Reflexiones

EL DESPERTAR TAMBIÉN ES UNA ILUSIÓN

El Despertar espiritual es una Ilusión. Forma parte del mismo juego. Igual que la Iluminación. Lo Iluminado ya está iluminado. Siempre ha estado, está y estará despierto.

Muchos pretenden Iluminar el personaje, sin darse cuenta de que es el mismo personaje el que lo está intentando. El que CREE que su misión, su destino, su propósito en la Vida es ése. El que no es Consciente de que es el “yo” personal el que CREE que está separado de Lo que Es. Pero tan sólo es una percepción.

La ola no es ola, es Mar. Si la ola se cree algo separado del Mar, creará un camino (con una serie de técnicas, sanaciones, teorías, metodologías…) cuyo destino será Ser el Mar. Pero no se da cuenta de que YA es Mar y de que no necesita llegar-regresar a ninguna parte porque YA Es y está en casa.

Es otro juego más dentro del Juego de la Vida. Una creencia más. Un pensamiento más. Un sueño más.

Muchos dirán: – Vale. Pero entonces sí que es necesario el Despertar a esa falsa percepción.

Tampoco. Porque tal y como Es cada uno, ya es perfecto. No es ninguna obligación ni meta para con la Vida el darse cuenta de que TODOS SOMOS UNO. El “darse cuenta” es irrelevante porque ya eres Perfecto tal y como eres, puesto que tú YA eres esa Vida, esa Unidad, que ya es Perfecta.

Es la CREENCIA de separación la que te hace sentir esa no Perfección

No existe tal cosa como “el propósito de la Humanidad”. La Vida (que es lo que somos) no tiene destinos. No tiene razones. No tiene “para qués”. Eso se lo inventa la mente humana.

La Vida simplemente ES. Y ya está.

– Entonces, ¿qué hago? Es indiferente. No es cuestión de hacer o de dejar de hacer, sino de SER. Y SER ya lo estamos siendo todo el rato porque no podemos dejar de SER en ningún momento. Ni siquiera cuando la Muerte física llama a nuestra puerta, pues no Somos nuestro cuerpo ni nuestras emociones ni nuestros sentimientos ni nuestros pensamientos. Somos EXISTENCIA. Y nada ni nadie puede acabar con ella. Con nosotros.

Algunos le ponen condiciones a la forma de vida humana. O al Amor. O al Ser. Pero tales condiciones son creadas por nuestra mente. Por la creencia de unos pensamientos espontáneos que nada tienen que ver con La Verdad.

Algunos CREEN que tienen que ser, pensar, sentir, comportarse de una manera determinada para estar en Casa. Para Iluminarse. Para Regresar al Hogar. Pero tan sólo es una creencia. Tan sólo es inconsciencia. Tan sólo es ignorar QUIÉN ERES en Realidad.

Somos esa Vida infinita, eterna, absoluta y perfecta que porta una máscara humana, pero que por el hecho de portarla no deja de ser lo que es.

Muchos pretenden ser lo que es perfeccionando esa máscara a través de una sanación interna y externa de unas heridas, traumas, golpes… que se han creído que tiene la máscara. De nuevo, ignoran que ya son lo que son SIEMPRE. Con heridas o sin ellas. Con consciencia o inconsciencia. Con amor o sin amor.

Muchos quieren que su personaje, su personalidad, su “yo”, su máscara sea Ilimitada. Cuando lo Ilimitado es lo sin máscara.

Es indiferente a qué dediques tu vida. Es indiferente cómo sea tu personalidad. Es indiferente que seas más así o menos asá. Es indiferente que seas feliz o infeliz. Que rías o llores, menos o más. Que comas carne o vegetal. Que asesines o bendigas. Que te levantes o no lo hagas. ES INDIFERENTE cómo es tu personaje.

La VIDA no juzga. No condena. No castiga. Es el personaje mismo, con la creación de unas ideologías, unos valores y una moral, quien lo hace.

Es como decir que el dictador de una película no debería existir dentro de la película. Que tendría que ser de otra manera. Que es un error del Director. Del guionista. Sería absurdo porque tal protagonista malvado, con todas y cada una de sus maldades, son irreales. Aunque al verlas, se sientan como muy reales.

La mayoría dan por hecho que todo nuestro personaje, que todo lo que vemos con nuestros 5-6 sentidos, que todo lo que experimentamos, es la Verdad. Cuando tan sólo son unos garabatos que la Vida (lo que Somos) está pintando en cada Instante.

No hay varias personas con una conciencia individual siendo Conscientes de la Vida.

