Reflexiones

LA FALSA CREENCIA DE QUE ELEGIMOS

A un nivel muy superficial elegimos. Lo que comemos, las amistades que tenemos, con quién convivimos, con quién nos acostamos, el trabajo, la ropa con la que nos vestimos, el peinado, el color de pelo, las veces que nos duchamos, a quién votamos y si lo hacemos, las veces que practicamos sexo, los cursos que realizamos, las personas a las que seguimos bla bla bla.

Sí, es cierto. Pero para lo IMPORTANTE no somos Libres. No decidimos estar o no enfermos, sentir o no una emoción u otra ni cuándo hacerlo, el enamorarse (ni siquiera de quién), el dejar de hacerlo, los pensamientos que surgen ni su intensidad ni su cantidad ni su calidad bla bla bla.

Puedo elegir entre varios platos, pero no tengo el poder de elegir lo que me gusta. Ese “gusto” me viene dado y cambia cuando se le antoja. Así que es una libertad muy muy relativa la que nos creemos tener. Es tan relativa, tan insignificante, que hasta me da risa decir que “soy libre”.

A esa no-libertad es a la que me rindo yo. Son esas cosas que no están en nuestra mano. En la mano del ser humano.

¿Y quién/qué mueve los hilos, entonces? NO LO SÉ.

Y ante ese no lo sé tengo dos opciones:

  1. Que mi mente empiece a realizar conjeturas y emprenda una búsqueda de una teoría que la mantenga satisfecha para sentir de este modo que sigue siendo la que controla: la única jefa.
  2. Rendirme a mi ignorancia, a mi no saber, a mi limitación como personaje de la película, como ser humano y confiar plenamente en “quien mueve los hilos”, aunque no sepa quién/qué es.

En este momento de mi vida, ELIJO la segunda opción. Elijo no necesitar elegirlo TODO.

Elijo la libertad de aceptar que no soy libre.

Quizás ésa sea mi mayor elección. La más importante. La de soltar el control, el conocimiento, la sabiduría y mantenerme al margen.

Soltar la necesidad de saber para simplemente vivir, sentir lo que suceda, sin cuestionarme nada más. Sin analizar nada más.

El libre albedrío existe para escoger si me pongo una camiseta de color verde o azul. Pero para poco más…

Tenemos muchas limitaciones como Ser Humano. Eso de que somos ilimitados y que podemos lograr todo lo que nos propongamos es una ilusión muy infantil (o una ilimitación muy limitada).

La única cuestión aquí es aceptar hasta dónde llega nuestra libertad.

Y que LO QUE TENGA QUE SER, que sea cuando ‘quien sea’ así lo decida.

Es más, siendo muy honesta, ni siquiera puedo elegir el Aceptar ni el Soltar. También es algo que o se da o no se da.

¿De qué se supone que somos Libres? ¿De cagar en la calle o en el wáter? ¿De comprarme un bolso o un petate?

Insignificante. Muy insignificante esa “nuestra libertad”. Lo cuál te puede traer mucho malestar (por saber que prácticamente nada depende de ti) o, por el contrario, mucha paz (por el mismo motivo).

Pero bueno, ‘lo que te puede traer’ tampoco lo puedes escoger. Así que, ¿qué más da?

Justo en este Instante que estoy escribiendo, me siento libre por no ser libre. Por liberarme del peso de la libertad (con toda la responsabilidad que conlleva y la culpa que pueda generar).

Qué curioso, ¿no?

Moraleja:

No es lo mismo Sentirse libre que SER libre.

Reflexiones

LO QUE LA SOLEDAD TE MUESTRA

La mayoría de las personas huyen de la Soledad en cuanto la sienten. ¿Sabes por qué? Porque les indica que su Hogar no habita allí. Que el Silencio no es eso. Y lo sienten de esta forma. Con esa intensidad a la que ni siquiera se paran a observar. A investigar.

Todo nos está indicando DÓNDE no es casa y DÓNDE sí lo es. Hay un profundo sentir, del que quizás seamos inconscientes, que nos susurra: “por aquí no”. Y esa voz interna, que es el Silencio o Dios o la Vida o el Amor o como cada uno lo llame, nos está señalando “quienes” somos en realidad. Nos está chivando que todas esas emociones provienen de la identificación con el personaje, del ruido mental, no del Hogar.

La Soledad te muestra, mediante su desgarro y su vacío, lo que NO eres.

Cuando nacemos no hay personaje. Aún no se ha creado esa estructura que nos hace olvidar el Hogar. A medida que vamos creciendo, ese personaje se va creando y se va apoderando de nuestra Esencia, que jamás desaparece. El personaje se ha puesto por delante. Ha ocupado su lugar.

Cualquier experiencia que nos sucede nos lleva a casa. Nos lleva a Recordar que hay ‘algo más’ que somos. Pero no es un ‘algo más’ que pertenece al personaje, que es el error en el que está prácticamente todo el mundo. No se trata de que ese personaje sea “más y mejor”. Que evolucione, que pase niveles, que sane heridas y traumas, que se vaya haciendo más consciente de sí mismo (como personaje) y de sus pensamientos, que se purifique, que aumente su frecuencia y su vibración etc.

La Verdad, el Hogar, no habita en el personaje sino fuera de él. Por muy Iluminado que sea ese personaje, seguirá actuando como tal. Y la mayoría está intentando iluminar al personaje creyendo que ahí está ese Silencio, ese Hogar, que tanto anhelan (porque es lo que Son-Somos). Y se equivocan, porque el personaje, con todas sus creencias espirituales o no espirituales, sólo es una ilusión. Una estructura mental que se creó al nacer. Y se pierden en ella creyendo que son ese personaje, esas creencias que se han ido formando en su mente a lo largo de su vida.

Es como si una flauta se cree que teniendo la forma más perfecta, su mejor versión…, podrá llegar a ser el flautista. Por muy perfecta que llegue a ser, por muy poderosa y mágica que sea, por mucho que reluzca, por mucho éxito que tenga entre las otras flautas, por muy amorosa que sea, por mucho que se disfrace de ‘flautista’ jamás llegará a ser Él. No puede. Y jamás dejará de sentir ese anhelo, esa soledad y ese vacío. Volverá una y otra vez.

