Reflexiones

PONERNOS LA ZANCADILLA

Los extremos llaman a los extremos. La Vida se encarga de equilibrarlo todo. Pero lo hace sin ánimo de equilibrar. No hay una intención. No hay un por qué. No hay un para qué. Simplemente, sucede así. Sin más.

Por eso, si existe la riqueza también debe existir la pobreza. Si existe la Luz también debe existir la Oscuridad. Si existen las izquierdas, también las derechas. Si existe el bien, también el mal.

Da igual lo que hagamos o dejemos de hacer porque no somos nosotros los que intervenimos sino una mano Mayor que no tiene tacto ni piel.

Cuando sacas un hielo del congelador, éste se deshace porque su temperatura se equilibra con la del exterior. El hielo se calienta y el ambiente se enfría.

Nos creemos Dioses al pretender que aquel extremo que no nos gusta desaparezca sin darnos cuenta de que si lo hace, el otro que nos encanta lo hará también.

Nos quejamos de que el Mundo está fatal. Pero no es verdad. Sólo es a lo que prestamos atención. El Mundo está PERFECTAMENTE EQUILIBRADO en sus energías. Otra cosa es que seamos conscientes de la otra parte.

Hay personas que actúan como monstruos. Y es la misma cantidad de personas que lo hace como ángeles. Pero estas últimas pasan más desapercibidas; lo cual no significa que no existan.

Si enciendes la tele y pones la noticias parece que el Ser Humano sea un caos. Que esté enloquecido. Siempre con violencias, luchas, insultos, peleas, abusos de poder, quejas, faltas de respeto. Pero la Realidad no es esas noticias; lo cual tampoco significa que sean falsas o mentiras. Significa que para Ver la Realidad tienes que abrir su abanico y contemplarlo COMPLETO.

No sirve quedarse sólo con una parte. No sirve juzgar a alguien o a algo únicamente por una cara de su moneda. Eso es ignorancia, no sabiduría.

Es tan falso querer ver sólo lo positivo como querer ver sólo lo negativo. Ya sea del Mundo, de uno mismo o de los demás.

AMAR implica conocer el Todo. Si sólo ves una parte, si sólo conoces una parte, ¿qué se supone que estás amando? ¿Tu fantasía?

Amar las zancadillas que nos ponemos a nosotros mismos es igual de importante que amar los abrazos que nos damos. Porque esas zancadillas también forman parte de nuestra existencia en ese momento, aunque no nos guste ni reconocerlas ni mirarlas.

Gana el que logra asumir sus derrotas. ¿Y cómo se asumen? Disfrutando del Juego… de la Vida.

Cuando disfrutas del Camino, le quitas importancia a las piedras con las que te tropiezas porque las incluyes en Él. No pretendes caminar un camino sin ellas. No te pasas la vida mirando hacia al suelo para esquivarlas, para mejorarlas, para arreglarlas…, perdiéndote así la Belleza del Paisaje que te envuelve.

¿Te imaginas vivir la única Vida que tenemos mirando siempre hacia el suelo “por si acaso”? Menuda pérdida de vida sería…

Cuando veas, escuches, leas… una desgracia, Recuerda que hay una dicha sucediendo al mismo tiempo.

Cuando una lágrima te esté mojando las penas, recuerda que hay una sonrisa esperando bañar tus alegrías.

Reflexiones

A LA VUELTA DE LA ESQUINA

Hace tiempo que me cuesta hacer planes. Tengo que tenerlo muy claro, sentirlo mucho, para poner un día y una hora a algo o a alguien. La mayoría de las veces decido en el momento. Lo que voy a comer. Si entro, salgo o me quedo. Si camino o paro. Si hablo o callo. Lo que escucho. Lo que escribo. Lo que pongo. Lo que quito…

Cada vez el Instante está más Presente en mi Vida. Tanto que hasta el recordar me resulta un esfuerzo realizar. Es como si nada de lo que no estuviera sucediendo Aquí y Ahora existiera. ¿Para qué perder energía, entonces, en ello?

No es algo que intente o que practique. Ha ido aconteciendo por sí mismo. Se ha ido integrando en mi piel de alguna manera que desconozco.

Me da como pereza pensar en el ayer y en el mañana. Pero no porque le tenga miedo sino porque se me hace muy evidente que no es Real.

Lo que también me ocurre es que hay algo que no me permite hablar de lo que escribo. Por eso no hago vídeos ni charlas ni acompañamientos ni terapias ni concedo entrevistas (orales). Es extraño. Como si únicamente al escribir “yo” desapareciera y el Silencio tomara mi lugar.

Evidentemente, puedo hablar de todo esto, pero es como si tuviera que forzarme a ello. Y a mí todo lo que sienta como una obligación, como algo que no me sale natural, no me va nada.

No sabemos lo que va a ocurrir a la vuelta de la esquina. Damos por sentado tantas cosas de las que no tenemos ni idea que cuando no sucede lo que creíamos saber, la frustración nos invade y se nos tambalea cada poro de nuestra piel.

También las expectativas se han volado de mi mente. Simplemente me dedico a vivir lo que experimento en cada momento sin estar pensando en cómo tiene que ser cada experiencia, cada suceso.

Tampoco es algo que haya practicado. Se da así y punto. Ya no me paro a preguntarme el por qué, el cómo o el para qué. Ya no busco las causas. No me interesan. No por nada en particular. Sólo han dejado de importarme las preguntas y las respuestas. Los análisis continuos de la Vida y de lo que no es la Vida.

Quizás, al sentir que no sé nada, que no controlo nada, que es la Vida la que manda, he Comprendido que no tiene ningún sentido buscar respuestas que como Humana no pueden ser encontradas.

Ahora me siento más niña. Más inocente. Más vida. Me brilla la mirada. Y amanezco cada día con esa ilusión por Descubrir qué habrá a la vuelta de la esquina de cada momento.

Nunca se es lo suficientemente mayor para ser un niño.

Reflexiones

SI NUNCA TE EQUIVOCAS, ESTÁS BIEN JODIDO

Tenemos que caernos para aprender a levantarnos. No hay más. Es así de sencillo. ¿Y qué es lo complicado, entonces? Que queremos aprender sin tropiezos. Sin experiencias. Y eso es imposible. De los imposibles de Verdad, no de los que te venden que se pueden hacer Realidad.

A nadie le gusta sufrir. Eso es evidente. Ni enfermar. Ni que nuestro Corazón llore de dolor. De impotencia. De vacío. De soledad. De frustración.

El tema es a que La Vida no le interesan nuestras preferencias. Ella se dedica a SER y punto. No se tiene miedo a sí misma. No se esconde en ninguna cueva para que la lluvia no le moje. No se disfraza de lo que no es para que nadie la Vea tal y como es. Porque no se cree imperfecta. Porque no se cree con heridas. Con defectos. Con taras. Porque no se juzga. Porque no se castiga. Porque no se condena.

Pero nosotros, los Humanos…, tenemos esa manía de creernos que tenemos que ser lo que no somos. Esa manía de rechazarnos tanto. Esa manía de tan poco Amarnos.

Y de manía en manía nos vamos abandonando a nuestra propia deriva, culpando a las manías de otros por la infelicidad con la que nuestra piel respira. Metiendo a nuestra Responsabilidad en un pozo sin fondo. Y sin fondos.

Nos falta humildad para asumir nuestros errores. Nos sobra soberbia para poder pisar con los pies en la Tierra.

“Si nunca te equivocas, estás bien jodido”. Esta frase la escuché en la serie “Madres”. Se la decía el padre de una adolescente ingresada por anorexia a la madre cuando ésta quería seguir sobreprotegiéndola.

Si nos metemos en una burbuja (a nosotros o a aquellos a quienes amamos) quizás nos caeremos menos, pero te aseguro que el dolor por convertirte en un moribundo es muchísimo más devastador que el de haber tenido una mala experiencia.

Cuando Despiertas a la “sensación de estar Vivo”, a la importancia de estar Viva, es como si un rayo te atravesara por dentro y te dijera:

Pero, ¿qué coño estás haciendo escondida en esa guarida? Sal AHORA mismo ahí Fuera y Vive. Y grita. Y salta. Y baila. Y canta. Y ríe. Y llora. Y Siente. Y experimenta. Y haz lo que te apasiona. Déjate de tanta gilipollez y desnúdate de una vez. Que la Vida pasa. Y cuando menos te lo esperas, se te lleva por delante el “mañana ya lo haré”.

Te pega un buen revolcón, te sacude el miedo inconsciente que te mantenía dormida en los laureles y te arranca de cuajo las pieles con las que te vestías de muerta.

Es como si, de repente, te salieran Alas y quisieras volar todos los vuelos que habías cancelado durante ese tiempo. Hay unas ansias de Vivir, en mayúsculas, increíbles. Un aprecio infinito por lo sencillo. Por lo simple. Por el canto de un pájaro. Del viento. O del mar. Por el olor a asfalto. Por el sonido de una compañía amiga. Por la familiaridad de la familia…

Todo te parece bien. Hasta le sonríes a la apariencia de mal cuando toca a la puerta de tu diván.

