?

Reflexiones

LA PUERTA SIN PUERTA

En ocasiones, vemos puertas cerradas donde no las hay. Porque así nos las dibujaron. Y así se las dibujaron a aquellos que nos las dibujaron. Es más, ni siquiera hay puertas. Sólo un CREER que las hay.

No es la realidad la que está equivocada. La que tiene que amoldarse a mi percepción. La que tiene que ser transformada, cambiada, aniquilada, destruida o evolucionada PARA yo ser feliz. Para yo sentir Paz. Para volver a lo que llaman Hogar.

¿Te imaginas que fuese así? Nos pasaríamos la vida, los siglos, la eternidad… esperando desesperadamente llegar a una perfección que nada tiene que ver con la Perfección sino con nuestra IDEA de perfección. Que no es lo mismo y que es por lo que la mayoría se pierde.

Por eso siguen buscando. Por eso nunca se encuentran. Por eso nunca se alcanzan. Por eso siempre sienten que algo les falta. Porque siguen mirando fuera. Porque siguen con su lucha externa PERSONAL.

No hay puertas que abrir ni puertas que cerrar, sólo IDEAS que cuestionar

Tampoco es igual querer cambiarte a ti (siendo ti tu personalidad) que cuestionar los pensamientos que tienes sobre ti. El camino es muy distinto. Y el destino, también.

Siempre vas a tener algo que cambiar en ti porque “quien” te dice que hay algo que cambiar, que mejorar, que arreglar, que educar… es el mismo que no te deja llegar jamás al “todo está bien”. Al Hogar.

Lo llaman Ego. Yo lo llamo pensamiento. Así que por muy perfecta que sea tu identidad, jamás la sentirás así porque escucharás una voz (a la que veneras y no CUESTIONAS) que te estará diciendo: “De esta otra manera, serías mejor”, “Aún te queda un paso más para ser tu mejor versión” y un largo etcétera que utiliza el pasado (con tu historia, tus supuestas heridas, tu transgeneracional, tu forma de nacer blablabla) y el futuro para huir del presente. Que es donde estás.

Y no estoy diciendo que te descuides, sino que no te CREAS que por ser más delgado o más gordo, tener más arrugas o menos, más títulos o menos, más seguidores o menos, más dinero o menos, más luz o menos… vas a ser más o menos feliz. Vas a sentir más o menos Paz. Porque ese Hogar, esa serenidad, esa quietud, están en tu no-mente no en tu cuenta corriente ni en tu cuerpo ni en tu dimensión ni en tu intelecto ni en tu crecimiento PERSONAL (de persona, de separación, de ola, de identidad) ni en tu trabajo interno.

No es la experiencia, es CÓMO interpretas la experiencia. No son los kilos de menos o de más, es la interpretación de les das. La NO-Interpretación, más bien. Porque la Realidad, para que sea realidad, no puede ser interpretable. Ni de color negro ni de color de rosa. Es neutra. Absolutamente transparente.

Las puertas, los barrotes, las cadenas son un simple pensamiento que te estás creyendo

Al que le has cedido todo el poder. Por el que te arrodillas. Por el que eres capaz de arrastrarte, faltarte al respeto, juzgarte, condenarte, castigarte, maltratarte y/o dejarte maltratar.

Tú tienes el poder. Y volvemos a lo importante, a “LA PREGUNTA”: ¿Quién eres?

¿Eres aquello que piensas? Porque si ya, a estas alturas, casi todos sabemos que no somos nuestros pensamientos (espirituales incluidos), ¿por qué les continuamos dando cuerda? Y no me refiero a no pensarlos, a que no aparezcan o a controlarlos, sino a tratarlos como si fueran Reales. Como si fueran la Verdad Absoluta. Como si fueran DIOS.

Como seres humanos que (también) somos, tenemos pensamientos y emociones que no son erradicables. Que, a veces, se nos llevan por delante. Y no pasa nada. Y tampoco es un objetivo que NUNCA vuelvan a hacerlo. Más que nada porque es un objetivo ilusorio ya que tiene en cuenta, para conseguirlo, un tiempo futuro que desconocemos porque no existe.

