Reflexiones

LOS SANITARIOS NO SON HÉROES, SON HUMANOS

Hay “algo” que flota en el ambiente que me chirría. (Aviso a navegantes: voy a ser políticamente incorrecta. Muy incorrecta). Esas capas de Superman y Superwoman que les estamos colgando a los sanitarios pesan mucho. Demasiado para un Ser Humano. Y les puede pasar factura. De hecho, estoy segura de que emocionalmente ya lo está haciendo.

Lo siento, pero no. Yo me niego a cargarles con el disfraz de Dios. Con el papel de Salvador. Como si pudieran decidir a quién salvan y a quién no.

No sé explicar exactamente qué es, pero hay una voz que me grita: ¡Por ahí no!

Hoy no he salido a aplaudir. Ayer me sentí una marioneta. Como un robot al que habían programado para que a las 20h saliera al balcón. No sé hasta qué punto somos conscientes de lo que hacemos. De si es porque de verdad lo sentimos o si se ha convertido en una obligación. En una obligación más autoimpuesta que socialmente impuesta. Para que no te miren mal. Para que tú mismo no te fustigues si tus manos no acompañan a las de tus vecinos.

Me da la impresión (es tan sólo una sensación…) de que cada aplauso que damos es una piedra en su mochila que cargamos. Quizás al principio resultaba necesario. Emocionante. Pero ahora… no sé. Ahora ya no sé…

No son perfectos. También se equivocan. También tienen miedo. También lloran. Y es como si entre todos les estuviésemos reclamando que en estos momentos dejaran de ser humanos. Que su misión es salvarnos y YA. Que no tienen permiso para caerse. Para derrumbarse. Que no tienen permiso ni siquiera para enfermar.

¿Alguien es Consciente de lo que supone eso? ¿Alguien es Consciente de lo dañina que es esa presión para su mente y para su Corazón?

Yo creo que ni siquiera ellos lo saben. ¿Sabes por qué? Porque no tienen tiempo para mirarse al espejo. Para sentirse. Para cuidarse. Para salvarse… Porque “los héroes” no pueden perder ni un segundo de su Vida en ellos mismos. Porque “los héroes” lo único que pierden es su vida por la de los demás.

Y eso no es justo. Porque su vida vale igual que la nuestra. Porque ellos también tienen una familia a la que no están atendiendo por atender a la tuya y a la mía.

Y no. No es su trabajo. Su trabajo es cuidar, es acompañar, es hacer todo lo posible para que el cuerpo se cure. En ningún caso es salvar vidas. En ningún caso es perder la suya.

Pueden tener mucha maña, pero lo que no tienen es ese poder. Porque no son héroes. Son Humanos. Tanto dentro del hospital como fuera. Tanto con mascarilla como sin ella.

Ellos no pueden Responsabilizarse de los miedos de Toda la Humanidad (ya es hora de que cada uno se haga cargo de los suyos). Ellos no tienen por qué aguantar lo inaguantable. Ellos no tienen por qué enfermar para que otros no lo hagan.

¿Yo me quedo en casa pero tú no tienes derecho a pisarla porque “me tienes que salvar”? ¿Yo me quedo en casa pero eres tú el que te contagias…? ¿Haz que yo no me ahogue, pero a nadie le importa que te “ahogues” tú? ¿O cómo va esto? ¿De qué estamos hablando? ¿De que yo soy más importante que tú? ¿De que tu deber es protegerme a toda costa?

¿Dónde están los héroes que salvan a “los héroes” ? ¿O tampoco tienen derecho a que alguien cuide de ellos?

No sé… Hay “algo” que me chirría. Y quizás, sólo quizás…, sea la respuesta a esta pregunta:

¿Alguien les ha preguntado, acaso, si quieren ser Héroes? ¿Alguien les ha preguntado si quieren dar su salud por la nuestra? ¿Alguien ha tenido, al menos, la decencia de pedirles permiso para colgarles ese papel?

Lo siento, pero no. Yo no les voy a llamar Héroes. Y tampoco les voy a volver a aplaudir. Prefiero que sean ellos los que decidan libremente “quién quieren ser”. Porque también tienen ese derecho. Igual que lo tienes tú. Igual que lo tengo yo.

Y no seré yo la que se lo arrebate de cuajo. Pues tampoco yo soy Dios. Pues tampoco lo es el “mando único”. Pues tampoco lo eres tú.

