Reflexiones

LIBRE DE TI MISMO

Liberarnos de nosotros mismos. De las ideas que desenfocan la Realidad. De las creencias que nos alejan de nuestro Hogar.

No hay nadie externo que nos dañe internamente. No son los juicios de otros los que nos impiden respirar en libertad, sino los nuestros propios. Lo que nos creemos de nosotros mismos, no lo que creen de nosotros los demás.

Las voces de los otros tienen la misma importancia que nuestra propia voz: ninguna. Pues esas voces (ambas) no son más que pensamientos que nuestra mente suelta por nuestra boca. Pensamientos que nada tienen que ver con La Verdad. Con lo Real.

La Verdad es Silencio. Y el Silencio no piensa. No dice. No garabatea la Vida. ES la Vida.

Creer que nuestro cuerpo es la vestimenta con el que lo adornamos es no saber “qué” es el cuerpo.

Y eso mismo creemos de nosotros mismos. Que somos la vestimenta con la que cubrimos la Existencia. Que somos el sexo que tenemos y con el que tanto nos identificamos. Que somos la tierra en la que nacimos y con la que tanto nos identificamos. Que somos la lengua que hablamos y con la que tanto nos identificamos. Que somos la profesión que tenemos y con la que tanto nos identificamos. Que somos la madre, la hija, la hermana, la pareja, la amiga…, papel con el que tanto nos identificamos. Que somos “algo” separado a Lo Que Es y con el que tanto nos identificamos.

Y con esa identificación, vamos con los puños alzados y con el pecho repleto de lazos. O de colgantes. O de tatuajes. O de símbolos. O de banderas. O de estampitas.

La Existencia, la Vida, el Silencio es desnudez. Es pureza. Es NATURALeza

No tiene adjetivos. No tiene definiciones. No tiene calificativos.

Es un “ES” que ya lo llena todo con su Nada.

No necesita de misiones, de versiones mejoradas, de por qués, de para qués, de objetivos, de propósitos, de destinos.

Su “Siendo” ya ES todo lo que necesita SER. Ya ES completo. Ya ES perfecto.

Nuestro “yo” se cree imperfecto y por eso se complementa la piel con mil y un ARREGLOS que nada tienen que ver con él. Y se deshace por las bravas de lo que considera una tara, una herida, un error. Metiéndolo todo en un abarrotado cajón.

Cajón que es un gran ventanal sombrío por el que brotan a la velocidad de la Luz las ramas que pretende, inútil-mente, ocultar.

Porque las mentiras, tanto externas como internas, tienen las patas muy cortas. Y llegan hasta donde pueden llegar. Que no es muy lejos.

Una cosa es no ser consciente de nuestra propia mentira y otra muy distinta que esa mentira no se manifieste.

¿Y cómo lo hace? Haciéndote sentir vacío, soledad, miedo y/o cualquier otro sentimiento-emoción que se aleje de tu Paz (que no de tu tranquilidad o de tu calma).

Cuando estás en Paz, en Silencio, no sientes “nada” porque no estás subida a ninguna montaña rusa emocional. Es otro estado en el que “tú”, con todas sus identificaciones-ideas-creencias, está como dormido. No está Presente.

Y con esto no estoy diciendo que el 100% del tiempo estés en ese espacio. Como seres humanos emocionales y mentales que somos, no lo considero posible. Pues no podemos controlar cuándo nos identificamos con algo y cuándo no. Se hace sólo. Sin poder evitarlo.

Únicamente estoy describiendo dos espacios en los que coHabitamos. El del Silencio es nuestro estado natural, donde reside nuestro Hogar y la Paz. Y el “yo” es nuestro disfraz, donde residen los pensamientos, los sentimientos y las emociones.

El Silencio es el más desconocido pues el “yo” hace mucho ruido y nos cuesta escucharlo pues nuestra Atención está enfocada en nuestra vestimenta, en lugar de en nuestra piel.

Al final, es una cuestión de Observación. Si no estás en Paz es que estás situado en el “yo”. Así de simple. Y no se trata de arreglar más a ese “yo”. De desaprender el “yo”. De sanar el “yo”. Se trata de DARSE CUENTA de que estás Viendo a través de sus ojos. Con sus filtros repletos de polvos ilusorios.