Sentimos lo que sentimos y pensamos lo que pensamos. Y ninguna de las dos nos define. No somos ni la alegría ni la tristeza. Ni la salud ni la enfermedad. Ni el nacimiento ni la muerte. Somos “lo” que hay “antes de”. “Lo” que hay “después de”. Que también está “mientras que”. Somos la VIDA misma, la EXISTENCIA misma, expresándose en forma de emoción, de pensamiento, de cuerpo, de estrella, de león, de roca, de agua, de fuego, de viento, de fango, de ameba, de virus, de plástico, de basura, de contaminación, de guerra, de compasión, de enamoramiento y de pasión.

Somos esa VIDA que lo ES TODO. Que no está separada, aunque nuestros ojos así lo vean. Somos el Mar, no la ola. Somos la hoja en blanco, no el garabato. Somos EL que escribe, no lo escrito. Somos el sonido, no el instrumento que lo suena. Somos UNO, no dos ni tres ni cuatro.

Y mientras no nos respondamos a La Pregunta, mientras no descubramos la respuesta, seguiremos caminando un camino cuyo destino siempre estará en el mañana en lugar de Aquí y Ahora, que es donde “te encuentras”. Porque nos creeremos esos pensamientos que nos empujan hacia donde “no somos” y hacia donde no estamos. Pensamientos que han creado puertas que abrir y que cerrar. Una tras otra. Sin una puerta final.

Un Camino donde no habita el Silencio donde habita la Paz, que es nuestro principal anhelo.

Para escuchar el Silencio tienes que “dejar de hacer”. Tienes que dejar de correr. De avanzar. De controlar. De luchar. De deskarmatizar. Porque mientras estás avanzando, mientras te estás moviendo hacia el lugar en el que CREES estar, te estás alejando del lugar en el que SÍ estás. Que es donde YA estás. En la quietud (de quieto).

Párate. No tienes nada que cambiarte. Sólo mirarte desde un lugar distinto a tus pensamientos. Un lugar llamado Consciencia. Un lugar llamado Silencio.

Ahí no se esconden ni ventanas ni puertas. Ni cerradas ni abiertas. Ni propósitos ni misiones ni destinos. Ahí mora el Vacío. La Nada de la que surge, espontáneamente, el Todo que nos creemos ser. Un Vacío infinito y eterno. Un Todo que tal y como nace, muere. Que no permanece.

El sonido, el ruido, las palabras, las emociones, los pensamientos, las olas, las nubes, los cuerpos, los juicios… vienen y van. El Silencio siempre ES.

Un Silencio que suena a Plenitud. A Incondicionalidad. A Unidad.

Un Silencio que siempre está Presente, aunque tu ruido no te permita escucharlo.

Y cuando ya sabes QUIÉN ERES, no hay necesidad de escucharlo (sentirlo) constantemente. No tienes esa misión marcada pues ya sabes que estás en casa, que eres casa y que esa misión lo único que te provoca es alejarte más de la sensación de ella. Que no de ella, pues jamás la abandonas aunque tus pensamientos te la nublen.

En ocasiones, te ves manifestándote como una ola. Y, en otras, te sientes Mar. Pero ya sabiendo que NO PASA NADA. Que no tienes ningún Hogar al que Regresar. Que eres Perfecta de cualquier manera, pues la ola forma parte del perfecto MAR. Y si el MAR es perfecto, la ola que está en él, también lo es.

Eres Consciente de quién eres y de quién no. Y te permites TODO, hasta la no permisión. Pues el Vacío que eres no tiene celdas ni muros ni requisitos de admisión.

Hay una puerta sin puerta a la que yo llamo: Saber quién soy.

Porque cuando sabes quién eres, dejas de necesitar TODO lo demás. Incluida a “ti”.

Y poco menos.

Y poco más.

Reflexiones

ENTRE DOS VERDADES

Hace no muchos meses convivía con la Verdad de la Unidad y la verdad del personaje.

La Verdad me decía que ya estaba en casa, que todo era perfecto tal y como era, que no había nada ni nadie que alcanzar, que la separación era una mera ilusión, que la dualidad sólo existía en mi mente, que no tenía que hacer ni dejar de hacer nada para ser esa Unidad, para Regresar a mí, al Hogar, porque YA lo estaba.