Reflexiones

NADA HUMANO ME ES AJENO

Me veo en ti. Por muy diferente que aparentes ser de mí. No me eres ajeno porque la distancia que hay entre tú y yo es 0. Mis ojos nos separan. Igual que mi piel. Y mis labios. Y mi voz. Pero, en realidad, somos un único SOY disfrazado de varios.

Hay días en que mi mente se embarca en una maratón de juicios que parecen no tener fin. Y me duelen. Y me cansan. Y me agotan.

Parece que son los otros los tóxicos. Los que “no saben”. Los incompetentes. Los irresponsables. Los inmaduros. Los negativos. Los malos… Pero si me paro y me miro para VERME más allá de esa apariencia tan real, me daré cuenta de que allí fuera no sucede nada. Que ni siquiera hay alguien que me está atacando, hiriendo, jodiendo o abandonando. Que estoy yo sola JUZGÁNDOME, castigándome y condenándome.

Vamos tan rápido que ni siquiera somos conscientes de cómo NOS pensamos.

RECONOCER que soy yo la que me hiero (inconscientemente, pero yo) es el primer paso para responsabilizarme de mi vida y para retomar el Poder que perdí. Porque si CREO que son los demás (familia, amigos, pareja, jefe, políticos, vecinos..) los que me CAUSAN mis lágrimas, mis enojos y mis rabias, huiré de ellos, me enfrentaré a ellos o pretenderé amoldarlos a mi imagen y semejanza.

Y eso no significa que tengas que permanecer al lado de según qué personas que no te hacen bien. Significa que ASUMES que DENTRO de ti hay partes, en ese momento, que rechazas.

De los demás nos podemos separar, pero de nosotros mismos no. Por mucho que lo intentemos…

Nuestra mente piensa por sí misma. Y juzga por sí misma. Igual que nuestro corazón siente sin pedirnos permiso de qué sentir o no sentir.

Nuestra Consciencia es la que nos permite darnos cuenta de todo lo que nos sucede cuando nos sucede. Podemos ser conscientes de los pensamientos que estamos teniendo sobre nosotros mismos o sobre el otro. Podemos ser conscientes de la tristeza, la alegría, el deseo, el vacío, la ira, la soledad y el anhelo que estamos sintiendo. El pensar y el sentir de una manera determinada no es algo evitable, pero la Consciencia de ello nos da la opción de DECIDIR cómo reaccionamos.

Ésa es nuestra única (aparente) LIBERTAD. Que no es poca…

Creemos que cuando alguien nos llama tonto y nos duele es por su culpa, cuando ese dolor no proviene de lo que nos ha dicho sino de creernos ese juicio.

Somos nosotros mismos los que nos estamos juzgando. Somos nosotros mismos los que nos estamos mal-tratando. Y cuando alguien externo nos mal-trata de la misma FORMA y dirigido al mismo lugar interno que nos rechazamos, la herida de nuestro propio abandono se activa y sangra. El otro sólo nos está reflejando el espacio que no nos estamos amando en ese instante. Y digo ese instante porque nada es para siempre… Porque el tiempo sólo es AQUÍ Y AHORA. Porque lo que ahora rechazas, en diez minutos amas.

Hay que ser muy honestos y humildes para ASUMIR nuestros abandonos. Nuestras heridas. Nuestra inconsciencia. Y nuestra ignorancia.

Nada humano me es ajeno porque yo soy esa humanidad que nos habita a todos. Porque en tus circunstancias, en tus pasos y en tus zapatos, seguramente hubiese actuado de la misma manera que tú. Por muy reprochable que ésta sea. Porque nadie se libra de la “posibilidad de”. Porque los siempres y los nuncas son una ilusión mental. Porque lo de ser buena o mala persona es una falacia. Porque tenemos la capacidad de ser TODO, desde lo más puto hasta lo más puro. Sólo una letra los separa. Y ese TODO está latente en nuestras venas. Hasta que deja de estarlo…

¿Puedes empatizar con un asesino, con un pederasta, con un ladrón, con un violador, con un maltratador, con un abusador, con un dictador?

Yo sí puedo. Porque ellos, igual que yo, no son SÓLO esa etiqueta que le hemos puesto. Que nos ponemos. Porque detrás de esa oscuridad hay un ser humano que padece y siente. Igual que tú e igual que yo. Que no es todo negro igual que nosotros no somos todo blanco. Porque fueron los mismos niños inocentes que fuimos nosotros. Porque no les enseñaron a hacerlo mejor.

