Poesía

ÉSTE ES EL MOMENTO

Nos enseñan que lo importante es alcanzar el objetivo. Con mucha disciplina, sufrimiento y esfuerzo. Ya sea la iluminación, un chalet con piscina o tu mejor versión.

Nadie nos habla de disfrutar del momento. De que hacer lo que te gusta ya es el éxito.
Da igual si AL FINAL ganas o pierdes. Si lo consigues o no lo consigues. El Camino es el destino. El Camino es tu misión.

Pero muchos se ciegan y, en lugar de disfrutarlo, lo sufren o lo abandonan porque están poniendo únicamente su atención en la meta. En las medallas que se quieren colgar. En los trofeos que quieren que otros vean.

ÉSTE ES EL MOMENTO. Para reír, para bailar, para cantar, para jugar, para compartir, para dibujar, para escribir, para Sentir, para Vivir, para Amar. Para que te moje la lluvia. Para que te bañes en el Mar de la Unidad.

ÉSTE ES EL MOMENTO y no el de más allá. Y no el que te has imaginado en tu mente. En unos sueños que quizás jamás harás realidad. Porque, a veces, se consiguen y otras no. Y, aunque logres tu sueño, ¿sabes cuánto te dura la felicidad-satisfacción? Unos segundos. Y poco más.

ÉSTE ES EL MOMENTO para que mires a tu alrededor y sueltes lo que te impide gozarlo. Ya sea pareja, amistad, lugar de residencia o trabajo.

ÉSTE ES EL MOMENTO para que si no puedes cambiar algo, lo aceptes. Y dejes de resistirte a la experiencia, a las lágrimas, a las tormentas y al dolor.
Tu actitud, tus interpretaciones, tus juicios, el CÓMO afrontas la vida está únicamente en tu mano. No en nada exterior.

ÉSTE ES EL ÚNICO MOMENTO en el que puedes respirar y respiras.

ÉSTE ES EL ÚNICO MOMENTO en el que habita la Paz, el Amor y el Hogar.
En ningún otro sitio puedes encontrarlos. Pues no hay otros lugares que existan mas que el que YA estás pisando.

¿Los demás? Pura y dura fantasía mental.

Reflexiones

LA PUERTA SIN PUERTA

En ocasiones, vemos puertas cerradas donde no las hay. Porque así nos las dibujaron. Y así se las dibujaron a aquellos que nos las dibujaron. Es más, ni siquiera hay puertas. Sólo un CREER que las hay.

No es la realidad la que está equivocada. La que tiene que amoldarse a mi percepción. La que tiene que ser transformada, cambiada, aniquilada, destruida o evolucionada PARA yo ser feliz. Para yo sentir Paz. Para volver a lo que llaman Hogar.

¿Te imaginas que fuese así? Nos pasaríamos la vida, los siglos, la eternidad… esperando desesperadamente llegar a una perfección que nada tiene que ver con la Perfección sino con nuestra IDEA de perfección. Que no es lo mismo y que es por lo que la mayoría se pierde.

Por eso siguen buscando. Por eso nunca se encuentran. Por eso nunca se alcanzan. Por eso siempre sienten que algo les falta. Porque siguen mirando fuera. Porque siguen con su lucha externa PERSONAL.

No hay puertas que abrir ni puertas que cerrar, sólo IDEAS que cuestionar

Tampoco es igual querer cambiarte a ti (siendo ti tu personalidad) que cuestionar los pensamientos que tienes sobre ti. El camino es muy distinto. Y el destino, también.

Siempre vas a tener algo que cambiar en ti porque “quien” te dice que hay algo que cambiar, que mejorar, que arreglar, que educar… es el mismo que no te deja llegar jamás al “todo está bien”. Al Hogar.

Lo llaman Ego. Yo lo llamo pensamiento. Así que por muy perfecta que sea tu identidad, jamás la sentirás así porque escucharás una voz (a la que veneras y no CUESTIONAS) que te estará diciendo: “De esta otra manera, serías mejor”, “Aún te queda un paso más para ser tu mejor versión” y un largo etcétera que utiliza el pasado (con tu historia, tus supuestas heridas, tu transgeneracional, tu forma de nacer blablabla) y el futuro para huir del presente. Que es donde estás.

Y no estoy diciendo que te descuides, sino que no te CREAS que por ser más delgado o más gordo, tener más arrugas o menos, más títulos o menos, más seguidores o menos, más dinero o menos, más luz o menos… vas a ser más o menos feliz. Vas a sentir más o menos Paz. Porque ese Hogar, esa serenidad, esa quietud, están en tu no-mente no en tu cuenta corriente ni en tu cuerpo ni en tu dimensión ni en tu intelecto ni en tu crecimiento PERSONAL (de persona, de separación, de ola, de identidad) ni en tu trabajo interno.

No es la experiencia, es CÓMO interpretas la experiencia. No son los kilos de menos o de más, es la interpretación de les das. La NO-Interpretación, más bien. Porque la Realidad, para que sea realidad, no puede ser interpretable. Ni de color negro ni de color de rosa. Es neutra. Absolutamente transparente.

