Reflexiones

LA CONSCIENCIA NO TE SALVA DE TU HUMANIDAD

Y con Humanidad me refiero a nuestras inseguridades, miedos, tristezas, vacíos, soledades o penas. La Consciencia no elimina ninguna de tus emociones. No hace desaparecer al sufrimiento. Sólo te hace Consciente de ti. De tus pensamientos. De tus sentires. De tus autoengaños. De tus reacciones.

Creemos que cuanto más nos conozcamos, cuanto más nos “trabajemos”, cuanto más “evolucionemos”, menos sentimientos dolorosos tendremos con el tiempo. Y esta creencia no es real porque está basada en la creencia, de nuevo, de que con la Consciencia, con la Evolución, con la Sabiduría, no cabe el sufrimiento. Que sólo cabe la felicidad.

Cada uno de nosotros somos un actor (la mayoría inconsciente de este papel que jugamos) con un tipo de personalidad concreto del que no nos podemos deshacer por mucho que lo intentemos. Por mucho que nos “terapieticemos”. Por mucho que despertemos. Por mucho que nos iluminemos.

Somos el fruto de las experiencias que hemos tenido, que tenemos y que tendremos.

Y esas experiencias no nos las podemos extirpar de la piel. Podemos reflexionar sobre ellas, comprenderlas, dejar de victimizarnos, dejar culparlas, responsabilizarnos de nuestra vida, pero sus secuelas, sus efectos secundarios, no nos los puede quitar nada ni nadie. Las llevamos con nosotros allá donde vayamos. Y hasta que no asumamos esto, hasta que no asumamos que somos lo que somos y que ya somos perfectos así, seguiremos en una lucha continua contra nosotros mismos. Por querer cambiar lo que no se puede. Por querer dejar de ser lo que somos. Con el dolor, la impotencia y la frustración que todo ello conlleva.

No está en nuestra mano controlar ni quienes somos ni quienes vamos a ser. No somos “CULPABLES DE” lo que llamamos defectos, imperfecciones.

Soy de las que creen que todo está escrito. Que siempre pasa lo que tiene que pasar. Me guste o no. Y que poco puedo hacer yo por modificarlo, por mejorarlo, aunque parezca que “si puedes soñarlo, puedes hacerlo” o cualquier slogan de estos que tanto daño nos hacen y que provocan que muchos vivan en una continua ensoñación. Hasta que se caen. Hasta que tocan con los pies en la realidad y la frustración les come vivos.

Es como si el personaje de una película creyese que puede cambiar el guión de ésta. No es posible.

¿No te da la sensación de que, aunque cambie el escenario, estamos siempre viviendo lo mismo? Y no me refiero sólo a lo de fuera, sino a nosotros mismos. A nuestra vida interna. A cómo la sentimos. A cómo NOS sentimos.

Mi mente puede buscar muchas causas. Muchos efectos. Puedo encontrarme decenas de heridas. Puedo etiquetarme de mil maneras. Puedo ir al pasado y hacerme un perfil psicológico a lo freudiano. Y lo he hecho. He sido experta en ello. Necesito muy poca información de la otra persona para sacar mi “diagnóstico”. Pero llega un punto en el que te das cuenta de que, aunque mi análisis pueda dar en el clavo, acaban siendo todo pajas mentales que poco tienen que ver con LA VERDAD. Ésa que está más allá del personaje. Más allá de nuestros traumas. Más allá de nuestra personalidad.

Yo he sido súper analítica conmigo misma (y con los demás). Mi mente era como un scanner que no paraba de recibir información con cada gesto, cada tono de voz, cada silencio, cada mirada, cada palabra, cada “manera de”. Y de ahí sacaba todas mis conclusiones, mis deducciones, mis PERCEPCIONES. Todo lo que había que cambiar. Todo lo que se tenía que mejorar. Todo lo que había que madurar. De dónde venía esa supuesta baja autoestima y por qué actuaba y era como era. Por qué elegía a las personas que elegía. Por qué me quedaba. O por qué me iba.

Pero esta mente tan analítica, tan psicológica, no tiene nada que ver con la Consciencia. Sólo forma parte de mi personalidad. Y por mucho que yo me crea que me conozco o conozco al de enfrente, en realidad, no sé nada de mí. Ni del otro. ¿Por qué? Porque cada instante estoy siendo una nueva persona. Estoy naciendo en cada momento. Pero mi mente, con todo su hiperanálisis, me hace creer que yo soy de tal o cuál manera y que así voy a ser y sentir siempre. Y no es verdad, simplemente por el hecho de que ese SIEMPRE no existe. Como máximo puedo saber lo que he sentido, cómo he sido y cómo siento, cómo estoy siendo, pero ¿mañana? ¿De aquí a cinco minutos? NO LO SÉ. Nadie lo sabe.

Vamos por la vida analizándonos tanto, catalogándonos tanto, que no nos permitimos ABRIRNOS al Todo.

Ése “cómo soy” con el que nos definimos es falso. Cada instante estás siendo como eres no como te crees que eres. Pero como lo asociamos a un instante anterior, le damos una continuidad. Hacemos real a ese personaje en el que nos hemos encuadrado.

Yo puedo estar viviendo una época en la que prefiera estar sola, pero eso no me hacer ser solitaria porque quizás mañana ese sentir se evapore y me apetezca todo lo contrario. Y yo soy la primera que me etiqueto, pero soy consciente de que yo no soy “eso” tan pequeño con lo que me he vestido.

Corremos el peligro de creernos que somos esas características de ese personaje. Corremos el peligro de, al creérnoslas, querer mejorarlas. Querer eliminarlas. Querer transformarlas. Corremos el peligro de no aceptarnos tal y como estamos siendo, sintiendo, en cada momento. Corremos el peligro de no Amarnos. Y, al no hacerlo, corremos el peligro de sentirnos vacíos, incomprendidos y solos. Y al sentirnos así, corremos el peligro de buscar (inventar) una causa a ese efecto que no tiene nada que ver con la Causa Inicial. Con la Causa Raíz. Con la Causa Verdad.

Así es como empezamos a hacer terapias, talleres, cursos, retiros… Así es como empezamos esa búsqueda espiritual. Y así es como la mayoría se queda enganchada a ella porque CREEN que su personaje, su personalidad, su “manera de”, sus emociones son un problema. Cuando el problema no es el problema sino el CREERTE que lo tienes.

Podemos hablar a muchos niveles de profundidad. Podemos quedarnos en las ramas, analizarlas, trabajarlas y sanarlas. Hasta que vuelvan a crecer… (siempre lo hacen). “Vida tras vida”. O podemos ir Más Allá. O podemos TRASCENDER esa rueda del samsara que tiene que ver con la evolución del personaje y nada que ver con la Consciencia. Con lo que realmente somos. Con la Vida. Con la Unidad.

Podemos COMPRENDER y ASUMIR nuestra Humanidad. Con todos los sufrimientos, vacíos, tristezas y soledades que la acompañan cuando lo hacen. Un cuando que no decidimos nosotros. Que no elegimos. Que no controlamos. Que no está en nuestra mano sino en la de DIOS (siendo DIOS la Vida absoluta, infinita y eterna). Comprendiendo que la Iluminación no es nada más que esta Comprensión de quienes somos más allá de ese “yo” (incluido el espiritual).