Cuando te das cuenta, cuando eres consciente de ello, puedes volver (decidiéndolo) a tu estado natural de Paz. Puedes decidir soltar tu “yo”. Puedes decidir no hacerle el caso que le estás haciendo. Puedes dejar de Creer lo que estás creyendo de él.

No se necesita ninguna acción más que ésa.

Liberarte de “ti” para volver a SER Lo Que Eres.

Así es cómo se Regresa al Hogar. Hogar que siempre ES. Que siempre Está. Aunque haya momentos que no lo escuchemos. Aunque haya momentos que no lo percibamos.

Nunca dejamos de Ser Lo que Somos. Lo que sucede es que, en ocasiones, nos cegamos de Lo Que Somos porque nos estamos identificando con el personaje creado y creído.

Pero poco más.

Reflexiones

LA PUERTA SIN PUERTA

En ocasiones, vemos puertas cerradas donde no las hay. Porque así nos las dibujaron. Y así se las dibujaron a aquellos que nos las dibujaron. Es más, ni siquiera hay puertas. Sólo un CREER que las hay.

No es la realidad la que está equivocada. La que tiene que amoldarse a mi percepción. La que tiene que ser transformada, cambiada, aniquilada, destruida o evolucionada PARA yo ser feliz. Para yo sentir Paz. Para volver a lo que llaman Hogar.

¿Te imaginas que fuese así? Nos pasaríamos la vida, los siglos, la eternidad… esperando desesperadamente llegar a una perfección que nada tiene que ver con la Perfección sino con nuestra IDEA de perfección. Que no es lo mismo y que es por lo que la mayoría se pierde.

Por eso siguen buscando. Por eso nunca se encuentran. Por eso nunca se alcanzan. Por eso siempre sienten que algo les falta. Porque siguen mirando fuera. Porque siguen con su lucha externa PERSONAL.

No hay puertas que abrir ni puertas que cerrar, sólo IDEAS que cuestionar

Tampoco es igual querer cambiarte a ti (siendo ti tu personalidad) que cuestionar los pensamientos que tienes sobre ti. El camino es muy distinto. Y el destino, también.

Siempre vas a tener algo que cambiar en ti porque “quien” te dice que hay algo que cambiar, que mejorar, que arreglar, que educar… es el mismo que no te deja llegar jamás al “todo está bien”. Al Hogar.

Lo llaman Ego. Yo lo llamo pensamiento. Así que por muy perfecta que sea tu identidad, jamás la sentirás así porque escucharás una voz (a la que veneras y no CUESTIONAS) que te estará diciendo: “De esta otra manera, serías mejor”, “Aún te queda un paso más para ser tu mejor versión” y un largo etcétera que utiliza el pasado (con tu historia, tus supuestas heridas, tu transgeneracional, tu forma de nacer blablabla) y el futuro para huir del presente. Que es donde estás.

Y no estoy diciendo que te descuides, sino que no te CREAS que por ser más delgado o más gordo, tener más arrugas o menos, más títulos o menos, más seguidores o menos, más dinero o menos, más luz o menos… vas a ser más o menos feliz. Vas a sentir más o menos Paz. Porque ese Hogar, esa serenidad, esa quietud, están en tu no-mente no en tu cuenta corriente ni en tu cuerpo ni en tu dimensión ni en tu intelecto ni en tu crecimiento PERSONAL (de persona, de separación, de ola, de identidad) ni en tu trabajo interno.

No es la experiencia, es CÓMO interpretas la experiencia. No son los kilos de menos o de más, es la interpretación de les das. La NO-Interpretación, más bien. Porque la Realidad, para que sea realidad, no puede ser interpretable. Ni de color negro ni de color de rosa. Es neutra. Absolutamente transparente.

Las puertas, los barrotes, las cadenas son un simple pensamiento que te estás creyendo

Al que le has cedido todo el poder. Por el que te arrodillas. Por el que eres capaz de arrastrarte, faltarte al respeto, juzgarte, condenarte, castigarte, maltratarte y/o dejarte maltratar.

Tú tienes el poder. Y volvemos a lo importante, a “LA PREGUNTA”: ¿Quién eres?

¿Eres aquello que piensas? Porque si ya, a estas alturas, casi todos sabemos que no somos nuestros pensamientos (espirituales incluidos), ¿por qué les continuamos dando cuerda? Y no me refiero a no pensarlos, a que no aparezcan o a controlarlos, sino a tratarlos como si fueran Reales. Como si fueran la Verdad Absoluta. Como si fueran DIOS.

