Reflexiones

TODOS NOS SENTIMOS SOLOS

Todos nos sentimos solos de vez en cuando. Y no siempre hay un por qué. No siempre hay un motivo que lo ocasione. Forma parte de nuestra condición humana esa separación que nos habita.

Hay momentos en los que me siento tan Plena, tan Conectada-Unida a todo y todos que me resulta incomprensible que pueda sentirme sola. Y al día siguiente, o a la semana siguiente, una Soledad abrumadora se apodera de mí. La misma Vida, la misma persona, la misma situación, y diferente estado emocional.

Intento buscarle una explicación a esos contrastes: que si es porque me tiene que venir la regla y estoy más sensible, que si los eclipses, que si mis pensamientos, que si “qué se yo”. Nada me convence. Simplemente me digo: ya pasará.

Y pasa. Y vuelve a venir. Y se vuelve a ir.

Es ahí cuando más siento que no controlo nada. Que por mucho que haga, no hay nada que hacer ante la impermanencia de la Vida. Ante su misterio. Ante su espontaneidad. Ante su imprevisibilidad.

Pretendemos alcanzar un estado donde la alegría, la paz, el goce, la felicidad… se fijen en nuestra piel. Y donde el vacío, el miedo, la tristeza, la soledad, el dolor… sean eliminados de ella.

No es posible arrancarnos las emociones de cuajo. Una cosa es cuidarnos, amarnos, respetarnos y hacernos respetar… Y otra muy distinta es huir de nuestra Humanidad.

Aferrarnos a una emoción (la que sea) es sinónimo de sufrir. Porque vas a estar temiendo que tu “paz” desaparezca en cualquier momento. Y ese temor a volver a sufrir te llena de sufrimiento.

No podemos saber lo que sucederá mañana. Cómo nos sentiremos mañana. Por mucho que nos entrenemos, por mucho que meditemos, por mucho que nos esforcemos, por mucho que leamos, estudiemos, conozcamos… nadie se libra de su Humanidad. De su emocionalidad.

Y muchas personas quieren librarse de sus Sentires, sin darse cuenta de que es imposible. De que tenemos la capacidad de Sentir cualquier emoción. Y de que no hay cursos, talleres, retiros, pastillas, métodos, técnicas, terapias… que te vayan a convertir en una máquina no-sintiente.

No funciona ponerse una máscara espiritual. No funciona ponerse un disfraz de frialdad. Porque cuando llegas a casa y te miras al espejo, lo que se refleja no es lo que te gustaría ser o sentir sino lo que Eres. Y de eso, de lo que Eres, no puedes escapar por mucho que te escapes.

Todos nos sentimos solos. TODOS. Desde el más elevado Gurú hasta el más elevado discípulo.

La única diferencia es que algunos lo decimos abiertamente y otros se lo callan por vergüenza.

Quizás, si le diésemos más naturalidad a nuestra vulnerabilidad, a nuestra sensibilidad, a nuestra humanidad, a todas y cada una de nuestras emociones…, no nos sentiríamos tan solos. No nos sentiríamos tan mal, tan tarados, cuando nos sentimos desolados.

Quizás, si los Maestros, en lugar de vestirse de Maestros continuamente, se vistieran de Humanos, y se reconocieran como tales, y hablaran más de sus inseguridades, de sus sombras y de sus oscuridades, sin tenerle tanto miedo a sus miedos… nos sentiríamos más en casa que fuera de ella. Y dejaríamos de buscar lo que no se ha perdido. Y dejaríamos de querer ser tan perfectos como su apariencia de Maestrillo.

No existen personas que jamás tienen miedo, que jamás se sienten inseguras, que jamás se sienten tristes, que jamás se sienten vacías o solas.

Existen personas que se silencian, que se tragan sus emociones, que se visten de perfección para que nadie se dé cuenta (sobre todo, ellas) que son igual de Humanas que el resto que les rodea.

Así que si me estás leyendo y te sientes sola, triste, incomprendida, vacía o perdida, te digo que yo también. Y que no pasa nada. Que no te pasa nada más que la Vida viviéndote de esa manera en ese momento. Y que no eres peor ni mejor que el que está saltando de alegría. Que no tienes nada que arreglarte. Y que si hay algo en tu vida que tienes que cambiar, eso… ya lo sabes. ¿A que sí? No hace falta que una bolita mágica o una tirada de tarot te lo diga. ¿A que no…?

Que quizás, mañana, se dé la vuelta a la tortilla y seas tú, y sea yo, quienes saltemos de Amor.

Sentirse mal por estar sintiéndose “mal” es absurdo.

Soltemos las apariencias y atrevámonos a ser y a predicar más nuestra Humanidad. Sin victimismos. Sin dramatismos. Con naturalidad.

Eso sí que es Valentía. Eso sí que es normalidad.

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