Y con esto no estoy justificando ninguna acción. No estoy hablando de ellos, sino de ti y de mí. De las etiquetas que cohabitan en nosotros. De las cárceles en las que nos hemos condenado. Hablo de adentrarnos en nuestras profundidades. Hablo de abrir nuestros cajones. Hablo de VERNOS. Hablo de CONOCERNOS. Hablo de AMARNOS.

¿Sabes qué hay detrás de una máscara? La Verdad.

No nos atrevemos a desnudarnos para no ver cómo es nuestra verdadera piel. Para no ver lo que llevamos tanto tiempo ocultando. Para no saber que entre ellos y tú no hay ninguna diferencia, por mucho que nos queramos diferenciar.

Y así es imposible COMPRENDER que ni ellos son lo que aparentan ni nosotros tampoco. Que no somos ni este cuerpo ni esta mente ni este corazón sintiente, aunque también lo seamos. Que lo que Somos, esa VIDA infinita y eterna, esa UNIDAD, ese MAR, abarca mucho más que a un insignificante ser humano con sus circunstancias y su experiencia de vida particular.

Que aunque parezca que tú eres una pieza del puzzle y yo otra, SOMOS la misma. Nunca nos separamos. El puzzle siempre ha estado, está y estará UNIDO y COMPLETO.

¿Sabes por qué TÚ no me puedes hacer daño? Porque “tú” no existe. Porque “fuera” no existe. Porque TODO ES EN MÍ. Porque TODO sucede en mí. Porque yo soy ese TODO.

Porque yo soy la que pienso, la que siento, la que veo, la que toco, la que saboreo, la que escucho y la que intuyo. No hay ningún otro que lo haga por mí.

Yo soy esa vida que tanto me apasiona. Y también esa vida de la que tanto reniego. La misma cosa. El mismo SER.

Nada humano me es ajeno porque todo humano me ES. Sea consciente o no de ello.

Reflexiones

LA CONSCIENCIA NO TE SALVA DE TU HUMANIDAD

Y con Humanidad me refiero a nuestras inseguridades, miedos, tristezas, vacíos, soledades o penas. La Consciencia no elimina ninguna de tus emociones. No hace desaparecer al sufrimiento. Sólo te hace Consciente de ti. De tus pensamientos. De tus sentires. De tus autoengaños. De tus reacciones.

Creemos que cuanto más nos conozcamos, cuanto más nos “trabajemos”, cuanto más “evolucionemos”, menos sentimientos dolorosos tendremos con el tiempo. Y esta creencia no es real porque está basada en la creencia, de nuevo, de que con la Consciencia, con la Evolución, con la Sabiduría, no cabe el sufrimiento. Que sólo cabe la felicidad.

Cada uno de nosotros somos un actor (la mayoría inconsciente de este papel que jugamos) con un tipo de personalidad concreto del que no nos podemos deshacer por mucho que lo intentemos. Por mucho que nos “terapieticemos”. Por mucho que despertemos. Por mucho que nos iluminemos.

Somos el fruto de las experiencias que hemos tenido, que tenemos y que tendremos.

Y esas experiencias no nos las podemos extirpar de la piel. Podemos reflexionar sobre ellas, comprenderlas, dejar de victimizarnos, dejar culparlas, responsabilizarnos de nuestra vida, pero sus secuelas, sus efectos secundarios, no nos los puede quitar nada ni nadie. Las llevamos con nosotros allá donde vayamos. Y hasta que no asumamos esto, hasta que no asumamos que somos lo que somos y que ya somos perfectos así, seguiremos en una lucha continua contra nosotros mismos. Por querer cambiar lo que no se puede. Por querer dejar de ser lo que somos. Con el dolor, la impotencia y la frustración que todo ello conlleva.

No está en nuestra mano controlar ni quienes somos ni quienes vamos a ser. No somos “CULPABLES DE” lo que llamamos defectos, imperfecciones.

Soy de las que creen que todo está escrito. Que siempre pasa lo que tiene que pasar. Me guste o no. Y que poco puedo hacer yo por modificarlo, por mejorarlo, aunque parezca que “si puedes soñarlo, puedes hacerlo” o cualquier slogan de estos que tanto daño nos hacen y que provocan que muchos vivan en una continua ensoñación. Hasta que se caen. Hasta que tocan con los pies en la realidad y la frustración les come vivos.

Es como si el personaje de una película creyese que puede cambiar el guión de ésta. No es posible.

¿No te da la sensación de que, aunque cambie el escenario, estamos siempre viviendo lo mismo? Y no me refiero sólo a lo de fuera, sino a nosotros mismos. A nuestra vida interna. A cómo la sentimos. A cómo NOS sentimos.