Como seres humanos que (también) somos, tenemos pensamientos y emociones que no son erradicables. Que, a veces, se nos llevan por delante. Y no pasa nada. Y tampoco es un objetivo que NUNCA vuelvan a hacerlo. Más que nada porque es un objetivo ilusorio ya que tiene en cuenta, para conseguirlo, un tiempo futuro que desconocemos porque no existe.

Sentimos lo que sentimos y pensamos lo que pensamos. Y ninguna de las dos nos define. No somos ni la alegría ni la tristeza. Ni la salud ni la enfermedad. Ni el nacimiento ni la muerte. Somos “lo” que hay “antes de”. “Lo” que hay “después de”. Que también está “mientras que”. Somos la VIDA misma, la EXISTENCIA misma, expresándose en forma de emoción, de pensamiento, de cuerpo, de estrella, de león, de roca, de agua, de fuego, de viento, de fango, de ameba, de virus, de plástico, de basura, de contaminación, de guerra, de compasión, de enamoramiento y de pasión.

Somos esa VIDA que lo ES TODO. Que no está separada, aunque nuestros ojos así lo vean. Somos el Mar, no la ola. Somos la hoja en blanco, no el garabato. Somos EL que escribe, no lo escrito. Somos el sonido, no el instrumento que lo suena. Somos UNO, no dos ni tres ni cuatro.

Y mientras no nos respondamos a La Pregunta, mientras no descubramos la respuesta, seguiremos caminando un camino cuyo destino siempre estará en el mañana en lugar de Aquí y Ahora, que es donde “te encuentras”. Porque nos creeremos esos pensamientos que nos empujan hacia donde “no somos” y hacia donde no estamos. Pensamientos que han creado puertas que abrir y que cerrar. Una tras otra. Sin una puerta final.

Un Camino donde no habita el Silencio donde habita la Paz, que es nuestro principal anhelo.

Para escuchar el Silencio tienes que “dejar de hacer”. Tienes que dejar de correr. De avanzar. De controlar. De luchar. De deskarmatizar. Porque mientras estás avanzando, mientras te estás moviendo hacia el lugar en el que CREES estar, te estás alejando del lugar en el que SÍ estás. Que es donde YA estás. En la quietud (de quieto).

Párate. No tienes nada que cambiarte. Sólo mirarte desde un lugar distinto a tus pensamientos. Un lugar llamado Consciencia. Un lugar llamado Silencio.

Ahí no se esconden ni ventanas ni puertas. Ni cerradas ni abiertas. Ni propósitos ni misiones ni destinos. Ahí mora el Vacío. La Nada de la que surge, espontáneamente, el Todo que nos creemos ser. Un Vacío infinito y eterno. Un Todo que tal y como nace, muere. Que no permanece.

El sonido, el ruido, las palabras, las emociones, los pensamientos, las olas, las nubes, los cuerpos, los juicios… vienen y van. El Silencio siempre ES.

Un Silencio que suena a Plenitud. A Incondicionalidad. A Unidad.

Un Silencio que siempre está Presente, aunque tu ruido no te permita escucharlo.

Y cuando ya sabes QUIÉN ERES, no hay necesidad de escucharlo (sentirlo) constantemente. No tienes esa misión marcada pues ya sabes que estás en casa, que eres casa y que esa misión lo único que te provoca es alejarte más de la sensación de ella. Que no de ella, pues jamás la abandonas aunque tus pensamientos te la nublen.

En ocasiones, te ves manifestándote como una ola. Y, en otras, te sientes Mar. Pero ya sabiendo que NO PASA NADA. Que no tienes ningún Hogar al que Regresar. Que eres Perfecta de cualquier manera, pues la ola forma parte del perfecto MAR. Y si el MAR es perfecto, la ola que está en él, también lo es.

Eres Consciente de quién eres y de quién no. Y te permites TODO, hasta la no permisión. Pues el Vacío que eres no tiene celdas ni muros ni requisitos de admisión.

Hay una puerta sin puerta a la que yo llamo: Saber quién soy.

Porque cuando sabes quién eres, dejas de necesitar TODO lo demás. Incluida a “ti”.

Y poco menos.

Y poco más.