Y te observas Quedándote Contigo cuando el Sentir te empieza a incomodar, en lugar de salir pitando y culpando a los demás de tu alta sensibilidad.

Para poder Agradecer La Vida de esta manera antes tienes que haberla maldecido. Y para maldecirla tiene que haberte jodido de lo lindo.

El sufrimiento forma parte de esta Vida dual y humana nuestra. Y no conozco a ningún Maestro-Gurú que no haya sufrido. Al contrario. Lo han hecho y mucho. La diferencia con otros sufridores es que ellos no han sucumbido a su pena. No se han quedado atrapados en su historia ni enganchados a sus piedras. Las han sabido (de sabiduría) Soltar.

Y cuando digo soltar no me refiero a aniquilarlas de tus entrañas, sino a abrazarlas. A COMPRENDERLAS. A Amarlas.

Así que si te has equivocado, ¡enhorabuena! ¡Felicidades! No te ocultes de tu Vulnerabilidad. No menosprecies tu Humanidad. Aprende. Comprende. Y sigue caminando. Y sigue latiendo.

Porque si te escondes de La Vida, ella te atrapará con su Vacío y su Soledad. Y entonces, cariño mío, entonces… sí que estarás bien jodida.

Reflexiones

NO ES LO MISMO VIVIR QUE ESPERAR LA MUERTE

Ha habido épocas de mi vida en las que no estaba viviendo, aunque estuviera viva. En las que la desilusión abrazaba mi piel. En las que iba vestida del revés. Y me resbalaba. Me resbalaba tanto que ni siquiera el fuego me encendía.

Ha habido épocas en mi vida en las que miraba al Mundo con indiferencia. Con la poca importancia que se le da a lo que poco te importa. Como si el frío hubiese congelado mis latidos y le hubiese arrancado de cuajo las ganas a la pasión.

Y es que no es lo mismo vivir que esperar la muerte. No es lo mismo vivir que estar vivo.

Vivir implica abrirse en canal al vacío. Al miedo. A la incertidumbre del qué pasará. A sentir la soledad que al Ser Humano caracteriza cuando se pregunta ¿de qué va todo esto? A caerse. A derrumbarse. A postrarse ante tu ignorancia. Ante tu humildad.

No. No es lo mismo estar vivo que sentirte vivo. No es lo mismo tenerlo todo que sentir que lo tienes todo. Hay una infinita diferencia entre el conocer y el Saber.

El conocer tan sólo requiere de mente. De memoria. El Saber, sin embargo, va unido a la experiencia. Y no a la ajena, sino a la propia. A la capacidad de Ver más allá del dolor, de la tristeza, de la melancolía. A la capacidad de caminar a la vez sobre ambas caras de la moneda de la Vida. La de las lágrimas y la de las risas. Sabiendo ESTAR en cada una de ellas sin poseerlas. Y sin huirlas.

Sólo aquél que es capaz de permanecer en su oscuridad puede iluminarla

Y cuando digo permanecer, no digo regodearse. Aunque, en ocasiones, el regodeo es el que te harta de tanto fango. Y el que te empuja a salir de él con otra desnudez diferente a la que habías entrado.

Me he pasado más de la mitad de mi vida (bastante más) con una intensidad en mis venas que podrían haberme explotado en cualquier momento. No recuerdo temerle a nada. Es curioso cómo cuando más he sufrido, menos miedo tenía.

Hasta que llegó un momento que mi cuerpo, mi mente y mi corazón me dijeron Basta. Y empecé un camino “espiritual” en el que descubrí muchísimas cosas y me olvidé de otras tantas. Entre ellas, me olvidé de Vivir.

Vivir a lo bestia, con el Corazón abierto de par en par, me hizo sufrir mucho. Cuando no has sufrido lo suficiente, no le tienes miedo a sufrir. Los que tenemos miedo somos los que lo hemos dado todo. Los que nos hemos abalanzado al vacío sin paracaídas. Los que nos hemos enamorado, una y otra vez, sin medias tintas. Porque sólo cuando Sientes con cada poro de tu piel, como si entre el sentir y tú no hubiera ninguna barrera, es cuando puedes decir que has Vivido.

Y yo lo hice tanto que me agoté. Porque todo lo que sube, baja. Porque la intensidad no sólo es intensa para las alegrías, sino también para las penas. Es pura adrenalina.

