Reflexiones

DONDE EL TIEMPO SE PIERDE

¿Te ha pasado alguna vez que tienes que hacer un esfuerzo para recordar lo que no está Presente en este momento? A mí sí. Es como si nada de lo que no estuvieras viendo, sintiendo, respirando Aquí y Ahora, existiera. Como si tu familia, tus amigos, tu trabajo, el resto del Mundo… no fueran reales. Como si el Tiempo se hubiera perdido en algún lugar de nombre desconocido. Y con el Tiempo, sus historias. Que eran las mías.

Tienes una sensación extraña. Como si acabaras de nacer. Como si te hubiesen leído un guión de una película, presentado a sus personajes y tuvieras que interpretar tu papel. Iba caminando a las 20h hacia casa de mis padres y me resultaba todo tan raro…

Hacía una semana que no les veía y era como si hubiesen pasado miles de años. Estaba como desubicada. Ellos seguían igual, pero yo no. Como si un traje se me hubiera caído. Como si una eternidad se hubiera llevado una parte de mí a “no sé dónde”.

No es la primera vez que me pasa. Cada cierto tiempo, la piel me cambia. Y aparece otra más sensitiva. Más sensible. Más menos de todo. Con más necesidad de naturaleza. De pureza. De Esencia.

Hay como un tiempo de acople a esta nueva energía. Intentas hacer, por inercia, lo que hacías antes, pero te das cuenta de que ya no te sirve. De que ya no lo sientes. De que te incomoda. De que te molesta. Y tienes que soltar y soltar y soltar.

Y en el proceso surgen emociones que no tienes ni idea de dónde vienen (ni ganas ni interés ni importancia en saberlo) y que tienes que dejar salir. Puedes sentir tristeza, soledad, vacío, vulnerabilidad. Tus sentidos se afinan más. Y tus ganas de estar sola, también.

Es como si un pedacito de tu identidad o “de lo que sea” se hubiese muerto y estuvieras haciendo un duelo de “ti misma”.

No pasa nada. Todo está bien. No hay nada que arreglar. Que mejorar. Sólo te estás acercando un poquito más a lo que Eres. Sólo te estás despidiendo de un latido que ya no resuena contigo.

Es momento de ESTAR con uno mismo. De abrazarse. De mimarse. De respetarse. De Amarse. Y, sobre todo, de SENTIRSE tal y como te estás sintiendo.

No hay prisa donde el Tiempo no existe. Sólo hay VIDA viviéndose en ti.

Libros

NUEVO LIBRO: “QUIÉN SOY”

Os informo que ya está a la venta en Amazon mi nuevo libro ¿Quién Soy? por 3,99 euros, en formato Kindle exclusivamente.

Es un libro breve, muy profundo e íntimo que me ha llevado a cuestionar todo lo que creía saber sobre mí, sobre la Vida y sobre la no-dualidad mediante microdiálogos entre Emma (E) y el Silencio (S) donde nada es lo que parece.

Os comparto el Primer Capítulo (hay 50):

¿QUIÉN SOY?

E: Llevo desde que sentí que tenía que escribir este libro cuestionándome Quién Soy. Creía que había comprendido quién era. Que yo no era mi personalidad sino el Silencio que siempre Es y siempre Está. Y, teniendo claro que no soy ese personaje llamado Emma ni su forma de sentir, de pensar y de hacer, ahora pongo en duda la que consideraba La Verdad.
Voy directa al grano: ¿Quién Soy?
S: No puedes saber quién eres pues Lo Que Eres no puede ser Consciente de sí mismo.
E: Entonces, ¿el Silencio del que tanto hablo y que puedo percibir (que no sentir) no es ese Todo, esa Unidad, que creía que era?
S: No. Si me puedes escuchar, si me puedes percibir, entonces es que estás separada de mí. Y si hay separación, no hay Unidad.
E: Pero eso siempre va a suceder. En el momento en el que soy consciente de algo, ya me estoy separando de eso. Sea lo que sea. Ya no puedo ser eso de lo que me estoy dando cuenta.
S: No eres nada de lo que puedas ser consciente.
E: En ese caso, nunca voy a saber quién soy.
S: No.
E: Y, entonces, ¿para qué tengo que preguntarme Quién Soy? ¿Cuál es la finalidad de una pregunta cuya respuesta no puedo saber?
S: ¿Para qué te ha servido hasta ahora?
E: Para descubrir que no era quien creía ser.
S: ¿Y para qué te ha servido descubrir eso?
E: Para tener Paz.
S: ¿Tienes Paz? ¿De verdad?
E: Cuando la tengo, sí.
S: ¿Qué es para ti tener Paz?
E: Aceptarme tal y como soy, sin rechazarme ni juzgarme.
S: Te vuelvo a hacer la pregunta. ¿Tienes Paz?
E: (…) Está bien. Ya sé por dónde vas. Evidentemente, no siento permanentemente esa Paz. Hay momentos en los que me veo luchando contra la Realidad y, en esos momentos, no tengo Paz. Pero no es algo que pueda evitar. Suceden solos. Por sí mismos. Son inconscientes. Y, al cabo de un tiempo, unas veces más y otras al instante, me doy cuenta de ello y es cuando puedo parar ese automatismo que se ha iniciado.
S: Vuelvo de nuevo. Si no tienes Paz, ¿para qué te ha servido descubrir quién no eres?
E: (….) No lo sé. Me están entrando ganas de llorar. ¿Ha sido todo un autoengaño?

Para más información, clic en el enlace:

Reflexiones

EL PERSONAJE NO PUEDE ILUMINARSE

Somos vulnerables. Forma parte de nuestra humanidad. De nuestra Sensibilidad.

Yo era de las que huía de mi Vulnerabilidad. De las que CREÍA que era sinónimo de debilidad. De las que lloraba por la noche, cuando sólo mi almohada me veía.

Tuve que tropezar con muchas experiencias hasta descubrir su Belleza.
Hasta darme cuenta de que el problema no era mi sensibilidad, mi vulnerabilidad, sino el juicio que hacía de ella.
Sino mi ignorancia a la hora de vivir la Vida, de SER la Vida, con TODO lo que la Vida implica.

Llené mi mente de tantas razones, de tantas ideas, de tantas teorías, de tantos “por qués”, de tantos “para qués”, de tantas historias, de tantas heridas… que me separé de MÍ.

Me analicé tanto, me estudié tanto, me definí tanto, me acoté tanto, me limité tanto… que acabé con los latidos encorsetados y respirando mente, en lugar de Vida.

Es lo que solemos hacer la mayoría.

Quería llenar el Vacío y la Soledad que sentía de conocimiento. Y cuanto más me autoconocía, menos sabía de Mí, más vacía me sentía y menos Paz tenía.
Porque la Paz no estaba allí.