Su única salvación es dejar de creerse que es la flauta

Y para eso está la vida con sus experiencias. Cada uno las suyas. Cada uno con su camino. Todos válidos. Todos perfectos para “regresar”.

El flautista (Silencio, Dios, Hogar) nos hace ver (a las flautas) quienes somos en realidad mediante ese anhelo, ese impulso tan sutil (del que pocas personas son conscientes) que te lleva (indirectamente) a descubrir lo que eres a través de lo que no eres. A través de sentir ese dolor, ese malestar, ese ‘me sigue faltando algo’, ese vacío y esa soledad.

Por eso no nos gustan esas emociones-sentimientos. Porque hay un fondo que SABE que no pertenecen a nuestro Hogar. Y con esto no estoy diciendo que sean malas ni incorrectas ni a erradicar. Las emociones, sean las que sean, pertenecen al personaje. Nacen de él. Son perfectas en él. En la dualidad que lo compone.

Están en la naturaleza de la flauta, pero no en la del flautista.

El ser humano es emocional. No puede desprenderse de su naturaleza. Por eso, cualquier intento de que el personaje se transforme en no-personaje sólo conlleva sufrimiento. Porque genera una lucha contra sí mismo en la que se llena de incoherencia y de conflictos internos .

Se está intentando que un ser humano sea un ser divino (Dios). Que la flauta sea el flautista. Y eso es imposible. El ser humano, con su personaje, siempre será ser humano, lo moldees como lo moldees.

El mar siempre será mar y la montaña, montaña por mucha agua que le viertas.

El “ser humano” (personaje) es la creencia, el sueño, la ilusión. Dios-el Silencio-Hogar-Amor es la Realidad. La Verdad.

Cuando Despiertas, lo sabes. Lo Ves claro. Dejas de creerte lo que no eres. Dejas de manipular a la flauta para que “se transforme en mariposa”. Y pasas a SER el flautista.

Pero la flauta no desaparece. Sigue estando EN TI. Pero deja de ser la jefa y pasa a ser un medio mediante el cuál el flautista CREA su música.

Por mucho que arregles a tu personaje, jamás lo convertirás en DIOS

Ya eres DIOS. Ya eres el Flautista. Ya eres el Silencio. Ya estás en casa. No tienes que mejorar nada ni a nadie. Sólo necesitas RECORDAR quién eres dejando de creerte quién no eres.

Para eso sirve la Soledad. Para mostrarte quién eres en Realidad.

Así que permite que la Soledad (y cualquier otra emoción) se apodere de todas y cada una de tus “mentiras”. Te desgarre tu estructura mental.

Cierra los ojos del personaje y ESCUCHA. Escucha el Silencio y déjate llevar por Él.

Y lo que tenga que Ser, Será.

Reflexiones

PLENA CONFIANZA EN LO QUE NO VES

Hay algo que nuestros sentidos no pueden ver. Por eso, nos cuesta tanto lanzarnos a Él. Porque nuestra mente siempre quiere pruebas. Y ‘lo que no ves’ no es probable.

Queremos crear una personalidad segura, valiente, amorosa, exitosa, abundante, plena, poderosa. Y hacemos virguerías para lograrlo. Pero nunca estamos satisfechos porque la personalidad jamás lo está. La mente siempre encuentra un ‘pero’ por el que sentirse vacía, insegura, cobarde, fracasada, sola, carente, frustrada…

No está ahí lo que anhelamos. No está ahí la Libertad.

¿Y dónde está?

Está donde no la puedes ver, escuchar, tocar, saborear, mejorar, cambiar, moldear, educar, pensar. Está fuera de nuestra mente, de nuestra personalidad. De todos sus sueños, sus creencias, sus lógicas y sus razonamientos.

Ésa es tu zona de confort: tu personaje, el ‘quién’. Con todas sus filosofías de vida. Con todos sus objetivos, sus esfuerzos y sus sueños.

Es un acto de Fe pleno y absoluto en aquello que está Más Allá de ti. En ese Silencio que en ocasiones se apodera de ‘ti’ y te desconecta de lo que crees saber. Donde reside la Paz. Donde no existen los problemas, sean los que sean. Donde todo es perfecto tal y como es. Donde no hay pasados ni futuros. Donde no hay evoluciones, rangos, separaciones, dimensiones, frecuencias, vibraciones ni escalones.

Es un salto al Silencio. A CREER en Él más que en ‘ti’. A ponerlo por delante tuyo. A darle las riendas de ‘tu’ vida y dejarte guiar por él.

Es ese DIOS que lo crea todo y a todos. De donde surge cualquier manifestación y en donde desaparece sin ton ni son.

Ese DIOS que la mente humana ha vestido de pecados, de mandamientos, de rezos, pero que no es poseedor de ninguno de ellos.

Ese DIOS que no es ni bueno ni malo. Que simplemente ES.

Ese DIOS al que le hemos disfrazado de religión, de mentiras, para que nuestra mente tuviera razones para dejar de creer en Él. Para que su palabra fuese censurada por nuestra personalidad. Para no permitir que ocupara su lugar.

DIOS, Silencio, Amor, Vida, Fuente, Creador. Sólo son nombres para señalar lo que en realidad somos. Y hasta que no dejemos un espacio en nuestro ‘corazón’ para Él, seguiremos inmersos en nuestro laberinto de esclavitud, de sufrimiento y de perdición.

Podemos vivir en el personaje únicamente, en un baile entre el personaje y el Silencio (cuando hemos logrado sentirlo en algún momento, ya que anhelamos regresar a Él) o íntegramente en el Silencio.

Cuando estamos en el Silencio sabemos a ciencia cierta, sin necesidad de pruebas físicas ni de ningún otro tipo, que somos eso. Que ése es nuestro Hogar. Pero luego aparece el personaje, la mente con sus pensamientos, y nos atrapa en su no-verdad. Y la creemos a ella y a sus ‘razones’ antes que al Silencio y a sus no-razones. Y nos volvemos a desconectar de lo que somos.