O podemos seguir poniendo nuestra atención en las ramas, en el personaje, en sus heridas, en sus creencias y en su personalidad. Y buscar nuestra salvación en la evolución de ese personaje, en la sanación de esas heridas, en la eliminación de esas creencias y en la perfección de esa personalidad. Salvación a la que llamamos Iluminación.

Casi todos quieren dejar de sufrir sin tener en cuenta que el sufrimiento forma parte de nuestra vida humana. Y que tendremos épocas que nos agradarán más y otras que nos agradarán menos. Pero que todas y cada una de ellas son perfectas porque así han sucedido. El juicio que hagamos de ellas no tiene nada que ver con la Verdad sino con nuestra mentalidad.

El hecho de que yo sea muy CONSCIENTE de lo que pienso y siento no va a hacer que piensa y sienta menos. Porque una cosa es la CONSCIENCIA y otra el PERSONAJE.

Y mientras creamos que la Consciencia, el Hogar, la Unidad, tiene algo que ver con el personaje y con mejorarlo, seguiremos anclados en esa rueda que sólo gira en esta vida porque no existe ninguna otra vida más. Aunque en la película, el actor INTERPRETE que reencarna en varias.

No te culpes por estar sintiéndote de una determinada manera que no es la que tildan de “correcta, abundante, consciente o evolucionada”. Es Vida también. No te etiquetes. No le pongas nombre a lo que sientes ni a cómo lo sientes. Simplemente SÉ VIDA.

Yo me veo como un vehículo, un recipiente, en el que la VIDA (me) ES. En el que la Vida se está expresando, manifestando, en cada instante. ¿Cómo? Como ES. Sin ningún adjetivo más. Con tristeza, con alegría, con incertidumbre, con inseguridad, con éxtasis, con miedo, con pasión, con lágrimas, con risas.

Si me quedo en las ramas diré que depende de mí lo que sucede, cómo vivo, cómo pienso y cómo siento.

Si voy a lo más profundo a lo que se puede llegar, diré que NADA depende de mí (como personaje). Y desde aquí, simplemente me dedicaré a SER lo que soy en cada momento. A sentir lo que siento. A vivir lo que vivo. Sin pretender alcanzar ningún estado “más” del que Aquí y Ahora tengo y Soy.

Y tú,

¿Eres capaz de RENDIRTE al hecho de que nada depende de ti y que, por lo tanto, no puedes hacer nada para cambiar lo que vaya a suceder y lo que vayas a ser?

Reflexiones

EL DÍA QUE DECIDÍ VIVIR SIN WHATSAPP

Me acabo de quitar whatsapp. He eliminado mi cuenta. Me ha dado por ahí. Quizás haya sido fruto de la fiebre que tengo (estoy resfriada). Me apetecía probar qué tal se vive sin estar todo el día pendiente del móvil. Sin tener esa sensación de “a ver si tengo algún mensaje”. Sin esa dependencia. Sin esa obligación a responder al instante cuando recibes un mensaje. Obligación, por otra parte, autoimpuesta. Va con mi personalidad.

En mi caso, como soy medio (o entera) asocial, tampoco es que me suponga demasiado reto. No me llegaban muchos whatsapps. Pero es más ese automatismo a mirar el móvil nada más levantarte. Esa pérdida de energía (y de tiempo) al estar pensando tanto en esa aplicación verde.

Me gusta experimentar con estas cosas. Cuando me he ido de viaje o de retirada a la montaña casi siempre he optado por apagar el móvil. Y sentía una liberación increíble. Como si me hubiera desenchufado de algo. Parece una tontería, pero ese “no estar pendiente” hace que prestes más atención a lo que tienes delante. Que se te agudicen los sentidos. Hace que tu mente pueda VER otras cosas que antes se te escapaban.

No sé cómo se me ha ocurrido. Estaba sentada en el sofá, con un goteo mocal constante de mi nariz, y me he acordado (como quién no quiere la cosa) de alguien que hace poco dijo que él no tenía whatsapp. Y recuerdo que pensé: ¡Cuánta libertad!

Y me he dicho: Y, ¿por qué no? Y pim pam. Adiós al whatsapp.

Así que para aumentar mi barómetro de rareza, he decidido unirme a ese pequeño gran grupo de personas que viven de esta otra manera.

Forma parte de mi rebeldía innata. Qué le voy a hacer…

Reflexiones

LA HONESTIDAD DE SER COMO UNO ES

Me ha costado asumir cómo soy. Me he dado mucha caña cuando no era como mi mente deseaba que fuera. Me he provocado mucho dolor, mucho sufrimiento por sentir, pensar y actuar con honestidad conmigo misma. Por ir contra corriente. Aún hoy en día, creyéndome muy aceptada en comparación con la mayoría, sigue aún la culpa visitándome de vez en cuando.

Ser como uno es implica aceptar esa parte oscura (que no es oscura pero la hemos catalogado así) que también forma parte de nosotros. Implica no ser como lo que dicta la sociedad. Como lo “normal”. Implica una gran valentía y, a menudo, una gran soledad.

Porque sólo los que te aceptan tal y como eres, con todos tus defectos y todas tus virtudes, se quedan a tu lado sin juzgarte, sin querer cambiarte, sin reclamarte lo que no les puedes dar. Y sólo a ellos les eliges para que estén en tu vida. Porque, ¿quién quiere tener cerca a alguien que te está diciendo continuamente cómo tienes que ser y cómo no? ¿Cómo tienes que pensar y cómo no? ¿Cómo tienes que sentir y cómo no?

Yo admito que vivo bastante fuera de lo “habitual”. Que mi libertad es una de mi mayores prioridades. La libertad de hacer lo que me dice el corazón aunque eso signifique tener que decir muchas veces que NO. Soy de esas raras para las que es sagrado pasar tiempo (en mi caso, mucho) consigo misma. De las que se ha acostumbrado a pasar horas, días, sola y que esa soledad elegida no se le caiga encima. De la que NECESITA un espacio amplio para sí que ha ido venerando cada día más.

Y esto, muy poca gente lo entiende. Porque no se suele ver. Porque se suele esconder. Porque se suele callar. Que alguien pueda echar tan poco de menos a las personas que quiere. Que pueda depender tan poco de ellas. Que pueda prescindir de ellas. No queda bien decirlo. Lo habitual es todo lo contrario. Y entiendo que hay apegos que son preciosos. Como el que tiene una madre con su hijo. O como el que tenemos con nuestra pareja. Pero yo, en este momento de mi vida, no soy así. Y no puedo ser de otra manera. No puedo obligarme a sentir de otra manera.

¿Soy excesivamente independiente? No lo sé. ¿Quién pone el baremo?

Me ha costado mucho asumir cómo soy en cada momento. Asumir mi alta sensibilidad. Mi alta empatia. Y las consecuencias relacionales que derivan de ello.

La misma exigencia de “ser según mis creencias” que tenía conmigo, también la proyectaba en los demás. Y les reclamaba que fueran como yo quería que fuesen para así yo no sentir según qué emociones que me despertaba su personalidad.

Poco a poco, a medida que yo me he ido amando, he ido aceptando a los demás. Y cuando digo aceptar no me refiero a ser amiga de todo el mundo ni a amar a todo el mundo. Me refiero a no juzgarles por ser como son.

Muy pocas personas, aparte de mi familia, entran en mi vida de verdad. Sólo aquellas que me sumen. Que me hagan sentir cómoda. Que me sienta como en casa con ellas. Me cuesta sentir ese feeling, esa conexión, con alguien. Pero ya no pretendo ser quien no soy. Ya no me obligo a tener amistades para no sentirme antisocial. O para que no me tachen de ello.