Las puertas, los barrotes, las cadenas son un simple pensamiento que te estás creyendo

Al que le has cedido todo el poder. Por el que te arrodillas. Por el que eres capaz de arrastrarte, faltarte al respeto, juzgarte, condenarte, castigarte, maltratarte y/o dejarte maltratar.

Tú tienes el poder. Y volvemos a lo importante, a “LA PREGUNTA”: ¿Quién eres?

¿Eres aquello que piensas? Porque si ya, a estas alturas, casi todos sabemos que no somos nuestros pensamientos (espirituales incluidos), ¿por qué les continuamos dando cuerda? Y no me refiero a no pensarlos, a que no aparezcan o a controlarlos, sino a tratarlos como si fueran Reales. Como si fueran la Verdad Absoluta. Como si fueran DIOS.

Como seres humanos que (también) somos, tenemos pensamientos y emociones que no son erradicables. Que, a veces, se nos llevan por delante. Y no pasa nada. Y tampoco es un objetivo que NUNCA vuelvan a hacerlo. Más que nada porque es un objetivo ilusorio ya que tiene en cuenta, para conseguirlo, un tiempo futuro que desconocemos porque no existe.

Sentimos lo que sentimos y pensamos lo que pensamos. Y ninguna de las dos nos define. No somos ni la alegría ni la tristeza. Ni la salud ni la enfermedad. Ni el nacimiento ni la muerte. Somos “lo” que hay “antes de”. “Lo” que hay “después de”. Que también está “mientras que”. Somos la VIDA misma, la EXISTENCIA misma, expresándose en forma de emoción, de pensamiento, de cuerpo, de estrella, de león, de roca, de agua, de fuego, de viento, de fango, de ameba, de virus, de plástico, de basura, de contaminación, de guerra, de compasión, de enamoramiento y de pasión.

Somos esa VIDA que lo ES TODO. Que no está separada, aunque nuestros ojos así lo vean. Somos el Mar, no la ola. Somos la hoja en blanco, no el garabato. Somos EL que escribe, no lo escrito. Somos el sonido, no el instrumento que lo suena. Somos UNO, no dos ni tres ni cuatro.

Y mientras no nos respondamos a La Pregunta, mientras no descubramos la respuesta, seguiremos caminando un camino cuyo destino siempre estará en el mañana en lugar de Aquí y Ahora, que es donde “te encuentras”. Porque nos creeremos esos pensamientos que nos empujan hacia donde “no somos” y hacia donde no estamos. Pensamientos que han creado puertas que abrir y que cerrar. Una tras otra. Sin una puerta final.

Un Camino donde no habita el Silencio donde habita la Paz, que es nuestro principal anhelo.

Para escuchar el Silencio tienes que “dejar de hacer”. Tienes que dejar de correr. De avanzar. De controlar. De luchar. De deskarmatizar. Porque mientras estás avanzando, mientras te estás moviendo hacia el lugar en el que CREES estar, te estás alejando del lugar en el que SÍ estás. Que es donde YA estás. En la quietud (de quieto).

Párate. No tienes nada que cambiarte. Sólo mirarte desde un lugar distinto a tus pensamientos. Un lugar llamado Consciencia. Un lugar llamado Silencio.

Ahí no se esconden ni ventanas ni puertas. Ni cerradas ni abiertas. Ni propósitos ni misiones ni destinos. Ahí mora el Vacío. La Nada de la que surge, espontáneamente, el Todo que nos creemos ser. Un Vacío infinito y eterno. Un Todo que tal y como nace, muere. Que no permanece.

El sonido, el ruido, las palabras, las emociones, los pensamientos, las olas, las nubes, los cuerpos, los juicios… vienen y van. El Silencio siempre ES.

Un Silencio que suena a Plenitud. A Incondicionalidad. A Unidad.

Un Silencio que siempre está Presente, aunque tu ruido no te permita escucharlo.

Y cuando ya sabes QUIÉN ERES, no hay necesidad de escucharlo (sentirlo) constantemente. No tienes esa misión marcada pues ya sabes que estás en casa, que eres casa y que esa misión lo único que te provoca es alejarte más de la sensación de ella. Que no de ella, pues jamás la abandonas aunque tus pensamientos te la nublen.

En ocasiones, te ves manifestándote como una ola. Y, en otras, te sientes Mar. Pero ya sabiendo que NO PASA NADA. Que no tienes ningún Hogar al que Regresar. Que eres Perfecta de cualquier manera, pues la ola forma parte del perfecto MAR. Y si el MAR es perfecto, la ola que está en él, también lo es.

Eres Consciente de quién eres y de quién no. Y te permites TODO, hasta la no permisión. Pues el Vacío que eres no tiene celdas ni muros ni requisitos de admisión.

Hay una puerta sin puerta a la que yo llamo: Saber quién soy.

Porque cuando sabes quién eres, dejas de necesitar TODO lo demás. Incluida a “ti”.

Y poco menos.

Y poco más.

Reflexiones

EL VERDADERO SONIDO DEL MUNDO

¿Sabes a qué suena el Silencio? A Paz. A una Paz que te hace saber que estás en casa. Que todo es perfecto. Que todo está bien tal y como está.

Una Paz a la que no le interesan los juicios. Ni tampoco los juicios hacia el juicio… Una Paz donde el ruido mental se toma un descanso y te deja en paz… Donde tus interpretaciones sobre lo que es o no es la vida, sobre lo que tienes o no tienes que ser, se quedan sin sentido. Y se caen por su propio peso al Vacío.