Hasta que poco a poco, frustración tras frustración, y tras una Noche Oscura del Alma que me despojó por completo de ese “yo”, fui Consciente de que no había un “Quién era” sino un “Qué era”.

Y Soy nada más y nada menos que Existencia.

Y lo que Soy, lo Somos todos, aunque pocos se den cuenta.

La mayoría siguen perdidos en el laberinto en el que yo me encontraba hace un tiempo. Intentando perfeccionar su personaje, intentando sanar su identidad, intentando ser y sentir de una manera determinada para así poder Regresar a un Hogar del que jamás se han ido. Con el esfuerzo, la tristeza y el agotamiento que eso supone.

Ya estamos donde tenemos que estar.
Ya somos lo que tenemos que ser.

No hay separación. Hay percepción de separación

Nuestra mente juzga porque funciona de forma dual.
Bien, mal. Bonito, feo. Correcto, incorrecto. Espiritual, terrenal. Consciente, inconsciente. Cobarde, valiente.

Pero tales juicios sólo existen para nuestro personaje. Para nuestro disfraz.

La Vida no juzga. La Vida no tiene pensamientos. La Vida no tiene emociones ni sentimientos.

La Vida simplemente ES.

Es el “yo”, el alguien que nos hemos inventado cada uno de nosotros, el que quiere arreglarse a sí mismo. El que quiere cambiarse a sí mismo porque se ve y se cree imperfecto. Porque se cree herido.

Y no es cuestión de hacerle creer otra cosa, de rechazar lo que cree, sino de Observarlo. De darle el sentido que tiene. Y no otro.

Algunos creen que cuando se Iluminen van a dejar de sentirse vulnerables. Van a dejar de Sentir.
Lo que desconocen es que el personaje no puede Iluminarse. No puede trascenderse.

“Lo Iluminado” no es el disfraz, sino “la piel” que lo abarca a él.

No es LO que existe, es LA EXISTENCIA.

No es el observador ni lo observado, es LA OBSERVACIÓN.

Nuestro personaje no tiene ninguna importancia. Es irrelevante. Tal como viene, se va. Da igual lo que sienta. Da igual su moralidad. Eso es ruido. No permanece. Nace y muere. Y poco más.

Lo que es eterno, lo que siempre ES, es el Silencio. Es el “espacio” entre dos notas musicales. Entre dos voces. Entre dos letras. Entre dos besos. Entre dos versos.

Aunque la piel muera, la Vida sigue en pie. Pues es Existencia. Y la Existencia no puede dejar de Existir.

Ser Vulnerable implica Rendirte a tu Humanidad. A todo aquello que sientes, que piensas, que eres. Una Humanidad de la que muchos se quieren desprender. De la que muchos se quieren deshacer.
Una Humanidad que también ES, pues no hay nada que esté fuera de “Lo Que Es”. Pues no hay nada que exista que esté fuera de la Existencia.

Una cosa es que el personaje no sea Real y otra muy distinta que no Exista.

La películas existen, pero no son reales.

Hay personajes cuyo papel es despertar conciencias. Pero sigue siendo un papel dentro de la película no Real.

La Consciencia no está dormida. No hay nada a lo que despertar. Es la mente del personaje la que así lo interpreta.

¿Entonces la Espiritualidad es una Ilusión más? Sí.

¿Entonces no hay nada a lo que Despertar? No.

Lo que Somos ya es Perfecto. Ya ES despierto.

Otra cosa es que haya un escenario dentro de la película en el que se juegue a eso.

¿Entonces tengo que dejar de jugar…? No, si lo que tienes que hacer es seguir jugando pues es tu papel (un papel que tú como personaje no decides) o jugar a que ya no juegas más en ese escenario (lo cuál también es otro papel que tampoco decides tú, aunque aparente que intervienes en algo).

TODOS los escenarios son Perfectos, pues nada está Fuera de la Perfección.
TODOS somos Perfectos, independientemente de nuestro juicio y de nuestra percepción.

La Vida, la Existencia es como mis escritos. Yo no sé lo que voy a escribir hasta que lo estoy escribiendo.

Yo no sé lo que voy a Vivir (con TODO lo que vivir implica) hasta que lo estoy viviendo.

No existe el Saber pues cada Instante es nuevo. Y si es nuevo, nada puedes saber de él.
Y si nosotros somos Instantes Infinitos de Vida (que SON UNO aunque se perciban como infinitos) tampoco podemos sabernos por mucho que nos autoconozcamos.

¿Entonces no sirve de nada autoconocerse? No. Porque lo que puedo saber, conocer de mí o de ti o del mundo o de la vida AHORA… ya ha caducado.

¿Entonces qué hago? SER. EXISTIR. Igual que hacen las flores. Igual que hacen los vientos, los mares y los soles.

¿Te parece poco?

El Arte de Ser Vulnerable.
El Arte de SER.

Muchos veneran su humanidad y reniegan de su divinidad.
Otros muchos veneran su divinidad y reniegan de su humanidad.

Hay otro camino: LA UNIÓN DE AMBAS.
Llamado Unidad.
Llamado Hogar, dulce Hogar.

Reflexiones

EL DESPERTAR TAMBIÉN ES UNA ILUSIÓN

El Despertar espiritual es una Ilusión. Forma parte del mismo juego. Igual que la Iluminación. Lo Iluminado ya está iluminado. Siempre ha estado, está y estará despierto.

Muchos pretenden Iluminar el personaje, sin darse cuenta de que es el mismo personaje el que lo está intentando. El que CREE que su misión, su destino, su propósito en la Vida es ése. El que no es Consciente de que es el “yo” personal el que CREE que está separado de Lo que Es. Pero tan sólo es una percepción.

La ola no es ola, es Mar. Si la ola se cree algo separado del Mar, creará un camino (con una serie de técnicas, sanaciones, teorías, metodologías…) cuyo destino será Ser el Mar. Pero no se da cuenta de que YA es Mar y de que no necesita llegar-regresar a ninguna parte porque YA Es y está en casa.

Es otro juego más dentro del Juego de la Vida. Una creencia más. Un pensamiento más. Un sueño más.

Muchos dirán: – Vale. Pero entonces sí que es necesario el Despertar a esa falsa percepción.

Tampoco. Porque tal y como Es cada uno, ya es perfecto. No es ninguna obligación ni meta para con la Vida el darse cuenta de que TODOS SOMOS UNO. El “darse cuenta” es irrelevante porque ya eres Perfecto tal y como eres, puesto que tú YA eres esa Vida, esa Unidad, que ya es Perfecta.

Es la CREENCIA de separación la que te hace sentir esa no Perfección

No existe tal cosa como “el propósito de la Humanidad”. La Vida (que es lo que somos) no tiene destinos. No tiene razones. No tiene “para qués”. Eso se lo inventa la mente humana.

La Vida simplemente ES. Y ya está.