Ya hace un tiempo que digo que ya me puedo morir en Paz. Y no porque AHORA tenga Paz, sino por la cantidad de veces que no la he tenido. Porque he sentido de menos y de más. Porque he amado como si no hubiera un mañana. Porque me han roto el corazón. Porque lo he roto yo. Porque he viajado a atardeceres de película. Porque me he fundido con la naturaleza más salvaje. Porque he tocado el Cielo. Porque he besado el Infierno. Porque he aprendido a disfrutar de una simple paseo por la playa, por la montaña o por mis sábanas. Porque ya no necesito chutarme montañas rusas emocionales. Porque me conozco la noche como si la hubiera parido. Y, desde hace unos años, también el día.

Porque he tenido tantas experiencias, unas muy agradables y otras lo contrario, que lo que me queda por respirar es un regalo de más.

Y no me arrepiento de ninguna pues cada pozo que toqué lo hice estando muy viva.

Me olvidé de Vivir porque le cogí miedo a la intensidad. Porque la desterré de mi hogar sin darme cuenta de que la Vida es intensa. Y que al desterrar esa intensidad, también me estaba desterrando a mí.

Es difícil salir ahí Fuera cuando has estado tanto tiempo Dentro. Es difícil acariciar otras pieles cuando te has pasado años acariciando únicamente la tuya. Porque tiemblas de miedo, aunque no lo sientas como tal. Porque esa intensidad que antes disfrutabas y amabas, ahora te ahoga. Por eso, hay que enseñar primero una patita y luego la otra. Ir a paso lento. A beso lento. A verso lento. Verso a verso, creando tu propia poesía.

Una Vida que es la que te avisa de que ya has descansado suficiente. Que es hora de Despertar y de reventar la burbuja en la que inconscientemente te habías escondido.

Porque no hay nada más hermoso que Sentirse Vivo. Que reír a lo grande. Que amar a lo grande. Y, por qué no, que también llorar como si jamás lo hubieras hecho antes.

Yo ya me he cansado de esperar a la Muerte. Prefiero que me pille vomitando quimeras que ahorrando latidos.

Prefiero que me pille Sintiendo, pues Sentir es sinónimo de seguir VIVO.

Reflexiones

TRANQUILO, TODOS SOMOS RAROS

Acabo de escuchar en una película algo así como: “la Paz es algo que hay que cuidar, mimar, sembrar, alimentar. Y eso los hombres no saben hacerlo”. Es la respuesta de un Abad a un joven religioso de la época templaria que preguntaba si alguna vez hubo Paz en el Mundo.

Antes soñaba con ese Mundo de Paz donde nuestras diferencias nos igualaban. Donde nuestras rarezas no nos separaban. Donde el respeto estaba por encima de la razón. Donde el pasado no se utilizaba para mantenerse en una lucha que sólo daña. Donde las creencias y las ideologías no se subían a ningún altar para mirar por encima del hombro a las demás.

Ahora me dedico a intentar SER esa Paz. A no dejarme arrastrar por mis juicios. Por mi soberbia. Por mi “yo sé más que tú”. Y, sobre todo, por la ignorancia que me parió. ¿O fui yo la que la parí a ella…?

Y cuando no pretendo demostrar nada a nadie (incluida a mí), cuando me dejo llevar por el sonido de mis latidos en lugar de por mi ruido, cuando Contemplo la Vida sin mayor ánimo que el de Contemplarla, sentirla, vivirla y Serla…, entonces es cuando la Paz ES en mí. Y cuando yo la puedo transmitir.

Sólo hace falta un Instante para descansar en la Paz que descansa en cada uno de nosotros

Sólo hace falta una Intención. La Intención de decidir escoger la Paz antes que la Guerra.

Es tan simple. Tan sencillo. Caminar en lugar de correr. Disfrutar en lugar de esforzar. Sentir en lugar de rechazar. AHORA en lugar de ayer o de mañana…

Si estuviésemos más en Silencio podríamos escuchar que nuestros lamentos no son más que nubes de pensamientos que nada tienen que ver con la Realidad. Pero nos empeñamos en analizar, en buscar, en estudiar, en conocer, en conseguir, en lograr. Y en esa búsqueda perseguida, forzada, metódica, teñida, coloreada…, nos dejamos de Ver. Nos dejamos de Escuchar. Nos dejamos de Sentir. Nos dejamos de Saber.

Empezamos a ponerle normas, reglas, mandamientos, leyes, correcciones, incorrecciones, virtudes, defectos, sombras, iluminaciones… a la Vida. Siendo nuestra piel también una forma de esa Vida.

Y en ese lugar de ilusoria Perfección, perdemos la Paz. Pues la Paz está carente de “deberías”, de “tendrías” y de tanta teoría.