Estoy en una etapa de mucha soledad con la que me siento muy bien acompañada. ¿Me gustaría tener esas amistades? ¡Claro! Pero no a costa de no serme fiel. No a costa de ser deshonesta conmigo misma. No a costa de ponerme una máscara que proyecte quien no soy. No a costa de restar.

Y esto puede sonar muy insano (para los psicoanalistas), pero llegó un momento en que dejé de analizarme tanto porque no me servía para nada y empecé a abrazarme, a respetarme, a amarme.

La paradoja es que para ser quien eres tienes que liberArte de ti.

Ser quien eres en cada momento implica no tenerle miedo a la soledad, al qué dirán, al rechazo, al me abandonarán. Tienes que SABER convivir con todas y cada una de las emociones que existen. Tienes que mirar de frente a tus sombras. Y escucharlas. Y amarlas. Porque también forman parte de ti y siempre lo harán.

Cuando eres amiga de alguien, cuando eres pareja de alguien, debes (si quieres que la relación funcione) amarla, RESPETARLA, tal y como es (y esto no significa que te guste o estés de acuerdo). Y si no es compatible contigo, tomar una decisión. Pero lo que no podemos pretender es que esa persona se vuelva como nosotros deseamos. Como nosotros necesitamos. Porque esa actitud de “obligación” está destinada al fracaso y no tiene nada que ver con el Amor.

No siempre nos enamoramos de la persona que mejor se adapta a nuestra personalidad. Pero ahí radica la fuerza y el poder del Amor, que no es cambiar al otro sino Amarlo sin Condición.

Yo no puedo tener a mi lado, ni como amiga ni como pareja, a una persona que me esté reclamando atención constantemente. Porque a mí me ahoga. Porque si no lo doy, es porque no me sale. Y si no me sale, no lo voy a dar por obligación. Habrá otras personas que este reclamo les encante y que sea recíproco. Así son ellas y así son de perfectas. Pero ni yo puedo cambiarlas en su forma de ser ni ellas a mí.

No hay personalidades mejores ni personalidades peores. No me gustan esas etiquetas, esas sentencias que sólo provocan exclusión. Si alguien no te hace bien, es muy fácil: no estés con esa persona. Y si estás sabiendo cómo es, no la culpes ni te quejes porque es tu LIBRE DECISIÓN estar ahí.

O asumes cómo es ella y cómo eres tú y os amáis así los dos (amistad o pareja) o rompéis la relación. Ninguna opción será un acierto o un error. Será únicamente la que has elegido.

No podemos escoger de quién nos enamorarnos, quién nos atrae, quién nos levanta pasiones, pero sí podemos decidir estar o no con esa persona. Ésa es nuestra Libertad.

De quién te rodeas, quién metes en tu casa, únicamente es tu RESPONSABILIDAD.

Reflexiones

ELEGIR CON EL CORAZÓN

Hay momentos en los que la Vida te lo pone difícil a la hora de ELEGIR porque te lleva al límite de la situación en la que te encuentras para ver hasta qué punto eres capaz de escoger con el Corazón. De apostar por aquello que te hace más ilusión en lugar de por aquello que te da seguridad.

Al final es una cuestión de confianza en la Vida. Una cuestión de SABER esperar. De tener paciencia. De no apresurarse. De no quedarte con lo primero que te llega, por muy tentador que sea. De ESCUCHARte muy bien. De ser muy honesto contigo.

¿Es esto lo que de verdad quiero? ¿Me motiva lo suficiente como para que cada día me levante con una sonrisa en la boca y no con un peso sobre mi espalda?

Estas respuestas te las responde el Corazón. Cuando es un No, en mi caso, siento tristeza, opresión en el pecho, rechazo hacia esa posibilidad que me puede dar mucha estabilidad, mucho dinero, pero nada de ilusión. Mi mente intenta autoengañarme para que le haga caso a ella. Y me llena de miedos donde el futuro se ve oscuro. Entonces vuelvo al Presente, al Aquí y Ahora, a lo que tengo en este instante y a dónde me gustaría llegar. Y realizo un acto de absoluta confianza hacia esa INTUICIÓN tan fuerte que me está diciendo que “por ahí, NO”. Y me veo anulando entrevistas de trabajo que cualquiera aceptaría sin pensárselo tan solo porque a mi CORAZÓN no le gusta esa opción. Sin ninguna otra razón más.

Cuando te quedan dos meses para que se te acabe el paro, cuando estás viviendo sola y pagando un alquiler, cuando ves que te estás quedando sin los pocos ahorros que tenías, decir NO a una trabajo “muy bueno” parece una insensatez. Pero si hay algo que he aprendido en estos últimos años, en estos últimos meses, en los que me he visto en la misma situación, es que, al final, “Dios aprieta pero no ahoga”. Y que un trabajo al que no vayas contento, con ganas, te acaba arrebatando tu felicidad y tu paz.

Y quizás ese trabajo al que le dices SÍ no tiene nada del otro mundo. Es muy parecido al que decías No. Pero tiene “algo”, quizás los compañeros, el ambiente, que es lo que marca esa diferencia entre sentir alegría por ir o tristeza.

Y me dirás: -Ya, pero eso cuando escoges no lo sabes.

Y te digo: – Es la mente la que no sabe. El Corazón, la Intuición, lo tiene claro.

Por eso, se trata de tener FE en ella. En Él. Y apartar tus miedos para que sean tus latidos los que te guíen.

A mí me han ocurrido cosas “milagrosas”, inesperadas, inconcebibles, cuando he seguido a mi Corazón. Y sé que es muy difícil “confiar en lo que no se ve”. En lo que no tiene ninguna explicación científica. Me ha costado mucho llegar a este punto de “lo dejo todo por lo que siento y no por lo que pienso” porque soy muy mental. Pero cuanto más te escuchas, más fácil es distinguir uno del otro porque esos síntomas de molestia, de sensación de ahogo, tristeza, son cada vez más fuertes. Más intensos. Y ya no te permiten decir SÍ a lo que es NO.

Siempre sabemos qué es lo mejor para nosotros, pero no siempre nos atrevemos a elegirlo.

Porque el Miedo nos gana. La impaciencia nos gana. La inseguridad nos gana.

Poco a poco vas aprendiendo qué es lo IMPORTANTE en la Vida. Qué es aquello de lo que puedes prescindir y aquello de lo que no. Y para cada uno será algo diferente porque cada uno tenemos nuestra personalidad y nuestras prioridades. Pero la llamada, la Voz del Corazón, está en TODOS.

Yo seguiré arriesgándome. Seguiré esperando. Y mientras busco, aunque no sepa qué busco, seguiré apostando por mí. Por el lugar, la persona, que siento que me va a sumar y no a restar. Y eso no significa que la incertidumbre, el miedo no me acompañe. Claro que se presenta también. No soy un robot ni una máquina fría e insensible. También soy vulnerable. Pero yo DECIDO qué hacer con él.

Si no estás en Paz contigo misma, no puedes estarlo con los demás. Y para estar en Paz contigo misma, debes ser COHERENTE con tu Sentir (sin olvidarte de tus responsabilidades).

No permitas que el Miedo guíe tu Vida y tome las decisiones. Porque con Miedo no se puede ser Feliz ni sentir Paz. Y no estoy hablando en ningún momento de no sentir miedo, sino de no dejar que el miedo te domine.

CONFÍA. CONFÍA. CONFÍA.