– Entonces, ¿qué hago? Es indiferente. No es cuestión de hacer o de dejar de hacer, sino de SER. Y SER ya lo estamos siendo todo el rato porque no podemos dejar de SER en ningún momento. Ni siquiera cuando la Muerte física llama a nuestra puerta, pues no Somos nuestro cuerpo ni nuestras emociones ni nuestros sentimientos ni nuestros pensamientos. Somos EXISTENCIA. Y nada ni nadie puede acabar con ella. Con nosotros.

Algunos le ponen condiciones a la forma de vida humana. O al Amor. O al Ser. Pero tales condiciones son creadas por nuestra mente. Por la creencia de unos pensamientos espontáneos que nada tienen que ver con La Verdad.

Algunos CREEN que tienen que ser, pensar, sentir, comportarse de una manera determinada para estar en Casa. Para Iluminarse. Para Regresar al Hogar. Pero tan sólo es una creencia. Tan sólo es inconsciencia. Tan sólo es ignorar QUIÉN ERES en Realidad.

Somos esa Vida infinita, eterna, absoluta y perfecta que porta una máscara humana, pero que por el hecho de portarla no deja de ser lo que es.

Muchos pretenden ser lo que es perfeccionando esa máscara a través de una sanación interna y externa de unas heridas, traumas, golpes… que se han creído que tiene la máscara. De nuevo, ignoran que ya son lo que son SIEMPRE. Con heridas o sin ellas. Con consciencia o inconsciencia. Con amor o sin amor.

Muchos quieren que su personaje, su personalidad, su “yo”, su máscara sea Ilimitada. Cuando lo Ilimitado es lo sin máscara.

Es indiferente a qué dediques tu vida. Es indiferente cómo sea tu personalidad. Es indiferente que seas más así o menos asá. Es indiferente que seas feliz o infeliz. Que rías o llores, menos o más. Que comas carne o vegetal. Que asesines o bendigas. Que te levantes o no lo hagas. ES INDIFERENTE cómo es tu personaje.

La VIDA no juzga. No condena. No castiga. Es el personaje mismo, con la creación de unas ideologías, unos valores y una moral, quien lo hace.

Es como decir que el dictador de una película no debería existir dentro de la película. Que tendría que ser de otra manera. Que es un error del Director. Del guionista. Sería absurdo porque tal protagonista malvado, con todas y cada una de sus maldades, son irreales. Aunque al verlas, se sientan como muy reales.

La mayoría dan por hecho que todo nuestro personaje, que todo lo que vemos con nuestros 5-6 sentidos, que todo lo que experimentamos, es la Verdad. Cuando tan sólo son unos garabatos que la Vida (lo que Somos) está pintando en cada Instante.

No hay varias personas con una conciencia individual siendo Conscientes de la Vida.

Hay una única Consciencia, la misma para todos, que ES. Hay un único ojo que Ve. Hay una sola Tierra que el ser humano ha etiquetado-separado en varias partes. Pero es UNA aunque la mente humana la perciba como mar, río, océano, cielo, tierra, país, autonomía, ciudad, pueblo, región, montaña, roca, macizo bla bla bla.

Es como si el árbol se cree separado del bosque.

Hay una sola Existencia percibida por nuestra mente de infinitas formas a las que le hemos puesto un nombre. Pero este nombre no tiene ningún poder de separación real. Aunque sí puede tenerlo de separación imaginaria si no eres consciente de esa UNIDAD que las infinitas formas ES.

Es lo mismo que hacemos con un puzzle. De una imagen, de una UNIDAD, se crean (separándose) diferentes piezas. Pero la diferencia es que en lo que somos (VIDA) no existen tales piezas separadas que tengan que unirse de nuevo para que la Unidad sea Unidad. Sólo es una percepción mental. Nada más.

Todos los caminos, las experiencias, las “formas de”, las personalidades, las emociones, los pensamientos, los “yo”… son Perfectos. No hay nada que mejorar, que transformar, que cambiar para que evolucione a “lo que sea”.

TODO YA ES PERFECTO. No puede evolucionar.

SOMOS VIDA. Y la Vida se dedica a SER.

Que a ti no te guste o te encante lo que percibas, lo que experimentes, es indiferente. La Vida Es la que Es.

Y poco más.

Reflexiones

LA REALIDAD ES NEUTRA

La Realidad es Neutra. Es aquello que “ves” sin las interpretaciones de tu mente. Sin sus análisis. Sin sus razones.

Lo que yo pienso de un árbol, no es el árbol.
Lo que yo pienso de ti, no eres tú.
Lo que yo pienso de mí, no soy yo.

Pero la mayoría caminamos por la Vida, actuamos, según aquello que interpretamos de la Vida. De la Realidad. Del árbol. De ti. De mí.

Nos creemos los pensamientos que tenemos (y que son inevitables) sobre lo que vemos. Sobre lo que pensamos. Sobre lo que sentimos.
Les damos el poder al otorgarles una certeza absoluta que no es tal. Una Verdad que no es tal.

Esto que parece bastante obvio, y que es muy repetido en el “mundo espíritu-consciente”, no se acaba de Comprender pues, la mayoría, basan sus cursos, sus charlas, sus meditaciones, sus talleres, sus retiros, sus libros en interpretaciones que han hecho/hacen de la Realidad.

Si están interpretando, juzgando, adjetivando, analizando, razonando… la realidad (siempre es Presente), todo lo que salga de ahí va a ser mentira (y no estoy diciendo que ellos mientan, pues no son conscientes de ello). Va a ser Irreal. Y lo único que va a aportar es Inconsciencia.

Es como creer que estás iluminando la oscuridad con una vela que está apagada, pero que tú crees que está encendida. Que tiene Luz…
En Realidad no estarías iluminando nada porque no habría nada que iluminar. Era una Ilusión, una invención de “oscuridad”. De herida. De trauma.

La Iluminación se daría, en tal caso, al ser Consciente de la interpretación que estás haciendo de la Realidad. De que no existe esa oscuridad. Esa herida. Ese trauma. Esa separación del Hogar…

Y esa interpretación se podrá justificar con mil y una estadísticas, con mil y un “yo estoy mejor”, con mil y una “recomendaciones”, con mil y un “casos sanados”, pero seguirá siendo una Interpretación pues para que algo sea Verdad tiene que ser Absoluto, no relativo.

Afirmar que una enfermedad es causada por la mala relación que tengo con mi padre o con mi madre o entre mi padre y mi abuelo, es una interpretación.
Lo Real es la enfermedad y la mala relación. Relacionar una cosa con la otra es muy relativo y, por lo tanto, no Verdad.

Es como afirmar que el tabaco mata. Igual de relativo. Igual de no-verdad.

Estamos tan acostumbrados a interpretarlo todo que no somos conscientes de la cantidad de interpretaciones absurdas que realizamos.

