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LA VERDAD NO SE PUEDE SABER

Nos empeñamos (yo la primera que lo he hecho) en saber la Verdad. De mí, de ti, del Universo, de la Vida, de la mente, del Más Allá… Yo he hablado mucho de la Verdad Universal. Y de que la verdad personal no tiene nada de verdad.

Me creía con esa Verdad Universal hasta que escribí, no hace mucho, mi libro “Quién Soy”, que me dio una lección de humildad. Me mostró que no tenía ni idea de nada. Que lo que creía saber era una mera interpretación. ¿Muy no-dual? ¿Muy con sabor a Unidad? Sí, pero una interpretación igual.

La Verdad no se puede saber ni descubrir porque para ello se necesitan 2 condiciones:

  1. SER esa Verdad. Es decir: si yo quiero saber tu Verdad tengo que ser tú puesto que siendo yo (algo diferente a lo que eres) no sé nada de ti. Puedo interpretar, opinar, pensar…, pero eso no es SABER.
  2. Ser Consciente de la Verdad.

La primera se puede dar. Yo puedo SER esa Verdad. Pero la segunda no, porque para ser consciente de mí tengo que separarme de mí y observarme. Y si estoy separada de mí, ya no puedo estar siendo yo, por lo que no puedo saber nada de mí (volvemos a la primera condición).

A esta “verdad” llegué mientras escribía el libro. Y fue entonces cuando dejó de interesarme saber la verdad de “lo que fuera”. Incluida la respuesta a “Quién Soy”.

A veces, se me olvida que cada Instante es nuevo. Que yo no soy nada de lo que pienso de mí.

A veces, me aferro a un pensamiento al que le otorgo la verdad absoluta (o relativa) y me ciego a Lo Que Es. A una Realidad que no tiene nombre ni pasado ni futuro ni definición ni condición. Y es cuando me genero a mí misma, de manera automática e inconsciente, una serie de emociones a las que les intento buscar una causa (o culpable). Y me pierdo en mi laberinto sin salida mental que yo misma me he creado.

Nada ni nadie externo me provoca lo que siento. Soy yo misma, al creerme ciertos pensamientos, quien lo hago. Al darlos por hecho. Al otorgarles una interpretación que nada tiene que ver con la Realidad. Esa Realidad que es transparente. Que es inocente. Que está Vacía de psicoanálisis, de causas, de efectos, de heridas, de traumas, de planetas, de eneagramas, de símbolos, de transgeneracional y de espiritualidad.

La mente va a tal velocidad que no nos damos cuenta de que estamos conceptualizando y coloreando la vida continuamente. A nosotros incluidos. Y la Vida es “de ningún color”.

Simplemente, con darnos cuenta de cómo funcionamos (todos usamos el mismo mecanismo), podemos tener la opción de liberarnos de él. Porque cuando yo te miro y en lugar de Verte, veo todo lo que creo que eres, basándome en lo que he experimentado contigo o en lo que pienso sobre ti, y me doy cuenta de que te estoy juzgando (para bien o para mal), de que te estoy Creando según lo que mis pensamientos me cuentan sobre ti, entonces puedo PARAR y abrirme a la posibilidad de conocerte por primera vez.

Es una toma de consciencia instante a instante. No sólo con los demás, sino principalmente con uno mismo.

No soy lo que me cuento que soy ni cómo me cuento que soy. Los pensamientos que tengo sobre mí jamás me pueden decir quién soy puesto que soy indefinible. Y en cuanto lo hago, en cuanto me empiezo a poner palabras, colores, banderas, sexos, lazos, arquetipos, símbolos, papeles, profesiones, misiones y etiquetas… ya me estoy alejando de Lo Que Soy.

No puedo saber la Verdad, pero sí la no-Verdad. Cada vez que catalogo algo o a alguien, estoy en no-verdad. Me lo estoy inventando. Lo estoy fantaseando. No estoy viendo la Realidad. Una Realidad (en la forma humana o en la que sea) que no se puede catalogar en nada. Que es Neutra.

Un árbol no es la imagen que tenemos de árbol. Yo no soy la imagen que tengo de mí. Tú no eres la imagen que tienes de ti. Ni la que tengo yo de ti. La Vida no es la imagen que yo tengo de ella. Ni el amor. Ni la tristeza. Ni la alegría. Ni la pena.

Pero nos creemos a ciencia cierta las imágenes que vemos en nuestra mente. Y les clavamos el sello de Verdad.

Es como decir “el Silencio es la ausencia de ruido” y creernos que con leer o memorizar esta definición, sabemos algo del Silencio.

Pues lo mismo hacemos con nosotros. Con el Mundo. Y con los demás.

Nuestra mente viste la Realidad (a nosotros, al otro, a la vida) con capas de creencias. Y la vemos a través de esas gafas. De esa vestimenta.

La Realidad (nosotros, el otro, la vida) está desnuda de ellas.

No podemos saber cuál es nuestra verdad, pero sí podemos desnudarnos de nuestras mentiras. Sólo tenemos que pararnos, silenciarnos y CONTEMPLAR.