Al menos, no te arrepentirás de no haberlo intentado.

Y QUE SEA LO QUE TENGA QUE SER.

Reflexiones

UNIDOS POR UN MUNDO EN PAZ

Qué fácil es hablar. Qué fácil es escribir. Qué bonitas son esas frases espirituales que colgamos. Qué bonito es lo de la “Unidad”. Qué Conscientes somos todos cuando hay calma. Pero, ¿qué pasa cuando la cosa se tuerce? ¿Qué pasa cuando no ocurre lo que a mí me gustaría? ¿Qué pasa cuando hay algo que considero injusto? ¿Qué pasa cuando mis sueños se caen y la frustración, la ira, la tristeza y la impotencia se apoderan de mí?

Yo te digo lo que pasa. Que esa espiritualidad, esa consciencia y esa paz de la que alardeamos se va a tomar viento y las emociones toman el mando.

Qué fácil es hablar. Qué fácil es escribir. Qué difícil es ACTUAR con serenidad.

Las crisis, las “Noches oscuras”, el caos, nos ponen a prueba constantemente para que nos demos cuenta de LA VERDAD. ¿Y cuál es La Verdad? Que no somos ese personaje, ese ego, con esas creencias, con esas ideologías que están tatuadas en nuestra piel. En nuestro cuerpo. En nuestra mente. Y que no tienen nada que ver con nuestra Alma. Con nuestro Ser (que es el mismo para todos).

TODOS tenemos ese personaje. No podemos desprendernos de él. No hay técnicas ni herramientas que te arrebaten tu Humanidad. Somos la Consciencia que es consciente del personaje. Y nos estamos olvidando constantemente de esto.

Ante una situación como la que vivimos en Catalunya, en España, no es evitable “no sentir” nada. Porque todos tenemos a nuestro personaje, con unas ideologías y creencias concretas, “dándonos por culo”. Tanto los de un bando, como los del otro, como los que están en medio sosteniéndolos a los dos, vamos a sentir tristeza, impotencia, frustración, ira, vergüenza, hartazgo, agresividad, empatia y rabia. Cada uno por los motivos que su ego le indique.

No hay nadie que se vaya a quedar frío e impasible porque somos seres humanos emocionales y da igual que meditemos, que hagamos yoga, que cantemos mantras, que vayamos al gimanasio o a pasear por la playa. Estamos todos conectados. Y cuanto más cerca estamos físicamente, cuanto más vinculados estamos con los hechos, más “nos tocan” las energías que nos rodean. Por mucho que queramos quedarnos al margen y no intervenir para no meter más leña al FUEGO…, el Fuego va a venir a nosotros. Porque está también DENTRO de nosotros. Lo llaman INTERCONEXIÓN.

Entonces, ¿la solución es eliminar al ego, al personaje para así eliminar nuestras creencias y nuestras ideologías? ¡No! No se puede hacer eso. No puedes dejar de ser lo que eres. No puedes dejar de pensar lo que estás pensando. No puedes dejar de sentir lo que estás sintiendo. Pero sí puedes SER CONSCIENTE de ti. De ese personaje. De cómo tu ego, tus creencias, tus ideologías, están provocando todas esas emociones.

Sí puedes no dejarte arrasar por tu personaje.

Y eso no significa que no vayas a sentir todo lo que sientes. Yo llevo una semana (como casi todos los catalanes principalmente) que se me llevaban los “demonios” por dentro cuando veía lo que veía y escuchaba lo que escuchaba. Y no podía remediarlo. Sabía que era mi personaje con sus creencias haciéndome sentir al violento, al asesino, al intolerante, al agresivo y a lo peor que llevo dentro. Y, en otras ocasiones, también al empático, al solidario, al pacífico, al amoroso y al compasivo que también habitan en mí.

Y a mí también me hubiera gustado vomitarle a los demás toda esa mierda que vibraba en mí a base de insultos, de faltas de respeto, de lanzamientos de objetos, de cortes de calles, de carreteras y de mangas, y de violencia como han hecho muchos. Para desahogarme. Para quitarme de encima todas MIS emociones. Sumándome al carro destructor externo para que no se produjera mi destrucción interna.

Ésa era una OPCIÓN. La de proyectar en el otro lo que estaba en mí. La de sacar lo peor de mi personaje y olvidarme de la otra cara de la moneda de él. Y te aseguro que es muy muy difícil sostener todo ese fuego y canalizarlo para no dañar a nada ni a nadie. Y te aseguro que también me hubiese quedado muy a gusto quemando todo lo que se me pusiera por delante. Y no contra la policía, en mi caso.

Pero, pero, pero… DECIDÍ que aunque sentía ese impulso, no quería SER así. No quería SER lo que me estaba provocando ese estado de violencia interna. DECIDÍ no hacer realidad mis fantasías. DECIDÍ no reaccionar ante mis emociones. DECIDÍ no rechazar a mi personaje, pero tampoco dejar que tomara el control de mis actos. DECIDÍ ir a enfriarme a la sauna… en lugar de ir a calentar más el ambiente. DECIDÍ hacer un cordón de paz conmigo misma.

Porque por mucho caos que haya fuera, por muchas emociones que nos estén atormentando (y a mí me han atormentado muchísimo), SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE tenemos la opción de ELEGIR el Amor y la Paz. Y el Amor y la Paz no es negar lo que estás sintiendo y “hacer ver” que estás en las nubes, levitando, que eres un ser de luz y blablabla. Elegir el Amor y la Paz es elegir no ser el Demonio que estás sintiendo que eres (no es lo mismo Ser que pensar o sentir).

Nos creemos que cuanto más conscientes somos, menos emociones “negativas” sentimos. Y no es verdad. No tiene nada que ver la Consciencia con las emociones. Las emociones forman parte del personaje que somos (y que siempre seremos). La Consciencia es lo que hay más allá del personaje (ego espiritual incluido).

La CONSCIENCIA es “consciente de” no es “dejar de sentir, creer o pensar tal o cual cosa”.

Y sólo cuando eres CONSCIENTE de ti, de tu personaje, de tus creencias, de tus ideologías, puedes dejar de reaccionar ante ellas (que no sentirlas). Mientras no te des cuenta de que tus ideologías sólo son una identificación con una serie de pensamientos, de IDEAS, de creencias que has heredado, que te han inculcado o que te has creído, no podrás ser Consciente de que la única RESPONSABLE de tus acciones e inacciones eres TÚ y nadie más.

Y si no eres consciente de ello, ¿sabes qué ocurre? Que empiezas a echarle la culpa a los illuminati, a la luna llena, al cambio climático, al patriarcado, a los políticos, a los independentistas, a los unionistas, a las banderas, a las patrias, a los nacionalismos, a los Mossos, a la Policía Nacional, a la Guardia Civil, a los “els carrers seran sempre nostres”, a los “a por ellos, oé”, al Rey, a Puichdemont, a Torra, a Buch, a Sánchez, a los jueces, a los CDR, a los Tsunamis, a la Constitución, a los radicales, a Guardiola, al procés, a Rivera, a las sentencias, a los adoquines, a las porras y a la madre que los parió a cada uno de ellos y a cada una de nosotras.

Y todo por NO SER CONSCIENTE de lo que está sucediendo dentro de ti y por NO SABER sostener las emociones de un personaje que te has creído que eras.

¿Te imaginas que todo fuera una cuestión de AUTOCONOCIMIENTO? No del personaje ni de sus heridas ni de sus historias ni de sus misiones, sino de la diferencia que hay entre la mentira de tu personaje (incluido el espiritual) y lo que eres en Realidad.