La verdad del personaje me decía que tenía que volver a ser Amor Incondicional para Regresar a casa. Que hasta que no me amara de esa manera y me sintiera así no sería esa Unidad.

Y así estuve bailando durante bastante tiempo entre esas dos “verdades”.
En la Verdad sentía Paz porque YA era todo perfecto.
En la otra verdad nunca estaba completa. Siempre me faltaba o me sobraba algo. Por eso realizaba tantos talleres, cursos, retiros, prácticas meditativas etc. Para dejar de tener esa sensación de tara, de vacío, de soledad, de incorrección que surgía de esa verdad.

Hasta que “un día” COMPRENDÍ que no tiene nada que ver la Unidad con el personaje. Que una cosa es que el personaje aprenda a amarse a sí mismo y otra cosa, que nada tiene que ver con “sí mismo”, es la Unidad, el Hogar. En la que YA estamos. LO que YA somos, independientemente de que el personaje se ame o no.

Estaba mezclando “verdades”. Y la ignorancia de esa mezcla (que no la mezcla en sí) me generaba un conflicto interno que acabó en un “caos mental”, en una Noche Oscura del Alma que tras atravesarla me hizo salir con esa COMPRENSIÓN, con esa diferenciación entre lo que es una cosa y lo que es la otra.

Entre lo que es el personaje de la película y su realidad y lo que SOY en Realidad.

El personaje que creemos ser (incluida el alma individual) no puede llegar mediante ninguna “acción” a la UNIDAD porque esa Unidad ya ES. Creer que el personaje de una película puede llegar a ser el actor como tal, “arreglándose”, amándose o estudiándose es una utopía. Porque el personaje no puede salirse de la película y el actor está fuera de ella.

Creer que no estás en casa es sólo una Ilusión de ese personaje que, a su vez, genera la Ilusión del camino-proceso-evolución (con sus herramientas y creencias) de Regresar a ti, al Hogar.

¿Sabes por qué la Verdad está en el Silencio? Porque el Silencio no dice nada. Y al no decir nada, no separa ni dualiza la Realidad.

El Ojo de Horus no es el izquierdo. Ése es una parte que simboliza “algo”. Pero la UNIDAD, el Uno, “Lo que Es”, son los dos juntos. Las dos partes Unidas dejando de ser “partes”.

Eso es lo que somos “fuera” de ese personaje que nos creemos ser y que se cree separado de Lo que Es.

Es una cuestión de CÓMO miras la realidad

Si miras tu cuerpo y ves una mano, un brazo, una pierna, un ojo…estarás viendo en modo separación. Te creerás que la mano no tiene nada que ver con el brazo cuando es todo UNO. Es una única piel que estamos PERCIBIENDO como separada. Es una Ilusión. Y da igual que esa mano sea más delgada o más gorda o más blanca o más morena (o se ame más o menos). La mano (que no existe como tal, sólo le hemos dado ese nombre a una parte del cuerpo) YA está en casa. Ya ES ese TODO, ese Uno, esa Unidad, ese Hogar.

Es tan sólo un cambio de VISIÓN. En lugar de mirar a un árbol y verlo en “partes” lo ves como un todo. Lo SABES como un Todo. Y no sientes que le falte nada.

Si miras al árbol y sólo ves las ramas, sentirás que le falta “algo”. Pero no es que esté incompleto, es que tu personaje está poniendo sólo su atención, su mirada, en una parte.

Eso es lo que hacemos con la Unidad que ya Somos. Mirarla por partes. Y al mirarla así, la separamos y creamos la sensación de carencia. Pero no está/estamos separados, sólo nos lo CREEMOS.

Da igual que ames o no ames, da igual que comprendas o no comprendas. Ya estás donde tienes que estar. Ya eres lo que Eres.

El personaje es irrelevante. Tú no eres ni el personaje ni la película, aunque también esté incluida en la Realidad.

Al final, todo se basa en la siguiente pregunta:

– ¿Quién crees que eres?

Porque si te identificas con el personaje y sus creencias (espirituales o no espirituales), no podrás VER la Verdad y la UNIDAD que ya eres. Que siempre Es y está Aquí y Ahora. No mañana ni en otra vida.