Hay una única Consciencia, la misma para todos, que ES. Hay un único ojo que Ve. Hay una sola Tierra que el ser humano ha etiquetado-separado en varias partes. Pero es UNA aunque la mente humana la perciba como mar, río, océano, cielo, tierra, país, autonomía, ciudad, pueblo, región, montaña, roca, macizo bla bla bla.

Es como si el árbol se cree separado del bosque.

Hay una sola Existencia percibida por nuestra mente de infinitas formas a las que le hemos puesto un nombre. Pero este nombre no tiene ningún poder de separación real. Aunque sí puede tenerlo de separación imaginaria si no eres consciente de esa UNIDAD que las infinitas formas ES.

Es lo mismo que hacemos con un puzzle. De una imagen, de una UNIDAD, se crean (separándose) diferentes piezas. Pero la diferencia es que en lo que somos (VIDA) no existen tales piezas separadas que tengan que unirse de nuevo para que la Unidad sea Unidad. Sólo es una percepción mental. Nada más.

Todos los caminos, las experiencias, las “formas de”, las personalidades, las emociones, los pensamientos, los “yo”… son Perfectos. No hay nada que mejorar, que transformar, que cambiar para que evolucione a “lo que sea”.

TODO YA ES PERFECTO. No puede evolucionar.

SOMOS VIDA. Y la Vida se dedica a SER.

Que a ti no te guste o te encante lo que percibas, lo que experimentes, es indiferente. La Vida Es la que Es.

Y poco más.

Reflexiones

¿Y SI NO HUBIERA NADA A LO QUE DESPERTAR?

Se habla mucho del Despertar Espiritual. De un Despertar de ‘no sé qué’ a ‘no sé cuantos’. Como si el hecho de vivir de una determinada manera no fuese la correcta. Como si tuviésemos que sentir la vida desde un más allá que no se sabe ni dónde está.

¿Te imaginas que todo formase parte del Juego? ¿Te imaginas que tal cosa como el Despertar no existiera y que ya estuviéramos todos despiertos siendo como somos y sintiendo como sentimos?

Yo soy la primera a la que según qué actitudes le parecen superficiales. La sociedad del selfie, del ‘estar y ser de moda’, del maquillaje, de los ‘me gustas’, del reconocimiento externo, de la apariencia etc me resultan muy indiferentes. Muy poco interesantes. Muy infantiles. Que no tienes por dónde agarrarlos cuando superas los 20 años. Y también soy la primera en que me reconozco, en muchas ocasiones, soberbia ante esa forma de vivir que no tiene nada que ver con la mía.

Pero, a la vez, no considero que ninguna de esas personas sea rara. Ni mejor ni peor que yo. No considero que tengan que ser de otra manera de la que son. No considero que tengan que despertar a nada. No considero que su vida no tenga sentido. Ni que la estén tirando a la basura. Ni perdiendo el tiempo. Simplemente, es muy distinta a la mía. Tenemos otras prioridades. Otros valores. Otras sensibilidades. Otras miradas.

E igual que nadie es alguien para decirme a mí cómo vivir mi vida, yo tampoco lo soy. Que coincida o no, eso ya es otra cosa.

Cada uno es feliz con lo suyo. Con lo que a su personalidad, a su personaje, le hace ser y sentir disfrute. Goce. A unos les gusta bailar, a otros hacer yoga, a otros ir a la biblioteca y a otros quedarse en el sofá viendo series.

¿Quién es nadie para juzgar a los demás?

Despertar. ¿Despertar a qué? ¿A la Vida? Si ya estamos viviendo. Si ya estamos latiendo. Si ya estamos donde tenemos que estar.

No existe tal cosa como la Espiritualidad. Sólo es un concepto que el ser humano se ha inventado para diferenciarse de otros. Antes me hacía llamar espiritual. Muchos me lo llaman porque me gusta reflexionar sobre la vida. Ahora no entiendo qué es eso. No sé definirlo porque en mi mente ya no existe esa separación. Porque para mí sólo existe la Vida. Una Vida que lo engloba todo y que no juzga, no excluye nada.

Lo que se llama Despertar es simplemente una forma distinta de sentir la vida, como miles hay. Ni mejor ni peor. No es un estado especial ni más evolucionado ni más consciente. Sólo es un término más que nos hemos sacado de la manga para, de nuevo, crear más separación entre nosotros.

Para Despertar tienes que estar dormido. Y creer que alguien vive dormido no significa que lo esté. Sólo es tu juicio. ¿Cómo vas a estar dormido si estás sintiendo, viviendo? Es absurdo cuando lo observas.