¿Sabes qué ocurriría con una sociedad con tal Consciencia?

Que no haríamos caso a nuestro personaje, con sus creencias y sus ideologías, y estaríamos UNIDOS POR UN MUNDO EN PAZ.

Reflexiones

CUANDO LA IDEOLOGÍA ES MÁS IMPORTANTE QUE EL AMOR

Soy de Barcelona. Amo Barcelona. ¿Sabes por qué? Porque es “multidetodo”. Convivimos SERES HUMANOS de diferente ideología política, religiosa, espiritual y cultural. Yo creo que es la ciudad, no sólo española sino también europea, donde existe mayor diversidad.

A algunas personas no les gusta esa “apertura de mente y de fronteras”. A mí me encanta que hayan iglesias, mezquitas y templos budistas a mi alrededor. Que puedas pasear por la playa y veas a la gente jugar a fútbol, a voley, a paddle y a decenas de deportes más que ni siquiera sabía que existían. Que te encuentres en el Parque de la Ciutadella un grupo de personas bailando salsa, otra haciendo yoga y otra tocando tambores africanos. Hay opciones para todo. Para todos los gustos. Para todos los colores. Porque Somos de todo. Y ésa es para mí la Esencia de Barcelona. Su Grandeza.

El problema surge cuando la ideología pasa a estar por encima del Amor y de la Paz. Cuando es la prioridad. Cuando es ‘lo importante’. Cuando se intenta imponer. Cuando se deja de respetar la de los demás.

Entonces es cuando se produce la fractura social y cuando empieza la lucha para ver quién tiene “la bandera más grande”. Entonces es cuando la testosterona toma el mando y el Corazón es olvidado.

Al final, es muy simple. ¿Qué es más importante para ti? ¿Tu ideología o la paz?

Cuando se nos ha ido de las manos, cuando estamos desbordados, cuando hemos perdido el control de la situación, cuando no se mejora sino que se empeora, cuando en lugar de beneficiar, perjudica, cuando el procés ya no da para más, es preferible hacer un acto de CONSCIENCIA, de sabiduría, dar un paso hacia atrás (que es hacia adelante…), dejar de luchar, de combatir, de insistir y de apretar… para que vuelva a reinar la Paz, el respeto y la cordialidad entre todos.

Tan importante es intentarlo como saber PARAR. No todo se puede conseguir. No todos los sueños se hacen realidad, aunque muchos nos hagan creer lo contrario. Aunque muchos nos hagan creer que si te esfuerzas mucho, lo conseguirás. Nuestros pies no están para tocar el cielo sino la tierra…

A veces, la Rendición se transforma en la mejor de las Victorias. Pero, para ello, hay que ser muy valiente. VALIENTE, de verdad. Porque no es nada fácil dejar a un lado unas creencias que tienes tan arraigadas para lograr un BIEN MAYOR.

Cuando para conseguir tus derechos, pisoteas con tus acciones o inacciones los de los demás, entonces ya has perdido. Ya hemos perdido. TODOS.

¿Dónde empieza tu libertad, acaba la mía? No, si ponemos en práctica la empatia, el sentido común y la solidaridad.

Yo no soy ni independentista ni “españolista”. Respeto ambas banderas. Ambos himnos. Respeto las manifestaciones de ambas opciones. Pero no respeto que ninguna me imponga la suya. No respeto que ninguna de las dos me arrebate mi derecho a abrir mi negocio, a coger un vuelo, a circular por la carretera, a acudir a mi trabajo o a llevar el escudo que me dé la gana llevar.

No respeto que no me respeten.

No entiendo que una “bandera”, una lengua, un trozo de tierra, pueda ser más importante que la Humanidad, que la convivencia pacífica con tus vecinos. No entiendo tanta lucha, tanta dependencia, tanta ira, tanta agresividad, tanto nacionalismo español y catalán.

Catalunya es de las poblaciones más solidarias del Mundo. ¿Cómo puede ser, a la vez, tan insolidaria consigo misma? ¿Cómo puede estar destrozándose tanto a sí misma?

¿Dónde está el problema en que cada uno lleve la bandera que sienta, que hable la lengua con la que mejor se comunique y que cante el himno que más le emocione? ¿Qué daño hace? ¿A quién? ¿A nuestro Ego? ¿A nuestra supremacía catalana y española? ¿A nuestra prepotencia?

Que yo sea budista (no lo soy) no significa que TODO el mundo tenga que serlo. Que yo sea vegana (no lo soy) no significa que TODO el mundo tenga que serlo. Que a mí me guste el ajedrez (me gusta) no significa que a TODO el mundo le tenga que gustar. Y menos aún, que lo vaya a imponer porque YO CREA que es lo mejor de lo mejor.

El problema no son ni las ideologías ni los himnos ni las lenguas ni las banderas. El problema es que hay personas que se CREEN que SU bandera (filosofía de vida, raza, sexo, creencia blablabla) es superior a la de los demás y pisotean la que es contraria a ellos. Que es lo que ha venido ocurriendo a lo largo de toda la historia de la Humanidad y lo que ha provocado (y sigue provocando porque no aprendemos) tanta xenofobia, tanto abuso, tantos holocaustos, tantos fascismos, tanta intolerancia, tanta discriminación y tantas guerras.

Tanto el nacionalismo catalán como el español vienen de ese apego, de ese sentimiento de superioridad. Son las dos caras de la misma moneda. Y un nacionalismo “descontrolado” siempre siempre siempre, tarde o temprano, lleva a la violencia (tanto física como psicológica) por mucho que no se quiera ni se esté de acuerdo con ella. Y ahí está la Historia para confirmarlo.

Así que, cuando se descontrola, cuando se le pone demasiado énfasis, cuando se vuelve una necesidad insana, cuando se le da más importancia que a ‘lo importante’, debemos PARAR, soltar las emociones, las banderas, mirarnos al espejo y preguntarnos:

¿De verdad, vale la pena? Tanto sufrimiento, ¿PARA QUÉ?

Y, a partir de ahí, ASUMIR las consecuencias de nuestras LIBRES decisiones, de nuestros LIBRES actos, de nuestras LIBRES formas y de nuestras LIBRES respuestas.

Podemos convivir todos juntos, como hemos hecho durante tantos años, con todos nuestros nacionalismos y no nacionalismos, con todas nuestras luces y nuestras sombras, sin tener que alzar más fronteras ni más MUROS (para eso ya está Trump) de los que ya hay en nuestro Mundo. Es sólo una cuestión de Respeto, de Humildad y de poco más.

¿No es acaso la PAZ (interna y externa) lo que todos deseamos y anhelamos?

¿Tenemos que llegar al punto de “la maté porque era mía” (la nación)?

Menos Ideologías. Más Amor.

Menos es más

Reflexiones

NO PODEMOS LLENARNOS DE AMOR

No podemos llenarnos de algo que ya somos. Y tampoco vaciarnos de ello. Es como si el agua dice que se ha llenado de agua. No tiene ningún sentido. No puede vaciarse ni llenarse de sí misma. Es tan sólo una falsa percepción.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de Amor? Confundimos sentir amor con el Amor. Para mi el Amor es la Vida. Es esa NADA que lo es TODO. Es DIOS. No es ningún sentimiento ni ninguna emoción del ser humano. Es ese Hogar, esa Consciencia que ES infinita y eterna. Que jamás deja de Ser. Es Silencio. Es Existencia. Y Es lo que Somos en Realidad más allá de nuestra Humanidad.

Es “muy importante” tener esta COMPRENSIÓN de lo que somos y no podemos dejar de ser por mucho que nuestra mente así nos lo quiera hacer creer. Porque si nos creemos que en algún momento, por alguna circunstancia interna o externa, por alguna manera de ser o de sentir, por un tipo de personalidad, de reacción, de sentimiento, pensamiento o emoción…, no estamos siendo ese Amor que la mayoría está intentando ALCANZAR, lo que provocaremos es un estado continuo de impotencia, culpa, lucha y frustración.

La Iluminación no es alcanzar ese estado de Amor donde el sufrimiento no tiene cabida. La Iluminación es COMPRENDER que ya somos esa perfección hagamos lo que hagamos, pensemos lo que pensemos y sintamos lo que sintamos. Y cuando hablo de comprensión no me refiero a un entendimiento mental. Conceptual. Es la integración de ese conocimiento. Es ese ‘clic’ que te hace VER la Vida tal y como Es y no tal y como nos hemos creído o nos gustaría que fuese. Es el ¡Eureka!. Y es un eureka al que nuestra mente no puede acceder porque está fuera de ella.

Esa Iluminación-Comprensión no es alcanzable por nuestro personaje, por nuestro yo. No hay técnicas, métodos, herramientas, meditaciones, retiros, libros, sanaciones, silencios que te provoquen ese ‘clic’. La mente, que NECESITA una razón y saber el por qué, el para qué y el cómo de todo, te dirá que ha ocurrido por seguir cierto camino. Por realizar ciertas prácticas. Pero no es verdad, aunque lo parezca.

Yo no sé cómo he llegado a esa COMPRENSIÓN. Cómo ha sido en mí. Lo que sí sé es que ‘yo’ no he hecho nada. Y que no hay nada que se pueda realizar o dejar de realizar para alcanzarla.

Lo único que puedo hacer es compartir esa Comprensión de la Vida, pero ya está.

Podemos llenar nuestra mente de conocimiento, de conceptos, de técnicas, de métodos. Podemos memorizar todas las enseñanzas, pero nada de eso tiene que ver con la Sabiduría. Y ninguna de ellas te llevará a esa falsa iluminación que pretende eliminar tu humanidad, tu ego, tu personalidad. Porque no es posible. Porque esa iluminación sólo es un concepto mental más que ha creado el ego espiritual.

Y esto sólo es comprensible cuando lo has COMPRENDIDO.

COMPRENDER que todo está bien. Que no hay nada que cambiar. Que no hay nada a lo que evolucionar. Que cada Instante ES el que tiene que Ser. Ni mejor ni peor. Ni más correcto ni más incorrecto. Que cada emoción, cada pensamiento, cada sentimiento, cada tormenta, cada sufrimiento, cada vacío, cada soledad, cada nacimiento, cada muerte, cada tropiezo, cada defecto, cada virtud, cada desastre natural o no natural, cada luz, cada oscuridad, cada apocalipsis, cada ‘lo que sea’ que sucede ES ese Amor. Es VIDA en su máxima perfección.

Y que es nuestra mente la que lo juzga, la que lo interpreta a su imagen y semejanza, no a la imagen y semejanza de Dios.

Cuando Comprendes que ya eres ese Amor, dejas de intentar llenarte de él. Dejas de necesitar “sentirte” las 24 horas. No te hace falta. Porque sabes que ya eres perfecta. Que aunque tu mente te llene de imperfecciones, estás vacía de ellas. Que tus pensamientos no te definen. Ni tus diagnósticos. Ni tus heridas. Ni tus traumas. Ni tus trastornos. Porque estos sólo existen en esa mente que crea problemas donde sólo hay experiencias de vida. Y dejas de querer y necesitar sanarte de todos esos supuestos problemas que tienes y que supuestamente son los que te impiden ser ese Amor y esa Paz. Dejas de intentar pensar y sentir otra cosa de lo que estás pensando y sintiendo. Porque dejas de verlo como una tara. Como algo a solucionar. A arreglar. A ‘iluminar’.

La tormenta es tormenta. No es ningún trastorno meteorológico. Es una perfecta expresión de la Vida. Con toda su intensidad. Con toda su autenticidad.

El problema no es el problema. El problema es el juicio que hago del problema. La etiqueta que le coloco.

Sin juicios, no hay problemas. Simplemente hay VIDA viviéndose a sí misma.

¿Y cómo dejo de juzgar? ¡No se deja! Sólo se COMPRENDE.

¿Y cómo COMPRENDO? No tengo ni idea (ni tengo necesidad de tenerla). Es Ella la que te alcanza a ti. Sabiendo esto, lo que puedes es dejar de correr hacia ella. Dejar de esforzarte. De agotarte… Pero este ‘dejar de’ tampoco te asegura nada. Lo que sí hará es que la vida te resulte menos pesada. Que no entres en guerra con la Realidad y que no sufras por estar sufriendo. Es una Rendición total ante lo que ES en cada Instante.

¿Y cómo hago que suceda esa Rendición? Tampoco tengo ni idea. Estamos en lo mismo. ¿Cómo hago para no sentir lo que siento? “Tú” no DECIDES integrar el conocimiento. Tú no decides Comprender. Tú no decides Iluminarte. Tú no decides enamorarte. Simplemente, sucede. El cómo es un misterio que está fuera del alcance de nuestro entendimiento mental.

¿Quién lo decide? Dios. La Vida. Lo Absoluto. El Amor. “A Saber”.

SER (incluido Ser el no-ser). Y poco más…

Reflexiones

HUMANIDAD COMPARTIDA

Hay una terapia a la que se acude muy poco. Que no se tiene en cuenta. A la que no le damos importancia. Se llama Humanidad. Se llama Escucha. Se llama Estar. Se llama AMOR.

La mayoría de las veces no necesitamos que ningún psicólogo, psiquiatra, terapeuta, se ocupe de nosotros. La mayoría de las veces lo único que nos ocurre es que estamos viviendo la otra cara de la moneda de la Vida, que también forma parte de la vida. Pero nos hemos creído que TENEMOS QUE estar siempre alegres y contentos. Sonrientes. En lo más alto. Y que cuando otras emociones, otros estados, nos visitan, es que no estamos sanos.

Nos hemos inventado tantos incorrectos, tantas taras, que nos pasamos la vida intentando arreglarnos. Como si SENTIR fuera un error. Como si estar perdidos fuese una “perdición”. Como si las tormentas debieran ser eliminadas de inmediato. Como si el caos fuera un pecado.

Es un pensamiento que nos creemos: “Estoy mal. Algo en mí está fallando. No debería estar sintiendo o pensando esto” etcétera. Es un juicio. Y tras ese juicio, surgen las etiquetas. Los diagnósticos. Los trastornos. Que nos tatuamos en nuestra mente y en nuestra piel y pasamos a sufrirlos en lugar de a vivirlos. En lugar de a experimentarlos. En lugar de a sentirlos.

Queremos una vida perfecta donde el perfecto es sinónimo de “estar y sentir siempre bien”. Y cuando no lo hacemos, cuando la vida nos muestra su Verdad, enloquecemos. Pero no porque estemos y seamos locos, sino porque nos creemos que ese forma de sentir es una locura. Cuando SIMPLEMENTE es otra forma de expresión de la Vida.

Algunos dirán: “Pero es que a mí esa forma no me gusta. Yo quiero la cara bonita

Ya, pero a Dios, a la Vida, no le interesa tu opinión ni la mía. La Vida ES la que ES. Es ella la que manda y no nosotros. Es ella la que controla y no nosotros. Es ella la que maneja la barca en la que estamos navegando y no nosotros.

Y cuanto más nos resistamos a esta Verdad, más sufriremos. Cuanto más queramos planearla, más nos frustraremos. Porque de lo único que podemos estar seguros es de lo que nos está sucediendo en cada Instante. Es en este Presente en el que nos encontramos. En el único en el que la Vida Es. En el que nosotros Somos. Y ese ‘somos’, seamos como seamos, no podemos cambiarlo porque ya se está dando.

No podemos no sentir lo que ya estamos sintiendo. Y creer que realizando ciertas técnicas, mañana podremos estar “mejor” que ahora, es una farsa. Porque no podemos decidir cómo nos vamos a sentir. Ni qué vamos a pensar. Ni cómo vamos a reaccionar ante según qué situaciones.

A la mente le da pánico lo desconocido. Lo que está fuera de su control. Por eso NECESITA sentirse segura constantemente. Por eso te lleva a realizar mil y un talleres, a que aprendas mil y un métodos para sentirte segura. Creyendo que cuando la experiencia aparezca, la teoría que has aprendido servirá de algo.

Aprendemos MIENTRAS experimentamos. Mientras vivimos. Ni antes ni después. El INSTANTE en el que sucede lo que sucede es el aprendizaje en sí mismo. Y ese mismo aprendizaje caduca en el momento en el que acaba y sucede otro Instante. Por eso NO SABEMOS NADA. Por eso está TODO por aprender. Porque lo que te sirve para Aquí y Ahora no te sirve para el Aquí y Ahora de dentro de 5 minutos. Porque será una nueva vida-instante. Tú serás una nueva vida-instante en el que todo puede ocurrir. En el que puedes sentir cualquier emoción. En el que puedes realizar cualquier acción.

Puede PARECER que nuestro aparente cambio a lo largo de los años es permanente. Que “ya no soy así”. Que “ahora ya no reacciono tanto”. Que blablabla. Pero es sólo una apariencia. Una deducción que hacemos basada en una comparativa entre cómo supuestamente éramos antes y cómo supuestamente somos ahora. Pero ni antes éramos un determinado perfil psicológico que se comportaba siempre de determinada manera ni lo somos ahora.

La Verdad, la auténtica Verdad, es que no somos nada de todo lo que nos creemos ser, de las etiquetas que nos hemos colgado, de los “yo soy así y yo soy asá” con los que nos hemos definido y catalogado.

Somos lo que somos en cada INSTANTE. Y no es un somos que podamos ni controlar ni predecir. Porque no somos robots. No somos máquinas que estamos configuradas para pensar, sentir y actuar de determinada manera según lo que se nos presenta. No es verdad. No tenemos ni idea de cómo vamos a comportarnos. Y el “CREER QUE” es una mera ilusión. No es Real porque no ha sucedido.

HUMANIDAD COMPARTIDA es escuchar, sentir, a otra persona desde este lugar puro. Limpio de pasados y de futuros. De psicoanálisis. De juicios. De “deberías”. Es simplemente ESTAR PRESENTE con el sufrimiento del otro. Sin intervenir PARA QUE ese sufrimiento sea eliminado porque te molesta. Porque no sabes sostenerlo. Porque te has creído que sufrir es un error de la naturaleza. Porque te has creído que SENTIR, sea lo que sea, no es perfectamente humano.

Amor. Amor que ama sin Condición. Que se rinde ante lo que ES. Que Ve la Belleza en lo que etiquetamos como fealdad. Que Ve la Luz en lo que etiquetamos como oscuridad.

Amor que considera a todo lo que Vive, ya sea dentro o fuera, Sagrado. Que no necesita conectar con la Abundancia porque ya SABE que todo es abundancia. Que ya somos abundancia aunque nos sintamos carentes de ella.

¿La mejor terapia? ESTAR, ESCUCHAR Y COMPARTIR tu Humanidad.

Así de simple. Así de sencillo.

Directa al Corazón. Directa al Amor.

Reflexiones

LA POLINIZACIÓN DEL EGO ESPIRITUAL

Hay muchas personas “espirituales” que creen firmemente que el hecho de ver Sálvame o Gran Hermano es indicativo de que tienes un problema y de que además es incompatible con la Espiritualidad. Como si estuviesen metiendo al personaje y a Dios (o como lo llames) en el mismo cajón. Como si el personaje y la Consciencia tuvieran algo que ver.

Aún me sigue sorprendiendo ver a “maestros” que se pasan la vida meditando, que tienen la mente llena de conocimientos filosóficos, que se han convertido en una enciclopedia andante, que se han empapado de las enseñanzas de los más grandes…., no darse cuenta de ese aire de superioridad con el caminan y que tan alejado está de lo que predican.

Yo también me lo creí. Lo de que había diferentes niveles de consciencia y que cada uno implicaba un “programa de televisión” concreto. Un deporte concreto. Una afición concreta. Una sexualidad concreta. Unos hábitos concretos. Una alimentación concreta. Unas emociones y pensamientos concretos…

Yo también caí en esa trampa en la que el ego se disfraza de espiritualidad y en lugar de llevarte a necesitar “tener más” te lleva a necesitar “ser más”. Con una lucha contra uno mismo constante. Con la paz que te arrebata. Con el poco Aquí y Ahora que implica. Y con el peso, la culpa, la frustración y la prepotencia que conlleva.

Hace años que no medito. Veo series de televisión. Y también sálvame y gran hermano. Como lo que me apetece, cuando me apetece y las veces que me apetece. No practico yoga, aunque sí lo he hecho (igual que he practicado fútbol). No soy ecológica. Consumo porno de vez en cuando. Y también amo a los animales, a los minerales y a la naturaleza. Y a la poesía. Y reflexiono sobre el silencio, el amor, la vida y la muerte. Y sobre el significado de la luz y la oscuridad. Y sobre el vacío. Y sobre el sufrimiento. Y sobre la soledad. Y sobre el Hogar. Y sobre Dios. Y sobre el Ser Humano. Y sobre el Silencio. Y sobre la Existencia. Y sobre la no dualidad. Y hablo sobre ello. Y escribo sobre ello. Y lo comparto. Y ME comparto.

Y no considero que ninguna de esas dos partes sea superior o inferior a la otra. Ni mejor o peor. Ni que me haga más o menos consciente. Ni que me haga “más o menos”. Ni que sea un error.

Lo que sí considero absurda es esa consideración.

Hay mucha confusión sobre este tema. ¿Que tendrán que ver los gustos de tu personaje con ese “más allá”? ¿Con lo que no se puede ver ni oír ni tocar?

Se CREE que es el personaje el que se tiene que “elevar”, que conscienciar, que iluminar. Se quieren mezclar las churras con las merinas. Y eso es inviable. Una cosa son las churras y otras las merinas. Una cosa es el personaje y otra la Consciencia-Dios.

Y esa confusión es a la que te lleva el Ego Espiritual, que es muy inteligente y sabe por dónde pillarte. Y te la cuela bien colada. Y si eres un comunicador-maestro-gurú-terapeuta, te dedicas a polinizarla por todas las mentes que te escuchan y te leen. Y lo haces con la buena intención de “despertar a los dormidos”, sin darte cuenta de que eres tú el más cegado y el más dormido.