Reflexiones

LA POLINIZACIÓN DEL EGO ESPIRITUAL

Hay muchas personas “espirituales” que creen firmemente que el hecho de ver Sálvame o Gran Hermano es indicativo de que tienes un problema y de que además es incompatible con la Espiritualidad. Como si estuviesen metiendo al personaje y a Dios (o como lo llames) en el mismo cajón. Como si el personaje y la Consciencia tuvieran algo que ver.

Aún me sigue sorprendiendo ver a “maestros” que se pasan la vida meditando, que tienen la mente llena de conocimientos filosóficos, que se han convertido en una enciclopedia andante, que se han empapado de las enseñanzas de los más grandes…., no darse cuenta de ese aire de superioridad con el caminan y que tan alejado está de lo que predican.

Yo también me lo creí. Lo de que había diferentes niveles de consciencia y que cada uno implicaba un “programa de televisión” concreto. Un deporte concreto. Una afición concreta. Una sexualidad concreta. Unos hábitos concretos. Una alimentación concreta. Unas emociones y pensamientos concretos…

Yo también caí en esa trampa en la que el ego se disfraza de espiritualidad y en lugar de llevarte a necesitar “tener más” te lleva a necesitar “ser más”. Con una lucha contra uno mismo constante. Con la paz que te arrebata. Con el poco Aquí y Ahora que implica. Y con el peso, la culpa, la frustración y la prepotencia que conlleva.

Hace años que no medito. Veo series de televisión. Y también sálvame y gran hermano. Como lo que me apetece, cuando me apetece y las veces que me apetece. No practico yoga, aunque sí lo he hecho (igual que he practicado fútbol). No soy ecológica. Consumo porno de vez en cuando. Y también amo a los animales, a los minerales y a la naturaleza. Y a la poesía. Y reflexiono sobre el silencio, el amor, la vida y la muerte. Y sobre el significado de la luz y la oscuridad. Y sobre el vacío. Y sobre el sufrimiento. Y sobre la soledad. Y sobre el Hogar. Y sobre Dios. Y sobre el Ser Humano. Y sobre el Silencio. Y sobre la Existencia. Y sobre la no dualidad. Y hablo sobre ello. Y escribo sobre ello. Y lo comparto. Y ME comparto.

Y no considero que ninguna de esas dos partes sea superior o inferior a la otra. Ni mejor o peor. Ni que me haga más o menos consciente. Ni que me haga “más o menos”. Ni que sea un error.

Lo que sí considero absurda es esa consideración.

Hay mucha confusión sobre este tema. ¿Que tendrán que ver los gustos de tu personaje con ese “más allá”? ¿Con lo que no se puede ver ni oír ni tocar?

Se CREE que es el personaje el que se tiene que “elevar”, que conscienciar, que iluminar. Se quieren mezclar las churras con las merinas. Y eso es inviable. Una cosa son las churras y otras las merinas. Una cosa es el personaje y otra la Consciencia-Dios.

Y esa confusión es a la que te lleva el Ego Espiritual, que es muy inteligente y sabe por dónde pillarte. Y te la cuela bien colada. Y si eres un comunicador-maestro-gurú-terapeuta, te dedicas a polinizarla por todas las mentes que te escuchan y te leen. Y lo haces con la buena intención de “despertar a los dormidos”, sin darte cuenta de que eres tú el más cegado y el más dormido.

Hasta que VES lo engañado que estabas. Hasta que Ves que no habías COMPRENDIDO nada de todo lo supuestamente aprendido. Y te caes de tu inconsciente pedestal. De tu superior “nivel” de conciencia y espiritualidad. Y te avergüenzas de tu ridiculez. Y te sientes ignorante. Muy ignorante. Y aparece la Humildad. Una Humildad que te quita la mirada del ombligo y te la recoloca en el Corazón. En el Corazón que todo lo Ama. En el Corazón que TODO lo ES.

Mientras sigas creyendo que TIENES QUE ser de una determinada manera para poder SER, seguirás siendo prisionero y esclavo de “ti mismo” (de tu personaje, de tu ego espiritual). Y dará igual el tiempo que medites, las prácticas “iluminadas” que realices y lo mucho que te “sanes” y te psicoanalices. No serás libre porque no habrás encontrado, COMPRENDIDO la VERDAD.

RECUERDA:

Eres perfecto tal y como eres. No tienes nada que arreglarte. Y el AMOR te Ama sin ningún tipo de Condición.