Tengo un peluche de E.T. al que, en ocasiones, le doy las buenas noches. Lo acuesto en el sofá, lo miro a unos ojos que parece que me están viendo y le beso en la frente. Me despierta una ternura increíble. Es tan bonito…

Hay personas que no me hacen sentir nada y un peluche me hace sentir Todo. Sí. Soy rara. ¿Y qué?

Quizás la mayor de las conquistas del Ser Humano sea la de asumir sus rarezas, en lugar de luchar contra ellas. De querer cambiarlas. Arreglarlas. Mejorarlas. Iluminarlas.

Quizás la Vida tan sólo consista en compartirlas. Una rareza, una poesía, un baile, una canción, una manta, una lágrima, una sonrisa y alguna que otra puesta de Sol.

Quizás la Vida se trate de vivirla. Y poco más.

Así que puedes estar tranquilo, pues todos somos raros. Aunque la mayoría sigan intentando fingir que no.

Reflexiones

¿A QUÉ LE ESTÁS PRESTANDO ATENCIÓN?

Todos queremos Paz. Seguramente es el mayor anhelo de la Humanidad. Y, sin embargo, seguimos prestando atención a aquello que nos aleja de ella. Seguimos compartiendo nuestra vida con personas que no nos la despiertan. Ya sean parejas, amantes, familias o amistades.

Nos quejamos de las noticias, pero las compartimos en nuestras redes. Nos quejamos de las críticas, pero criticamos a quienes critican. Nos quejamos de los que juzgan, pero les juzgamos con toda nuestra artillería.

La mayoría actuamos con mucha incoherencia. Yo, la primera. Me observo diciéndole a “quién sea” que su decisión no es la más correcta o dando una opinión que no me han pedido de un suceso concreto, entrando en una lucha de razón absurda (por muy sutil que sea) que me provoca incomodidad, molestia, dolor. Y me pregunto, ¿pero para qué te metes donde no te llaman? ¿A ti qué te importa? ¡Que cada uno haga lo que le dé la gana! Y me digo que no lo volveré a hacer más porque no me aporta Paz. Hasta que vuelvo a caer en mi propia trampa.

Y así, una y otra vez. Cierto es que cada vez el malestar es más agudo, más fuerte, lo cual me hace recordar más a menudo que “por ahí, no”.

En muchas ocasiones, soy consciente de ello, de esa inercia. Y la paro antes de que salga a la luz. Y en lugar de hablar, de opinar, de marcar territorio e identidad, ESCUCHO. Pero no un escuchar para responder y ganar… (eso no es escuchar), sino un ESCUCHAR de Verdad. Donde simplemente ESTÁS. Donde tu Presencia Silenciosa es lo mejor que puedes ofrecer y dar. Donde las palabras se quedan mudas. Donde el Amor basta para Amar…

Ahí sí que hay Paz. Ahí es donde la re-Encuentro. Ahí es donde vuelvo a casa. Donde Regreso al Hogar.

Escuchar la Vida. Escuchar lo que está sucediendo Aquí y Ahora, sin que el filtro de tus creencias, de tus historias, de tus heridas… ciegue la Verdad.

Escuchar a la otra persona, o a ti misma, sin que tus opiniones, sin que tus juicios la pinten del color que a ellos más les conviene. Sin que tus pensamientos enturbien su transparencia y su pureza. Sin que la veas como tú te proyectas en ella, en lugar de verla tal y como ES en ese preciso Instante.

Todos llevamos Dentro las mismas emociones. Los mismos sentimientos. Los mismos dolores. Las mismas penas. Las mismas frustraciones. Y hay personas que nos despiertan nuestra Paz y otras que nos despiertan nuestra No-Paz. Hay alimentos que a algunos nos sientan bien y a otros mal. Hay aficiones que a algunos nos apasionan y a otros les son indiferentes.

Cada uno de nosotros tenemos la LIBERTAD de elegir con quién compartimos nuestro espacio, nuestro tiempo, nuestra piel. Qué comemos. Cómo nos divertimos. Qué leemos. Qué escuchamos. Y qué vemos.

Si algo no le sienta bien a mi cuerpo, no lo tomo. Si alguien no le sienta bien a mi corazón, no me acerco. Es así de sencillo.

Somos nosotros mismos, con nuestras Elecciones, los que nos intoxicamos, no los demás. No lo demás.

Es nuestra Responsabilidad crear un Espacio, tanto interno como externo, donde la Paz Sea

No me sirve echarle la culpa a la familia, a los amigos, a los jefes, a los compañeros de trabajo, a los políticos, a los vecinos, a la sociedad, a los Illuminati, a las conspiraciones o a la “manipulación”.

