Reflexiones

LA PUERTA SIN PUERTA

En ocasiones, vemos puertas cerradas donde no las hay. Porque así nos las dibujaron. Y así se las dibujaron a aquellos que nos las dibujaron. Es más, ni siquiera hay puertas. Sólo un CREER que las hay.

No es la realidad la que está equivocada. La que tiene que amoldarse a mi percepción. La que tiene que ser transformada, cambiada, aniquilada, destruida o evolucionada PARA yo ser feliz. Para yo sentir Paz. Para volver a lo que llaman Hogar.

¿Te imaginas que fuese así? Nos pasaríamos la vida, los siglos, la eternidad… esperando desesperadamente llegar a una perfección que nada tiene que ver con la Perfección sino con nuestra IDEA de perfección. Que no es lo mismo y que es por lo que la mayoría se pierde.

Por eso siguen buscando. Por eso nunca se encuentran. Por eso nunca se alcanzan. Por eso siempre sienten que algo les falta. Porque siguen mirando fuera. Porque siguen con su lucha externa PERSONAL.

No hay puertas que abrir ni puertas que cerrar, sólo IDEAS que cuestionar

Tampoco es igual querer cambiarte a ti (siendo ti tu personalidad) que cuestionar los pensamientos que tienes sobre ti. El camino es muy distinto. Y el destino, también.

Siempre vas a tener algo que cambiar en ti porque “quien” te dice que hay algo que cambiar, que mejorar, que arreglar, que educar… es el mismo que no te deja llegar jamás al “todo está bien”. Al Hogar.

Lo llaman Ego. Yo lo llamo pensamiento. Así que por muy perfecta que sea tu identidad, jamás la sentirás así porque escucharás una voz (a la que veneras y no CUESTIONAS) que te estará diciendo: “De esta otra manera, serías mejor”, “Aún te queda un paso más para ser tu mejor versión” y un largo etcétera que utiliza el pasado (con tu historia, tus supuestas heridas, tu transgeneracional, tu forma de nacer blablabla) y el futuro para huir del presente. Que es donde estás.

Y no estoy diciendo que te descuides, sino que no te CREAS que por ser más delgado o más gordo, tener más arrugas o menos, más títulos o menos, más seguidores o menos, más dinero o menos, más luz o menos… vas a ser más o menos feliz. Vas a sentir más o menos Paz. Porque ese Hogar, esa serenidad, esa quietud, están en tu no-mente no en tu cuenta corriente ni en tu cuerpo ni en tu dimensión ni en tu intelecto ni en tu crecimiento PERSONAL (de persona, de separación, de ola, de identidad) ni en tu trabajo interno.

No es la experiencia, es CÓMO interpretas la experiencia. No son los kilos de menos o de más, es la interpretación de les das. La NO-Interpretación, más bien. Porque la Realidad, para que sea realidad, no puede ser interpretable. Ni de color negro ni de color de rosa. Es neutra. Absolutamente transparente.

Las puertas, los barrotes, las cadenas son un simple pensamiento que te estás creyendo

Al que le has cedido todo el poder. Por el que te arrodillas. Por el que eres capaz de arrastrarte, faltarte al respeto, juzgarte, condenarte, castigarte, maltratarte y/o dejarte maltratar.

Tú tienes el poder. Y volvemos a lo importante, a “LA PREGUNTA”: ¿Quién eres?

¿Eres aquello que piensas? Porque si ya, a estas alturas, casi todos sabemos que no somos nuestros pensamientos (espirituales incluidos), ¿por qué les continuamos dando cuerda? Y no me refiero a no pensarlos, a que no aparezcan o a controlarlos, sino a tratarlos como si fueran Reales. Como si fueran la Verdad Absoluta. Como si fueran DIOS.

Como seres humanos que (también) somos, tenemos pensamientos y emociones que no son erradicables. Que, a veces, se nos llevan por delante. Y no pasa nada. Y tampoco es un objetivo que NUNCA vuelvan a hacerlo. Más que nada porque es un objetivo ilusorio ya que tiene en cuenta, para conseguirlo, un tiempo futuro que desconocemos porque no existe.