Si estás navegando entre esas dos verdades, te invito a que PARES y las sientas en Silencio. Una te provocará incomodidad (aunque sea muy sutil), malestar, dolor. La otra, PAZ.

Llega un momento en el que tienes que “apostar” por una de ellas porque sólo una es VERDAD. La otra, forma parte de una ilusión.

Recuerda:

Que COMPRENDAS lo que Eres en Realidad no significa que el personaje, con sus gustos, sus heridas, sus emociones, sus inseguridades, su vulnerabilidad y su personalidad, desaparezca.

Lo único que sucede es que dejas de BUSCAR, de querer cambiarte a ti y al Mundo, y de CREER que tienes algún “sitio” al que Regresar para que la Vida, tu vida, merezca la pena. Para que SEAS completa.

Dejas de tener propósitos, misiones, objetivos que habitan en un futuro (por muy amorosos que sean…) y simplemente (te) vives lo que experimentas en cada Instante. Sabiendo que las interpretaciones que hace tu personaje, tu mente, de lo que (te) sucede no son Verdad.

La Realidad es neutra. Los pensamientos son neutros. Las emociones son neutras.

Ni bueno ni malo. Ni positivo ni negativo. Ni iluminado ni no iluminado. Ni derecho ni izquierdo.

UNO.

Reflexiones

MI MANO ES MI MANO, PERO YO NO SOY MI MANO

En el momento en el que se nombra “no-dualidad” ésta ya deja de ser verdad. Pierde su significado porque te enfoca hacia un lugar concreto que sin poder evitarlo excluye a otro (dualidad). Y no-dualidad incluye a la dualidad, si no sería dual…

Cualquier intento de explicar esa no-dualidad, ese Todo, esa Unidad es un fracaso.

Muchos la han definido como “la ausencia de” o la “disolución de” o Iluminación. Una Iluminación que no existe ya que no hay nada que iluminar pues ya está todo iluminado aunque nosotros no lo podamos percibir. Aunque nuestra mente se CREA que hay que llegar a un lugar, a un estado, a un Hogar del que un día nos SEPARAMOS. Permaneciendo así siempre en modo “búsqueda”. En modo “mañana”. En modo “me falta”.

Ni estamos separados ni tenemos que hacer nada para Unirnos porque ya somos COMPLETOS

¿Está acaso una ola separada del Mar?

Cualquier método, técnica o herramienta que te quiera llevar a esa IDEA es falsa porque está basada en dos CREENCIAS ERRÓNEAS:

1. CREER que estás separado de lo que Eres, lo cual es imposible.
2. CREER que tú, individualmente, puedes hacer algo para dejar de estarlo.

Ese Absoluto que SOMOS lo contiene TODO. Y todo es todo, sin excepción. Sin condición. Desde la luz hasta la oscuridad. Desde arriba hasta abajo. Desde el cielo hasta el infierno. Desde lo terrenal hasta lo espiritual. Desde el ruido hasta el silencio. Desde la vigilia hasta el sueño. Desde la salud hasta la enfermedad. Desde la valentía hasta la cobardía. Desde la mentira hasta la verdad. Desde la ignorancia hasta la sabiduría. Desde la abundancia hasta la mediocridad. Desde el ser humano hasta el animal hasta el mineral hasta cualquier ser que podamos o no ver de la índole, planeta, galaxia, universo, dimensión y tiempo que sea.

No hay ni mejor ni peor. Ni correcto ni incorrecto. Todo es PERFECTO porque Así Es.

¿Alguna vez te has planteado que ya está todo bien? ¿Que no hay nada que cambiar? ¿Que nosotros, seres humanos, no controlamos nada? ¿Que no tenemos ni idea de nada?¿Que en realidad no tenemos ningún poder?

¿Que nuestra visión sobre cómo tiene que ser el Mundo, la Vida, el Planeta y los que habitamos en él es diminuta? ¿Que sólo somos capaces de vislumbrar un solo grano de los infinitos que componen un Desierto ?

Es nuestra mente la que INTERPRETA que algo-alguien está mal. Que no debería ser así. Pero nuestras interpretaciones no son la Realidad, aunque también estén incluidas en ella.