Algunos le echan la culpa a los políticos, a las élites, a los Iluminati, a los medios de comunicación, a “otro que no sea yo” de la manipulación que sufre el ser humano.
Cuando son esas interpretaciones que cada uno de nosotros hacemos sobre nosotros, sobre la vida y sobre la realidad, las que mueven nuestros hilos.

Somos nuestras propias marionetas.

Seguimos sin hacernos cargo de nuestra RESPONSABILIDAD.
Seguimos echando balones Fuera.
Seguimos culpando a “quien/qué sea” de nuestra ausencia de Paz, Felicidad y Libertad.
Seguimos cediendo nuestro poder tanto a lo externo como a los pensamientos que tenemos.

La mayoría de seres humanos no viven la Realidad sino su interpretación de la Realidad

Una realidad paralela que nada tiene que ver con LO QUE ES.

Está de moda analizar tus emociones para otorgarles una causa “hiriente” que forma parte de un pasado que no existe.
Una interpretación más en la que la mayoría basan sus terapias. Sus curas. Sus tratamientos. Sus técnicas. Sus métodos.

Seguimos interpretando lo que sentimos. Seguimos juzgándolo. Seguimos necesitando tener no sólo una razón, sino “la razón”. Seguimos no aceptando la realidad.

Y así como seguimos…, seguimos perdidos en nuestro propio laberinto.

Yo también interpreto en muchas ocasiones sin darme cuenta en ese instante. Y reacciono a esas interpretaciones cuando me olvido de la Neutralidad. Cuando etiqueto. Cuando juzgo. Cuando analizo. Cuando veo a través de mis filtros.
Filtros de “mi verdad” que no me permiten ver LA VERDAD.

Cuando estoy intentando cambiar Lo Que Es, de mí, de ti o de cualquier parte de la Vida, es porque hay una interpretación que ha hecho mi mente de ello. De mí. De ti. De la Vida.
Ahí es cuando entro en lucha (que puede ser imperceptible en ese momento y muy sutil) y se oculta la Paz. Esa no-paz es la señal de que me estoy creyendo algo que no es Real. Pues la Realidad, la verdadera no la que yo interpreto, es desnudez. Es pureza. Es transparencia.
Y, por ello, despierta Paz, no malestar.

¿Estoy diciendo que interpretar sea malo y que no se tiene que hacer?
NO. Eso sólo sería otra interpretación más.

OBSERVA la cantidad de interpretaciones que haces de ti. De lo que sientes. De lo que piensas. De lo que eres.

Que si siento así porque nací de tal manera.
Que si me llevo mal con los hombres porque estoy repitiendo el patrón de mi madre.
Que si gestiono mal mis emociones porque tengo la luna en capricornio.
Que si soy de tal o cuál manera porque así lo dice el Eneagrama.
Que si me da miedo el agua porque en otra vida me ahogué en ella.
Que si Bla Bla Bla.

Y mil y una interpretaciones más que pululan por la “espiritualidad consciente” que nada tienen que ver con el Aquí y Ahora, con el Presente, con el Hogar, con la Unidad… y bajo las que nuestra mente se escuda para justificar nuestra no-Paz.

Nada de eso es Real, por muy real que te digan que sea. Por mucho que te lo creas.
Porque REALIDAD sólo hay una. Y ésta no está al servicio de ningún pensamiento que el ser humano pueda tener sobre Ella.

La Realidad es Silencio. El ruido… lo ponemos nosotros.

Reflexiones

LA REALIDAD NO ES INTERPRETABLE

Lo que tus ojos ven no es lo que eres.
Lo que tu mente piensa, tampoco lo eres.

ERES Aquel que Ve.
Aquel que Observa lo que piensa.

ERES la Visión misma. La Observación misma.

Ser CONSCIENTE no significa no sentir emociones o no tener pensamientos, del tipo que sean.
Significa, como la palabra indica, que eres Consciente de ellos.
Y una vez eres Consciente de ellos, tanto de tus emociones como de tus pensamientos, puedes “elegir” no ser su marioneta,

Puedes “elegir” tratarlos como lo que son: meras nubes que viajan por tu interior.

Tú Eres el Cielo (lo PERMANENTE), no las nubes que tal y como aparecen, desaparecen (lo IMPERMANENTE).

El sufrimiento se crea cuando interpretas la Realidad de manera negativa. Y la interpretación, el juicio, es un pensamiento sobre la realidad, sobre ti, sobre el otro… al que te estás aferrando. Que te estás creyendo. En el que te estás perdiendo.

Es así de sencillo.

La Realidad, tú, yo, el otro… no es interpretable. No es adjetivable. No es etiquetable. No es juzgable.
ES LO QUE ES.
SOMOS LO QUE SOMOS.

Pero nuestra mente humana funciona mediante la separación. Mediante la dualidad. Lo bonito y lo feo. Lo correcto y lo incorrecto. El bien y el mal.

Es nuestra CONSCIENCIA la que permite que esa separación, que esa dualidad, se quede en una simple nube. En lo que realmente es.

Aquí la pregunta sería:
¿Y cómo me vuelvo Consciente?

Y la respuesta es el gran misterio de la Vida:
“Tú” no puedes hacer nada porque la Consciencia no habita en el “tú”.
Por eso no sirven las herramientas ni las técnicas ni las teorías ni los métodos. Porque es el “tú” quien los realiza.

De ahí la “necesidad” de Rendición ante la Vida. Ante TODO lo que sucede en ella. En ti.

Porque será Ella y no “tú” quien decida en cada Instante cómo se manifiesta a través de ti.

Para la inmensa mayoría esto no es asumible porque implica que nada está en nuestra mano. Ni siquiera el asumir lo inasumible.

La Apariencia nos dice que Sí podemos controlar algo.
La Realidad es que la Vida es un movimiento espontáneo constante.
Nosotros también funcionamos así. Y si SOMOS un movimiento espontáneo continuo, ¿dónde está el libre albedrío?

Para darse cuenta de que cada respiración es nueva, cada pensamiento es nuevo, cada emoción es nueva, cada Instante es nuevo… tienes que prestar(te) ATENCIÓN porque esa “novedad” es muy muy muy sutil y prácticamente imperceptible.

No existe el tiempo porque TODO ES AHORA. Y si todo ES, existe, sucede…AHORA, no hay nada que se pueda predecir ni cambiar ni mejorar ni evolucionar A OTRA COSA.

Creemos que nuestra respiración es una continuidad de la anterior, cuando cada respiración nace y muere al momento.

Ese “nacer-morir” sirve para todo y para todos. Pero como he dicho antes, la Apariencia nos resulta lo contrario porque nuestros ojos no pueden ver La Verdad.

Una VERDAD que está más allá de nuestros Sentidos.

Una Verdad que o la ves o no la ves. Que nadie te puede enseñar. Que nadie te puede explicar, aunque se le pongan unas palabras que ni siquiera se le acercan.
Que sólo tú, con tu “vista” puedes Comprender.

