Reflexiones

HAZLO CON MIEDO

Si hay algo que la Vida me ha enseñado es a hacer “siempre” aquello que siento. El arrepentimiento por no haber hecho o dicho “lo que sea” por miedo a la respuesta, a las consecuencias, es lo que peor he podido llevar.

Así que un día decidí ir a por todas, asumiendo la posibilidad de no lograr lo que quería.

Lo importante es intentarlo, no conseguirlo.
Lo importante es el camino, no el objetivo.

El miedo es Humano. No es cuestión de dejar de sentirlo sino de Comprender lo que somos y de seguir caminando con toda nuestra Humanidad de la mano.

Sea lo que sea, hazlo. Aunque estés cagado de miedo. Para que en tu último día no digas lo que dice la mayoría:
“Tendría que haberlo hecho”

Poesía

AMO EL CONFINAMIENTO

Amo el confinamiento… porque nadie me toca. Porque nada me toca.
Y si nada ni nadie me toca, nada ni nadie me puede ensuciar.

Amo el confinamiento… porque no me quita de mis casillas. Porque mi casilla la tengo muy conocida.
Y lo que conozco me asegura comodidad.

Amo el confinamiento… porque tengo una excusa para estar encerrada en mi casa.
Y si tengo una excusa, no tengo culpa.

Amo el confinamiento… porque nada me diferencia del resto.
Y si nada me diferencia, tampoco nada me destaca.

Amo el confinamiento porque retirada no tengo que amar a nadie más.
Y si no tengo a nadie más a quien amar, no tengo nadie que me pueda abandonar.

Amo el confinamiento… porque me mantengo alejada de la puta vida.
Y si me mantengo alejada de la puta vida, ninguna putada se me puede de nuevo tatuar.

Amo el confinamiento porque encarcelada no siento miedo.
Y si no siento miedo, puedo respirar en paz.

Aunque sea ese miedo el que más Ame mi confinamiento.
Aunque el precio a pagar sea el de no vivir a lo grande nunca más.

Amo el confinamiento…
porque, en Realidad,
la Vida me caga de miedo.

Y toda esa apariencia que me viste
tan sólo es una razón de menos.
Tan sólo es una excusa de más
para que el Amor
no vuelva a penetrar en mis entrañas.
Para que el Amor
no me recuerde
el significado de la palabra Temblar.

Poesía

LA NADA DEL MIEDO

El Miedo no es nada más que un pensamiento que nos estamos creyendo. Eso no significa que sea ni bueno ni malo. Es Lo Que Es.

Quizás, lo único que podamos hacer sea Asumir que somos Humanos. Y que, como Humanos, también sentimos miedo. Nos guste o no.

Quizás, al abrazarlo, al aceptarlo, al dejar de huir de él… nos demos cuenta de la Nada que Es. De que no tiene Nada que decirnos. De que lo que creemos de él, no ES él.

Miedo y Nada. Nada y Miedo.

Nada que Rechazar. Todo por Amar.

Reflexiones

LA MENTIRA TIENE MIEDO, LA VERDAD CAMINO

Siempre que (nos) mentimos lo hacemos por miedo. Al qué dirán o al qué nos diremos. Yo siempre prefiero el dolor que me pueda causar una verdad a la desconfianza y deshonestidad que provoca una mentira.

Al final, siempre acaba pasando factura. Una relación con alguien en quien no confías, para mí, no tiene ningún sentido. Vas a estar continuamente con la lupa, aunque no quieras. Por ello, a mi vera quiero a personas que tengan la valentía de decirme la verdad, me pese lo que me pese. Y con la verdad no me refiero a los “te queda mal ese peinado o esa camiseta”. No me refiero a los gustos, que cada uno tiene los suyos.

Para que alguien sea honesto con los demás, debe atreverse a ser honesto consigo mismo. Una no se da sin la otra. Admiro a aquellos que se miran al espejo y asumen sus supuestas debilidades, sus supuestos defectos, sus supuestas imperfecciones, sus supuestas rarezas. Y caminan con ellas, agarrados de la mano, sin maquillarlas para que el mundo no las vea.

Me encantan esas mujeres que van con su verdad por delante. Que las gritan a los cuatro vientos con el silencio de su SER y de su ESTAR. Que no necesitan que nadie les dé palmaditas en la espalda o les llenen el ego de “me gustas” y de trofeos. Esas mujeres independientes de Verdad que pasan desapercibidas porque no dependen de la percepción de los demás. Esas mujeres que también tienen miedos, inseguridades, que lloran, que se caen, que se pierden y que se atreven a caminar por la oscuridad de su desierto para ser fieles a sí mismas.

Me enamoran todas y cada una de ellas sin importarme una mierda los kilos supuestos de más que tengan en su cuerpo y los euros de menos que supuestamente les falten a sus bolsillos.

Me enamora la inteligencia emocional, la rapidez mental, la ironía, la sabiduría, la valentía, la sensibilidad, el principio de lealtad, de dignidad, de responsabilidad, de respeto y de honestidad. Me ponen las que leen, las que debaten , las que reflexionan, las que se cuestionan, las que dicen No aunque el resto digan SÍ, las que miran directas a los ojos y no directas al selfie, las que prefieren quedarse solas que mal acompañadas, las que no abanderan banderas que luego pisotean en su día a día. Me enamoran las que se atienden a sí mismas y no las que necesitan atención continua.

Hay miedo. Mucho miedo. A no ser amados. A nos ser queridos. A ser abandonados. Un miedo que no existiría si dejáramos de contarnos tantas mentiras. Si nos asumiéramos tal y como somos. Si en lugar de llenarnos la piel de tantos disfraces nos vistiéramos con nuestra propia desnudez. Para que los demás nos vieran así de auténticos. Así de naturales. Así de humanos. Sin pintarnos los ojos para cambiarnos la mirada. Sin ponernos tacones para estar a la altura de una sociedad que se mide por su superficialidad.

Nos estamos continuamente mintiendo. Por dentro y por fuera. Por delante y por detrás. A nosotros mismo y a los demás. Y así, pretendemos dormir en Paz.

No tienes que ser perfecta. No tienes que llegar a ninguna meta. No tienes que estar delgada ni ser rica. No tienes que ser la más rápida ni la más exitosa ni la más seguida. Ni siquiera tienes que ser conocida ni reconocida. Sólo tienes que ser TÚ. Con tus arrugas, con tus grasas, con tus dientes torcidos, con tus manías, con tus entradas y con tus salidas.

¿Sabes quién es la persona más evolucionada, más consciente, más sabia y más iluminada? Aquella que al despertarse, se mira al espejo, tanto por dentro como por fuera, y no tiene ninguna necesidad de ser otra. De pensar de otra manera. De sentir de otra manera. Ni de tener una vida diferente a la que ya tiene.

¿Y eso cómo se logra? Dejando de CREER que tienes que alcanzar lo que en este momento no eres ni tienes PARA sentirte mejor de lo que AHORA te sientes.

Es decir, RINDIÉNDOTE a lo que la Vida, en éste y en cada Instante, te está Siendo. Es así de simple. Es así de sencillo. Así de VERDAD.

Repito:

El problema no es lo que eres (ni cómo eres), lo que te sucede, lo que piensas o lo que sientes. El problema es CREER que eso es un problema. Esa creencia de “no estoy siendo, pensando y sintiendo correcto” es la que te lleva a juzgarte, a condenarte, a castigarte, a no aceptarte, a no amarte y a desear corregirte, arreglarte y mejorarte. Con todo el dolor que esto conlleva.

Y con esta mentira se CREAN el resto de las ramas que cortamos y cortamos y cortamos, una y otra vez, creyéndolas la raíz.

Sólo COMPRENDIENDO que la Vida ya es perfecta, que tú ya eres perfecta, y que no TIENES QUE cambiar nada de ella ni de ti, podrás vivir en Paz. En esa PAZ tan expansiva, tan amplia, que también incluye la tristeza, el sufrimiento, el vacío, la rabia, el conflicto y la soledad. Porque cuando te ASUMES, cuando te aceptas, cuando te amas, lo haces con TODO lo que eres. Sin excepciones. Sin exclusiones.

Lo llaman AMOR INCONDICIONAL.

No se trata de perfumar nuestra mierda. Se trata de no rechazar su olor.

Y poco más.