Una película, como tal, existe pero la película, en sí, no es Real. Es una fantasía, un sueño, un teatrillo, una ilusión que también forma parte de lo que nuestros ojos ven. Pero ya está. Hasta ahí llega.

Y nosotros, nuestro personaje, nuestra identidad, nuestra mente también llega hasta donde llega.

Mi mano es mi mano, pero yo no soy esa mano (aunque también lo sea). Ni soy los pensamientos que pienso. Ni soy las emociones que siento. Ni soy los sentimientos que siento. Ni siquiera soy esa Consciencia que es “consciente de” porque la Consciencia no puede ser consciente de sí misma.

Porque cuando no tengo mano, cuando no tengo pensamientos, cuando no me emociono, cuando no siento, cuando no soy consciente, YO (sin ser “yo”) sigo SIENDO.

La ola no existe. Sólo se le ha puesto ese nombre a “algo” que nuestros ojos han percibido como “forma diferente” al Mar.

El Mar no es una ola. La ola sí es el Mar. Y no tiene que realizar ningún curso ni taller ni retiro ni alteración de la consciencia ni despertar para ser el Mar que ya es, porque YA LO ES. Porque ya lo Somos. Porque no estamos separados. No se ha perdido ninguna pieza. No hay nadie dormido ni despierto. No nos hemos ido de casa. Y no tenemos que alcanzar nada ni ser de tal o cual manera para llegar a donde ya estamos.

Y hasta que no se COMPRENDE esto, la gente sigue buscando y buscando y buscando sin encontrar.
Porque no se puede encontrar lo que no se ha perdido.
Porque no se puede Regresar a “donde nunca te has ido”.

(La incomprensión también es perfecta y tampoco es desalcanzable por “ti”. Porque tanto si Comprendes como si no, seguirás siendo ese Mar. Ese Todo. Esa Unidad)

¿Qué soy entonces en Realidad? EXISTENCIA.

Y poco más.

Reflexiones

YO, ME, MI, CONMIGO

Una de las cosas más difíciles de VER es que todo aquello que sentimos es RESPONSABILIDAD nuestra. Y con esto no me refiero a causa sino a que culpar a los demás, a las experiencias que hemos tenido/tenemos, a nuestra cultura, a nuestra sociedad o a la Vida… es echar balones FUERA. Y reclamarles soluciones, una pérdida de tiempo. Porque nadie puede salvarte de ti.

Yo lo he hecho muchas veces. Inconscientemente. Ignorantemente… Hasta que, poco a poco, me he ido dando cuenta de que da igual qué o quién me haya hecho despertar las emociones en mí. Es irrelevante el otro. Lo importante es: ¿qué hago yo conmigo?

¿Qué hago con mi tristeza, con mi vacío, con mi soledad, con mi frustración, con mi miedo, con mi impotencia, con mi culpa, con mi ira, con mi rabia? Con MI, MI, MI.

Puedo distraerme para distraerla. Puedo taparme para taparla. Puedo huirme para huirla. Puedo negarme para negarla. Puedo rechazarme para rechazarla. Puedo lucharme para lucharla. También lo he intentando en múltiples ocasiones. Pero llegan unas alturas que al Corazón le dan vértigo… en que ya somos capaces de visualizar el cartel de “esto no funciona”. Y te PARAS. Y dejas de correr hacia otro lugar que no sea en el que estás sintiendo lo que sientes. Y dejas de poner tu esperanza en un futuro que no existe. En un mañana que no te quita la emoción de la que te quieres separar. Y te empiezas a cuestionar todo lo que la mayoría de maestros-gurús por los que has pasado (directa o indirectamente) han dicho y dicen. Y una pregunta asoma a tu ventana:

¿Y si de lo único que se trata es de AMAR lo que sientes?

Siendo Amar una aceptación, un asumir que no eres tú la que le sucede a la Vida sino que es la Vida la que sucede EN ti, un abrazar cada pensamiento, cada sentimiento, cada abandono, cada Instante que ES en TI.

¿Y si todo fuera tan simple como SER lo que estás siendo?