Si te PARAS, podrás SER CONSCIENTE de que en Realidad no está sucediendo Nada.
Simplemente se está proyectando una película ante nosotros.

Es la INTERPRETACIÓN que hacemos de ella, la que le da “vida”. La que hace que sintamos lo que sentimos.

¿Y cómo dejo de Interpretarla y de sentir lo que siento?
De nuevo, “tú” no puedes hacer nada. Porque la interpretación también es espontánea.

Aquí la cuestión no es dejar de ser lo que somos, dejar de pensar lo que pensamos, dejar de sentir lo que sentimos o mejorar lo que somos, mejorar lo que pensamos, mejorar lo que sentimos…

Aquí la cuestión es DESCUBRIR QUIÉN/QUÉ ERES para DESCUBRIR QUE TODO ES PERFECTO TAL Y COMO ES para DEJAR DE LUCHAR/INTERFERIR CON LO QUE ES (incluida la propia lucha).

¿Y cómo se Descubre uno a uno mismo?
Pues no tengo ni idea. Porque todo lo que sea con la intención de “hacer, cambiar, mejorar, evolucionar” viene de ese “yo” que en Realidad no hace/decide/comprende nada.

La Comprensión no se puede entender con la mente. Simplemente, SUCEDE

No hay Camino hacia ella. Es Ella la que decide presentarse o no presentarse en tu camino.

Y Ella no tiene nada que ver con ese “tú” desde el que queremos alcanzarla.

Es irrelevante, indiferente en quién sucede, puesto que Tú y Yo somos la misma “persona”.
Tú y Yo es también una percepción de separación.

Es como si nuestros ojos nos vieran separados en millones de seres humanos o no humanos. Pero, en Realidad, sólo existe UNA “cosa” llamada VIDA (o como cada uno la nombre) que a nuestros ojos, a nuestra mente, está divida en infinidad de “vidas”.
Pero tal división no es REAL.

La Humanidad es tan sólo un disfraz, una experiencia que tiene la VIDA. Como el recorrido que hacemos en una montaña rusa.

Si desaparece la Humanidad, no desaparece la Vida.
Si desaparece la montaña rusa, no desaparece la Humanidad.

Lo que SOMOS ES ETERNO.
Jamás muere.
Porque jamás nació.

Yo sólo expreso “lo que Veo”.
¿Para qué?
Para “no lo sé”.

Reflexiones

SER UNO CON LA VIDA

Hay pocos Seres Humanos que confíen en la Vida. Que se rindan a ella teniendo la certeza de que “todo está bien” aunque en apariencia no lo esté.
Aunque a nuestra mente no le guste lo que ve.

CONFIAR en la Vida no significa estar ciego a ella. A lo que está sucediendo. A lo que estás sintiendo.
No significa no querer ver lo que estás viendo por temor a sentir lo que crees que no deberías sentir.
No significa quedarte con las manos cruzadas y esperar que tus rezos solucionen esa parte de la vida que sólo las “manos” del ser humano puede desenvolver.

Hay que saber distinguir muy bien lo que es “de Dios”, de la Vida, de lo que es del Humano.
Muchas personas lo confunden. Tanto por una lado, como por el otro. Y sólo ven 1 de esas 2 Realidades.
Unos por miedo. Otros por ignorancia.

Para CONFIAR en la Vida tienes que confiar en ti. En que todo lo que sientes o puedes sentir es perfecto porque ya ES en ti. Porque todo lo que ES, sea lo que sea, no puede ser de otra manera en ese Instante.

Algunos humanos quieren ser Dioses para no enfermarse. Para no sufrir. Para no sentir inseguridad, tristeza o miedo.
Y se disfrazan de Dioses. Y comen como Dioses. Y hablan como Dioses. En un intento de que la Vida no les toque.

Lo que no saben es que TODA la Vida es Dios.
Lo que no saben es que por mucho que intenten ser lo que no son, jamás dejarán de ser lo que son.
Porque si hay algo que define a la Humanidad, desde el principio de su existencia, es su Vulnerabilidad.

Pretender ser invulnerable, en el sentido que sea, es inútil. Es como si el agua pretende no mojar.

La Vida nos toca a todos, porque la Vida ES en nosotros. Y sólo el que la teme, quiere ponerse a salvo de ella.
Lo que no saben… es que esa pretensión de salvación es la que provoca su Separación y el alejamiento del Hogar, de la Paz, que tanto anhelan alcanzar.

No puedes ponerte a salvo de ti mismo. No puedes huir de ti mismo. De lo que estás pensando. De lo que estás sintiendo. Te puede dar la sensación de que los muros que tu mente ha alzado contra la vida son impenetrables. Pero sólo es una sensación. Porque esos muros no sirven para impedir la entrada de lo que YA está Dentro.

CONFIAR en la Vida no significa que la Vida, con todo lo que ésta conlleva, no te vaya a Tocar.
CONFIAR en la Vida es ABRIRTE a que te toque “lo que sea”. Incluida la Soledad. Incluida la Muerte. Incluida la enfermedad.

Y “abrirse” no significa “hacer para”. No es una acción externa, sino interna. No es tirarse por un precipicio. No es ser un imprudente.
Es una apertura de mente y de corazón total y absoluta.

Saber de tu Vulnerabilidad es el acto más supremo de Humildad.

Para re-Conocer tu Vulnerabilidad es necesario ser muy valiente.
Para re-CONOCER tu miedo es necesario abrirse a su Presencia. Y mirarlo a los ojos. Y ser UNO con él.

Sólo el que re-Conoce su miedo SABE que no hay nada que temer. Sabe que no es necesario eliminarlo. Ni hacerlo desaparecer.
Porque SABE que el miedo es ignorancia. Es desconocimiento. Y sólo puedes CONOCERLO, experimentándolo. Siéndolo. Abriéndote a él.

Siguen habiendo muchas personas que se cierran al Miedo. Y se cierran porque les da miedo. Lo que implica sentir el Miedo que tanto temen sentir y del que tanto se esfuerzan, de múltiples formas y maneras, en huir.

Eso no es CONFIAR en la Vida. Porque el Miedo también forma parte de la Vida cuando Es en ella.

Para SER CONSCIENTE del miedo (o de cualquier otra emoción) tienes que estar sintiéndolo. No puedes ser consciente de algo que no está sucediendo, eso es obvio.
Es esa Consciencia la que te va a permitir ELEGIR qué hacer con ese miedo.

Porque no es lo mismo sentir miedo que actuar con miedo.

Y muchas personas también están confundidas con esto. Muchas personas le echan la culpa al miedo de todos los males. Cuando el miedo es tan solo una emoción más.

Es la INCONSCIENCIA la que nos hace actuar CON miedo.
La misma INCONSCIENCIA que nos hace querer eliminarlo de nuestra Humanidad.