Es muy sencillo. Sólo hay que ELEGIR a quién crees. Sólo hay que saltar al Vacío del Silencio. A lo desconocido. Al lugar en el que no tienes el control. Al lugar en el que necesitas ir acompañado de la Confianza plena en ‘algo’ que tus sentidos no pueden ver, para vivir desde él.

Es un acto de valentía. De locura. De osadía. Por eso, prácticamente nadie accede a Él. Al Silencio. Porque en este nuestro Mundo, si no tenemos algo seguro, algo que nos ofrezca la seguridad de que ‘es así’, de que ‘no moriré’, de que va a salir bien, no apostamos por él. No nos arriesgamos.

Y con el Silencio-Dios-Vida-Amor sólo SABES cuando ya estás en Él. No antes.

Así que al final, todo se basa en una DECISIÓN.

¿POR “QUIÉN” APUESTAS? ¿POR ‘TI’ O POR LO QUE ESTÁ FUERA DE ‘TI’?

Y eso no significa que el personaje desaparezca. Esto no sucede. Pero pasa a ser el actor secundario. No es el que te gobierna aunque lo puedas sentir. Aunque los pensamientos sigan ahí, pierden toda su fuerza porque la fuerza está volcada en el Silencio. En ese otro espacio al que le has dado todo tu mando.

Dejas de creerte que eres las nubes y de intentar cambiar su forma para que sea perfecta y pasas a SER el Cielo (ya perfecto) viendo pasar esas nubes sin que tomen tu rienda.

El HOGAR ya está en ti y Aquí. Sólo tienes que apostar por Él. ¿Cómo? RINDIÉNDOTE a Él.

Reflexiones

LA LIBERTAD NO ESTÁ EN EL PERSONAJE

Me estoy enamorando del Silencio. Sí, tal cual. Cada día que pasa tengo más ganas de saber de Él. De que me hable con esa Voz que no es voz. Con ese tono tan delicado que te mece en el viento. Con ese saber Estar. Con esa absoluta Presencia que te atrapa en su Nada.

Cuanto más como de Él, más hambre le tengo

Me enseña a Ver, que no a mirar. Me indica el lugar en el que habito. Mi verdadero Hogar. Me señala Quién Soy, que no es ningún quién sino únicamente un Soy. Y hace que conozca ese Soy. Cómo funciona. Cómo se crea. Cómo camina.

¿Sabes esos momentos en los que te diriges hacia algún lugar en concreto y cuando llegas no sabes cómo has llegado? ¿O cuando estás fregando los platos pero pensando en otra cosa?

¿Alguna vez te has preguntado QUÉ es lo que hace que puedas llegar a ese destino sin ser tú el que te está guiando? ¿Y cómo esos platos se friegan solos sin que tú intervengas conscientemente?

Pues esas respuestas te las cuenta el Silencio cuando estás en Él.

Me tiro a su Vacío con la absoluta certeza de que ahí se esconde la Creación. La Vida. Y me sumerjo sin paracaídas en sus aguas cristalinas que ensordecen cualquier ruido mental que pudiera aparecer.

No hay temor. No hay miedo. No hay preocupación. Sólo hay Confianza. De que todo Es lo que tiene que Ser. De que tú simplemente eres un instrumento con el que ese Silencio, esa Vida, se expresa. Se manifiesta.

Y que es ese personaje, con nombre y apellidos, que nos hemos creído que somos, el que se cree el creador de algo. El que se cree el hacedor de algo. Cuando la Verdad es que es ese Silencio el que lo Crea Todo. El que lo HACE todo.

El personaje está repleto de historias, de pasados, de futuros, de frustraciones, de impotencias, de propósitos, de misiones, de destinos, de creencias, de etiquetas, de objetivos, de esfuerzos, de estrés, de ansias, de miedos, de inseguridades, de desconfianzas, de obligaciones.

En ese Silencio, en ese otro espacio que también está Aquí pero que no lo Vemos, que no le prestamos atención, que no nos damos cuenta de su existencia, hay calma, hay Paz, hay confianza, hay Libertad. Hay Verdad.

Ahí, no tienes NECESIDAD de ir a ningún otro lugar, de ser otra persona, de sentir de otra manera; de ser más delgada, tener más tetas, menos arrugas o más cadera; de ser más femenina, más masculino o tener menos barriga; de comer más sano, más ecológico o más de esto o lo otro; de tener más amigos, una pareja o un hijo; de ser más sociable, más solitario o más radiante; de ser más abundante, más exitoso, más poderoso o más valiente; de ser más consciente, más iluminado o más evolucionado…

No hay Necesidad

Porque tu ruido mental o no aparece o está en segundo plano. Surgen pensamientos pero no te los crees. No te identificas con ellos. Por eso, no te preocupas por nada ni por nadie. Porque TODO ESTÁ BIEN TAL Y COMO ESTÁ.

No crees que algo, que tú, pueda ser mejor de lo que está siendo. NO TE LO CREES porque estás escuchando el Silencio en lugar de a tus pensamientos. Y en el Silencio no hay juicios, no hay separación entre mejor y peor.

El Silencio no ha sido mancillado por el ruido mental porque éste no existe. No existen los DEBERÍAS, los TENDRÍA QUE. No existen las preocupaciones ni las culpas. No existe la sensación de vacío ni de soledad.

El Silencio está lleno. Y cuando Eres él, te sientes así de llena, de plena. No te falta nada. Porque ese faltar únicamente reside en el ruido mental. En esas creencias que viajan dentro del personaje. Y el Silencio, está fuera de él.

La manera de aproximarte es permitiendo que te alcance Él. Dejando de intentar alcanzar, conseguir esto o aquello, porque cuando ‘intentas’, estás en el ruido mental, no en el Silencio.

DEJAR DE HACER PARA QUE TODO SE HAGA POR SÍ MISMO

Y no es un dejar de hacer físico. Nadie va a venir a lavarme los dientes ni a hacerme la comida. La tengo que hacer yo. Mi cuerpo sigue actuando pero no es guiado por ese personaje.

Es como cuando respiras. Yo, Emma, no intervengo en el respirar. La respiración se hace por sí misma. Pues con el resto, es igual. Me echo a un lado y dejo que la Vida, que el Silencio, me respire. Me viva. Me lleve a donde él quiera, no a donde quiera mi personaje.