Y no me refiero a permitir que te falten al respeto, que te chantajeen, que no pongas límites o que abusen de ti. Hablo de lo interno. Hablo de lo profundo. Hablo de la sangre que hierve por tus venas. De los latidos que no te bombean. De las miradas que te tiemblan. De las soledades que te acompañan. Y de los vacíos que te llenan…

Hablo de lo que ocurre EN ti en cada momento. Eso que sólo tú sabes. Eso que sólo tú escuchas. Eso que nadie más puede entender porque nadie más lo está sintiendo.

Muchos hablan del AMOR INCONDICIONAL. Pocos son los que no le ponen ninguna condición.

Que si hay que vibrar más alto, que si hay que ser la mejor versión, que si hay que despertar, que si hay miedo no hay amor, que si la abundancia, que si el éxito, que si la plenitud, que si la felicidad, que si la paz, que si la iluminación, que si la mente en blanco, que si la expansión de la consciencia, que si la quinta dimensión, que si “no hemos venido para”, que si nuestra misión, que si deshacerse del ego, que si liberarte de ti, que si subir un escalón, que si trascender un patrón, que si limpiar el karma, que si sentir más, que si sentir menos, que si ser más, que si ser menos… Y un largo bla bla blá.

Cuantas condiciones, ¿no?

Cuanta exigencia, cuanta obligación, cuanto peso, cuanta culpa, cuanto castigo, cuanta frustración, cuanto tan poco AMOR.

Seguimos cayendo en la trampa. En la trampa de no responsabilizarnos de lo que somos en cada instante. En la trampa de no amarnos en cada instante. En la trampa de la SEPARACIÓN. De la separación de MÍ. Siendo MÍ todo aquello que pienso, siento, no pienso y no siento. Siendo MÍ tanto el ruido como el silencio. Tanto la Luz como la Oscuridad. Tanto el Amor como el Miedo. Tanto la ola como el Mar. Tanto la dualidad como la no-dualidad.

¿Que tus circunstancias externas son una mierda? Bienvenido a LO QUE ES. Bienvenido a la Verdad. Bienvenido a la Autenticidad. Bienvenido a una Realidad no maquillada. No falseada. No inventada.

Bienvenido a la Pura, Puta e Intensa Vida. Vida que no puedes controlar.

Y una vez asumido esto, ¿qué te queda? Asumirte a TI. Asumir que, quizás, en este momento, no puedes. Asumir que, quizás, en este momento, no eres feliz. Asumir que, quizás, en este momento, te sientes igual de mierda que esa circunstancia externa. Asumir que, quizás, en este momento, no eres como te gustaría ser.

Creo que lo llaman HONESTIDAD. Algo de lo que mucha gente también habla y de lo que muy poca gente ES.

Cada vez somos más los que apostamos por el AMOR en lugar de por el “mejor”. Cada vez somos más los que apostamos por el SOY en lugar de por el “me gustaría ser”. Cada vez somos más los que apostamos por el AHORA en lugar de por el mañana. Cada vez somos más los que Comprendemos que no hay nada ni nadie que alcanzar. Que ningún taller, ningún curso, ningún retiro, ninguna técnica, ninguna charla, ninguna herramienta, ningún libro, ningún camino… puede acercarte más a TI porque no puedes estar más cerca de ti de lo que YA y SIEMPRE estás. Que ese “ti”, ese “Hogar” del que hablan, que te indican, no tiene nada que ver conTIgo sino con su IDEA-PENSAMIENTO-CONCEPTO-CREENCIA de lo que TIENE QUE ser “ti” y “Hogar”.

Cada vez somos más los que Vivimos sin un por qué ni un para qué.

Cada vez somos más los que Comprendemos que Vivimos simplemente por el hecho de que Somos Vida.

YO, ME, MI, CONMIGO.

Y poco más.

Reflexiones

LA IDENTIFICACIÓN CON LAS FORMAS ES LA QUE NOS HACE SUFRIR

Siempre que nos identifiquemos con todo aquello que tiene una “forma”, ya sea un cuerpo, una mente, una emoción, un sentimiento etc, vamos a sufrir. Y no vamos a poder evitarlo, por mucho que lo intentemos. Porque nosotros, “lo que Es”, la Esencia, la Unidad, está antes de todas esas formas. Jamás nació y jamás puede morir. Es Eterna. Siempre lo ha sido y siempre lo será.