Y mientras sigas huyendo del miedo, mientras le sigas temiendo, jamás podrás CONOCERLO. Y si no lo conoces, no podrás SER CONSCIENTE, SABER (de sabiduría) que sentir miedo es como sentir alegría.
Beben de la misma Fuente. Nacen del mismo vientre.

Pero para saber (de sabiduría) que beben de la misma Fuente, que nacen del mismo vientre, tienes que ser TÚ quien lo VIVA, quién lo experimente, quién lo APRENDA. Y no CREERTE, sin más, lo que otros cuentan.

Porque si te CREES todo lo que lees, todo lo que escuchas, todo lo que “curseas”, sin ni siquiera ponerlo en duda, sin ni siquiera com-PROBARLO, corres el riesgo de convertirte en una teoría andante que se cree invulnerable.

No es lo que sientes, es lo que haces con lo que sientes.

Sólo es LIBRE aquél que conoce ambas caras de la moneda. Y el único método, técnica, herramienta… para conocerlas es adentrarte en ellas. Es experimentarlas. Es SER ellas. Es SER UNO CONTIGO.

CONFIAR en la Vida no es evitarla. Es SERLA por COMPLETO.

Pero no me creas, por favor. Yo tan sólo soy una teoría más para ti.
Compruébalo. Sé tu propio Maestro. Descubre la Sabiduría que ya ES en ti.

YO CONFÍO EN TI.

¿Confías tú en ti?

Reflexiones

LOS PROBLEMAS NO EXISTEN

Los problemas no existen. Existen las experiencias. Experiencias que tachamos negativamente cuando no son como nos gustaría que fueran. Lo cual implica que vamos a iniciar una lucha, consciente o inconsciente, contra la Vida. Que viene a ser lo mismo que contra nosotros mismos. Por algo que, nosotros mismos, nos hemos inventado.

La Vida es perfecta tal y como es. Que nuestra mente no la perciba así no significa que no lo sea. Que no me guste un día de lluvia no significa que ese día no sea perfecto. Que no me gusten mis canas, mis arrugas, mis grasas… no significan que no sean perfectas. Que no me guste tu voz no significa que no sea perfecta.

La Perfección ya ES. En ti, en mí, en el mundo… Pero los seres humanos no la vemos. Y no la vemos porque tenemos la mirada velada por capas de ignorancia. Por capas de ideas, de creencias, de “así tienen que ser las cosas porque así me las han enseñado”. Y como no tenemos el hábito de cuestionar, ni a nosotros ni a los demás, damos por hecho que lo que está escrito en los libros, que lo que dicen los Maestros, que lo que dicen nuestros ídolos, es Verdad.

Convertimos nuestros juicios en certezas cuando la certeza está vacía de juicios

¿Qué es un problema? Una experiencia que estás etiquetando como incorrecta. Como mala. Como tara. Como problema. Si en lugar de etiquetarla, la experimentas, deja de ser un problema y pasa a ser una VIVENCIA. Es decir, algo que forma parte de la vida. Sin mejor ni peor. Sin bonito ni feo. Sin acierto ni error.

¿Incómodo? Puede ser ¿Y quién ha dicho que la incomodidad no sea también perfecta? Los mismos que etiquetan, que separan, que CREAN problemas.

La clave no está en lo que (nos) sucede sino en lo que pensamos de lo que sucede. Es nuestra INTERPRETACIÓN lo importante.

La Vida no es interpretable. Es la que Es. Absolutamente neutra. Transparente. Pura. Todo lo que le añadimos es ilusión, imaginación, invención. Nada de Realidad. Nada de Verdad.

Juzgamos nuestras experiencias (y las de los demás) según las ideas que tenemos de CÓMO deben ser para que sean correctas. Una corrección bañada de otras ideas que surgen del mimo lugar que las anteriores. Lugar cuyo conocimiento habita en el pasado. Y si habita en el pasado, HOY no sabe nada. Porque para SABER algo sobre lo que te está sucediendo, debes estar experimentándolo AHORA. Pues es donde te está ocurriendo. Es donde está(s) SIENDO. No ayer ni mañana.

La Verdad de AHORA reside Aquí y Ahora

Sólo existe una Verdad y esa Verdad siempre, siempre, siempre está PRESENTE. No puedes buscarla en otro espacio. No puedes alcanzarla en otro lugar. En otro estado que no sea en el que YA estás.

Tenemos una IDEA, una imagen de Felicidad que excluye lo que consideramos problemas. Por eso hay tanta gente que sigue buscándola. Porque mientras sigas creyendo que existen problemas, jamás serás feliz pues tu IDEAl de felicidad no abarca TODA la vida, todo lo que te sucede en ella (en ti) sino sólo “lo correcto”, “lo bonito”, “lo espiritual”, “lo bueno”.

Y en lugar de cuestionar si lo que considero problema en realidad es un problema, nos embarcamos en una lucha interna y externa para transformar lo malo en bueno. Lo que consideramos malo en lo que consideramos bueno. Sin darnos cuenta de que estamos jugando al pez que se muerde la cola pues tanto malo como bueno son caras de la MISMA moneda. Una moneda que no tiene caras. Que no es DUAL. Que es sólo UNA. Pero que la hemos SEPARADO en dos aparentemente opuestas.

Y no es la Vida quien lo ha hecho. Hemos sido nosotros. Nuestra mente. Creando juicios. Creando etiquetas. Creando muros. Creando fronteras. Creando Separación en todos y cada uno de nuestros ambientes. Tanto internos como externos. Tanto de dentro como de fuera. Que vienen a ser también lo MISMO, pues tampoco están separados por mucho que tú así te lo creas.

SER CONSCIENTE de que nuestras ideas, nuestras creencias, nuestras separaciones, nuestra moralidad… simplemente son meros pensamientos que nada tienen que ver con lo que está sucediendo, con lo que estoy experimentando, con la Vida, conmigo, con el de enfrente… es la vía para que esos problemas que nos causan tantos problemas… se disuelvan en la Realidad. En la Verdad.

No hay nada que saber más que saber que no sabemos nada. Pues cada Instante es nuevo. Pues cada respiración es distinta a la anterior.

No demos por hecho lo que aún no es un hecho o caeremos en la trampa de creer que ya sabemos lo que aún no podemos saber. Y nos convertiremos en marionetas de nuestro propio desconocimiento sin darnos cuenta de que es nuestra ignorancia la que está moviendo los hilos de nuestra piel.

Ignorancia que, por otra parte, también es perfecta. Pues nada ni nadie existe en la Vida que no lo sea. Aunque nuestra mente no lo crea.

Los problemas no existen. Y, quizás, para algunas personas esto suponga un problema pues si el problema (personas incluidas) al que le estoy echando la culpa de MIS emociones, de MI sentir, no es real:

¿a quién Responsabilizo de mi infelicidad?

