Reflexiones

A LA VUELTA DE LA ESQUINA

Hace tiempo que me cuesta hacer planes. Tengo que tenerlo muy claro, sentirlo mucho, para poner un día y una hora a algo o a alguien. La mayoría de las veces decido en el momento. Lo que voy a comer. Si entro, salgo o me quedo. Si camino o paro. Si hablo o callo. Lo que escucho. Lo que escribo. Lo que pongo. Lo que quito…

Cada vez el Instante está más Presente en mi Vida. Tanto que hasta el recordar me resulta un esfuerzo realizar. Es como si nada de lo que no estuviera sucediendo Aquí y Ahora existiera. ¿Para qué perder energía, entonces, en ello?

No es algo que intente o que practique. Ha ido aconteciendo por sí mismo. Se ha ido integrando en mi piel de alguna manera que desconozco.

Me da como pereza pensar en el ayer y en el mañana. Pero no porque le tenga miedo sino porque se me hace muy evidente que no es Real.

Lo que también me ocurre es que hay algo que no me permite hablar de lo que escribo. Por eso no hago vídeos ni charlas ni acompañamientos ni terapias ni concedo entrevistas (orales). Es extraño. Como si únicamente al escribir “yo” desapareciera y el Silencio tomara mi lugar.

Evidentemente, puedo hablar de todo esto, pero es como si tuviera que forzarme a ello. Y a mí todo lo que sienta como una obligación, como algo que no me sale natural, no me va nada.

No sabemos lo que va a ocurrir a la vuelta de la esquina. Damos por sentado tantas cosas de las que no tenemos ni idea que cuando no sucede lo que creíamos saber, la frustración nos invade y se nos tambalea cada poro de nuestra piel.

También las expectativas se han volado de mi mente. Simplemente me dedico a vivir lo que experimento en cada momento sin estar pensando en cómo tiene que ser cada experiencia, cada suceso.

Tampoco es algo que haya practicado. Se da así y punto. Ya no me paro a preguntarme el por qué, el cómo o el para qué. Ya no busco las causas. No me interesan. No por nada en particular. Sólo han dejado de importarme las preguntas y las respuestas. Los análisis continuos de la Vida y de lo que no es la Vida.

Quizás, al sentir que no sé nada, que no controlo nada, que es la Vida la que manda, he Comprendido que no tiene ningún sentido buscar respuestas que como Humana no pueden ser encontradas.

Ahora me siento más niña. Más inocente. Más vida. Me brilla la mirada. Y amanezco cada día con esa ilusión por Descubrir qué habrá a la vuelta de la esquina de cada momento.

Nunca se es lo suficientemente mayor para ser un niño.

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