Y la pregunta es: ¿Cómo puedo hacer para no identificarme con esa forma, personaje, soñador…?

Mi respuesta: no puedes hacer nada porque nos manifestamos mediante esta forma “ser humano”, con todo lo que ella conlleva. Incluida la identificación.

Entonces, ¿para qué me sirve saber que no soy esa forma ni ninguna otra? ¿Para qué me sirve haber llegado a esa COMPRENSIÓN? Pues simplemente para ser CONSCIENTE de ello. Para SABER qué no eres. Y para no temer a la Muerte porque tú (la Esencia) no mueres.

Creer que puedes controlar a tu mente, a tus pensamientos, elegir en cada momento qué emociones sentir y qué no sentir, es utópico. No es real. Con Consciencia puedes darte cuenta de lo que estás pensando y de lo que estás sintiendo y, según cómo te pille, puedes decidir no reaccionar ante ello. Puedes quedarte al margen de ti. Pero tampoco puedes elegir SIEMPRE esa no-reacción porque la Inconsciencia también está presente. También FORMA parte de nuestra forma.

No podemos “trabajar” por ser más conscientes de lo que somos para así no identificarnos con esas formas para así no sufrir. Ese “trabajo” está lleno de esfuerzo, de control, de no aceptación, de no amor, de no paz. Por lo tanto, lo único que logras es sufrir para no sufrir, lo cual tiene muy poco sentido.

No existe un manual que te indique los pasos para estar siempre en Paz, para no sufrir, porque sería un manual basado en experiencias del pasado, en recuerdos (que son pensamientos), lo cual ya no le otorga ninguna validez. La única experiencia REAL, es la que te está sucediendo en ESTE INSTANTE, no en el anterior. Pero nuestra mente nos engaña para que creamos que lo de ayer, sirve para hoy o para mañana. Como si este momento fuese el mismo que el anterior. Cuando cada momento es único. Es impredecible. Y está fuera de todo control.

SOMOS Vida. Somos SER. Somos Existencia. No somos el cuerpo que la experimenta ni la mente que la piensa ni la consciencia que la observa. Somos lo anterior a todo eso. Somos lo que ES antes de nacer.

El Ser Humano sufre porque va implícito en él. En su “forma”. Por mucho que yo intente no identificarme con mis pensamientos, con mis emociones, la identificación se da por sí misma. A lo único que yo alcanzo es a darme cuenta de que me estoy identificando y que esta identificación me provoca emociones-pensamientos que no me aportan paz. Justo en ese momento de consciencia sí que existe la posibilidad de, al ser consciente de ello, soltar esa identificación. Pero sería un decisión a posteriori, cuando YA has sentido esa no-paz. Ese sufrimiento.

Ese ‘darme cuenta’ no es elegido. De ahí que, para mí, no exista el libre albedrío. O se da o no se da. Y el darse no depende de mí ya que no soy consciente de esa inconsciencia. Nadie lo es.

Hay personas que son más conscientes que otras en el sentido de que esos momentos de “darse cuenta” son en mayor cantidad. Pero eso no significa que SIEMPRE se den. Y ese no-siempre causa la misma no-paz y el mismo sufrimiento en esos instantes de inconsciencia que a los demás.

No escogemos ser más o menos conscientes, igual que no escogemos cantar bien o cantar mal, tener ritmo o no tenerlo, ser rubio o ser moreno. Nos viene “dado”.

Nosotros no elegimos cuándo ni cómo crecer. El cuerpo lo hace por sí mismo. Da igual que nuestro pensamiento o creencia sea la de “quiero ser más alta” o “que mis huesos sean menos anchos”. El cuerpo no nos hace caso. Y “la consciencia”, tampoco.

No está en nuestras manos ser más o ser menos “lo que sea”. Se pueden utilizar ciertas prácticas para conocerte más, ciertos hábitos para sentirte más saludable, para estar más relajado, pero no te van a servir para escoger según qué emociones cuando tu mente se ha identificado a la velocidad de la luz con “lo que sea”.