Haz lo que te salga de la peineta. No te tacharán de “espiritual”, pero serás LIBRE. Libre como el viento. Libre como el MAR.

Libros

NUEVO LIBRO, LA NOCHE OSCURA DEL ALMA

Ya está disponible en Amazon, para todo el mundo y por 2,99 euros, mi nuevo libro. En él relato de manera breve, pero muy profunda e intensa, una experiencia que tuve el verano del 2019, donde el vacío, la tristeza y la soledad se apoderaron de mí. Hablo del sufrimiento, de la vida, del silencio y del amor. De qué fue lo que sentí. De cómo reaccioné. Y de lo que esa Noche tan oscura se llevó de mí y me permitió Ver.

” Podía escuchar dos voces dentro de mí que me indicaban dos caminos muy distintos. Una me llevaba a huir de ese estado en el que me encontraba. A buscar una salvación. Algo para eliminar lo que sentía. Que me arrancara esa tristeza, ese vacío y esa soledad de cuajo. Y la otra me susurraba que confiara. Que aunque no entendiera nada, tuviera Fe. Que me quedara donde estaba. Que sintiera lo que sentía. Que no me rechazara. Que no me abandonara. Que me acompañara como semanas antes había acompañado a mi madre. Que abrazara mi dolor. Que me Amara sin condición…”

Poesía

ME ARDEN LAS LETRAS

Las Letras arden.
Me queman por dentro.
No puedo resistirme.
No puedo contenerlas.
No puedo enfriarlas.
No puedo calmarlas.
Me empujan desde las tripas para que las vomite sobre mis dedos.
Son más fuertes. Más poderosas. Más enérgicas.
Sólo me queda rendirme.
Rendirme a su fiereza.

Desaparezco del teclado. Y ‘algo’ me mueve hacia las teclas.
Es como si me hubiera depilado la lengua.
Y escupiera. Y escupiera. Y escupiera.
La mordaza que mantiene a mi libertad
tan exhausta como prisionera.

No más control. No más censura. No más represión.
Aunque hayan susceptibilidades que se hieran.
Aunque a algún que otro corazón se le hinchen las venas.
Y se le atraganten las penas.

Las Letras me arden.
Y no, no puedo. Y tampoco quiero.

He descubierto unas Alas nuevas
que se las sopla el viento
y que vuelan por los aires
cada uno de mis remordimientos.
Arrancan, de un plumazo,
de mis sesos
los conceptos del bien y del mal.
De lo correcto y de lo incorrecto.
De lo moral y lo amoral.
Y me permiten flotar
sobre un espacio vacío
de reglas
de normas
y de castidad intelectual.

Me arden las letras.
Y si no las hago bailar
sobre una pista de papel
me incineran la Vida
el Alma
y la Piel.

Y aunque mi mirada
está ya muy quemada,
aún me quedan restos de Inocencia
que deseo conservar
antes de que me hallen
LITERALMENTE
muerta.

Reflexiones

SEXO SIN CENSURA

¡Con las creencias hemos topado! Algunas necesitamos echar un buen polvo (lo sé, estoy en ello). Otros necesitan deshacerse de tanta paja mental. Pajas que se corren… en forma de teorías, ideas, fantasías que han hecho realidad. Que han tomado como certeza y desde ellas caminan por la vida buscando un orgasmo angelical que le limpien lo que han catalogado como “suciedad”.

Censura disfrazada de espiritualidad

Volvamos a casa. A la Tierra que nos parió. A lo simple. Al “aquí y ahora”. A ese lugar LIBRE de conocimientos, de intelectualidad. Donde tienes la piel, el Alma y la mente desnudas de tanta falsa moralidad.

Tanto TANTRA (des) monta tanto. O algo así.

Despojémonos de nuestra carga mental. Del miedo atroz a que nuestra energía sea contaminada, manchada, infectada. Y follemos cuándo y con quién nos salga de la peineta. Por delante, por detrás, boca arriba, boca abajo. Con tu vecina, tu amiga, tu jefe. Durante una eternidad o en un pis pas. En la cama, en el sofá, en el coche, en el ascensor, entre olas, entre hojas o entre()piernas multicolor. Rodeados de rosas, de aceites, de cagadas o de meadas. Con arnés, esposas, antifaz, bozal, tacones, látigo en mano o con un simple (y muy eficiente) vibrador emocional.