Está únicamente en nuestra mano que esa Paz que todos anhelamos esté más Presente en la Vida.

Si quieres Paz y compartes lucha, enfrentamiento, crítica, juicio o queja, es evidente que ni tú ni el que recibe la obtendrá.

¿A qué les estás prestando atención? ¿Qué estás compartiendo? Porque aquello a lo que prestas atención, aquello que compartes… está hablando de ti, no del otro.

CON EL AMOR BASTA. Y con la ESCUCHA, también.

Reflexiones

HAZLO CON MIEDO

Si hay algo que la Vida me ha enseñado es a hacer “siempre” aquello que siento. El arrepentimiento por no haber hecho o dicho “lo que sea” por miedo a la respuesta, a las consecuencias, es lo que peor he podido llevar.

Así que un día decidí ir a por todas, asumiendo la posibilidad de no lograr lo que quería.

Lo importante es intentarlo, no conseguirlo.
Lo importante es el camino, no el objetivo.

El miedo es Humano. No es cuestión de dejar de sentirlo sino de Comprender lo que somos y de seguir caminando con toda nuestra Humanidad de la mano.

Sea lo que sea, hazlo. Aunque estés cagado de miedo. Para que en tu último día no digas lo que dice la mayoría:
“Tendría que haberlo hecho”

Reflexiones

CUANTO MENOS CONOCIMIENTO, MÁS SABIDURÍA

Recuerdo la época en la que llenaba mi mente de libros, de teorías, de técnicas, de cursos, de métodos, de títulos, de filosofías. Era un no parar. Creía que todas esas páginas me ayudarían a conocerme. A encontrarme. A saberme. Pero nada más lejos de la Realidad…

Hubo un momento en el que me di cuenta de que cuanto más me conocía, menos me Sabía. A mí y a la Vida, que vienen a SER lo mismo. Y fue entonces cuando empecé a soltar lo que creía saber. Dejaron de interesarme los talleres, las meditaciones, las lecturas y empezó a fascinarme lo que mis ojos veían. Lo que mi oídos escuchaban. Lo que mi piel sentía.

Porque al Final, eso es lo que nos llevamos. Lo que nos hace temblar. Ya sea de calor o de frialdad. Lo que hace que nuestros latidos se estremezcan. Ya sea de tristeza o de alegría. Porque TODO cuenta. Porque TODO es Vida.

¿Y acaso existe algo más maravilloso que SENTIRTE Vivo?

La mayoría están más pendientes de alimentar su mente con teorías que ni siquiera saben de dónde surgen ni de la motivación real por la que lo hacen, que de SENTIR el momento. Este AQUÍ y AHORA donde sucede, donde ES lo que están anhelando, buscando, sin ser conscientes de que ya lo tienen. De que ya lo SON.

Se ha inventado un concepto de Felicidad que no incluye la tristeza, el miedo, el vacío, la soledad, la ira, la frustración, la impotencia… Emociones, sensaciones, que forman parte de nuestra Humanidad y de las que no nos podemos desprender. Por eso, esa mayoría siguen dándose vueltas sobre sí mismos sin PARARSE a prestarse atención a sí mismos.

Porque si lo hicieran, se darían cuenta de que Lo Que Son, de que la Paz, de que el Amor, está libre de creencias; incluidas las espirituales, las conscienciales, las despertares, las no-dualidades… que muchos confunden con Sabiduría y que no son más que una teoría más que alimenta a la mente. Que no a La Verdad.

La Verdad es muy Silenciosa

Intentamos llenarla de propósitos, de misiones, de destinos, de objetivos… que florecen en nuestros pensamientos. Pensamientos que florecen, a su vez, por todo lo memorizado, conocido, Creído.

La Vida no entiende de palabras, sino de Silencios. De Vacíos, y no de llenos. De Neutralidad, y no de parcialidad.

Nos velamos la mirada con esos (auto)conocimientos, acabando cegados por la identidad “espiritual” que nos hemos Creado y que nada tiene que VER con Lo Que Somos en Realidad.

Nos metemos en la Espiritualidad para dejar de sufrir y acabamos juzgando a la Vida por tal y como Es. Lo cuál implica un enorme sufrimiento ya que no hay nada que te haga sentir peor que el Rechazo hacia lo que está siendo. Hacia lo que estás siendo.