Ése es el verdadero significado de la palabra FLUIR.

¿Sabes cómo aprendiste a caminar de bebé? ¿O a gatear? ¿Crees que “tú” interveniste en algo que no fuera meramente corporal? ¿Crees que fueron tus padres los que te enseñaron?

No, sucedió con naturalidad. Se fue dando por sí mismo. Como el capullo transformándose en mariposa. Hay una Fuerza (Silencio, Vida, Amor, Dios) que es la que se ocupa de Todo. Pero los personajes se creen que son ellos los que lo hacen.

El Silencio te cuenta la Verdad. Te hace Ver lo que ese personaje, con su ruido mental, es incapaz de ver ni de escuchar. No puede porque está en otro “espacio” al que no puede acceder. Tienes que salirte de Él para Ver.

¿Y cómo se sale? ¿Cómo te das cuenta de lo que no te das cuenta? ¿Cómo te haces consciente de lo que no eres consciente? NO LO SÉ.

Ahora, puedo distinguir el Silencio del Personaje. La Verdad de la mentira. Y Veo que ese Silencio SIEMPRE está en nosotros y en todo lo que nos rodea. Y que la mayoría lo hemos sentido en muchas ocasiones, pero no le hemos prestado atención. No lo hemos Visto. No hemos sido conscientes de Lo Que Es.

Y aunque lo toquemos, enseguida nuestro ruido mental, nuestro personaje, se nos pone por encima y nos ciega. Pasa a estar en primer plano. Y volvemos a creernos sus mentiras y a PERSEGUIRLAS como si nos fueran a dar la Libertad. Una Libertad que sólo habita en ese Silencio que Todo lo Sabe, que Todo lo Crea y que Todo lo Ve.

Lo de ir liberándote de tus traumas, de tus historias, poco a poco, deja de tener sentido. Porque no tiene nada que ver con ellas, sino con creértelas. No es cuestión de tiempo, sino de un cambio de Visión, de perspectiva. Aunque arregles-sanes una historia de tu personaje, lo estás haciendo desde el personaje. Y este personaje tiene mil historias para ofrecerte, para mantenerte distraído, para que no Veas ese Silencio.

-Ya, pero es que yo me siento mucho mejor ahora que me he curado “de tal o cual cosa”.

Sí, ésa es la trampa. Ésa es la sensación. Hasta que tu personaje, tu ruido mental, te crea-inventa otra. Y vuelves a estar en el mismo lugar pero con diferente historia.

Ésta es la Rueda de Samsara en la que estás atrapada. Y por eso nunca se acaba. Nunca sales de ella. Siempre está la felicidad en el mañana. Siempre vuelve el vacío, la soledad. Ese sentir de que me falta algo.

Y lo que te falta no es sanarte sino descubrir ese Silencio. Darte cuenta de que no eres ese personaje con sus historias. De que a donde tienes que regresar no es a “un personaje curado, evolucionado, iluminado” sino al Silencio donde no hay un Quién sino un Ser.

El personaje, tanto si está lleno de “luz” como de “oscuridad” sigue siendo un personaje. Un personaje que seguirá creando historias que te llevarán a sentirte esclavo de ellas. Te hará creer que estás mejor que ayer, hasta que el peor vuelva a aparecer.

Funciona de esta manera:

  1. Creo una historia por algo que me ha sucedido (que puede haber sido traumático y real), me identifico con ella, me hago creer (me hacen creer) que ése es el motivo de mi infelicidad, de mi soledad y de mi vacío (ésta es la clave), me creo que si me curo, me liberaré de esas emociones y empiezo la busca y captura de algo o alguien que me salve.
  2. Una vez curada (si lo he hecho), vuelvo a empezar. A generarme otra historia-idea con la que pueda interpretar lo mismo que con la anterior para justificar el vacío y soledad que sigo sintiendo.

Yo me lo creo, yo te lo hago creer a ti, tú se lo haces creer a otros y acabamos todos comiendo y alimentándonos de la misma falsedad

Por ejemplo: la causa de tu vacío-soledad es tu infancia de maltrato, madre alcohólica, fallecimiento de padre o madre, parto dificultoso, el famoso proyecto sentido, el tipo de sociedad en la que vives, el transgeneracional… y mil y una “causas” falsas más que vagan por ahí y que han sido creadas por un personaje cualquiera, de una época cualquiera, que desconocía por completo la existencia y sentir del Silencio. Del verdadero Hogar.

Así que poner todo tu esfuerzo en curar a tu personaje no te servirá para ENCONTRARTE. Porque no estás ahí. Estás curando una mentira. Y tapándola con otra mentira. Con una Ilusión.

¿Sabes por qué nos encantan los orgasmos? Aparte de por su placer…. Porque nos desconectan, aunque sea por un segundo, de ese ruido mental, de ese personaje. Porque nos hacen regresar a casa. Al Silencio. A lo que en realidad Somos.

Pero desconocemos el motivo o nuestro personaje, nuestra mente, le adjudica uno que considera lógico, racional.

Nos encanta pasear por el Mar, ver un Amanecer, estar en plena Naturaleza, con animales, no para desconectar sino porque es donde más fácilmente nos conectamos con ese Silencio.

PARA CONECTARNOS CON LO QUE SOMOS DE VERDAD

Pero cometemos el error de CREER que sólo habita en esos lugares o con personas determinadas. Y no es cierto. Está en todas partes y en todos porque ES todas partes y todos. Es nuestra mente la que nos engaña INTERPRETÁNDOLO de otra manera.

Sólo hay que prestarle más atención al Silencio que al ruido mental. Ya está.

ÉL se encarga del resto.

Reflexiones

CADA INSTANTE ES UNA NUEVA VIDA

Cada Instante que vivimos es único. Jamás se ha dado y jamás se dará. En cuanto aparece, ya ha desaparecido. En cuanto existe, ya ha dejado de existir.

Cuando me despierto, siento que los recuerdos son falsos. Que no hubo un ayer. Que la Emma que experimentó el día 26/08 no existe. Ni nada de lo que vio ni sintió. Ni ninguna persona con la que se cruzó.

Esa Vida del pasado es un sueño. Igual que la vida que me invento del futuro también lo es.