Reflexiones

LA PUERTA SIN PUERTA

En ocasiones, vemos puertas cerradas donde no las hay. Porque así nos las dibujaron. Y así se las dibujaron a aquellos que nos las dibujaron. Es más, ni siquiera hay puertas. Sólo un CREER que las hay.

No es la realidad la que está equivocada. La que tiene que amoldarse a mi percepción. La que tiene que ser transformada, cambiada, aniquilada, destruida o evolucionada PARA yo ser feliz. Para yo sentir Paz. Para volver a lo que llaman Hogar.

¿Te imaginas que fuese así? Nos pasaríamos la vida, los siglos, la eternidad… esperando desesperadamente llegar a una perfección que nada tiene que ver con la Perfección sino con nuestra IDEA de perfección. Que no es lo mismo y que es por lo que la mayoría se pierde.

Por eso siguen buscando. Por eso nunca se encuentran. Por eso nunca se alcanzan. Por eso siempre sienten que algo les falta. Porque siguen mirando fuera. Porque siguen con su lucha externa PERSONAL.

No hay puertas que abrir ni puertas que cerrar, sólo IDEAS que cuestionar

Tampoco es igual querer cambiarte a ti (siendo ti tu personalidad) que cuestionar los pensamientos que tienes sobre ti. El camino es muy distinto. Y el destino, también.

Siempre vas a tener algo que cambiar en ti porque “quien” te dice que hay algo que cambiar, que mejorar, que arreglar, que educar… es el mismo que no te deja llegar jamás al “todo está bien”. Al Hogar.

Lo llaman Ego. Yo lo llamo pensamiento. Así que por muy perfecta que sea tu identidad, jamás la sentirás así porque escucharás una voz (a la que veneras y no CUESTIONAS) que te estará diciendo: “De esta otra manera, serías mejor”, “Aún te queda un paso más para ser tu mejor versión” y un largo etcétera que utiliza el pasado (con tu historia, tus supuestas heridas, tu transgeneracional, tu forma de nacer blablabla) y el futuro para huir del presente. Que es donde estás.

Y no estoy diciendo que te descuides, sino que no te CREAS que por ser más delgado o más gordo, tener más arrugas o menos, más títulos o menos, más seguidores o menos, más dinero o menos, más luz o menos… vas a ser más o menos feliz. Vas a sentir más o menos Paz. Porque ese Hogar, esa serenidad, esa quietud, están en tu no-mente no en tu cuenta corriente ni en tu cuerpo ni en tu dimensión ni en tu intelecto ni en tu crecimiento PERSONAL (de persona, de separación, de ola, de identidad) ni en tu trabajo interno.

No es la experiencia, es CÓMO interpretas la experiencia. No son los kilos de menos o de más, es la interpretación de les das. La NO-Interpretación, más bien. Porque la Realidad, para que sea realidad, no puede ser interpretable. Ni de color negro ni de color de rosa. Es neutra. Absolutamente transparente.

Las puertas, los barrotes, las cadenas son un simple pensamiento que te estás creyendo

Al que le has cedido todo el poder. Por el que te arrodillas. Por el que eres capaz de arrastrarte, faltarte al respeto, juzgarte, condenarte, castigarte, maltratarte y/o dejarte maltratar.

Tú tienes el poder. Y volvemos a lo importante, a “LA PREGUNTA”: ¿Quién eres?

¿Eres aquello que piensas? Porque si ya, a estas alturas, casi todos sabemos que no somos nuestros pensamientos (espirituales incluidos), ¿por qué les continuamos dando cuerda? Y no me refiero a no pensarlos, a que no aparezcan o a controlarlos, sino a tratarlos como si fueran Reales. Como si fueran la Verdad Absoluta. Como si fueran DIOS.

Como seres humanos que (también) somos, tenemos pensamientos y emociones que no son erradicables. Que, a veces, se nos llevan por delante. Y no pasa nada. Y tampoco es un objetivo que NUNCA vuelvan a hacerlo. Más que nada porque es un objetivo ilusorio ya que tiene en cuenta, para conseguirlo, un tiempo futuro que desconocemos porque no existe.

Sentimos lo que sentimos y pensamos lo que pensamos. Y ninguna de las dos nos define. No somos ni la alegría ni la tristeza. Ni la salud ni la enfermedad. Ni el nacimiento ni la muerte. Somos “lo” que hay “antes de”. “Lo” que hay “después de”. Que también está “mientras que”. Somos la VIDA misma, la EXISTENCIA misma, expresándose en forma de emoción, de pensamiento, de cuerpo, de estrella, de león, de roca, de agua, de fuego, de viento, de fango, de ameba, de virus, de plástico, de basura, de contaminación, de guerra, de compasión, de enamoramiento y de pasión.

Somos esa VIDA que lo ES TODO. Que no está separada, aunque nuestros ojos así lo vean. Somos el Mar, no la ola. Somos la hoja en blanco, no el garabato. Somos EL que escribe, no lo escrito. Somos el sonido, no el instrumento que lo suena. Somos UNO, no dos ni tres ni cuatro.

Y mientras no nos respondamos a La Pregunta, mientras no descubramos la respuesta, seguiremos caminando un camino cuyo destino siempre estará en el mañana en lugar de Aquí y Ahora, que es donde “te encuentras”. Porque nos creeremos esos pensamientos que nos empujan hacia donde “no somos” y hacia donde no estamos. Pensamientos que han creado puertas que abrir y que cerrar. Una tras otra. Sin una puerta final.

Un Camino donde no habita el Silencio donde habita la Paz, que es nuestro principal anhelo.

Para escuchar el Silencio tienes que “dejar de hacer”. Tienes que dejar de correr. De avanzar. De controlar. De luchar. De deskarmatizar. Porque mientras estás avanzando, mientras te estás moviendo hacia el lugar en el que CREES estar, te estás alejando del lugar en el que SÍ estás. Que es donde YA estás. En la quietud (de quieto).

Párate. No tienes nada que cambiarte. Sólo mirarte desde un lugar distinto a tus pensamientos. Un lugar llamado Consciencia. Un lugar llamado Silencio.

Ahí no se esconden ni ventanas ni puertas. Ni cerradas ni abiertas. Ni propósitos ni misiones ni destinos. Ahí mora el Vacío. La Nada de la que surge, espontáneamente, el Todo que nos creemos ser. Un Vacío infinito y eterno. Un Todo que tal y como nace, muere. Que no permanece.

El sonido, el ruido, las palabras, las emociones, los pensamientos, las olas, las nubes, los cuerpos, los juicios… vienen y van. El Silencio siempre ES.

Un Silencio que suena a Plenitud. A Incondicionalidad. A Unidad.

Un Silencio que siempre está Presente, aunque tu ruido no te permita escucharlo.

Y cuando ya sabes QUIÉN ERES, no hay necesidad de escucharlo (sentirlo) constantemente. No tienes esa misión marcada pues ya sabes que estás en casa, que eres casa y que esa misión lo único que te provoca es alejarte más de la sensación de ella. Que no de ella, pues jamás la abandonas aunque tus pensamientos te la nublen.

En ocasiones, te ves manifestándote como una ola. Y, en otras, te sientes Mar. Pero ya sabiendo que NO PASA NADA. Que no tienes ningún Hogar al que Regresar. Que eres Perfecta de cualquier manera, pues la ola forma parte del perfecto MAR. Y si el MAR es perfecto, la ola que está en él, también lo es.

Eres Consciente de quién eres y de quién no. Y te permites TODO, hasta la no permisión. Pues el Vacío que eres no tiene celdas ni muros ni requisitos de admisión.

Hay una puerta sin puerta a la que yo llamo: Saber quién soy.

Porque cuando sabes quién eres, dejas de necesitar TODO lo demás. Incluida a “ti”.

Y poco menos.

Y poco más.

Reflexiones

ENTRE DOS VERDADES

Hace no muchos meses convivía con la Verdad de la Unidad y la verdad del personaje.

La Verdad me decía que ya estaba en casa, que todo era perfecto tal y como era, que no había nada ni nadie que alcanzar, que la separación era una mera ilusión, que la dualidad sólo existía en mi mente, que no tenía que hacer ni dejar de hacer nada para ser esa Unidad, para Regresar a mí, al Hogar, porque YA lo estaba.

La verdad del personaje me decía que tenía que volver a ser Amor Incondicional para Regresar a casa. Que hasta que no me amara de esa manera y me sintiera así no sería esa Unidad.

Y así estuve bailando durante bastante tiempo entre esas dos “verdades”.
En la Verdad sentía Paz porque YA era todo perfecto.
En la otra verdad nunca estaba completa. Siempre me faltaba o me sobraba algo. Por eso realizaba tantos talleres, cursos, retiros, prácticas meditativas etc. Para dejar de tener esa sensación de tara, de vacío, de soledad, de incorrección que surgía de esa verdad.

Hasta que “un día” COMPRENDÍ que no tiene nada que ver la Unidad con el personaje. Que una cosa es que el personaje aprenda a amarse a sí mismo y otra cosa, que nada tiene que ver con “sí mismo”, es la Unidad, el Hogar. En la que YA estamos. LO que YA somos, independientemente de que el personaje se ame o no.

Estaba mezclando “verdades”. Y la ignorancia de esa mezcla (que no la mezcla en sí) me generaba un conflicto interno que acabó en un “caos mental”, en una Noche Oscura del Alma que tras atravesarla me hizo salir con esa COMPRENSIÓN, con esa diferenciación entre lo que es una cosa y lo que es la otra.

Entre lo que es el personaje de la película y su realidad y lo que SOY en Realidad.

El personaje que creemos ser (incluida el alma individual) no puede llegar mediante ninguna “acción” a la UNIDAD porque esa Unidad ya ES. Creer que el personaje de una película puede llegar a ser el actor como tal, “arreglándose”, amándose o estudiándose es una utopía. Porque el personaje no puede salirse de la película y el actor está fuera de ella.

Creer que no estás en casa es sólo una Ilusión de ese personaje que, a su vez, genera la Ilusión del camino-proceso-evolución (con sus herramientas y creencias) de Regresar a ti, al Hogar.

¿Sabes por qué la Verdad está en el Silencio? Porque el Silencio no dice nada. Y al no decir nada, no separa ni dualiza la Realidad.

El Ojo de Horus no es el izquierdo. Ése es una parte que simboliza “algo”. Pero la UNIDAD, el Uno, “Lo que Es”, son los dos juntos. Las dos partes Unidas dejando de ser “partes”.

Eso es lo que somos “fuera” de ese personaje que nos creemos ser y que se cree separado de Lo que Es.

Es una cuestión de CÓMO miras la realidad

Si miras tu cuerpo y ves una mano, un brazo, una pierna, un ojo…estarás viendo en modo separación. Te creerás que la mano no tiene nada que ver con el brazo cuando es todo UNO. Es una única piel que estamos PERCIBIENDO como separada. Es una Ilusión. Y da igual que esa mano sea más delgada o más gorda o más blanca o más morena (o se ame más o menos). La mano (que no existe como tal, sólo le hemos dado ese nombre a una parte del cuerpo) YA está en casa. Ya ES ese TODO, ese Uno, esa Unidad, ese Hogar.

Es tan sólo un cambio de VISIÓN. En lugar de mirar a un árbol y verlo en “partes” lo ves como un todo. Lo SABES como un Todo. Y no sientes que le falte nada.

Si miras al árbol y sólo ves las ramas, sentirás que le falta “algo”. Pero no es que esté incompleto, es que tu personaje está poniendo sólo su atención, su mirada, en una parte.

Eso es lo que hacemos con la Unidad que ya Somos. Mirarla por partes. Y al mirarla así, la separamos y creamos la sensación de carencia. Pero no está/estamos separados, sólo nos lo CREEMOS.

Da igual que ames o no ames, da igual que comprendas o no comprendas. Ya estás donde tienes que estar. Ya eres lo que Eres.

El personaje es irrelevante. Tú no eres ni el personaje ni la película, aunque también esté incluida en la Realidad.

Al final, todo se basa en la siguiente pregunta:

– ¿Quién crees que eres?

Porque si te identificas con el personaje y sus creencias (espirituales o no espirituales), no podrás VER la Verdad y la UNIDAD que ya eres. Que siempre Es y está Aquí y Ahora. No mañana ni en otra vida.

Si estás navegando entre esas dos verdades, te invito a que PARES y las sientas en Silencio. Una te provocará incomodidad (aunque sea muy sutil), malestar, dolor. La otra, PAZ.

Llega un momento en el que tienes que “apostar” por una de ellas porque sólo una es VERDAD. La otra, forma parte de una ilusión.

Recuerda:

Que COMPRENDAS lo que Eres en Realidad no significa que el personaje, con sus gustos, sus heridas, sus emociones, sus inseguridades, su vulnerabilidad y su personalidad, desaparezca.

Lo único que sucede es que dejas de BUSCAR, de querer cambiarte a ti y al Mundo, y de CREER que tienes algún “sitio” al que Regresar para que la Vida, tu vida, merezca la pena. Para que SEAS completa.

Dejas de tener propósitos, misiones, objetivos que habitan en un futuro (por muy amorosos que sean…) y simplemente (te) vives lo que experimentas en cada Instante. Sabiendo que las interpretaciones que hace tu personaje, tu mente, de lo que (te) sucede no son Verdad.

La Realidad es neutra. Los pensamientos son neutros. Las emociones son neutras.

Ni bueno ni malo. Ni positivo ni negativo. Ni iluminado ni no iluminado. Ni derecho ni izquierdo.

UNO.