Ése es el verdadero sonido del Mundo. El que sólo se puede escuchar cuando no estás escuchando nada. El que siempre está ahí, con toda su Eternidad expresándose en cada Instante.

Cuando te haces Consciente de Él, te impacta en cada célula. Es como si todo “lo que no eres” se derrumbara en una milésima de segundo y sólo quedara “Lo que Es”. Que eres tú. Como si las formas se desvanecieran. Como si hasta tu piel desnuda desapareciera.

Es una sensación de ser UNO con todo y con todos.

La mayoría de personas echan de menos a otras personas. A otros cuerpos. A otras compañías. A otras voces. A mí me sucede todo lo contrario. Lo que echo de menos es ese sonido a Unidad. A Hogar. A soledad Plena. Completa. Me echo de menos a mí, a lo que sé que SOY y que tiene el hábito de taparse y destaparse según cómo le sopla el viento.

Pero me conozco. Me sé. Me siento. Me he VISTO. Me he reconocido. Y una vez que lo haces, ya no hay vuelta atrás. Porque, para mí, no hay sensación más profunda, más íntima y más intensa que la del Silencio. Que la del Hogar.

Nada ni nadie puede sustituirlo. Nada ni nadie es comparable. Nada ni nadie es capaz de acercarse a su Verdad.

Es un enamoramiento carente de sentimiento y de emocionalidad. Como una Luz que se expande de dentro a fuera. Que no tiene ni principio ni fin. Una Luz muy brillante que sientes que eres tú y que te sale por la mirada y por cada poro de tu piel como si no pudiera estar retenida en ti. Como si ella fuese una explosión, pero sin explotar.

El Mar juega a crear olas y a que las olas se crean que no son Mar

Cuando lo has probado, eres incapaz de vivir sin Él. Y mientras el resto del mundo va en busca y captura del ruido, tú te mueres por acercarte a TI.

El desconocido Silencio… que es lo que en realidad todos anhelamos. Pues es lo que SOMOS. Pues es LO que nos parió.

Y cuanto más lo ERES, más difícil se te hace alejarte de Él. Y más consciente eres de lo que no eres. Hay como una molestia, como un malestar, como un dolor de separación que te avisa que “eso no es casa”.

Lo que ocurre es que estamos tan acostumbrados a ese dolor que ni siquiera nos damos cuenta de él. Porque ni siquiera sabemos de dónde viene y qué significa. Porque pocas personas se paran a investigar qué es eso que echan de menos. Un “eso” que nada tiene que ver con alguien o algo externo. Un “eso” que es la respuesta a ¿Quién soy?

Para escuchar el Silencio hay que dejar de escuchar el ruido mental. Hay que dejar de prestarle atención. Hay que dejar de enfocarse en él. Hay que dejar de creérselo.

Y cuando hablo de ruido mental me refiero a CUALQUIER historia que te cuentas. Ya sea espiritual o no. Es el ruido mental (algunos lo llaman ego) el que crea el ruido mental espiritual. Algunos se CREEN que como suena a ángeles, a karma, a crecimiento personal, a autoconocimiento, a evolución, a dimensión, a Ohm… ya no es ruido. Y es el mismo, pero disfrazado para engañarte.

Aparcar los conceptos, las etiquetas, las definiciones, las palabras, las voces, los pasados, los futuros, los sueños, los propósitos, los objetivos, los compromisos, las misiones, las ilusiones… y quedarte sin NADA. Como si fuera la primera vez que abrieras los oídos y los ojos. O, más bien, como si aún no los hubieras abierto. Como si tu mente estuviera libre de conocimiento. Y de condicionamiento.

¿Qué verías si no supieras lo que sabes? ¿CÓMO verías…?

Así suena, en Realidad, el Mundo. A pureza. A transparencia. A Unidad. A SILENCIO. A Hogar. A Amor. A Paz.

Y así sonamos, en Realidad, nosotros. Como si nunca jamás, nada ni nadie nos hubiera tocado

Poesía

NO ME INTERESA

No me interesan las opiniones.
Ni siquiera las mías.
No me interesa lo bonito ni lo feo.
Lo correcto ni lo incorrecto.
Lo mejor ni lo peor.
Ni el acierto ni el error.

No me interesan los garabatos que pintamos
en nuestra hoja en blanco.
Ni los rostros maquillados.
Ni los labios camuflados.
Ni las pieles que congelan los latidos.
Ni las miradas que huelen a hormigón.

No me interesa que me cantes,
si lo que me cantas son las 40.
Ni que me abraces,
si con tu abrazo me encarcelas.
Ni que me beses,
si con tus beso me envenenas.
Ni me que me ames,
si tu amor es posesión.

No me interesa ser llenada,
pues el lleno ya lo SOY.
Ni completada,
pues no me falta de nada.
Ni iluminada,
pues ya ES en mí la perfección.

No me interesan las misiones, los propósitos ni los planes.
Me sobra y me basta con el HOY.
Ni los arreglos a aquello que no puede ser mancillado.
Ni los estados que no caben en mi AHORA.
Ni los éxitos tan vacíos de “lo que soy”.

No me interesa tu valentía,
si con ella te cargas tu vulnerabilidad.
Y, también,
la mía.

No me interesan ni tus logros ni tus medallas,
ni tu extensa cuenta corriente
ni el aceitado marcado de tus músculos
ni tus nº 1 en ventas
ni el sinfín de tus seguidores
ni nada de lo que alardeas.

Me interesa lo que eres en Realidad.
Con tus ventanas abiertas
y tus cuartos oscuros.
Con las sonrisas que evocas
y las lágrimas que derramas.
Con tus trapos limpios
y tus trapos sucios.

No me interesan tus mentiras.
Ni tampoco las mías.
Me interesa TU VERDAD.

¿Sabes para qué?
Para que yo pueda VER… la mía.

Poesía

QUITARNOS DE ENMEDIO

Echarnos a un lado.
Para permitir que la vida fluya
sin necesidad de esfuerzo.
Abriendo cada poro de nuestra piel
para que su agua se cuele
hasta el último rincón
de nuestros latidos sedientos.

Quitarnos de enmedio.
Y sentir todo el amor
que flota en nuestro interior.
Y abrazar nuestras tristezas,
nuestras inseguridades
y nuestros miedos.
Acariciando con ternura nuestros pensamientos.
Y las lágrimas que se derraman de ellos.

Quitarnos de enmedio.
Como si no hubiera un mañana.
Como si el ayer no colgara del tiempo.
Como si HOY fuese el único nacimiento
de nuestra desnudez.
Sin máscaras ni disfraces.
Sin trampas ni cartón.
Sin etiquetas ni condición.
Sin un “tú”.
Sin un “yo”.

Así de inocentes.
Así de puros.
Así de UNOs.

Volándonos de un plumazo
las historias que nos contamos
y que nos mantienen aprisionados
entre los muros del Control.

Quitarnos de enmedio.
Y Vivirnos la vida.
Y Bebernos la vida.
Y Sentir lo que siento.
Y SER lo que SOY.

Reflexiones

ENTRE DOS VERDADES

Hace no muchos meses convivía con la Verdad de la Unidad y la verdad del personaje.

La Verdad me decía que ya estaba en casa, que todo era perfecto tal y como era, que no había nada ni nadie que alcanzar, que la separación era una mera ilusión, que la dualidad sólo existía en mi mente, que no tenía que hacer ni dejar de hacer nada para ser esa Unidad, para Regresar a mí, al Hogar, porque YA lo estaba.

La verdad del personaje me decía que tenía que volver a ser Amor Incondicional para Regresar a casa. Que hasta que no me amara de esa manera y me sintiera así no sería esa Unidad.

Y así estuve bailando durante bastante tiempo entre esas dos “verdades”.
En la Verdad sentía Paz porque YA era todo perfecto.
En la otra verdad nunca estaba completa. Siempre me faltaba o me sobraba algo. Por eso realizaba tantos talleres, cursos, retiros, prácticas meditativas etc. Para dejar de tener esa sensación de tara, de vacío, de soledad, de incorrección que surgía de esa verdad.

Hasta que “un día” COMPRENDÍ que no tiene nada que ver la Unidad con el personaje. Que una cosa es que el personaje aprenda a amarse a sí mismo y otra cosa, que nada tiene que ver con “sí mismo”, es la Unidad, el Hogar. En la que YA estamos. LO que YA somos, independientemente de que el personaje se ame o no.

Estaba mezclando “verdades”. Y la ignorancia de esa mezcla (que no la mezcla en sí) me generaba un conflicto interno que acabó en un “caos mental”, en una Noche Oscura del Alma que tras atravesarla me hizo salir con esa COMPRENSIÓN, con esa diferenciación entre lo que es una cosa y lo que es la otra.

Entre lo que es el personaje de la película y su realidad y lo que SOY en Realidad.

El personaje que creemos ser (incluida el alma individual) no puede llegar mediante ninguna “acción” a la UNIDAD porque esa Unidad ya ES. Creer que el personaje de una película puede llegar a ser el actor como tal, “arreglándose”, amándose o estudiándose es una utopía. Porque el personaje no puede salirse de la película y el actor está fuera de ella.

Creer que no estás en casa es sólo una Ilusión de ese personaje que, a su vez, genera la Ilusión del camino-proceso-evolución (con sus herramientas y creencias) de Regresar a ti, al Hogar.

¿Sabes por qué la Verdad está en el Silencio? Porque el Silencio no dice nada. Y al no decir nada, no separa ni dualiza la Realidad.

El Ojo de Horus no es el izquierdo. Ése es una parte que simboliza “algo”. Pero la UNIDAD, el Uno, “Lo que Es”, son los dos juntos. Las dos partes Unidas dejando de ser “partes”.

Eso es lo que somos “fuera” de ese personaje que nos creemos ser y que se cree separado de Lo que Es.

Es una cuestión de CÓMO miras la realidad

Si miras tu cuerpo y ves una mano, un brazo, una pierna, un ojo…estarás viendo en modo separación. Te creerás que la mano no tiene nada que ver con el brazo cuando es todo UNO. Es una única piel que estamos PERCIBIENDO como separada. Es una Ilusión. Y da igual que esa mano sea más delgada o más gorda o más blanca o más morena (o se ame más o menos). La mano (que no existe como tal, sólo le hemos dado ese nombre a una parte del cuerpo) YA está en casa. Ya ES ese TODO, ese Uno, esa Unidad, ese Hogar.

Es tan sólo un cambio de VISIÓN. En lugar de mirar a un árbol y verlo en “partes” lo ves como un todo. Lo SABES como un Todo. Y no sientes que le falte nada.

Si miras al árbol y sólo ves las ramas, sentirás que le falta “algo”. Pero no es que esté incompleto, es que tu personaje está poniendo sólo su atención, su mirada, en una parte.

Eso es lo que hacemos con la Unidad que ya Somos. Mirarla por partes. Y al mirarla así, la separamos y creamos la sensación de carencia. Pero no está/estamos separados, sólo nos lo CREEMOS.

Da igual que ames o no ames, da igual que comprendas o no comprendas. Ya estás donde tienes que estar. Ya eres lo que Eres.

El personaje es irrelevante. Tú no eres ni el personaje ni la película, aunque también esté incluida en la Realidad.

Al final, todo se basa en la siguiente pregunta:

– ¿Quién crees que eres?

Porque si te identificas con el personaje y sus creencias (espirituales o no espirituales), no podrás VER la Verdad y la UNIDAD que ya eres. Que siempre Es y está Aquí y Ahora. No mañana ni en otra vida.

Si estás navegando entre esas dos verdades, te invito a que PARES y las sientas en Silencio. Una te provocará incomodidad (aunque sea muy sutil), malestar, dolor. La otra, PAZ.

Llega un momento en el que tienes que “apostar” por una de ellas porque sólo una es VERDAD. La otra, forma parte de una ilusión.

Recuerda:

Que COMPRENDAS lo que Eres en Realidad no significa que el personaje, con sus gustos, sus heridas, sus emociones, sus inseguridades, su vulnerabilidad y su personalidad, desaparezca.

Lo único que sucede es que dejas de BUSCAR, de querer cambiarte a ti y al Mundo, y de CREER que tienes algún “sitio” al que Regresar para que la Vida, tu vida, merezca la pena. Para que SEAS completa.

Dejas de tener propósitos, misiones, objetivos que habitan en un futuro (por muy amorosos que sean…) y simplemente (te) vives lo que experimentas en cada Instante. Sabiendo que las interpretaciones que hace tu personaje, tu mente, de lo que (te) sucede no son Verdad.

La Realidad es neutra. Los pensamientos son neutros. Las emociones son neutras.

Ni bueno ni malo. Ni positivo ni negativo. Ni iluminado ni no iluminado. Ni derecho ni izquierdo.

UNO.

Reflexiones

CUANDO LLEGUEMOS AL PUENTE, YA LO CRUZAREMOS

Queremos cruzar el puente antes de llegar al él. Un puente que ni siquiera sabemos dónde está ni cómo es. Nuestra mente divaga entre multitud de opciones posibles sobre qué pasará. La mayoría de ellas de una tonalidad oscura, negativa. Y en ese adelantamiento veloz y atroz de los acontecimientos, sufrimos porque nos generamos a nosotros mismos miedo, inseguridad, impotencia, vacío, soledad e inseguridad.

NUNCA, por mucha lógica que utilicemos y por mucha experiencia que tengamos, sabemos qué sucederá en otro tiempo que no sea AHORA

Lo cuál nos lleva a la conclusión de que es absurdo perder los pensamientos… en un mañana que no existe.

No podemos controlar los pensamientos que tenemos ni su calidad. Son automáticos. Y la creencia en ellos, también. Lo que sí podemos es, si (condicional) somos CONSCIENTES de que nos estamos enredando en fantasías y creando películas de terror, PARAR.

¿Y cómo se PARA? Pues de la misma manera que dejas de caminar: tomando la DECISIÓN de hacerlo. Así de simple.

Tenemos que ASUMIR que no podemos cambiar lo que YA ha sucedido. Lo que YA hemos pensado. Lo que YA hemos sentido. Ante el “ya” no hay nada que hacer. Y mucha gente lucha (con el sufrimiento que conlleva cualquier lucha) para que ese ya jamás se produzca. Lo cuál es una batalla perdida porque no tenemos ni el poder ni la capacidad de controlar lo que en otro Instante que no sea éste suceda.

Es una cuestión de Humildad. Nos cuesta mucho admitir que “no sé” porque creemos que el no saber nos va a llevar a no ser reconocidos. A no ser amados. Por nosotros mismos y por los demás. Lo cuál, de nuevo, vuelve a ser absurdo.

La Verdad sólo habita en el Presente. Por lo tanto, para SABER tienes que estar vacío de conocimiento. Tienes que no saber nada. Porque si te crees que ya sabes porque lo aprendiste “ayer”, estarás cerrado a descubrir la Verdad que HOY tiene para ti.

La Sabiduría está llena de ignorancia. Ambas forman parte de la misma moneda. Son UNA disfrazada de dos.

Sólo el que no sabe puede llegar a saber algo. Y sabe que ese algo es tan efímero como una exhalación

Por mucho que corramos, no llegaremos antes. Por mucho que madruguemos, no amanecerá antes.

No hay ninguna técnica, ninguna herramienta, ningún método, para aprender a Vivir. Porque no hay nada que aprender. Porque la Vida no se aprende, se VIVE. El cómo nos lo inventamos nosotros. Nuestra mente. Nuestros pensamientos. Nuestras creencias.

No existe una vida mejor que otra. Hay personas que sufren mucho. Durante mucho tiempo. Pero eso no las hace peores. No las hace incorrectas. No las hace carentes. No las hace mediocres. No las hace nada. Cualquier calificativo, etiqueta que nos pongamos, que nos colguemos es FALSO. No es VERDAD. De esa Verdad que nada tiene que ver con nuestra cultura, con nuestros valores, con nuestra educación, con nuestra moral, con nuestra diminuta identidad.

Juzgar la vida de una persona (o no persona) es un acto de arrogancia.

¿Quién soy yo para dictar sentencia sobre la Vida? ¿Quién soy yo para decirte a ti cómo tienes que vivir, pensar y sentir? ¿Quién soy yo para condenar tus decisiones? ¿Quién soy yo para reclamar lo que no es mío?

Queremos que una tal Felicidad se imponga a una Realidad en la que, por lo que sea, no tiene cabida en ese momento.

¿Quién soy yo para imponer nada a nadie?

¿Quién ha dicho que la Felicidad (que nadie sabe lo que es) TIENE QUE ser nuestra meta? ¿Cómo va a ser la Felicidad algo a alcanzar mañana si mañana no existe? ¿Y cómo voy a ser feliz Ahora si ahora no me siento feliz? ¿Obligándome a ello? ¿Forzándome a ello? ¿Engañándome a mí mismo? ¿Poniéndome una máscara de felicidad?

¿Cómo voy a ser Feliz si cuando no me siento feliz me juzgo, condeno y castigo por ello?

AQUÍ Y AHORA, qué es lo que te aporta Paz, ¿luchar por ser feliz (si eres feliz no necesitas hacer o dejar de hacer nada para serlo) o simplemente ser lo que estás siendo?

De nuevo, es absurdo querer cruzar un puente antes de llegar a él.

Nos hemos inventado tantos conceptos como el de felicidad, el de espiritualidad o el de iluminación… que hemos creado una realidad paralela a LA QUE ES. Una falsa realidad en la que si no se cumplen los requisitos marcados (ser felices, exitosos, abundantes, reconocidos…), nos rechazan y nos rechazamos por no ser como se SUPONE que debemos ser.

La mayoría CREEN que la Vida tiene algún objetivo, alguna misión, algún por qué, algún para qué. ¿Alguna vez te has cuestionado esa creencia? ¿Alguna vez se te ha pasado por la mente que, quizás, sólo quizás…, la Vida es la que Es y punto? ¿Que si soy feliz, así Es? ¿Que si no lo soy, también así Es? ¿Que ya es Perfecta sea como sea?

Nos preguntamos PARA QUÉ hemos nacido (para algunos encarnado) sin antes SABER de Verdad Quién Soy. ¿Quién es el que ha venido? ¿Estás seguro de que hay un “quién” (ya sea un cuerpo, identidad, yo o alma individual)?

Porque si no lo hay, si es una Ilusión, si es una creencia, si únicamente es una percepción de tu mente de separación, entonces todas tus misiones, tus objetivos, tus por qués y tus para qués se vienen abajo.

¿Estás seguro de que la Ola existe? Si es así, acércate a la playa y observa el Mar. A ver qué VES. Aquí y Ahora, a ver qué descubres. A ver qué VERDAD sale a la Luz… En Silencio. En ese Silencio que TODO lo Ve.

Hace tiempo que dejé de luchar por ser feliz. Por “ser y estar consciente”. Por evolucionar a “no sé qué”. Por Regresar a “no sé dónde”. Por alcanzar esa meta. Demasiado esfuerzo. Demasiado peso en la espalda. Demasiado dolor. Demasiado sufrimiento. Demasiada frustración.

AHORA simplemente pienso, siento y vivo LO QUE ES.

AHORA soy Consciente de que lo que mi mente me cuenta es sólo un cuento. Un cuento que a veces me creo y otras no. Que a veces me hace sufrir y otras no.

AHORA me permito el lujo de ser lo que estoy siendo en cada Instante, incluido el no permitírmelo.

Y cuando tenga que cruzar el puente de la Muerte, ya descubriré qué hay tras él.

Mientras tanto, AHORA me dedico a Vivir.

¿Acaso puedo hacer algo más?

Reflexiones

MI MANO ES MI MANO, PERO YO NO SOY MI MANO

En el momento en el que se nombra “no-dualidad” ésta ya deja de ser verdad. Pierde su significado porque te enfoca hacia un lugar concreto que sin poder evitarlo excluye a otro (dualidad). Y no-dualidad incluye a la dualidad, si no sería dual…

Cualquier intento de explicar esa no-dualidad, ese Todo, esa Unidad es un fracaso.

Muchos la han definido como “la ausencia de” o la “disolución de” o Iluminación. Una Iluminación que no existe ya que no hay nada que iluminar pues ya está todo iluminado aunque nosotros no lo podamos percibir. Aunque nuestra mente se CREA que hay que llegar a un lugar, a un estado, a un Hogar del que un día nos SEPARAMOS. Permaneciendo así siempre en modo “búsqueda”. En modo “mañana”. En modo “me falta”.

Ni estamos separados ni tenemos que hacer nada para Unirnos porque ya somos COMPLETOS

¿Está acaso una ola separada del Mar?

Cualquier método, técnica o herramienta que te quiera llevar a esa IDEA es falsa porque está basada en dos CREENCIAS ERRÓNEAS:

1. CREER que estás separado de lo que Eres, lo cual es imposible.
2. CREER que tú, individualmente, puedes hacer algo para dejar de estarlo.

Ese Absoluto que SOMOS lo contiene TODO. Y todo es todo, sin excepción. Sin condición. Desde la luz hasta la oscuridad. Desde arriba hasta abajo. Desde el cielo hasta el infierno. Desde lo terrenal hasta lo espiritual. Desde el ruido hasta el silencio. Desde la vigilia hasta el sueño. Desde la salud hasta la enfermedad. Desde la valentía hasta la cobardía. Desde la mentira hasta la verdad. Desde la ignorancia hasta la sabiduría. Desde la abundancia hasta la mediocridad. Desde el ser humano hasta el animal hasta el mineral hasta cualquier ser que podamos o no ver de la índole, planeta, galaxia, universo, dimensión y tiempo que sea.

No hay ni mejor ni peor. Ni correcto ni incorrecto. Todo es PERFECTO porque Así Es.

¿Alguna vez te has planteado que ya está todo bien? ¿Que no hay nada que cambiar? ¿Que nosotros, seres humanos, no controlamos nada? ¿Que no tenemos ni idea de nada?¿Que en realidad no tenemos ningún poder?

¿Que nuestra visión sobre cómo tiene que ser el Mundo, la Vida, el Planeta y los que habitamos en él es diminuta? ¿Que sólo somos capaces de vislumbrar un solo grano de los infinitos que componen un Desierto ?

Es nuestra mente la que INTERPRETA que algo-alguien está mal. Que no debería ser así. Pero nuestras interpretaciones no son la Realidad, aunque también estén incluidas en ella.

Una película, como tal, existe pero la película, en sí, no es Real. Es una fantasía, un sueño, un teatrillo, una ilusión que también forma parte de lo que nuestros ojos ven. Pero ya está. Hasta ahí llega.

Y nosotros, nuestro personaje, nuestra identidad, nuestra mente también llega hasta donde llega.

Mi mano es mi mano, pero yo no soy esa mano (aunque también lo sea). Ni soy los pensamientos que pienso. Ni soy las emociones que siento. Ni soy los sentimientos que siento. Ni siquiera soy esa Consciencia que es “consciente de” porque la Consciencia no puede ser consciente de sí misma.

Porque cuando no tengo mano, cuando no tengo pensamientos, cuando no me emociono, cuando no siento, cuando no soy consciente, YO (sin ser “yo”) sigo SIENDO.

La ola no existe. Sólo se le ha puesto ese nombre a “algo” que nuestros ojos han percibido como “forma diferente” al Mar.

El Mar no es una ola. La ola sí es el Mar. Y no tiene que realizar ningún curso ni taller ni retiro ni alteración de la consciencia ni despertar para ser el Mar que ya es, porque YA LO ES. Porque ya lo Somos. Porque no estamos separados. No se ha perdido ninguna pieza. No hay nadie dormido ni despierto. No nos hemos ido de casa. Y no tenemos que alcanzar nada ni ser de tal o cual manera para llegar a donde ya estamos.

Y hasta que no se COMPRENDE esto, la gente sigue buscando y buscando y buscando sin encontrar.
Porque no se puede encontrar lo que no se ha perdido.
Porque no se puede Regresar a “donde nunca te has ido”.

(La incomprensión también es perfecta y tampoco es desalcanzable por “ti”. Porque tanto si Comprendes como si no, seguirás siendo ese Mar. Ese Todo. Esa Unidad)

¿Qué soy entonces en Realidad? EXISTENCIA.

Y poco más.

Reflexiones

NADA HUMANO ME ES AJENO

Me veo en ti. Por muy diferente que aparentes ser de mí. No me eres ajeno porque la distancia que hay entre tú y yo es 0. Mis ojos nos separan. Igual que mi piel. Y mis labios. Y mi voz. Pero, en realidad, somos un único SOY disfrazado de varios.

Hay días en que mi mente se embarca en una maratón de juicios que parecen no tener fin. Y me duelen. Y me cansan. Y me agotan.

Parece que son los otros los tóxicos. Los que “no saben”. Los incompetentes. Los irresponsables. Los inmaduros. Los negativos. Los malos… Pero si me paro y me miro para VERME más allá de esa apariencia tan real, me daré cuenta de que allí fuera no sucede nada. Que ni siquiera hay alguien que me está atacando, hiriendo, jodiendo o abandonando. Que estoy yo sola JUZGÁNDOME, castigándome y condenándome.

Vamos tan rápido que ni siquiera somos conscientes de cómo NOS pensamos.

RECONOCER que soy yo la que me hiero (inconscientemente, pero yo) es el primer paso para responsabilizarme de mi vida y para retomar el Poder que perdí. Porque si CREO que son los demás (familia, amigos, pareja, jefe, políticos, vecinos..) los que me CAUSAN mis lágrimas, mis enojos y mis rabias, huiré de ellos, me enfrentaré a ellos o pretenderé amoldarlos a mi imagen y semejanza.

Y eso no significa que tengas que permanecer al lado de según qué personas que no te hacen bien. Significa que ASUMES que DENTRO de ti hay partes, en ese momento, que rechazas.

De los demás nos podemos separar, pero de nosotros mismos no. Por mucho que lo intentemos…

Nuestra mente piensa por sí misma. Y juzga por sí misma. Igual que nuestro corazón siente sin pedirnos permiso de qué sentir o no sentir.

Nuestra Consciencia es la que nos permite darnos cuenta de todo lo que nos sucede cuando nos sucede. Podemos ser conscientes de los pensamientos que estamos teniendo sobre nosotros mismos o sobre el otro. Podemos ser conscientes de la tristeza, la alegría, el deseo, el vacío, la ira, la soledad y el anhelo que estamos sintiendo. El pensar y el sentir de una manera determinada no es algo evitable, pero la Consciencia de ello nos da la opción de DECIDIR cómo reaccionamos.

Ésa es nuestra única (aparente) LIBERTAD. Que no es poca…

Creemos que cuando alguien nos llama tonto y nos duele es por su culpa, cuando ese dolor no proviene de lo que nos ha dicho sino de creernos ese juicio.

Somos nosotros mismos los que nos estamos juzgando. Somos nosotros mismos los que nos estamos mal-tratando. Y cuando alguien externo nos mal-trata de la misma FORMA y dirigido al mismo lugar interno que nos rechazamos, la herida de nuestro propio abandono se activa y sangra. El otro sólo nos está reflejando el espacio que no nos estamos amando en ese instante. Y digo ese instante porque nada es para siempre… Porque el tiempo sólo es AQUÍ Y AHORA. Porque lo que ahora rechazas, en diez minutos amas.

Hay que ser muy honestos y humildes para ASUMIR nuestros abandonos. Nuestras heridas. Nuestra inconsciencia. Y nuestra ignorancia.

Nada humano me es ajeno porque yo soy esa humanidad que nos habita a todos. Porque en tus circunstancias, en tus pasos y en tus zapatos, seguramente hubiese actuado de la misma manera que tú. Por muy reprochable que ésta sea. Porque nadie se libra de la “posibilidad de”. Porque los siempres y los nuncas son una ilusión mental. Porque lo de ser buena o mala persona es una falacia. Porque tenemos la capacidad de ser TODO, desde lo más puto hasta lo más puro. Sólo una letra los separa. Y ese TODO está latente en nuestras venas. Hasta que deja de estarlo…

¿Puedes empatizar con un asesino, con un pederasta, con un ladrón, con un violador, con un maltratador, con un abusador, con un dictador?

Yo sí puedo. Porque ellos, igual que yo, no son SÓLO esa etiqueta que le hemos puesto. Que nos ponemos. Porque detrás de esa oscuridad hay un ser humano que padece y siente. Igual que tú e igual que yo. Que no es todo negro igual que nosotros no somos todo blanco. Porque fueron los mismos niños inocentes que fuimos nosotros. Porque no les enseñaron a hacerlo mejor.

Y con esto no estoy justificando ninguna acción. No estoy hablando de ellos, sino de ti y de mí. De las etiquetas que cohabitan en nosotros. De las cárceles en las que nos hemos condenado. Hablo de adentrarnos en nuestras profundidades. Hablo de abrir nuestros cajones. Hablo de VERNOS. Hablo de CONOCERNOS. Hablo de AMARNOS.

¿Sabes qué hay detrás de una máscara? La Verdad.

No nos atrevemos a desnudarnos para no ver cómo es nuestra verdadera piel. Para no ver lo que llevamos tanto tiempo ocultando. Para no saber que entre ellos y tú no hay ninguna diferencia, por mucho que nos queramos diferenciar.

Y así es imposible COMPRENDER que ni ellos son lo que aparentan ni nosotros tampoco. Que no somos ni este cuerpo ni esta mente ni este corazón sintiente, aunque también lo seamos. Que lo que Somos, esa VIDA infinita y eterna, esa UNIDAD, ese MAR, abarca mucho más que a un insignificante ser humano con sus circunstancias y su experiencia de vida particular.

Que aunque parezca que tú eres una pieza del puzzle y yo otra, SOMOS la misma. Nunca nos separamos. El puzzle siempre ha estado, está y estará UNIDO y COMPLETO.

¿Sabes por qué TÚ no me puedes hacer daño? Porque “tú” no existe. Porque “fuera” no existe. Porque TODO ES EN MÍ. Porque TODO sucede en mí. Porque yo soy ese TODO.

Porque yo soy la que pienso, la que siento, la que veo, la que toco, la que saboreo, la que escucho y la que intuyo. No hay ningún otro que lo haga por mí.

Yo soy esa vida que tanto me apasiona. Y también esa vida de la que tanto reniego. La misma cosa. El mismo SER.

Nada humano me es ajeno porque todo humano me ES. Sea consciente o no de ello.