No hay nada aprendido. Lo hay todo por aprender. No hay nada que se conozca. Puede PARECERLO porque tu mente te lleva a eso. Te lleva a que creas que tus recuerdos son verdaderos.

Yo he dejado de creerme eso. No creo en el tiempo lineal. En el calendario. En un mañana programado. No lo siento así. No me siento así.

Por ello, no tengo la sensación de echar de menos. De pérdida de algo o de alguien. De necesidad de algo o de alguien. Porque cada Instante, la Vida te está ofreciendo lo único que puedes ser, necesitar y tener. Cualquier idea o pensamiento de mejora es FALSA. Cualquier idea de que tienes que alcanzar un estado diferente al que sientes en cada instante es FALSA.

No necesitas nada porque en cada respiración ya lo tienes todo

No hay que hacer o dejar de hacer nada para sentir que este Instante es único e irrepetible. No hay una práctica que te lleve a “estar continuamente en el Presente”. Ya lo estás, pero tu mente no se lo cree. Te enganchas automáticamente a tu ruido mental y ahí es donde se oscurece la Verdad. No desaparece, porque siempre está. Sólo dejas de verla porque estás poniendo tu atención y tu credibilidad en otro lugar. En el tiempo lineal.

Es complicado de entender si no lo sientes así. Tanto, que parece una locura. Una ida de olla.

Esta Verdad implica que nada está bien ni mal. Que nada es correcto o incorrecto. Porque para sacar esa conclusión, ese juicio, necesitas de varias experiencias. Y en el Instante sólo tienes UNA. Y el “siguiente” no tiene nada que ver con el anterior. Es igual de nuevo.

La mente te lleva a tener pensamientos de que hay una relación entre Instantes. Si te los crees, surgirá la sensación de causalidad; con la consecuente creación de la famosa ley de Causa-Efecto; con la consecuente creación de mil y una formas de conseguir el efecto deseado por tu ruido mental; con la consecuente veneración a la lógica, a la deducción y a la razón.

Todo es APARIENCIA. Una apariencia que puede resultar muy real.

El tiempo lineal te hace vivir en la mentira de que ya sabes lo que va a ocurrir en el Instante siguiente. De que ya sabes lo que vas a sentir. Lo que vas a pensar. Tú y los demás. Por eso tomas medidas de precaución, de prevención, de ‘me voy a preparar para’. Para no VOLVER a sentir lo que sentiste en un instante anterior.

Vives en miedo constantemente. Un miedo que no se siente como tal, pero que es DESDE DONDE decides. Es muy sutil. Muy imperceptible. No eres para nada consciente de él.

No eres libre. Eres esclava de esos tiempos que recuerdas que te sucedieron cosas y que cuando abres los ojos, las metes en la mochila de la verdad. De lo que AHORA te está sucediendo. Cuando únicamente son historias que tu mente te está contando.

Yo ahora estoy sentada frente al ordenador y me viene un recuerdo (que no es más que un pensamiento) de un atraco que tuve hace un mes. Y empiezo a creerme ese recuerdo (ese pensamiento). En ese momento, lo estoy trayendo a este Instante. Instante en el que NO está ocurriendo.

¿Cómo sabes que ese recuerdo es real? ¿Que sucedió de verdad? ¿Cómo sabes que las personas con las que no estás son reales? ¿Existen de verdad?

Si eres honesta, tu respuesta será: NO LO SÉ. Es tu mente, con sus pensamientos, la que te hace creer que sí. Pero, párate un momento. Deja de hacer caso a ese ruido. En este momento, ¿qué/quién es lo que verdaderamente existe?

Sí, es una locura la posibilidad de que únicamente exista lo que está sucediendo en cada instante. Pero, ¿por qué no iba a ser así? ¿Qué es lo que te hace creer que ‘no puede ser’? ¿De qué tienes miedo?

¿Eres capaz de abrirte a esa posibilidad?

Si sólo existe este momento, no tienes nada de lo que preocuparte. Te ocuparás del problema que surja en el Instante en el que se esté produciendo. Ni antes ni después.

Cuando sientes así la Vida, como si cada Instante fuese eterno y nuevo, no tienes necesidad de ser otra cosa de la que estás siendo. Tú eres perfecta y tu experiencia también. Porque no la has creado tú, no la puedes cambiar, no la puedes elegir, no la puedes transformar en algo mejor o peor. ES LA QUE ES, ni menos ni más.

No hay dudas de que podría ser de otra manera.

Aquí se acaba cualquier búsqueda, cualquier encuentro, cualquier teoría de la evolución, cualquier etiqueta, cualquier concepto, cualquier creencia, cualquier mandamiento. No tienen cabida en el no-tiempo.

Te dedicas a vivir lo que estás viviendo. Así de sencillo. Si sientes emociones, las sientes. No te paras a analizar de dónde vienen ni a dónde irán porque SABES que vienen de Aquí y Ahora, sin ninguna HISTORIA más. La mente intentará que te creas muchos rollos, pero no son ciertos. No son reales. Sólo es un intento de esa mente analítica de darle una explicación racional a algo que no tiene ninguna “razón de ser ni de existir”.

La clave es:

¿Qué te estás creyendo de lo que tu mente te está contando?

Porque depende de lo que te creas, de en lo que te enfoques, de dónde pongas tu atención, así sentirás la vida y la vivirás.

Reflexiones

LA VERDAD QUE SOMOS CAPACES DE SOPORTAR

¿Alguna vez te has preguntado cuánta Verdad eres capaz de soportar? ¿Alguna vez has reflexionado sobre si te gustaría saberla toda o si prefieres ignorar…?

No podemos elegir. Conscientemente, al menos. Vemos lo que a nuestro Inconsciente le parece que es mejor que veamos. Es el que decide esa capacidad de soporte. Lo cuál ya indica lo ciegos que podemos llegar a estar en realidad.

Desconozco el mecanismo que hace que hoy vea una verdad que ayer no veía. Es uno de esos misterios que intuyo que siempre serán un Misterio… Así que no me paro a intentar descubrirlo. No tengo esa necesidad. Ni esas ganas de perder el tiempo.