Sin una censura mental (moral) que nos chorree la conciencia de culpa.

Que no nos permita explorar nuestros rincones más oscuros con total libertad. Que no nos mantenga las nalgas y el corazón apretados para no cagar fuera de tiesto. Fuera de lo “normal”.

Olvídate de todos esos mandamientos que reprimen tanto tu “ser” y come… lo que mejor le siente a tu cuerpo. Siempre habrá voces externas que se escandalicen. Que condenen. Que se lleven sus manos de indignación a la cabeza por no habérselas llevado durante tanto tiempo a su verga o coño más Sagrado.

Salvaje o puritana. En pelotas o con burka. Abierta o cerrada. Lo que te dé la gana.

Tú elijes. Tú decides. Y tú te reprimes. Que digan lo que digan. Que juzguen lo que juzguen. Que manipulen lo que manipulen. El Poder de hacer o deshacer, de hablar o de callar, de mirar o no mirar, lo tienes sólo TÚ y nadie más.

SÉ quien quieras SER. Voyeur o no voyeur. Pornosa o no pornosa. Morbosa o no morbosa. Erótica o no erótica. Suelta las etiquetas que te apuñalan la Conciencia. Suelta los condicionamientos que te impiden joder a rienda suelta. Y suelta. Y suelta. Y suelta la condena a la que tanto te aferras de los pecados, de los vicios, que a TODOS nos anidan dentro.

O no. O sigue así. Siendo tu propia prisionera.

Lo único que te baja o sube la vibración es CREER que algo es capaz de hacerlo (y la calidad de las pilas). También denominado:

EFECTO PLACEBO

Lo siento por los evolucionistas, pero no existe tal cosa como la Evolución. ¿Evolucionar a qué, a dónde? ¿Evolucionar, cuándo? ¿Evolucionar, quién?

A no ser que te hayas creído los cuentos que te han contado desde que naciste. De los que te has ido empapando, mojando tanto las sábanas que te cubren el Alma que ya no eres capaz de distinguir la mentira de La Verdad.

Vivir. Sentir. Así de sencillo. Sin ninguna otra añadidura más.

¿El Sexo? Un OPCIÓN (que no obligación) de entre miles que hay con la que disfrutar libremente y SIN CENSURA (terrenal o espiritual) de nuestra humanidad.

Volviendo a lo Simple. Volviendo al Hogar.

Reflexiones

SUICIDIO, ACTO SUPREMO DE LIBERTAD

¿Es el suicidio un acto de valentía o de cobardía?

Es todo un debate. Algunos dirán que hay que ser muy valiente para quitarse la vida y otros que hay que ser muy cobarde para dejar de vivir. No voy a entrar en juicios. Por mi experiencia, nadie se suicida de un día para otro. Igual que a nadie se le acaba el amor de la misma manera.

Quien decide que “hasta aquí he llegado” es porque tiene tal sufrimiento en su Corazón que prefiere descansar en Paz que vivir atormentado.

Hay mucha gente que jamás ha experimentado ese dolor, ese vacío, esa soledad, esa pérdida de ilusión, esa sensación de tener el Alma completamente rota que hace que vivas sin vivir. Que te cueste hasta respirar. Hasta caminar. Hasta mirar. Hasta llorar.

Esas personas no tienen ni voz ni voto en este tema porque no pueden ni acercarse a comprender cómo alguien joven, con hijos, tan querida, sin complicaciones externas, pueda realizar ese acto.

Yo he tenido personas cercanas que se han suicidado y otras que lo han intentado. Yo he sentido esa rotura. Esa desconexión tan brutal de la vida y de mí misma. Ese sufrimiento que te traspasa las entrañas. Y entiendo que alguien prefiera estar muerto que soportando tal infierno.

Para mí la Vida es Sagrada. Tanto en las alegrías como en las penas. Tanto en la luz como en la oscuridad. Tanto cuando estoy de subidón como de bajón. Tanto cuando estoy en mi cima emocional como cuando estoy en lo más profundo de mi fango.

Ya no busco alcanzar la plena felicidad. El continuo estar arriba. Ese esfuerzo, esa lucha, ese peso tan grande en la mochila, para no sentirte ‘mal’. Ya comprendí que es una falsedad. Me rindo ante mi humanidad y, por ello, actualmente, cuando me caigo no me doy prisa en levantarme. No me presiono para sentir lo que no estoy sintiendo. Para no ser lo que no estoy siendo.

Respeto mis tiempos y respeto a mi mierda.

De igual modo, para mí también, el suicidio es el acto más supremo de Libertad humana. Porque no elegimos nacer, pero sí podemos elegir morir voluntariamente.

No me da miedo la Muerte porque he muerto ya muchas veces en vida y porque no estoy identificada ni con mi cuerpo ni con mi mente ni con mi alma. No me da miedo desaparecer porque lo que siento que SOY es permanente. Es lo único que existe. Todo esto no es más que un sueño muy lúcido.

Me importa tres pimientos que Emma se muera. Pero no será ella quien se mate a sí misma. Morirá cuando la Vida así lo decida. O no…

¿Quién soy yo para negarle a nadie su Libertad para dejar de sufrir cuándo y cómo le dé la gana? ¿Quién soy yo para negarle a nadie su propia muerte?

Eso sí que me parece egoísta. Que para yo no sufrir, el otro se joda y viva.

Somos tan dependientes del otro que les obligamos a mantenerse en pie aunque eso les llene de sufrimiento sólo para no caernos nosotros. Para no sentirnos solos nosotros. Para no sufrir nosotros.

¡Y lo llamamos AMOR! Un Amor que no respeta. Un Amor que no acepta. Un Amor lleno de miedo y de condición.

Es doloroso dejar marcha a alguien que amas. Eso nadie lo niega. Pero debemos comprender que cada uno es libre de hacer con su vida lo que quiera. Nos guste o no. Lo entendamos o no. Desde ser puta, pincharse heroína, alcoholizarse, separarse, vivir en una cueva, hacerse budista, llevar un burka… hasta matarse.

Nos encanta decirle a los demás cómo deben vivir, cómo deben sentir, cómo deben vestirse, cómo deben trabajar, cómo deben pensar. Pero que nadie se le ocurra decírnoslo a nosotros porque “yo con mi vida hago lo que me sale de los huevos y del coño”.

¡Claro! Pero nos olvidamos que los demás también.

Y en ese ‘lo que me sale del coño’ no hay excepciones. No hay peros que valgan. O todos somos ‘libres para‘ o ninguno lo es.

El problema no es que mi padre, mi madre, mi hermana, mi amiga, mi pareja se suicide. El problema de verdad, el que nadie quiere ADMITIR, es todo lo que implica, lo que hay detrás de:

¿Qué va a ser de mí sin ellos?

En el fondo, fondo, fondo… nos da igual el otro. Nuestra máxima preocupación es SENTIR, con su ausencia, lo mismo que les ha hecho a ellos quitarse la vida. Pero de esto, ni siquiera nos damos cuenta.

Ahí lo llevas.

Reflexiones

LA FALSA CREENCIA DE QUE ELEGIMOS

A un nivel muy superficial elegimos. Lo que comemos, las amistades que tenemos, con quién convivimos, con quién nos acostamos, el trabajo, la ropa con la que nos vestimos, el peinado, el color de pelo, las veces que nos duchamos, a quién votamos y si lo hacemos, las veces que practicamos sexo, los cursos que realizamos, las personas a las que seguimos bla bla bla.

Sí, es cierto. Pero para lo IMPORTANTE no somos Libres. No decidimos estar o no enfermos, sentir o no una emoción u otra ni cuándo hacerlo, el enamorarse (ni siquiera de quién), el dejar de hacerlo, los pensamientos que surgen ni su intensidad ni su cantidad ni su calidad bla bla bla.

Puedo elegir entre varios platos, pero no tengo el poder de elegir lo que me gusta. Ese “gusto” me viene dado y cambia cuando se le antoja. Así que es una libertad muy muy relativa la que nos creemos tener. Es tan relativa, tan insignificante, que hasta me da risa decir que “soy libre”.

A esa no-libertad es a la que me rindo yo. Son esas cosas que no están en nuestra mano. En la mano del ser humano.

¿Y quién/qué mueve los hilos, entonces? NO LO SÉ.

Y ante ese no lo sé tengo dos opciones:

  1. Que mi mente empiece a realizar conjeturas y emprenda una búsqueda de una teoría que la mantenga satisfecha para sentir de este modo que sigue siendo la que controla: la única jefa.
  2. Rendirme a mi ignorancia, a mi no saber, a mi limitación como personaje de la película, como ser humano y confiar plenamente en “quien mueve los hilos”, aunque no sepa quién/qué es.