Nuestra supremacía humana nos lleva a mirar por encima del hombro a aquellos que no son como nosotros. Yo la siento muchas veces. Y no pasa nada por sentirla. Es algo automático. Algo en lo que todos hemos sido educados, en un ámbito o en otro. Creer que yo soy más por meditar es absurdo. Creer que yo soy más por ser vegano es absurdo. Creer que yo soy más por tener un cuerpo perfecto es absurdo. Creer que yo soy más por ganar mucho dinero es absurdo. Creer que yo soy más por tener mucho conocimiento es absurdo. Creer que yo soy más por vender muchos libros es absurdo. Creer que yo soy más por tener mucho seguidores es absurdo. Creer que yo soy más por ser más inteligente es absurdo. Creer que yo soy más por ‘SER más’ es absurdo.

Y es el DARSE CUENTA de esta absurdez que todos, en algún momento, sentimos lo que nos lleva a no expresarle al otro dicha absurdez. La ‘Consciencia de’ es la que permite a ese pensamiento quedarse en un simple pensamiento y no hacerse realidad.

¿Te imaginas que tuviésemos que sentir y vivir la vida de una determinada manera para creernos COMPLETOS? ¿Para creernos que vivir así la vida es la única manera de vivirla para que valga la pena?

Seríamos robots, máquinas, en lugar de humanos. Cada uno tiene su manera porque cada uno es único en su especie.

Ya estamos completos. Ya somos completos. Sintamos como sintamos. Vivamos como vivamos. En compañía o en soledad. Felices o infelices. Alegres o tristes.

¿Alguna vez te has parado a pensar que quizás la vida quiera manifestarse a través de ti mediante el sufrimiento?

No estoy haciendo una apología a él. Simplemente, intento quitarle esa etiqueta tan negativa que le hemos puesto y que tanto sufrimiento nos provoca al pretender no sufrir cuando estamos sufriendo. Al pretender evitar por toda costa no ser una persona que sufre o que siente tristeza o vacío o soledad.

¿Eres consciente del dolor emocional tan grande que provoca esa presión de no sentir según que emociones que son tan humanas?

Es como creer que una tormenta, un tornado, un tsunami, una erupción de un volcán, son errores de la naturaleza cuando sencillamente son otra forma intensa de expresión de ella.

Le tenemos tanto pánico a esa intensidad que hemos etiquetado como oscura que nos pasamos la vida controlando nuestra vida (tanto interna como externa). Para que nada se desequilibre. Para que el caos no nos alcance. Para que la comodidad no nos abandone. Y perdemos de vista que no controlamos nada. Que lo único que está en nuestra mano es abrirnos a sentir lo que sentimos. Que por muchos talleres y cursos que hagamos para tener una vida equilibrada, la vida es la que manda. Y que el miedo a esa intensidad es el que nos mantiene prisioneros, esclavos de un estado Zen utópico que está muy fuera del alcance de nuestro estado humano emocional. El que es Real.

Porque tu mente, con sus pensamientos, con sus emociones, con sus subidas y bajadas, con sus aceleraciones y desaceleraciones, viajan contigo allá a donde vas. Allá a donde estás. No podemos controlarla. No podemos manejarla. Pero sí podemos entenderla. Sí podemos observarla. Sí podemos aceptarla tal y como es y no tal y como nos gustaría que fuera.

Algunos creen que pueden ser más Conscientes a través de su mente. Algunos creen que pueden despertar la Conciencia a través de su mente. Algunos creen que existen prácticas mentales para volverse más Conscientes.

Pocos saben que es la Consciencia Universal (por llamarla de alguna manera) la que hace que tú seas más consciente. Es Ella la que te elige a ti, no tú a ella. Es la Vida la que se expresa a través de ti, no tú a través de ella.

Y casi nadie sabe que ya está todo como tiene que estar. Que si hay algo que cambiar no es porque se tenga que cambiar, porque esté mal, sino porque Dios, La Vida, la Consciencia, se expresa a través de ese cambio. Sin ninguna razón. Sin un por qué. Sin un para qué. Sólo porque ASÍ ES.

A los seres humanos nos cuesta mucho asumir que las cosas son como son. Que la vida es como es. Que nosotros somos como somos. Siempre desde la OPCIÓN de cambiar el Mundo en lugar de desde la opción de Vivir el Mundo. De sentir el Mundo, la Vida, a nosotros.

No hay nada a lo que Despertar, porque aunque no te lo CREAS no estás dormido. Pero si estás en ese camino, adelante. También es perfecto. También es lo que la Vida te lleva a experimentar.

¿Para qué? Para nada.

¿Puedes vivir asumiendo que nuestras experiencias de vida no sirven para nada más que para vivirlas? ¿Puedes asumir que eres igual de perfecta que una rosa, que el sol, que un huracán, que un cactus o que un mineral?

¿Te imaginas que todo fuese así de fácil…?

Dejaríamos de buscar lo que ya somos. Dejaríamos de buscar nuestro Hogar.