De lo que sí tengo el impulso es de proclamar esa verdad de la que he sido consciente. De soltarla al mundo en lugar de quedármela para mí.

¿Por qué? Primero, porque así lo siento. Sin más razón. Y segundo, porque a mí no me gusta vivir una farsa, una mentira. Me gusta la gente honesta, que va de cara, que es directa, que no se calla por miedo a (que no significa ser insensible, inhumana, cruel ni malvada). Y por ese motivo, porque a mi me gustarían que me plantaran mi mentira en la cara para tener la posibilidad de desmantelarla, yo también ofrezco esa alternativa. Y la grito, sin más.

Lo que cada uno sea capaz de soportar ya no depende de mí. Ni conscientemente de él. Yo sólo comparto lo que he descubierto para que otros puedan despertar igual que lo he hecho yo. O eso creo (sobre despertar). Pero claro, si tengo que callarme todo lo que aprendo por si acaso es también una mentira, entonces, me quedaría muda para el resto de mis días.

Y, ¿sabes por qué yo no me quedo muda? Porque no me importa equivocarme. No me importa rectificar. No me importa contradecirme. No me importa tragarme mis palabras. Ni meter la pata. No me importa no saber. No me da miedo el quedar mal. El qué opinarán. El perder mi credibilidad y, con ella, el reconocimiento de los demás. Tampoco lo necesito.

¿Te imaginas que tuviera que callarme por tanta acumulación de miedo? ¿Te imaginas que los 7.000 millones de seres humanos tuvieran miedo a decir su verdad? ¿En quién nos convertiríamos? ¿Quienes seríamos si no fuésemos (de SER) quienes somos de VERDAD?

Y con esto no quiero decir que le sueltes a todo el mundo y constantemente lo que se te pase por la cabeza o por el corazón. Serías muy cansino y muy coñazo (no digo que yo no lo haya sido ni sea…). Hablo de libertad de expresión. De sentirte libre para expresar lo que sientes. Y con libertad me refiero a la Libertad interna, que es la que nos lleva a la Paz real. Ésa que sólo uno mismo se puede arrebatar por ese “miedo a”.

Vivo en el Hoy. En La Verdad de Aquí y Ahora. ¿Mañana? Y yo qué sé qué pasará. Y yo qué sé cuál será la Verdad. ¿La mía? Claro. ¿De quién sino? ¿Quién la está diciendo sino yo? Si en este momento no creyese al 100% en ella, no utilizaría la palabra verdad. Utilizaría otras. Otras con tintes de duda. De recelo.

Respóndete a esto:

¿Te sientes libre para expresar tu verdad? ¿Hablas tu verdad cuando así lo sientes o decides callarte por “miedo a”? Y lo más importante, ¿te sientes libre para ser quien/como eres?

La Verdad requiere de valentía. Tanto para la del decir como para la de Ser. De mucha valentía porque la sociedad, con sus creencias, normas y moralidad, ejercen mucha presión.

No es fácil ser uno mismo en un lugar en el que constantemente te acribillan la mente para que seas y sientas de una manera determinada para así poder encajar. Para no ser desplazada ni rechazada ni etiquetada como rara. Pero te aseguro que es mucho más difícil ser una marioneta de esa sociedad. Tu corazón, tu alma, se acaba marchitando de dolor, de vacío y de soledad ante tanto intento de ser “perfecto”. De ser como el rebaño. Como lo “normal”.

Da igual si esa verdad de hoy, mañana será mentira. Eso no lo sabes. Lo que sí sabes es lo que sientes ahora. Es TU instante el que importa. Y el Instante que está sucediendo en este momento, no el de ese futuro que jamás llegará.

De ése es del que eres RESPONSABLE. De la Verdad Consciente, no de la que está oculta en un inconsciente al que no puedes acceder.

No puedes ser responsable de lo que no sabes, pero sí lo eres de lo que SÍ sabes. Y hay muchas cosas que sí sabemos pero que nos hacemos ver a nosotros mismos que no sabemos para no responsabilizarnos de ellas. Para no asumirlas y así no tener que tomar decisiones incómodas.

Sí. Yo prefiero una Verdad que me duela a una mentira que me mantenga muerta en vida. De lo que sea capaz de soportar, ya no es cosa “mía”. De eso se encarga la Vida.

Entiendo que otros prefieran hacer oídos sordos, pero esto tampoco es cosa mía.

“Una mentira es una mentira, incluso si todo el mundo la cree. La verdad es la verdad, aunque nadie la crea”

Poesía

DESHECHA EN LETRAS

Hecha de carne. 
Deshecha en letras.
Sangrando con los dedos
los sentires que me arden dentro.
Tan frágil como el cristal
tan dura como el diamante
tan oscura como la noche 
tan imprevisible
tan rebelde
tan salvaje
tan flagrante
y tan miedosa.
Letras que me salvan
de la locura
de vivir al sin compás
del baile de los demás.
Letras que me escriben a mí
en lugar de yo a ellas.
Letras que me dejan
sin las palabras que me sobran,
sin las voces que me silencian
y con las caricias que nunca llegan.
Letras
tan hermosas
tan pudorosas
tan dolorosas
y tan directas.
Que me quitan el sentido,
el sentido del tiempo.
Hecha de carne.
Deshecha en letras.
Componiendo mi Alma
a golpe de poemas.

Reflexiones

QUITARSE EL ANTIFAZ

A veces, nos quitamos la máscara pero nos dejamos el antifaz. Por si acaso…

La Vida nos está llevando continuamente a que nos desnudemos el rostro. Las experiencias que tenemos, desde las más dolorosas hasta las más gozosas, nos indican el lugar en el que habita esa Desnudez. Esa transparencia. Esa Autenticidad.

Estamos rodeados de normas: éticas, morales, religiosas, espirituales, sociales. Son las que van formando esa máscara que tanto afecta al Alma. Que la mantiene oculta, escondida, esclava, retraída. Nadie nos libramos. Todos somos contaminados.

Hay una sensación de ahogo. De molestia interna. Como si fuésemos prisioneros. Prisioneros de nosotros mismos. Y, a medida que va pasando el tiempo, esa máscara te va pesando cada vez más. Como si en lugar de estar vestida de piel, lo estuvieras de piedras. De muros. Que te impiden respirar en libertad.

Hemos metido en el cajón de lo prohibido, de lo mal visto, de lo políticamente incorrecto, de lo pecaminoso… tantas cosas (que no son cosas…) que abrirlo se nos hace prácticamente imposible. Primero, porque ya ni sabemos dónde lo pusimos. Y segundo, porque mirarlo de frente, SENTIRLO, no es agradable.

Y para eso está la Vida. Para llevarnos hacia su puerta o para zambullirnos directamente dentro de él.

Nos hemos metido tantas ideas, tantos conceptos, tantos DEBERÍAS, en la cabeza, que llega un momento en que unas pelean contra las otras. Cada una luchando por tener la Razón. Para no ser eliminadas. Para no ser desterradas.

La incoherencia, la duda, el desconcierto, el no saber se apoderan de ti. Y te preguntas:

¿Cuál es la verdadera?

Y te has creído tanto cada una de ellas que no tienes ni idea de la respuesta. Es como creer que la Tierra es plana y a la vez redonda. No tiene ningún sentido, ¿verdad? Es totalmente incompatible una con otra. De ahí surge tanto conflicto. Y del mismo ahí, esa enorme explosión que se produce en tu interior.

Explosión que es tu salvación. Todas esas ideas, teorías, creencias, conceptos, normas, estallan. Y con ellas, todo el caos que te atormentaba.

Después de ese Big Bang mental le sigue un tiempo de reposo. De retiro. De Silencio. De asimilación de lo ocurrido. De reflexión. Necesario. Muy necesario. Porque te sientes muy sensible, vulnerable, fuera de lugar. Sientes cómo esa explosión se ha llevado consigo gran parte de ti. Cómo ya no eres la misma de antes. Cómo ya no te puedes relacionar de igual modo con las personas que formaban parte de tu vida.

Y entra en juego otro nuevo no tener ni idea de qué va a suceder.

Pero hay serenidad, hay paz. Hay una sensación de libertad. De no estar encadenada. De caminar ligera. De haberte desprendido de las absurdas creencias que te exigían ser de una manera determinada para ser aceptada y amada. Exitosa, abundante, alegre, graciosa, luchadora, sabia, valiente, fuerte, buena persona, positiva, segura, culta, independiente, desapegada, equilibrada, femenina, sensual, inteligente, serena, delgada, habladora, sonriente, sociable, rica… bla bla bla.

Manera determinada que cuando no era sentida, te frustraba. Te juzgaba. Te castigaba. Y te condenaba al exilio de lo que “a estas alturas ya deberías”.

¡Cuánto sufrimiento! ¡Cuánto peso en la mochila!

Y todas esas ideas, conceptos, normas, creencias vienen de algo tan básico como de ser incapaces de sostener todas y cada una de nuestras emociones. Emociones que forman parte de nuestra humanidad. Que algunas las hemos etiquetado como errores, como malas, como incorrectas. Y cuando las sentimos, en lugar de SENTIRLAS sin más, en lugar de ofrecernos como su Hogar, les cerramos la puerta en las narices. Las rechazamos. Y las pretendemos eliminar CREANDO caminos hacia la eterna felicidad a los que nunca llegamos porque no existen. Porque forman parte de esa mentira que nos hemos inventado para huir de esas emociones que no nos gusta sentir.

Hay muy pocas personas que tengan un problema de verdad que deba ser tratado por un especialista. A la mayoría, lo único que nos ocurre es que nos hemos llenado la cabeza de pajas mentales que nos vuelven locos y nos hacen creer que estamos enfermos, que tenemos algo que curar y que HAY QUE ser perfectos para entrar en el mundo de los cielos (o como haya ido evolucionado el nombre…).

Y ahí es donde nos perdemos. Cuando buscamos lo que no se puede encontrar porque jamás se ha perdido. Cuando pretendemos sanar de mil y una maneras lo que jamas estuvo herido.

Evidentemente, si estoy con una pareja que no me respeta ni me trata bien, lo que debo tomar no es una terapia sino una decisión. Y no digo que no se pida ayuda cuando te sientas sobrepasado por la situación. Pero por muchas tiritas que te pongas mediante las diferentes terapias que hay, si sigues con esa persona, no te servirán de nada. Es de cajón.

No estás enferma. No estás incompleta. No tienes ningún trauma. Sólo has elegido mal. Vuelve a escoger y ya está.

Pero nos da miedo tomar ese tipo de soluciones porque le tememos a la soledad. Y en lugar de sostener ese temor, reaccionamos huyendo de él. Ya sea permaneciendo en un lugar, con una persona que no nos hace bien, como distrayéndonos con un libro, un curso, un retiro, una técnica, una herramienta o mil de ellas. Creyendo que nos salvarán. Que aniquilarán todos nuestros temores. Que se caerán por arte de magia sin hacer nada nosotros.

Es muy infantil esa huida. Y libre también, por supuesto. Pero no te dará la Libertad que anhelas. Ésa sólo viene DE TI y de nada ni nadie más.

Lo siento pero sólo abriendo y sintiendo ese cajón que tanto tememos podremos respirar en paz. En una paz que no surge de un delirio espiritual ni no espiritual. Y no hace falta acudir a ningún sitio o persona para acceder a él. La Vida es la que se encarga de eso. No es necesario ser masoca (no hay que confundir masoquismo con valentía).

Sólo siendo CONSCIENTES de que la Vida lo es TODO, aceptando esta Verdad, podremos vivirla sin miedo (aunque sintamos miedo, que no es lo mismo). Si no, todas nuestras decisiones serán tomadas en base a ese miedo a Vivir. A Sentir. Sea lo que sea. Desde frustración, impotencia, desolación, vacío, soledad hasta la más infinita plenitud.

Nada está fuera de la Vida. Nada está fuera de Sernos. Y cualquier idea, creencia, que nos hayamos metido por vena que indique lo contrario es una mera ilusión, fantasía, utopía, que nos mantiene el corazón y el alma encorsetados.

¿Quieres dejar de temerle al miedo? Sé el Miedo.

Así de simple. Así de sencillo. Así de práctico. Así de real.