En este momento de mi vida, ELIJO la segunda opción. Elijo no necesitar elegirlo TODO.

Elijo la libertad de aceptar que no soy libre.

Quizás ésa sea mi mayor elección. La más importante. La de soltar el control, el conocimiento, la sabiduría y mantenerme al margen.

Soltar la necesidad de saber para simplemente vivir, sentir lo que suceda, sin cuestionarme nada más. Sin analizar nada más.

El libre albedrío existe para escoger si me pongo una camiseta de color verde o azul. Pero para poco más…

Tenemos muchas limitaciones como Ser Humano. Eso de que somos ilimitados y que podemos lograr todo lo que nos propongamos es una ilusión muy infantil (o una ilimitación muy limitada).

La única cuestión aquí es aceptar hasta dónde llega nuestra libertad.

Y que LO QUE TENGA QUE SER, que sea cuando ‘quien sea’ así lo decida.

Es más, siendo muy honesta, ni siquiera puedo elegir el Aceptar ni el Soltar. También es algo que o se da o no se da.

¿De qué se supone que somos Libres? ¿De cagar en la calle o en el wáter? ¿De comprarme un bolso o un petate?

Insignificante. Muy insignificante esa “nuestra libertad”. Lo cuál te puede traer mucho malestar (por saber que prácticamente nada depende de ti) o, por el contrario, mucha paz (por el mismo motivo).

Pero bueno, ‘lo que te puede traer’ tampoco lo puedes escoger. Así que, ¿qué más da?

Justo en este Instante que estoy escribiendo, me siento libre por no ser libre. Por liberarme del peso de la libertad (con toda la responsabilidad que conlleva y la culpa que pueda generar).

Qué curioso, ¿no?

Moraleja:

No es lo mismo Sentirse libre que SER libre.

Poesía

LIBRE

No quiero. 
No quiero ser más esa persona que mide sus palabras. Que escribe y borra sus pasos hasta conseguir el que encaje más con la sociedad. Esa sociedad de mentira. De hipocresía. De miedo. De falsedad. De paCotilla.

No, no quiero.
No quiero ser esclava de la apariencia. De la que te lleva a colgar tus mejores fotos en instagram. En facebook. En ese ‘rojo’ tan poco pasional y social. 
En las que sales más guapo, más sonriente, más musculoso. Más y más y más. 
Para que el ‘menos’ que te sientes se quede detrás (de la cámara).
Esclava de mi Vibración. De mi Consciencia. De mi Hogar. De mi Evolución. De los ‘me gusta’. De los ‘followers’. Y de las ventas que me parió. 
Controlando al detalle el cómo le sonaré al que me escucha. 
Al que me lee. 
Al que me compra. 
Y al que me venera.

Esclava de mi ‘Mejor Versión’. 
De mi rePresión.

No, no quiero. 
Seguir fingiendo que la vida que llevo me lleva por el buen sendero. 
Seguir pintando de blanco la oscuridad que me revienta dentro. 
Seguir escondiendo mis luchas.
Seguir negando la otra cara de mis mil monedas.

No, no quiero.

Me quiero despeinada, desmaquillada y desperfumada. 
Me quiero maloliente cuando mal huela. 
Me quiero desencajada cuando desencajada me sienta.
Sin filtros que no me den rienda suelta.
Sin ‘cuidados’ que me perviertan.
Así de oscura.
Así de luminosa.
Tan compasiva como fría.
Tan bonita como fea.
Tan pacífica como caótica.
Así de impenetrable.
Así de vulnerable.
Como si me importara una mierda mi mierda.
Como si mi mierda fuera la más Bella de entre las princesas…

No, no, no.
No quiero.
Ser lo que no soy.
Sentir lo que no siento.
Mentirme tan a degüello.

Ya no puedo soportar más este cautiverio.
Me pesa tanto la mordaza que me estoy quedando cuerdo…

¿Acaso me avergüenzo de mí?
¿Acaso no importa para nada la Verdad?
¿MI Verdad…?

Quiero ser loco. Y loca. Y loc….ue me salga del infierno.
¿Cómo si no voy a conocer el Cielo?

Libre. Así me quiero.
Tan Libre como el viento.