Hasta que VES lo engañado que estabas. Hasta que Ves que no habías COMPRENDIDO nada de todo lo supuestamente aprendido. Y te caes de tu inconsciente pedestal. De tu superior “nivel” de conciencia y espiritualidad. Y te avergüenzas de tu ridiculez. Y te sientes ignorante. Muy ignorante. Y aparece la Humildad. Una Humildad que te quita la mirada del ombligo y te la recoloca en el Corazón. En el Corazón que todo lo Ama. En el Corazón que TODO lo ES.

Mientras sigas creyendo que TIENES QUE ser de una determinada manera para poder SER, seguirás siendo prisionero y esclavo de “ti mismo” (de tu personaje, de tu ego espiritual). Y dará igual el tiempo que medites, las prácticas “iluminadas” que realices y lo mucho que te “sanes” y te psicoanalices. No serás libre porque no habrás encontrado, COMPRENDIDO la VERDAD.

RECUERDA:

Eres perfecto tal y como eres. No tienes nada que arreglarte. Y el AMOR te Ama sin ningún tipo de Condición.

Haz lo que te salga de la peineta. No te tacharán de “espiritual”, pero serás LIBRE. Libre como el viento. Libre como el MAR.

Reflexiones

TIRAR UNA PUERTA ABIERTA

Me he quedado sin metas. Sin objetivos. Sin destinos. Me preguntan qué es lo que quiero hacer y mi respuesta siempre es: no lo sé. He descubierto la trampa. He descubierto que la puerta que quería abrir ya estaba abierta.

Y ahora, ¿qué?

¿Qué haces cuando todo te parece bien, cuando sientes que todo ya es perfecto, que no hay nada que cambiar ni que mejorar ni que evolucionar? ¿Qué haces cuando el tiempo se ha evaporado de tu mente junto con todas las creencias que tenías sobre tus heridas y tus traumas? ¿Qué haces cuando no le temes a la muerte ni al sufrimiento? ¿Qué haces cuando la sencillez se ha tatuado en tu piel y cuando el esfuerzo y la persona de éxito han desaparecido de tu ego?

¿Qué haces cuando sientes que ya no TIENES QUE hacer nada más?

Aparte de vivir cada Instante, de experimentarlo, sigo con el NO LO SÉ.

Me cuesta muchísimo tomar decisiones que tienen que ver con los mañanas. Al sentir que no existen, me resulta absurdo planteármelas Ahora. ¿Cómo voy a saber lo que voy a querer mañana? ¿Cómo voy a saber si mañana me apetecerá hacer eso para que lo que estoy quedando ahora? Nadie lo sabe, pero pocas personas saben que no lo saben. Por eso hacen planes, se comprometen a algo y cuando llega el momento, se obligan a hacerlo para no quedar mal.

A veces, esa obligación, esa infidelidad hacia uno mismo, es muy evidente y otras, muy muy sutil. De una sutileza inconsciente que se ha forjado a base de costumbre. Por eso, ni nos damos cuenta de que estamos haciendo lo que, en el fondo, no queremos hacer.

¿Te imaginas hacer únicamente lo que en cada momento sientas? ¿Sin llevar ningún tipo de control sobre ti. Sin creerte lo que tu mente te está repitiendo constantemente sobre lo que considera que es mejor o peor para ti, basándose en lo que ha leído y escuchado, en lugar de en lo que siente tu Corazón, tu cuerpo, en ese instante?

¿Te imaginas ese nivel de conexión, fidelidad y Fe hacia ti mismo? ¿En el que no necesitarías seguir ninguna pauta, ninguna regla, ninguna metodología, ningún horario, ninguna práctica ni ninguna dieta porque seguirías la que dictasen tus latidos AQUÍ y AHORA?

En lugar de hacernos caso a nosotros mismos, de confiar en nuestra intuición, nos dejamos llevar por la de los demás. Confiando en que ellos saben más de nosotros que nosotros mismos. Confiando en sus palabras, en sus técnicas, en sus libros y desplazando de esta manera a nuestra maestría, a nuestra sabiduría innata a un lado.

NADIE puede saber lo que a ti te hace sentir mejor, exceptuando tú. CREER no es SABER. Y ni siquiera uno mismo lo sabe porque lo que ayer te sentó bien, hoy quizás no lo haga. Por eso, los ayeres están caducados. Por eso, la elección siempre se da en cada Instante. Porque es el único que existe. Porque cómo te sientes ahora no es igual a cómo te sentías hace una hora y, por lo tanto, no puedes decidir lo mismo.

Pero queremos tenerlo todo bajo control. Tanto a los demás como a nosotros. Para no sentirnos inseguros, que no sabemos, que se nos escapa la vida de las manos. Como si la Vida estuviera en ellas…

Miro a mi alrededor y sólo veo esclavitud. Personas que son prisioneras de sus creencias. De sus costumbres. De su apariencia (tanto física como espiritual). Que se obligan a hacer cosas que no quieren hacer. Que tienen una NECESIDAD infinita de “me gustas”, de followers, de bestseller, de nº 1 y de poder. Como si su me gusta y el seguirse a sí mismo no fuera lo suficiente (y lo más importante). Como si buscaran fuera lo que no encuentran dentro.

Miro a mi alrededor y veo cómo personas que no son libres de sí mismas están haciendo formaciones para que otras lo sean. Cómo personas que no se Aman tal y como son están enseñando lo que es el Amor Incondicional. Cómo personas que reniegan de su oscuridad están pretendiendo que otras acepten la suya.

Miro a mi alrededor y veo a muchos maestros que están enseñando lo que aún no han aprendido. Que se dedican a repetir los libros que han memorizado. Que se han convertido en una mente caotizada por sus teorías y por su cúmulo de conocimiento, sin darse cuenta que la sabiduría está vacía de todo ello. Que cuanto más conoces, menos sabes. Que cuanto menos sabes, más sigues buscando. Y que cuanto más buscas, menos encuentras.

Y así va el Mundo. Cambiando de ramas, pero con la misma raíz. Cambiando de caretas, pero con el mismo rostro. Cambiando de forma, pero con la misma piel. Y creyendo que estamos evolucionando, mejorando, aumentando nuestra consciencia. Cuando seguimos vistiéndonos por la cabeza, en lugar de desnudarnos de ella y de las huellas que ensucian nuestros pies.

Estamos esforzándonos y sufriendo por tirar puertas que ya están abiertas. Por cambiar algo que no se puede cambiar porque ya ES cambio. Por limpiar algo que ya está limpio. Por regresar a un lugar en el que ya estamos.

Es como creer que somos nosotros los que le soplamos al viento cuando es el viento mismo el que ES el SOPLO. Y que sin nuestra intervención el viento se quedaría parado y quieto.

Forma parte de nuestra humanidad creer que controlamos algo. Que le damos vida a la vida. Que podemos elegir cómo vivir y cómo morir. Cuando nosotros sólo somos un mero recipiente en el que el agua se posa y ES. Pero esto, a esa mente que se cree Dios, no le gusta nada. Y por eso se inventa mil y una fantasías de todo tipo para disfrazarse de Él. Y mil y un métodos para que esas fantasías se cubran de verdad y para que nadie le arrebate un poder que jamás tuvo y jamás tendrá, por mucho que así se lo CREA.

Y entonces, ¿qué hacemos con nuestra vida (que no es nuestra)?

Aparte de vivirla, NO LO SÉ.