No tienes ningún lugar al que llegar más que donde ya estás.

Date permiso para sentir lo que sientes con toda su intensidad. Sé el Hogar para ti que tanto anhelas encontrar.

Y con el resto es fácil: ELIGE LO Y A QUIEN TE HAGA BIEN.

Quítate el Antifaz, mírate al espejo y descubre tu Belleza Real (que incluye lo que has etiquetado como fealdad).

Poesía

SILENCIO

¿Sabes a qué suena el silencio?
A Belleza.
Sí, de ésa en la que cualquier palabra la ‘tumba’.

En estos días de aislamiento he podido apreciar su fuerza.
No estamos acostumbrados a estar callados. La gente no sabe tener la boca cerrada. Creen que si lo hacen, se atragantarán con sus propias palabras…

Me encanta estar en silencio. Ya lo hacía, pero ahora muchísimo más. Y mi mente no lo está. Tengo conversaciones conmigo misma super interesantes. A veces, muy inquietantes. Otras, un tanto morbosas y malvadas. Ya no me las escondo. 
¿Para qué sí van a estar ahí de distinta Forma..? 
Juego con ellas. A que son verdaderas. Y sueño con recibir un Óscar a la mejor película de ficción… Y otro, al de mejor actor. Y también, guión.

Ayer salí a pasear por mi barrio y me iba contando ‘cosas’. Me lo pasé genial. No paraba de sonreír. Me entraban hasta carcajadas. Y al verme así, me reía todavía más.
Qué loca, ¿verdad’?
Bendita locura….

Ahora lo que me resulta loco es quedar con alguien (que aún no lo he hecho y, sinceramente, no tengo ningunas ganas) y pasar el tiempo, lo que viene siendo la vida…, vomitando problemas que en ese Instante no están sucediendo.
¿No os parece una locura eso? ¿No os molesta tanto desafino? A mí sí. Mucho. Me resulta un pecado de lo más colosal.
En lugar de compartir ese Silencio que ya lo dice todo per se. Y disfrutarlo. Y disfrutar de la compañía de otro cuerpo. De otra Alma. Sin que ningún pasado o futuro la mancille.

Amo el Silencio aunque rebose o de ruido o de versos.
Ya no temo la oscuridad. Me he hecho su Íntima. Tanto, que no sé dónde empiezo yo y donde acaba ella.
Quizás, no haya Separación…

El Silencio suena a Verdad. Y, en ocasiones, esa Verdad aterra. Por eso echamos tanta espuma por la boca. Para no escuchar la nuestra.
Pero cuando te atreves a adentrarte ahí, en esa cueva, en ese cuarto oscuro donde te han repetido y repiten hasta la saciedad de los latidos de tu corazón que hay un Monstruo que te comerá.., cuando abres su puerta y traspasas esa mentira, encuentras el sonido más Bello con el que te puedas deleitar.
Es el sonido de la Vida. El sonido de la Unidad. De Todo lo que Es. Del Amor. A lo Grande. Sin excepción. Sin condición.

Y sí, también hay dolor. Que va de la mano del placer.

Pero es un dolor Auténtico. Intenso. Vivo. No está cogido con pinzas ni caminado de puntillas. No está hecho de retoques ni deshecho en polvos de colores. De esos que te dibujan una máscara en el rostro para que nadie vea en pelotas tus porMenores…

Es PURA Verdad.

Por eso, aunque me joda, me encanta. Porque es la Viva imagen de la honestidad. Porque te jode sin disfraces. Sin arreglos. Sin opacidad. 
Y cuando no te está jodiendo, se dedica a hacerte el Amor. Un Amor igual de honesto. Igual de transparente. Igual de puro. Igual de directo. Igual de Verdad.

Silencio. El único lugar en el que tu ausencia da paso al Brillo de tu Presencia. 
También llamado:
HOGAR, DULCE HOGAR.

Poesía

LIBRE

No quiero. 
No quiero ser más esa persona que mide sus palabras. Que escribe y borra sus pasos hasta conseguir el que encaje más con la sociedad. Esa sociedad de mentira. De hipocresía. De miedo. De falsedad. De paCotilla.

No, no quiero.
No quiero ser esclava de la apariencia. De la que te lleva a colgar tus mejores fotos en instagram. En facebook. En ese ‘rojo’ tan poco pasional y social. 
En las que sales más guapo, más sonriente, más musculoso. Más y más y más. 
Para que el ‘menos’ que te sientes se quede detrás (de la cámara).
Esclava de mi Vibración. De mi Consciencia. De mi Hogar. De mi Evolución. De los ‘me gusta’. De los ‘followers’. Y de las ventas que me parió. 
Controlando al detalle el cómo le sonaré al que me escucha. 
Al que me lee. 
Al que me compra. 
Y al que me venera.

Esclava de mi ‘Mejor Versión’. 
De mi rePresión.

No, no quiero. 
Seguir fingiendo que la vida que llevo me lleva por el buen sendero. 
Seguir pintando de blanco la oscuridad que me revienta dentro. 
Seguir escondiendo mis luchas.
Seguir negando la otra cara de mis mil monedas.

No, no quiero.

Me quiero despeinada, desmaquillada y desperfumada. 
Me quiero maloliente cuando mal huela. 
Me quiero desencajada cuando desencajada me sienta.
Sin filtros que no me den rienda suelta.
Sin ‘cuidados’ que me perviertan.
Así de oscura.
Así de luminosa.
Tan compasiva como fría.
Tan bonita como fea.
Tan pacífica como caótica.
Así de impenetrable.
Así de vulnerable.
Como si me importara una mierda mi mierda.
Como si mi mierda fuera la más Bella de entre las princesas…

No, no, no.
No quiero.
Ser lo que no soy.
Sentir lo que no siento.
Mentirme tan a degüello.

Ya no puedo soportar más este cautiverio.
Me pesa tanto la mordaza que me estoy quedando cuerdo…

¿Acaso me avergüenzo de mí?
¿Acaso no importa para nada la Verdad?
¿MI Verdad…?

Quiero ser loco. Y loca. Y loc….ue me salga del infierno.
¿Cómo si no voy a conocer el Cielo?

Libre. Así me quiero.
Tan Libre como el viento.