Y se entra en un círculo vicioso de Maestros y Alumnos donde nadie Es lo que aparenta Ser. Donde nadie es capaz de Ver la Verdad de la mentira que algunos llaman espiritual. Pues no existe tal cosa como lo espiritual y lo no espiritual. Pues tan sólo es un juicio más adquirido por todo lo “conocido” en esa espiritualidad que te lleva a separarte de tu Igual; elevándote a un pedestal que te hace sentir superior a los demás y que lo único que muestra es tu absoluta Ignorancia sobre la Realidad.

Pero como no hay más ciego que el que no quiere (o puede) Ver, vamos dando lecciones de sabiduría a diestro y siniestro cuando lo único que estamos ofreciendo es otra Ilusión más.

Así que RECUERDA:

No Saber nada es el Principio de una larga Libertad.

Sal ahí “Fuera” para Vivir(te), en lugar de para Conocer(te).

La Vida no se puede ni conocer ni aprender pues es imprevisible, es inocente, es espontánea, es transparente. Igual que tú. Igual que yo.

VIVIR. Y poco más.

Reflexiones

NADIE PUEDE SALVARTE

La mano que necesitamos es la nuestra. El amor que necesitamos es el nuestro. El salvador que necesitamos somos nosotros mismos.

Nadie puede hacer por ti lo que tú no haces. Te pueden aconsejar, recomendar, guiar… pero si pretendes que con sólo eso, obre el milagro, ¡buena suerte!

La experiencia de los demás no funciona. Sólo la tuya propia. La sabiduría de los demás no puede sustituir a la tuya.

Puedes realizar los talleres, los cursos, los retiros, las terapias, las meditaciones… que quieras que si no eres honesto contigo mismo, si no te escuchas, si no tomas decisiones, no te servirán de nada más que de montaña rusa emocional. Te darán un subidón momentáneo y poco más. Y te convertirás en un adicto a esa emoción que nada tiene que ver con la verdadera Paz.

Por eso, la mayoría se pasan años a las faldas de un Gurú, de un Maestro. Porque en el fondo, no se responsabilizan de sí mismos. En el fondo, no se atreven a mirar a sus miedos de frente. A reConocerlos. A estar con ellos mismos.

En el fondo, prefieren quedarse como están, aunque ese como están no les aporte Paz.

El Maestro debe tener sus días contados en tu vida. No puede ser alguien a quien acudas siempre que se te rompa una uña. Alguien que te tenga que dar continuamente las respuestas a tus preguntas. Porque si lo utilizas para eso, entonces es que no has aprendido nada de él. Es que sigues igual que al principio del camino.

Porque una de las cosas que enseña un Maestro de Verdad es a que no dependas de él. A que creas más en ti que en él. A que confíes más en ti que en él. A que te llames a ti y no a él. A que te retires contigo y no con él.

Los Maestros deben ser temporales y no eternos. Porque si se convierten en tu muleta, entonces te pasarás la vida cojeando. Y jamás DESCUBRIRÁS tu poder, la respuesta a “quién eres” y La Verdad de la Realidad.

Porque estas tres cosas sólo se descubren cuando saltas al Vacío de tu Oscuridad. Y cuando lo haces sólo, no acompañado por alguien más. Sea quien sea ese alguien más.

Hasta que no te quedas contigo cuando la Noche te Oscurece el Alma, no puedes caminar sola y ser totalmente independiente. Sin necesitar otros pies que no sean los tuyos.

Y hasta que no te abrazas de VERDAD en esos momentos en los que tienes el Corazón partido, en los que el Vacío te engulle y la Soledad te ahoga, siempre CREERÁS que necesitas a alguien más para que te saque de ahí.

Y cuando lo haces, cuando te quedas contigo cuando crees que más necesitas a los demás, entonces es cuando te das cuenta de que no necesitas a nadie y cuando empiezas a ELEGIR a los que te rodean para Amarlos, para Dar y no para que te Amen y para que te den lo que tú no te sabes dar.

Eso sí que es actuar en Libertad y desde la Libertad.

Mientras sigas acudiendo a un Maestro externo, seguirás ensombreciendo al tuyo Interno.

Porque mientras le escuchas a él, no puedes escuchar al tuyo.

Nadie puede salvarte, excepto Tú.

Y de ti.

Reflexiones

LIBRE DE TI MISMO

Liberarnos de nosotros mismos. De las ideas que desenfocan la Realidad. De las creencias que nos alejan de nuestro Hogar.

No hay nadie externo que nos dañe internamente. No son los juicios de otros los que nos impiden respirar en libertad, sino los nuestros propios. Lo que nos creemos de nosotros mismos, no lo que creen de nosotros los demás.