Mi mente puede buscar muchas causas. Muchos efectos. Puedo encontrarme decenas de heridas. Puedo etiquetarme de mil maneras. Puedo ir al pasado y hacerme un perfil psicológico a lo freudiano. Y lo he hecho. He sido experta en ello. Necesito muy poca información de la otra persona para sacar mi “diagnóstico”. Pero llega un punto en el que te das cuenta de que, aunque mi análisis pueda dar en el clavo, acaban siendo todo pajas mentales que poco tienen que ver con LA VERDAD. Ésa que está más allá del personaje. Más allá de nuestros traumas. Más allá de nuestra personalidad.

Yo he sido súper analítica conmigo misma (y con los demás). Mi mente era como un scanner que no paraba de recibir información con cada gesto, cada tono de voz, cada silencio, cada mirada, cada palabra, cada “manera de”. Y de ahí sacaba todas mis conclusiones, mis deducciones, mis PERCEPCIONES. Todo lo que había que cambiar. Todo lo que se tenía que mejorar. Todo lo que había que madurar. De dónde venía esa supuesta baja autoestima y por qué actuaba y era como era. Por qué elegía a las personas que elegía. Por qué me quedaba. O por qué me iba.

Pero esta mente tan analítica, tan psicológica, no tiene nada que ver con la Consciencia. Sólo forma parte de mi personalidad. Y por mucho que yo me crea que me conozco o conozco al de enfrente, en realidad, no sé nada de mí. Ni del otro. ¿Por qué? Porque cada instante estoy siendo una nueva persona. Estoy naciendo en cada momento. Pero mi mente, con todo su hiperanálisis, me hace creer que yo soy de tal o cuál manera y que así voy a ser y sentir siempre. Y no es verdad, simplemente por el hecho de que ese SIEMPRE no existe. Como máximo puedo saber lo que he sentido, cómo he sido y cómo siento, cómo estoy siendo, pero ¿mañana? ¿De aquí a cinco minutos? NO LO SÉ. Nadie lo sabe.

Vamos por la vida analizándonos tanto, catalogándonos tanto, que no nos permitimos ABRIRNOS al Todo.

Ése “cómo soy” con el que nos definimos es falso. Cada instante estás siendo como eres no como te crees que eres. Pero como lo asociamos a un instante anterior, le damos una continuidad. Hacemos real a ese personaje en el que nos hemos encuadrado.

Yo puedo estar viviendo una época en la que prefiera estar sola, pero eso no me hacer ser solitaria porque quizás mañana ese sentir se evapore y me apetezca todo lo contrario. Y yo soy la primera que me etiqueto, pero soy consciente de que yo no soy “eso” tan pequeño con lo que me he vestido.

Corremos el peligro de creernos que somos esas características de ese personaje. Corremos el peligro de, al creérnoslas, querer mejorarlas. Querer eliminarlas. Querer transformarlas. Corremos el peligro de no aceptarnos tal y como estamos siendo, sintiendo, en cada momento. Corremos el peligro de no Amarnos. Y, al no hacerlo, corremos el peligro de sentirnos vacíos, incomprendidos y solos. Y al sentirnos así, corremos el peligro de buscar (inventar) una causa a ese efecto que no tiene nada que ver con la Causa Inicial. Con la Causa Raíz. Con la Causa Verdad.

Así es como empezamos a hacer terapias, talleres, cursos, retiros… Así es como empezamos esa búsqueda espiritual. Y así es como la mayoría se queda enganchada a ella porque CREEN que su personaje, su personalidad, su “manera de”, sus emociones son un problema. Cuando el problema no es el problema sino el CREERTE que lo tienes.

Podemos hablar a muchos niveles de profundidad. Podemos quedarnos en las ramas, analizarlas, trabajarlas y sanarlas. Hasta que vuelvan a crecer… (siempre lo hacen). “Vida tras vida”. O podemos ir Más Allá. O podemos TRASCENDER esa rueda del samsara que tiene que ver con la evolución del personaje y nada que ver con la Consciencia. Con lo que realmente somos. Con la Vida. Con la Unidad.

Podemos COMPRENDER y ASUMIR nuestra Humanidad. Con todos los sufrimientos, vacíos, tristezas y soledades que la acompañan cuando lo hacen. Un cuando que no decidimos nosotros. Que no elegimos. Que no controlamos. Que no está en nuestra mano sino en la de DIOS (siendo DIOS la Vida absoluta, infinita y eterna). Comprendiendo que la Iluminación no es nada más que esta Comprensión de quienes somos más allá de ese “yo” (incluido el espiritual).

O podemos seguir poniendo nuestra atención en las ramas, en el personaje, en sus heridas, en sus creencias y en su personalidad. Y buscar nuestra salvación en la evolución de ese personaje, en la sanación de esas heridas, en la eliminación de esas creencias y en la perfección de esa personalidad. Salvación a la que llamamos Iluminación.

Casi todos quieren dejar de sufrir sin tener en cuenta que el sufrimiento forma parte de nuestra vida humana. Y que tendremos épocas que nos agradarán más y otras que nos agradarán menos. Pero que todas y cada una de ellas son perfectas porque así han sucedido. El juicio que hagamos de ellas no tiene nada que ver con la Verdad sino con nuestra mentalidad.

El hecho de que yo sea muy CONSCIENTE de lo que pienso y siento no va a hacer que piensa y sienta menos. Porque una cosa es la CONSCIENCIA y otra el PERSONAJE.

Y mientras creamos que la Consciencia, el Hogar, la Unidad, tiene algo que ver con el personaje y con mejorarlo, seguiremos anclados en esa rueda que sólo gira en esta vida porque no existe ninguna otra vida más. Aunque en la película, el actor INTERPRETE que reencarna en varias.

No te culpes por estar sintiéndote de una determinada manera que no es la que tildan de “correcta, abundante, consciente o evolucionada”. Es Vida también. No te etiquetes. No le pongas nombre a lo que sientes ni a cómo lo sientes. Simplemente SÉ VIDA.

Yo me veo como un vehículo, un recipiente, en el que la VIDA (me) ES. En el que la Vida se está expresando, manifestando, en cada instante. ¿Cómo? Como ES. Sin ningún adjetivo más. Con tristeza, con alegría, con incertidumbre, con inseguridad, con éxtasis, con miedo, con pasión, con lágrimas, con risas.

Si me quedo en las ramas diré que depende de mí lo que sucede, cómo vivo, cómo pienso y cómo siento.

Si voy a lo más profundo a lo que se puede llegar, diré que NADA depende de mí (como personaje). Y desde aquí, simplemente me dedicaré a SER lo que soy en cada momento. A sentir lo que siento. A vivir lo que vivo. Sin pretender alcanzar ningún estado “más” del que Aquí y Ahora tengo y Soy.

Y tú,

¿Eres capaz de RENDIRTE al hecho de que nada depende de ti y que, por lo tanto, no puedes hacer nada para cambiar lo que vaya a suceder y lo que vayas a ser?

Reflexiones

UN MUNDO DE HUMANOS PARABLES

Algunos quieren crear un mundo de Almas imparables. Yo prefiero un Mundo donde la Humanidad deje de correr hacia el mañana y se PARE en este Instante. Donde asuman lo que SON en lugar de luchar por cambiarse.

Ya sé que mi propuesta no está de moda. Que para negociar con ella, no funciona. Que lo que se lleva es generar insatisfacción, miedos y creencias para poder así vender su solución. Se me da fatal el marketing comercial. Me da mucha pereza lo de proyectar una imagen que no tiene nada que ver conmigo. Soy demasiado honesta para ello.

La gente quiere milagros. Quiere sensaciones. Quiere subidones. Quiere maestros-gurús a los que seguir. Quiere escapar de su realidad. De su oscuridad. Quiere distraerse del marrón que tiene en casa. Quiere que otros se carguen con su responsabilidad: padres, madres, parejas, jefes, políticos, religión, sociedad. Quiere una droga espiritual con la que evadirse de la Vida. Quiere que el Universo tome decisiones por ellos. Quiere que un libro le diga lo que tiene o no tiene que hacer. Quiere que una técnica, una herramienta, elimine de su día a día la tristeza, el vacío, la soledad, la rabia y cualquier otra emoción que le incomode. Quiere reconocimiento externo. Quiere medallas. Quiere palmaditas en la espalda. Quiere trofeos.

Y yo no ofrezco eso. Mi mensaje no es “sé mejor de lo que eres”. El mío es “sé lo que estás siendo“. No hay producto ahí. No me puedo inventar un curso, un taller, un retiro que te enseñe a ser lo que ya eres porque YA lo eres. Casi nadie me compra porque todo el mundo quiere ser otra cosa diferente a la que es. Quiere pensar lo que no piensa. Y sentir lo que no siente.