Sentimos lo que sentimos y pensamos lo que pensamos. Y ninguna de las dos nos define. No somos ni la alegría ni la tristeza. Ni la salud ni la enfermedad. Ni el nacimiento ni la muerte. Somos “lo” que hay “antes de”. “Lo” que hay “después de”. Que también está “mientras que”. Somos la VIDA misma, la EXISTENCIA misma, expresándose en forma de emoción, de pensamiento, de cuerpo, de estrella, de león, de roca, de agua, de fuego, de viento, de fango, de ameba, de virus, de plástico, de basura, de contaminación, de guerra, de compasión, de enamoramiento y de pasión.

Somos esa VIDA que lo ES TODO. Que no está separada, aunque nuestros ojos así lo vean. Somos el Mar, no la ola. Somos la hoja en blanco, no el garabato. Somos EL que escribe, no lo escrito. Somos el sonido, no el instrumento que lo suena. Somos UNO, no dos ni tres ni cuatro.

Y mientras no nos respondamos a La Pregunta, mientras no descubramos la respuesta, seguiremos caminando un camino cuyo destino siempre estará en el mañana en lugar de Aquí y Ahora, que es donde “te encuentras”. Porque nos creeremos esos pensamientos que nos empujan hacia donde “no somos” y hacia donde no estamos. Pensamientos que han creado puertas que abrir y que cerrar. Una tras otra. Sin una puerta final.

Un Camino donde no habita el Silencio donde habita la Paz, que es nuestro principal anhelo.

Para escuchar el Silencio tienes que “dejar de hacer”. Tienes que dejar de correr. De avanzar. De controlar. De luchar. De deskarmatizar. Porque mientras estás avanzando, mientras te estás moviendo hacia el lugar en el que CREES estar, te estás alejando del lugar en el que SÍ estás. Que es donde YA estás. En la quietud (de quieto).

Párate. No tienes nada que cambiarte. Sólo mirarte desde un lugar distinto a tus pensamientos. Un lugar llamado Consciencia. Un lugar llamado Silencio.

Ahí no se esconden ni ventanas ni puertas. Ni cerradas ni abiertas. Ni propósitos ni misiones ni destinos. Ahí mora el Vacío. La Nada de la que surge, espontáneamente, el Todo que nos creemos ser. Un Vacío infinito y eterno. Un Todo que tal y como nace, muere. Que no permanece.

El sonido, el ruido, las palabras, las emociones, los pensamientos, las olas, las nubes, los cuerpos, los juicios… vienen y van. El Silencio siempre ES.

Un Silencio que suena a Plenitud. A Incondicionalidad. A Unidad.

Un Silencio que siempre está Presente, aunque tu ruido no te permita escucharlo.

Y cuando ya sabes QUIÉN ERES, no hay necesidad de escucharlo (sentirlo) constantemente. No tienes esa misión marcada pues ya sabes que estás en casa, que eres casa y que esa misión lo único que te provoca es alejarte más de la sensación de ella. Que no de ella, pues jamás la abandonas aunque tus pensamientos te la nublen.

En ocasiones, te ves manifestándote como una ola. Y, en otras, te sientes Mar. Pero ya sabiendo que NO PASA NADA. Que no tienes ningún Hogar al que Regresar. Que eres Perfecta de cualquier manera, pues la ola forma parte del perfecto MAR. Y si el MAR es perfecto, la ola que está en él, también lo es.

Eres Consciente de quién eres y de quién no. Y te permites TODO, hasta la no permisión. Pues el Vacío que eres no tiene celdas ni muros ni requisitos de admisión.

Hay una puerta sin puerta a la que yo llamo: Saber quién soy.

Porque cuando sabes quién eres, dejas de necesitar TODO lo demás. Incluida a “ti”.

Y poco menos.

Y poco más.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .