Reflexiones

MI VULNERABILIDAD Y YO

Hace unos años escribí un artículo que se titulaba “De mayor quiero ser vulnerable”. Pues ya soy mayor. Muy mayor… Mi Sensibilidad va aumentando a la velocidad de la Intimidad que tengo conmigo misma. A medida que me voy Viendo, capas de creencias van cayendo. Y con ellas, muros que fueron alzados para mi protección, pero que ya no son necesarios.

Va mostrándose, poco a poco, esa piel que estaba oculta entre tanta máscara, tanto disfraz, tanta mentira. Y a esa piel, que no es nueva sino la mía, me tengo que amoldar. Es curioso eso de tener que amoldarse a lo que uno Es. Implica que has estado habitando en un Hogar que no era el tuyo. Uno que fue creado a base de dolor y de miedo. Con paredes de hormigón en lugar de con latidos de Corazón…

Me declaro extremadamente Sensible. Lo cuál me hace muy vulnerable. Lo de sentir lo que el Mundo siente es complicado (por no decir jodido). Y cuando digo Mundo lo englobo todo: personas, animales, lugares, energías… Sentir las soledades ajenas, los vacíos ajenos, los sufrimientos ajenos, las mentiras ajenas, los odios ajenos, las amarguras ajenas… como si fueran tuyas no es agradable. Da una sensación de desprotección increíble. Y de que “tú” no existes. De que nada de lo que percibes es REALmente tuyo.

Por otra parte, puedes sentir que tal cosa como la separación no existe. Que Todo es Uno. Que lo que llamamos Luz y lo que llamamos Oscuridad, femenino y masculino, cielo y tierra, espiritualidad y terrenalidad, Dios y hombre… SON la misma cosa. Son meras etiquetas, conceptos, ideas ilusorias que nuestra mente ha diferenciado entre sí.

Te sientes indefensa ante tanta intensidad, tanto estímulo, tanta información porque nadie te ha enseñado a Ser Sensible. Porque el Mundo en el que vivimos es poco apto para personas con este Don. Por eso somos más solitarias y necesitamos de nuestro Templo-cueva para aislarnos cuando nos saturamos. Por eso debemos seleccionar muy bien de qué nos rodeamos y de quién, para no estar continuamente bañándonos de dolor, de lágrimas y de pena. Por eso nos encanta la naturaleza, el mar, el desierto, el Silencio. Los lugares limpios y puros que también sentimos con esa misma Unidad. Donde no hay ruido que enmudezca nuestro sonido particular. Porque escuchamos a un volumen muchísimo más alto del que lo hace la mayoría.

Todo DON implica un precio a pagar

El DON de Sentir la Vida tan intensamente se paga con sentir lo que a nadie le gusta sentir. No puedes elegir no-sentir. Eres como una esponja absorbiendo todo aquello con lo que entras en contacto. Sea lo que sea. Sea de quien o qué sea.

Útimamente estoy on fire. Se me ha caído otra armadura y mi sensibilidad ha aumentado de nuevo. Estoy en proceso de adaptación. En ocasiones, voy por la calle y ya puedo sentir la “calidad” de la energía de alguien cuando está a varios metros. Y tengo que desviar la mirada de esa persona porque es al mirar a los ojos cuando todo su sentir te impacta a ti y se te cuela dentro. Y cuando ocurre con quien “no se cuida”, se te revuelve el estómago y se te encoje el alma. Esto sólo en el segundo que dura el verle y con un desconocido. Imagínate cuando estás más tiempo y con alguien con quien tienes un vínculo.

Aprender a poner límites, a saber decir NO, a cuidarnos, es imprescindible si no queremos acabar totalmente hundidos y descentrados. Si no queremos convertirnos en lo que no somos. Y si queremos ser felices y estar en Paz con nuestra sensibilidad.

Esto nos lo enseña la vida misma. La práctica del vivir. La escucha de nuestra voz.

Habrá momentos en los que la culpa por tomar según qué decisiones, por plantar esos NO (lo más amorosamente posible que podamos), nos coma. Nos hiera. Que se produzca una lucha entre lo que nos conviene a nosotros, a nuestra salud física, mental y emocional, y los deberías sociales con los que nos presiona nuestra mente. Y tendremos que decidir si nos elegimos a nosotros o a los otros, siendo conscientes de que no siempre llueve a gusto de todos y de las consecuencias en las que pueden derivar nuestras acciones. Ya sean hacia un lado o hacia el otro.

Quizás la soledad se convierta en tu mejor compañera durante un tiempo. Pero te aseguro que no hay mayor soledad, mayor dolor, que el abandono de uno mismo. Que la sordera hacia tus latidos.

A veces, es necesario soltar todo y a todos los que te impiden ser quien eres, a los que ya no vibran en tu sintonía, a los que te dañan (aunque sea inconscientemente y por mucho amor que les profeses), quedarte sola y dejar espacio para que lo nuevo llegue a ti. Y eso no siempre se da de un día para otro.

Por eso es tan importante saber ESTAR con uno mismo. Saber SER no sólo fuerte sino también vulnerable. Sin huir de tu inseguridad, de tus miedos, de tus heridas, de tus vacíos. Porque si no acabas compartiendo tu piel con quien no sabe acariciarla, mimarla, respetarla y amarla. Y esto te acaba hundiendo, tarde o temprano, en tu propia miseria.

Debemos RESPONSABILIZARNOS de nuestra manera de Sentir. De nuestros Dones. Y dejar de culpar al Mundo, a la familia, a la pareja, a las amistades, al trabajo… de lo que nosotros no nos atrevemos a hacer. De los miedos que tenemos. De las elecciones que tomamos.

No podemos cambiar a los otros, pero sí podemos escoger quién sí y quién no. Qué hábitos sí y qué hábitos no. Qué lugares sí y qué lugares no. Ésa es nuestra Libertad. La Libertad de SER lo que soy o de ser lo que los demás quieran que sea.

Algunos lo llamarán egoísmo. Yo lo llamo AMOR.

Ya soy mayor. Muy mayor. Y mi Sensibilidad, mi Vulnerabilidad no me hace débil. Me hace humana. Muy humana. Tanto, que no sé dónde empiezas “tú” y donde acabo “yo”.

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