Las voces de los otros tienen la misma importancia que nuestra propia voz: ninguna. Pues esas voces (ambas) no son más que pensamientos que nuestra mente suelta por nuestra boca. Pensamientos que nada tienen que ver con La Verdad. Con lo Real.

La Verdad es Silencio. Y el Silencio no piensa. No dice. No garabatea la Vida. ES la Vida.

Creer que nuestro cuerpo es la vestimenta con el que lo adornamos es no saber “qué” es el cuerpo.

Y eso mismo creemos de nosotros mismos. Que somos la vestimenta con la que cubrimos la Existencia. Que somos el sexo que tenemos y con el que tanto nos identificamos. Que somos la tierra en la que nacimos y con la que tanto nos identificamos. Que somos la lengua que hablamos y con la que tanto nos identificamos. Que somos la profesión que tenemos y con la que tanto nos identificamos. Que somos la madre, la hija, la hermana, la pareja, la amiga…, papel con el que tanto nos identificamos. Que somos “algo” separado a Lo Que Es y con el que tanto nos identificamos.

Y con esa identificación, vamos con los puños alzados y con el pecho repleto de lazos. O de colgantes. O de tatuajes. O de símbolos. O de banderas. O de estampitas.

La Existencia, la Vida, el Silencio es desnudez. Es pureza. Es NATURALeza

No tiene adjetivos. No tiene definiciones. No tiene calificativos.

Es un “ES” que ya lo llena todo con su Nada.

No necesita de misiones, de versiones mejoradas, de por qués, de para qués, de objetivos, de propósitos, de destinos.

Su “Siendo” ya ES todo lo que necesita SER. Ya ES completo. Ya ES perfecto.

Nuestro “yo” se cree imperfecto y por eso se complementa la piel con mil y un ARREGLOS que nada tienen que ver con él. Y se deshace por las bravas de lo que considera una tara, una herida, un error. Metiéndolo todo en un abarrotado cajón.

Cajón que es un gran ventanal sombrío por el que brotan a la velocidad de la Luz las ramas que pretende, inútil-mente, ocultar.

Porque las mentiras, tanto externas como internas, tienen las patas muy cortas. Y llegan hasta donde pueden llegar. Que no es muy lejos.

Una cosa es no ser consciente de nuestra propia mentira y otra muy distinta que esa mentira no se manifieste.

¿Y cómo lo hace? Haciéndote sentir vacío, soledad, miedo y/o cualquier otro sentimiento-emoción que se aleje de tu Paz (que no de tu tranquilidad o de tu calma).

Cuando estás en Paz, en Silencio, no sientes “nada” porque no estás subida a ninguna montaña rusa emocional. Es otro estado en el que “tú”, con todas sus identificaciones-ideas-creencias, está como dormido. No está Presente.

Y con esto no estoy diciendo que el 100% del tiempo estés en ese espacio. Como seres humanos emocionales y mentales que somos, no lo considero posible. Pues no podemos controlar cuándo nos identificamos con algo y cuándo no. Se hace sólo. Sin poder evitarlo.

Únicamente estoy describiendo dos espacios en los que coHabitamos. El del Silencio es nuestro estado natural, donde reside nuestro Hogar y la Paz. Y el “yo” es nuestro disfraz, donde residen los pensamientos, los sentimientos y las emociones.

El Silencio es el más desconocido pues el “yo” hace mucho ruido y nos cuesta escucharlo pues nuestra Atención está enfocada en nuestra vestimenta, en lugar de en nuestra piel.

Al final, es una cuestión de Observación. Si no estás en Paz es que estás situado en el “yo”. Así de simple. Y no se trata de arreglar más a ese “yo”. De desaprender el “yo”. De sanar el “yo”. Se trata de DARSE CUENTA de que estás Viendo a través de sus ojos. Con sus filtros repletos de polvos ilusorios.

Cuando te das cuenta, cuando eres consciente de ello, puedes volver (decidiéndolo) a tu estado natural de Paz. Puedes decidir soltar tu “yo”. Puedes decidir no hacerle el caso que le estás haciendo. Puedes dejar de Creer lo que estás creyendo de él.

No se necesita ninguna acción más que ésa.

Liberarte de “ti” para volver a SER Lo Que Eres.

Así es cómo se Regresa al Hogar. Hogar que siempre ES. Que siempre Está. Aunque haya momentos que no lo escuchemos. Aunque haya momentos que no lo percibamos.

Nunca dejamos de Ser Lo que Somos. Lo que sucede es que, en ocasiones, nos cegamos de Lo Que Somos porque nos estamos identificando con el personaje creado y creído.

Pero poco más.