Quieren Amarse, pero no Ahora que es cuando más lo (se) necesitan sino cuando se conviertan en esos humanos aparentemente perfectos con vidas perfectas, salud perfecta, mente perfecta, familia perfecta, pareja perfecta y cuenta corriente perfecta.

Amarse a medias no es amarse

Nos avasallan a mensajes que rechazan nuestro presente, nuestra humanidad, nuestra vida por completo. Y nos los creemos. Y los compramos porque estamos desesperados, no porque sean ciertos. Y entramos en un mundo espiritual, de crecimiento personal, de autoayuda, repleto de mentiras, de “maestros” que están hechos polvo por dentro, cuyo único objetivo (consciente o inconsciente) es ser un bestseller y cuya Paz interna brilla por su ausencia. Porque para ello venden esa Alma de la que tanto hablan. Para conseguir el Poder que no se creen tener y ese éxito externo tan efímero que buscan alcanzar para dejar de escuchar la voz de sus heridas (lo siento por vosotros, pero este truco no funciona. Seguid probando…).

No tienes nada que mejorar. Nada que arreglar. Nada que sanar. Nada que limpiar. Nada a lo que evolucionar. Nada que trabajar. Nada que iluminar. Está todo bien en ti. Lo único que te ocurre es que no te aceptas tal y como eres. Que NO TE ASUMES. Que quieres controlarte. Planearte. Programarte. Como si fueras un robot. Y no eres un robot, eres un ser humano emocional (como todos) que SIENTE lo que siente, no lo que le gustaría sentir.

Y si te crees que por pasarte 1, 2, 3 o 7 años de terapias o de “trabajo interior” o cumpliendo a rajatabla los mandamientos de un libro vas a lograr la felicidad eterna y dejar de sentir y de sufrir, te vas a llevar un chasco tras otro de mil pares de cojones porque la Vida no funciona así. Y hará que te caigas de tu fantasía espiritual para que aprendas a PARAR. A desnudarte de tanto rollo mental, de tanta creencia espiritual, te mires al espejo y te rindas a tu realidad. No a la Divina, sino a la HUMANA, que es la que eres de verdad.

Y te Ames así. Tan bella como fea. Tan gloriosa como echa una mierda. Y puedas sostener todas y cada una de las emociones que sientas. Y ser el HOGAR en el que abrazarlas y acogerlas, sin ningún otro análisis mental más.

¡PARA ya de rechazarte! ¡De luchar contra ti! ¡De disfrazarte de otra persona! ¡De esconder tus sombras!

¿No estás cansado de ser tan esclavo de ese idílico mañana?

¿Cómo puedes caminar cargando tanto peso sobre tus espaldas?

Es agotador, en serio. Yo he estado ahí y te suda sangre el Corazón de tanto esfuerzo. De tanta disciplina. De tanta exigencia.

¿Para qué? Para nada. Porque todo lo que alcanzas es una sensación que te dura lo que una respiración. Y luego se pasa. Y quieres alcanzar otra. Y luego otra. Y luego otra. Sólo por sentir ese subidón emocional que no tiene nada que ver con la PAZ. Con la verdadera Libertad.

¿Y a eso lo llamas Éxito? ¡Venga, no me jodas! Un poco de seriedad.

¿Cómo vas a tener Éxito si tienes tanta necesidad de él? ¿Si dependes tanto de las ventas de tus libros, de los seguidores de tus redes, de la cantidad de público que acude a tus talleres y retiros y del éxtasis de tu piel?

No os volváis IMPARABLES. Que cansa mucho estar corriendo siempre hacia ningún sitio. Que si estás mirando tanto hacia delante y hacia arriba, no puedes VER DÓNDE ESTÁS y por dónde caminas. Y si no puedes ver el lugar en el que TE ENCUENTRAS, te vas a perder. Y no te vas a Disfrutar ni a ti ni a lo que te rodea.

Cuidado con los falsos gurús que te empujan a que compres y dependas de sus milagros en lugar de señalarte que el Milagro YA ERES TÚ y que no los necesitas a ellos para nada.

Confía en ti. Y si no lo haces, como mínimo, cuestiónatelo TODO y a todos. Por muy sabios que parezcan.

Y RECUERDA que antes que ser un Alma, eres un Ser Humano. Y ser humano implica no ser ni poder ser perfecto.

Te propongo una cosa:

¿Qué tal si en lugar de jugar a ser Dios juegas a ser Tú?

Quizás descubras que la Vida es mucho más sencilla de lo que nos cuentan. Y que el único problema que tienes es CREER que tienes un problema.