La Consciencia no forma parte de esa mente que se identifica continuamente con una forma. La Consciencia simplemente se da cuenta de ello, pero no interviene en ese proceso.

El sufrimiento no es opcional. Nada lo es. Si fuera así, nadie sufriría porque nadie desea sufrir. Es como decir que enamorarte de cierta persona es opcional. Nos enamoramos cuando sucede y de quien sucede, no cuando y de quien nosotros queremos.

Sufrir por dejar de sufrir es lo más absurdo que hay. Porque dejar de sufrir cuando estás sufriendo requiere de mucho sufrimiento. Requiere ir en contra de lo que estás sintiendo en ese momento. Y requiere de una cantidad inagotable de culpa, de impotencia y de frustración.

Si estás sufriendo, sufre. Es lo que está sucediendo en este momento. No es nada malo ni incorrecto. Sencillamente, ES.

La no-paz surge cuando luchas contra el Presente, el Hoy, el Instante, lo que estás pensando o sintiendo. No surge por una determinada experiencia o pensamiento o emoción. Puedes estar en Paz con tu caos. Con tu tristeza. Con tu vacío. Con tu ira. Con tu soledad. Puedes dejar que sucedan en ti cuando aparecen (algo que no controlas). Puedes no cerrarles la puerta. Puedes acogerlos en el espacio que ERES para que sean lo que son.

Lo que resiste, persiste. Tal cual. Y, de nuevo, volvemos a lo mismo. ¿Cómo hago para no resistirme cuando mi resistencia también es inconsciente? No puedes hacer tampoco nada.

Al final, es una cuestión de COMPRENDER que somos lo que somos, que la vida es la que es y que NADA depende de nosotros. Nosotros no movemos los hilos aunque nuestra forma humana así se lo haya creído.

Si de verdad tú decides, ¿por qué no eliges estar siempre alegre? ¿Por qué no eliges enamorarte de por vida? ¿Por qué no eliges no enfermar nunca? ¿Por qué no eliges tener siempre pensamientos positivos? ¿Por qué no eliges amar incondicionalmente a todo el mundo?

¿Porque eso no existe, no es real? Y, ¿por qué no lo es?

Si nos quedamos con la respuesta simple o en creernos los slogans que muchos recitan, no podremos acercarnos a la VERDAD. A una VERDAD que está fuera de la forma y que nada tiene que ver con el conocimiento mental. Y, ¿sabes cual es el lugar más cercano a esa VERDAD? El SILENCIO. El espacio que hay entre dos palabras, entre dos notas musicales, entre dos miradas. Ahí es donde está.

No es la nota en lo que te tienes que enfocar, lo que tienes que conocer. No es la mirada, no es la palabra, no es el sonido, no es el cuerpo, no es la emoción, no es el pensamiento, no es la creencia, no es la herida, no es el trauma, no es la lágrima, no es la risa, no es el sol, no es la enfermedad, no es la comida, no es el viento, no es el mar. ES lo que hay en su ausencia. Conocer lo que NO-ES. Lo sin-forma.

Indaga en ese vacío, en ese silencio, en esa Nada. Olvídate de lo que tus sentidos, todos, “ven”. Ocúpate de lo que existe más allá de ellos.

Yo sufro porque, en ocasiones, mi mente se identifica con lo que siento, con lo que pienso. Pero SÉ que no soy nada de eso. Que forma parte de esa “cosa” en la que estoy siendo. Y NO PASA NADA porque “yo”, mi personaje, mi forma, no tiene ninguna, relevancia. Ese “yo” morirá igual que todos, pero “lo que Soy”, que es lo mismo que tú eres, permanecerá.

Y cuando SABES eso de verdad, no de boquilla, no tienes ninguna necesidad de controlar nada. Ni de que tu personaje deje de identificarse con lo que le hace sufrir. Ni de tener otro tipo de vida de la que tienes. Ni de que esté permanentemente consciente o despierto o recordando o en “paz”. Te dejas llevar. Fluyes con la Vida. Con lo que te sucede. Incluido el no-fluir.

SABES, COMPRENDES que TODO está bien aunque tu mente piense, crea que no lo está.

La Importancia del sufrimiento, como con todo, radica en la importancia que le des.

Y poco más.