SOBRE MÍ

Me llamo Emma, nací en Barcelona cuando el sol más calienta, un miércoles del mes de agosto de 1978. Estudié las diplomaturas de Enfermería y Criminología, entre otras muchas formaciones más relacionadas con psicología, salud mental, gestión emocional, muerte y duelo. ¿La más importante? El autoconocimiento, a través de la observación y el silencio, de cómo funciona mi mente y de “quién soy”.

Tuve una infancia muy dura a consecuencia del alcoholismo de mi madre que me llevó a forjar una personalidad muy fuerte y, a la vez, muy sensible y vulnerable.

A lo largo de mi vida, he pasado por procesos de mucho sufrimiento y oscuridad que me han hecho comprender que la Vida es perfecta tal y como ya es. Que nada es un error, aunque así nos lo parezca. Y que la Paz no depende de las circunstancias externas que nos rodean sino de cómo las miramos. De cómo las etiquetamos. De cómo las juzgamos.

El AMOR es la fuerza más poderosa que existe para sanar lo que consideramos nuestras heridas. Si no amamos cada una de nuestras partes, principalmente las que no nos gustan de nosotros mismos, nos pasaremos la vida castigándonos y esforzándonos por ser lo que no somos, con el sufrimiento que ello conlleva.

Nuestro mayor peso habita en nuestra mente, en nuestras creencias, en lo que nos han dicho que debemos pensar y no pensar, ser y no ser. Mientras creamos que sentir ciertas emociones o tener ciertos pensamientos no es correcto, no está bien o es un pecado, seguiremos transitando por un camino muy denso (que no por eso imperfecto), repleto de lágrimas y de dolor.

La Libertad no se logra al eliminar las tormentas sino al comprender que también forman parte de la Vida.

Después de haberme pasado muchos años yendo en contra mío, queriendo cambiarme, mejorarme, perfeccionarme a través de decenas de talleres, cursos, técnicas, herramientas, métodos y retiros, un día mi mente “colapsó” y sentí que todo estaba bien, tanto dentro como fuera de mí. Que jamás me fui de Casa. Que nada ni nadie me había abandonado. Que no había ningún lugar al que llegar ni ningún estado que alcanzar. Que todo lo que me sucedía era lo que me tenía que suceder (aunque no me agradara). Que todo lo que experimentaba era lo que tenía que experimentar. Que no había nadie ni nada que me pudiera salvar porque no había nada ni nadie que estuviera en peligro. Que era simplemente una cuestión de RENDICIÓN absoluta ante la Vida, ante lo que soy, y de ASUMIR tanto lo que hemos etiquetado como belleza como lo que hemos etiquetado como fealdad.

Desde entonces, camino sabiendo que SOY mucho más que aquello que me cuento y siento, y abierta a vivir todo lo que la vida me traiga. Desde la más profunda felicidad hasta la más jodida soledad.

Así de simple. Así de sencillo. Así de COMPLETA.

Escribo porque las letras me arden dentro. Porque si no las vomitan mis dedos, me calcinan las entrañas, los latidos y los sesos. Me encanta escuchar al Silencio. Y hablar con Él. Y que me cuente las Verdades que soy incapaz de Ver.

Y básicamente eso es para lo que estoy Aquí:

Para compartir lo que el Silencio me cuenta sobre el ruido que acompaña a las experiencias de vida que tengo. Es decir, sobre lo que descubro de la Vida y de mí; que venimos a ser lo mismo.